martes, 4 de febrero de 2020

Mi memoria emocional es un potpurrí de canciones


Mi memoria emocional es un potpurrí de canciones

“A Mauricio Alberto Sandoval Centeno in memoriam “



Esto que escribo es más que un relato anecdótico. Bien podría decirse que se trata de una oda, pues está dedicada con todo cariño a un amigo a quién le apetecía el vodca con soda; y, porque no, esto también podría considerarse una elegía, puesto que el susodicho, después de dos Bloody Mary, se ponía a cantar rancheras imitando al cantante mexicano Miguel Aceves Mejía y hasta el Proud Mary de los CCR. Sí, sí, no exagero, mi amigo, se lucía con la ranchera “Entre copa y copa”, mientras yo parecía un burro gimiendo el típico “jui, jui, ajua” de Mejía. Pero mi hermano de la vida, Mauricio Alberto Sandoval, apodado por los cheros como “Sandocán”, era un talento musical, un poli voz, que imitaba a la perfección a Marco Antonio Muñiz, a Alberto Vásquez y con magistral elegancia al argentino-español Alberto Cortés. En casa, mis hermanas gozaban oyéndolo cantar, especialmente May, quien me mandaba a callar cuando yo quería meter mi cuchara. 

Mi memoria emocional es un potpurrí de canciones.  Con ellas quiero hacer un collage musical y multicolor en el que se mezclen los recuerdos de la infancia, los años de la adolescencia y parte de mi vida como adulto joven. En estas tres etapas de mi vida, Mauricio Alberto, mi querido y recordado “Moris” (nunca le llamé por su apodo) me acompañó en las buenas y en las malas y, además fue un amigo fiel. No sé, para ser sincero, qué saldrá al final de esta aventura literaria, pues ya lo advirtió Silvio Rodríguez que “Al final de este viaje en la vida quedará nuestro rastro invitando a vivir.  Por lo menos por eso es por lo que estoy aquí”, transformando en palabras y frases un sentimiento que anida en mi pecho y que ahora irrumpe a la superficie como un torrente de agua cristalina.

La vida del ser humano no es una línea recta, y lo que aquí se está gestando tampoco y sí esto me sale zigzagueante como una sierpe, reclámenle a Euterpe, pues ella es quien guía mis pasos, así como lo hizo el poeta Virgilio con el Dante. No quiero ser pedante ni redundante, pero “Los caminos, los caminos no se hicieron solos, cuando el hombre, cuando el hombre, dejó de arrastrarse”, de acuerdo con la evolución filogenética según San Pablito Milanés. Comenzaré pues mi periplo tapizando el marco con el Tapestry, así tituló Carole King, la cantautora norteamericana en 1971 este álbum musical; en él está incluida la canción que define, al menos para mí, la expresión más sublime acerca de la amistad: “You’ve Got a Friend”

Mauricio está presente, sin duda alguna, en muchas de las canciones que aquí se nombran, aunque alguno de los temas elegidos, sobre todo los de lengua inglesa no formaban parte de su repertorio como cantante, pero sé que también eran de su agrado. Lo suyo era la música hispanoamericana. A la vera de este camino verde de fantasía musical encontraremos canciones de varias épocas, las cuales de una u otra forma, dejaron su huella en mi memoria. Con estas flores es que he adornado este montaje musical. Ya será tarea del avezado lector y conocedor del mundo musical de ayer y de hoy, de irle colocando el titulo correspondiente a las canciones que están desparramadas por esta vereda tropical, de las cuales solamente se nombran estrofas o bien temas que están camuflados con la libertad literaria que permite el parafraseo o bien partes del texto traducidas de manera rudimentaria por el autor de estas líneas.  

Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo, cantaba Moris al estilo Cortés y yo lo acompañaba con una guitarra destemplada. Las tibias noches en San Francisco, USA, las vivimos como Eric Burdon y sus animales, en realidad más bien como animales. Moris wasn't born there for sure y no sé si alguna vez pensó morir ahí. Además, pensándolo bien: ¿Quién sabe dónde morirá?

Sí viajas alguna vez a San Francisco siguiendo la huella de Scott McKenzie  be sure to wear some flowers in your hair, y a lo mejor te encontrarás algún viejo amigo walking down the Street de la mano de Dionne, don’t walk on by, don’t walk on by y haz simplemente un alto, pues a lo mejor están de camino a San José. ¿Conoces el camino a San José? Cuando se tiene amigos verdaderos repartidos por el mundo uno nunca está solo, pues you never walk alone en la vida.   Sí no me crees, pregúntale a Gerry Marsden. A lo mejor estando en “Frisco”, te vas por un ratito a Sausalito o por un ratón a Tiburón.  Embárcate en el ferry y aunque no sea el mismo que llevó a los Pacemakers por el rió Mercey hasta atracar en la bahía de Liverpool. ¡Qué más da!  

¿Quién no quiere vivir la vida loca cuando se es joven?  Nosotros queríamos, bailar, cantar, amar y sonreír, queríamos vivir la realidad sin el ayer ni el qué dirán, todas esas cosas que hacíamos cuando éramos jóvenes sin pensarlo dos veces, eso era precisamente el amor a la vida, eso era el Despertar de Marco Antonio, no el de Cleopatra, sino el cantante mexicano. 

Ahora, medio siglo más tarde, todo lo veo más claro, las nubes de la ceguera juvenil han desaparecido y cuando vuelvo la vista hacia atrás veo las huellas que he ido dejando. Antes creía que la lluvia caía solo cuando relampagueaba y cuando el cielo estaba encapotado, pero Lola Beltrán me enseñó que los aguaceros caen cuando uno menos se lo espera. ¿Has visto alguna vez caer un aguacero en el trópico? Lo único que quiero saber de ti es sí has visto alguna vez caer la lluvia en el desierto. ¿I wanna know, have you ever seen the rain comin’ down a sunny Day?  ¿O piensas que en el sur de California nunca llueve?  No, ahora lo veo más claro, llueve también cuando tienes humo de tristeza en los ojos.  I can see clearly now the rain is gone, I can see all obstacles in my way. Ahora que me acerco día a día al momento en que me tocará bailar con la catrina, a lo mejor el Barzón de Amparito Ochoa. “And when I die and when I'm dead, dead and gone, there'll be one child born in our world to carry on, to carry on.  I'm not scared of dying and I don't really care If it's peace you find in dying, well, then let the time be near”.  La verdad, no tengo que de que quejarme, pues a pesar de haber perdido a mi madre demasiado temprano he vivido la vida, y la he vivido a mi manera. “I've lived a life that's full, I've travelled each and every highway, and more, much more than this, I did it my way”.

He pagado mis cuentas, no le debo nada a nadie. “I've paid my dues, time after time”. Por mis errores la vida me ha castigado, pero jamás he cometido un crimen. Fueron muchos los deslices, pero siempre salí adelante.  Todos podemos alcanzar nuestras metas, aunque sea a lo mejor un sueño imposible, luchar contra un enemigo invencible, soportar dolores insoportables, para convertir la injusticia social en concordia, intentar alcanzar la estrella más lejana del espacio infinito, to dream the imposible dreams, estar dispuesto a morir por la dignidad, el amor y la justicia. Bien sé que la tarea es difícil but you must try, try and try and you suced at least. And I know if I'll only be true, to this glorious quest, that my heart will lie peaceful and calm, when I'm laid to my rest ...And the world will be better for this.

He sudado sangre, sudor y lágrimas, por construir un mundo nuevo, mejor y más justo. Y, todavía no he logrado la Utopía. Sin embargo, también sé que uno solo no puede lograrlo todo y muchas veces necesitamos que los amigos nos echen una mano, entonces con una pequeña ayuda, With a Little help from the friends, las cosas resultan más fácil.

Al que es amigo jamás lo dejen en la estacada, dice Martín Fierro, pero no le pidan nada ni lo esperen todo de él, recita Jorge Cafrune, ni lo aguarden todo de él , pues el  amigo más fiel siempre tiene una conducta honrada, pero cuando lo veas triste, agotado y sus lágrimas corran por sus mejillas como dos ríos diminutos y caigan al suelo formando un mar enano, extiéndele  tu mano y conviértela en un puente sobre aguas turbulentas, hazle sentir que estás a su lado y alíviale su pena. 

De la misma forma, cuando tú te encuentres decaído y las cosas no te salen bien y todo a tu alrededor te parece una oscurana, piensa en él o en ella, cierra los ojos y verás como el espacio-tiempo se encoge y en segundos, verás cómo la noche se transformará en día. Amanecerá un nuevo día.  Morning has brocken dirás y escucharas a lo lejos el eco de los escarabajos cantando: ¡Good Day sunshine or Here comes the sun!

Cantando por la mañanas iba al colegio y tarareando letras por la tarde venía, como un colibrí que besa la flor por la mañana  y vaya que salía loco de contento con mi cargamento de libros y cuadernos para la escuela y aunque me doliera una muela nunca estuve ausente; el señor Rui Rua, el profesor de solfeo que era recontra feo y bueno pa’l hueveo, pero además, era experto en teoría, en solfeo, solía comenzar la clase al compás de una guaracha entonando do, re, mi, fa, sol, la, si, do/ do, re, mi, fa, sol, la, si, do/ re, mi, fa, sol, la, si, do, re/ re, mi, fa, sol, la, si, do, re…. A mí me hubiera gustado más haber practicado la escala musical con un instrumento de verdad, pero el colegio no daba pa ‘más y me tuve que conformar a ejercitar el ritmo y el vaivén musical con mi propio órgano, así fue como me hice muy amigo del pájaro Picón Picón de alas negras y piquito colorao. El pájaro que yo digo es un ave exótica y endémica de mi país, una cosa salvaje, Wild thing, you make my heart sing, you make everything groovy.

Un día conocí providencialmente a una quinceañera, una verdadera Lady Willpower se llamaba Pilar Samos, pero todos la conocían por su diminutivo “Pi”.  Por el uniforme supe que pertenecía al colegio la Divina Providencia. Una tarde abordamos el ómnibus de la ruta 30, llamado en aquellos años la Circunvalación   y ahí, en la camioneta me habló a “calzón quitao”. Me contó que padecía del corazón y yo que era del Divino Salvador, quise curarla o salvarla de esos males, ni lerdo ni perezoso le receté una inyección. ¿Quién me la pone me dijo?, con mucha preocupación y yo le dije mi hijita, esa te la pongo yo, y yo le dije mi hijita, esa te la pongo yo.  Son esos momentos especiales y sublimes en la vida en el cual las feromonas imponen sus leyes biológicas a todas las monas y micos del mundo y es cuando sacrificamos hasta el alma, soul sacrifice a lo Santana, por un polvo de estrellas, fuego y calor, arrebato, delirio y sudor, noches en vela enamorándonos al compás de Samba pa’tí.  La unión celestial del divino verbo salvador y la carne. Después de la experiencia con “Pi” Samos supe, que nunca en mi vida sería vegetariano y que, además, al lado de una muchacha era capaz de tocar y cantar la cucaracha al mismo tiempo.

Siempre me gustó la filosofía y aunque Epicuro de Esparta podía ser atractivo para vivir la vida loca, por lo del hedonismo y todas esas cosas mundanas y bohemias, mis preferidos siempre fueron Descartes, Sócrates y Spinoza. Sin embargo, algunas veces cuando me pongo filosofo idealista y sentimental me pregunto: ¿Es esto la vida real? ¿es solo fantasía? atrapado en un corrimiento de tierras, sin escape de la realidad, abres los ojos, miras a los cielos y ves, solo soy un pobre chico, no necesito compasión, porque, así como fácil vengo, así de rápido me voy, no muy alto, no muy bajo, de todas formas, el viento sopla, no es algo que realmente me importe, a mí. Pienso en Galileo, Galileo en Fígaro y me digo magnifico: Nothing really matters.  Anyone can see.  Nothing really matters.  Nothing really matters to me.  Any way the wind blows.

La melancolía, dicen los expertos en psicología, es una enfermedad caracterizada por la tristeza permanente que puede conducir a la depresión.  “Tristeza não tem fim”. Entonces para curar a los melancólicos la mejor medicina son los Melódicos, pues la filosofía complica las cosas, así que lo mejor es bailar como Cayetano que baila bembé bembé. No le eches la culpa al reumatismo y aunque solo muevas las orejas, baila bembé o bien goza el chipichipi. Y que no se te olvide apagar la vela cuando te vayas a la cama, sobre todo cuando te has tomado unos tragos y si llegas a casa bien avergonzado por llegar tarde dile a tu mujer: “Apágamela la vela María”

Ya sé que me estoy poniendo cacarico y me cuesta escuchar el canto de los grillos en el campo, pero cuando Cheo García canta “Un viejo Chévere” con la Billos, no puedo quedarme quieto, pues a pesar del talego de años que llevo encima, sigo siendo un viejito con sabor. Soy un viejito Chévere, Chévere. Y no me importa, si ahora, Roberto Ledesma me acompaña con su canción: ¿Dónde estás corazón, no oigo tu palpitar?, cuando voy a mi arbolito y no encuentro de primas a primeras mi pájaro Chogüi.

Esa es la biología de la vida, me digo en silencio, pero cuando yo siento los cueros, cuando yo siento el timbal  y las maracas que ríen , siento mi cuerpo vibrar y la sangre que me grita, vente Cariño a bailar, amigos que pachanga, me voy pa‘ la pachanga que rica es la pachanga, el rumor de las caderas, el sudor de las nápiras,  el olor de los sobacos y la cintura que quiebra,   el son que viene en sordina guanaco goza la rumba, rumba pachanga que zumba , ay amigos que pachanga , que rica es la pachanga.

Por que no hay que olvidar que un viejo siempre tiene un AS de corazón rojo dentro de la manga y como dijo Celia Arruga y Celia Cruz: “Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga….  Mabambelé replica el amor.  Defiende al humano.  Porque ese es tu hermano, se vive mejor”. Así pues, a gozar y disfrutar de la vida con o sin sirindanga, pero sin hacer morondangas ni permitiendo que te den yuca sin pepescas ni moronga.  

Hoy, el ayer me parece tan lejos y cuando pienso en él, en el pasado, me digo de pronto, que no soy ni la mitad del hombre que solía ser, hay una sombra que se cierne sobre mí oh, de pronto llegó el ayer. ¿Ponerse a pensar en Yesterday es caer en la nostalgia? Por supuesto diría Carlitos Gardel, si su amor fue flor de un día por qué causa es siempre mía esta cruel preocupación. “Quiero emborrachar mi corazón para olvidar mi obstinación y más la vuelvo a recordar…nostalgia” Pero recordar el pasado no es necesariamente un momento de nostalgia, por el contrario, puede ser un momento de felicidad y satisfacción plena pues aquellos días que pasaron en nuestras vidas, si bien ya no volverán, sin embargo, siguen estando presentes en nuestro alrededor, aunque algunas veces no nos percatamos de ello…. “A veces tengo la sensación que estaba en los viejos tiempos, hace mucho ,  cuando éramos niños, cuando éramos jóvenes todo nos parecía tan perfecto, sabes, los días no terminaban nunca, éramos locos, éramos jóvenes siempre,  el sol brillaba siempre , solo vivíamos para divertirnos… porque estos son los días de nuestras vidas que volaron  con la velocidad de tiempo, esos  días ya se fueron todos, pero unas cosas permanecen y cuando miro atrás  encuentro que no hay cambio”. Sí, esos fueron los días de nuestras vidas. These Are The Days Of Our Lives

Me están sirviendo ya la del estribo, aunque no estoy en el rincón de una cantina, ahorita ya no sé sí tengo fe, ahorita en medio de esta virtual borrachera   les canto esta ranchera a mis amigos, los académicos y no académicos, a los independientes y a los ingeniebrios que la despedida yo no se las doy, la despedida será  esta canción, la despedida yo se las daré , cuando ya me vaya  de esta población…y si gustan también les canto un tango que bailé una noche con un tremendo mango en Chalatenango… Adiós muchachos, compañeros de mi vida barra querida de aquellos tiempos, me toca a mí hoy emprender la retirada, debo alejarme de mi buena muchachada, adiós muchachos, ya me voy y me resigno, contra el destino nadie es la talla.  Se terminaron para mi todas las farras…. Acuden a mi mente recuerdos de otros tiempos, de los buenos momentos que antaño disfrute…

“…My soul is painted like the wings of butterflies, fairy tales of yesterday, will grow but never die, I can fly, my friends…The Show must go on …Yeah…”


¡That’s all folks!


sábado, 25 de enero de 2020

La trágica y perversa historia del piolet y del picahielo


La trágica y perversa historia del piolet y del picahielo




Todavía está grabado en algún rincón de mi hipocampo el rostro del asesino de Trotsky que miré un día en una revista “Bohemia” de los años sesenta del siglo pasado, que mi padre guardaba celosamente en un baúl de madera. Desde entonces el nombre del ciudadano catalán, Jaime Ramón Mercader del Río Hernández me es familiar.

Ahora bien, el crimen de la calle Viena 19 en Coyoacán/ México el martes 20 de agosto de 1940 por ser un hecho que ocurrió veinte años antes que yo naciera, no tuvo ninguna importancia en las diferentes etapas de mi vida adulta. Tampoco tuve el interés académico ni político de estudiar la vida de Trotsky y su papel histórico en las diferentes etapas de la revolución rusa desde 1905 hasta el triunfo definitivo en octubre de 1917.

Crecí, “filosóficamente” hablando, como algunos jóvenes de mi generación, creyendo que el mundo político e ideológico era una dicotomía: Buenos y malos, blandos y duros, apologetas y apostatas, fieles y traidores, fuertes y débiles, en fin, la vie en blanc et noir. Además, la Weltanschauung político-ideológica dominante que se impuso en los círculos universitarios a nivel mundial era la del Partido Comunista de Rusia (estalinista) y la “utopía” (sin comillas en aquellos años del siglo XX) de la sociedad comunista. Es decir, que la teoría y la práctica del marxismo-leninismo que se propagó en las aulas estudiantiles y universitarias, en los sindicatos, gremios y movimientos sociales en el mundo entero estuvo impregnada de la doctrina estalinista y en ella, León Trotsky era simplemente un traidor a la patria socialista.

En definitiva, una vez diezmados por completo la vieja guardia bolchevique y el “Trotskismo” (concepto utilizado por Stalin para definir todo aquello que se opusiera a la doctrina del partido), solamente quedaba León Trotsky, considerado por Stalin a nivel propagandístico, tanto a nivel nacional como internacional, como el “enemigo principal de la revolución socialista”. No obstante, tanto Stalin como Trotsky sabían que el verdadero enemigo de la Unión Soviética, en esos momentos históricos, era Adolfo Hitler, puesto que la alternativa era en ese entonces: Fascismo o socialismo. Tertium non datur.

Acerca de la muerte del revolucionario Lew Dawidowitsch Bronstein, Trotsky, y sobre Ramón Mercader, su verdugo, hay tanto material escrito que bien podría hacerse una montaña rusa de fantasía con ellos, a tal punto, que una vez arriba de ella, uno tiene la sensación de encontrarse en un gigantesco tobogán interminable de mitos, leyendas, fantasías y verdades históricas inobjetables.  Hay que tener mucho tiempo, interés y vocación de investigador histórico a fin de construir el pasado de la manera más objetiva y exacta posible. Esa tarea la asumió el joven historiador catalán Eduard Puigventós López en el marco de una tesis doctoral, la cual posteriormente fue transformada en un libro biográfico:  Ramón Mercader, “El hombre del piolet”.

Ramón Mercader pagó su crimen con un castigo que le constó 20 años de prisión en Lecumberri/México. Sin embargo, Ramón Mercader, guardó silencio sepulcral hasta el día de su muerte. No denunció a nadie. Ni siquiera reconoció en 1950, habiéndose probado por las huellas dactilares, su verdadera identidad. Ramón Mercader siguió siendo Jackes Mornard hasta su muerte. Sin embargo, en su tumba ubicada en el cementerio de Kuntzevo (Moscú) se lee el nombre de Ramón Ivánovich López.  Se llevó a la sepultura un silencio militante, que al final de cuentas era un secreto a voces, pues en la punta del témpano de hielo se supone que estuvo la figura macabra del oscuro georgiano Josef Dschughaschwili, alias Stalin. ¿Pero quién sabe hoy en día en Moscú quien fue Ramón I. López?

En la obra maestra del escritor ruso Fiódor Dostoyevski “Crimen y castigo” se tematiza la relación dialéctica entre el “fin y los medios”, además se plantean preguntas claves de carácter filosófico y moral: ¿Hay crimen sin castigo? ¿Hasta qué punto el joven asesino Raskolnikov se siente culpable del crimen cometido? ¿Justifica el fin el medio?

Ahora bien, el objetivo principal en este ensayo no es el de discernir acerca de los diferentes conceptos políticos e ideológicos  entre León Trotsky y Josef Stalin a lo largo de los años ni mucho menos tomar partido a estas alturas del partido, sino más bien, el de recalcar y condenar la absurdidad, la perversidad y la miopía política de aquellos líderes políticos, tanto de izquierdas como de derechas, que han hecho  y siguen haciendo del crimen, del asesinato político y del terrorismo su arma política predilecta para resolver las contradicciones político-ideológicas, socio-económicas y geopolíticas a nivel nacional y mundial.

El homo políticus ha cometido, ya sea debido a “razones de estado”, a las bajas pasiones humanas o a la ambición de poder o por racismo, los crímenes más sádicos y horrendos con tal de alcanzar un determinado fin, utilizando para ello a lo largo de la historia antigua y moderna pócimas venenosas, armas blancas y de fuego y el envenenamiento por radiación.   

Es un hecho irrefutable que las ideologías y las sectas religiosas pueden convertirse en caldo de cultivo para la proliferación del dogmatismo, del fanatismo y del radicalismo político-religioso.  La fe ciega en líderes políticos y/o religiosos conduce irremediablemente a la obediencia ciega absoluta. De ahí al asesinato solo dista un salto.

Las páginas de la historia de la humanidad están llenas de cientos de miles de crímenes políticos.  Detrás de todos estos hechos luctuosos ha estado siempre la cuestión del poder, tanto político-militar como económico y geopolítico.  A modo de ejemplo  se nombra aquí selectivamente algunos de los  personajes históricos asesinados por sus “amigos “ o por sus enemigos: Julio César (44 a. de C. Roma), la edad media y sus múltiples asesinatos y atentados políticos entre 500 d. de C. hasta 1500),  Jean Paul Marat (1793,Paris), Abraham Lincoln(1865, Washington, D.C ), Emiliano Zapata (1919, México), Rosa Luxemburg (1919, Berlín), Karl  Liebknecht (1919, Berlín), Sergei Mironowitsch Kirow (1934, Moscú), los años del terror estalinista (1936-1938, Unión Soviética ),  Andreu Nin(Alcalá de Henares,1937), Patricio Lumumba (1961, Kongo), John F. Kennedy (1962, Dallas Texas), Dr. Ernesto Guevara de la Serna (1967, Bolivia), Robert F. Kennedy ( 1968, Los Ángeles/California),  Dr. Martin Luther King(1968, Memphis/Tennessee), Amílcar Cabral (1973,Guinea-Bisau), Roque Dalton(1975, San Salvador/El Salvador), Orlando Letelier (1976, Washington, D.C),  Martin Schleyer(1977, Müllhausen/Francia), Aldo Moro(1978, Roma), Monseñor  Oscar Arnulfo Romero ( 1980, San Salvador/El Salvador), Anwar el Sadat (1981, Cairo/Egipto),  Roberto Calvi (1982, Londres),  Mélida Anaya Montes  (1983, Managua/Nicaragua), Jonás Savimbi (2002, Angola), sin olvidar los campos de la muerte de Pol Pot (1976-1978, Cambocha), la revolución cultural de Mao Zedong (1966-1976) y last but not least  General Kassem Soleimani(2020, Teherán).

En la medida en que se afirma que el curso de la historia esencialmente no cambia con la muerte de algún líder político o religioso, por muy celebre y carismático que éste sea, también hay que decir y afirmar que un mundo nuevo, mejor y más justo, es decir, la “utopía socialista” no se construye con piolets ni con picahielos ni con venenos radiactivos.

Nunca sabremos a ciencia cierta lo que pasó por la mente de los asesinos del poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton, así como nunca se supo en realidad lo que pensó Jacson/Jackes Mornard /Ramón Mercader antes, durante y después del crimen en Coyoacán.

Sin embargo, después de leer “El hombre que amaba los perros” del cubano Leonardo Padura, novela que trata del asesinato de Trotsky, me pregunté: ¿Qué pensarán hoy en día los implicados en el asesinato de Roque Dalton?

domingo, 15 de diciembre de 2019

Las coplas de mis sesenta y nueve años


Las coplas de mis sesenta y nueve años


                  –i–
Nací en el año 50 en el barrio El Calvario,
Cerquita del sucio Acelhuate[1]
Dicen que en esa noche vieja hubo un gran jolgorio
Debajo de aquel frondoso amate.
                 –ii–
En el vientre fértil de mi madre Tey
Se gestaron cuatro niñas y un varón
Todos retoños bastardos según la ley
Solo una, la primera, no vivió en aquel barracón.
                   –iii–
Todavía tengo presente en la mente
El día en que por primera vez le vi la cara
 a la luctuosa catrina, siendo aún un infante,
lista llegó y con la intención de que el carro me revolcara. 
                   –iv–
Los callejones de San Jacinto
Y las aceras de Santa Anita
Como buen patechucho[2] todo lo andaba solito
a escondidas de mi mamita.
                    –v–
Fui a visitar a mi abuelita y a mitad del camino
me dio sueño y me dormí debajo de un platanar
y dicen que me encontró por fin un buen vecino   
soñando feliz y contento en medio de aquel solar.
                 –vi–
La fama de Urdimales
Me la gané en mi casa
Rompiendo muchos cristales
 Y macetas en la terraza.
               –vii–
En la escuela siempre estuve en primera fila
Y ya de niño le corregía a otros la plana
Los útiles y otros menesteres alegre cargaba en la mochila
Y en los exámenes nunca hice jarana.
              –viii–
Ya lo dijo Juvenal
No hay que ser un buen jinete
Ni jugar como Nadal.
              –ix–
Mi apodo es “Cariño Herrera”
Me bautizó una cipota
Que ya andaba a la carrera
Por tocarme la trompeta.
              –x–
Por andar de Juan Tenorio
Me metí en un embrollo  
La viuda en el dormitorio
Me pedía más repollo.
             –xi–
Emigré para Alemania
Sin saber que era pa ‘siempre
Estudié la electrotecnia
Y nunca tuve la depre.
              –xii–
Aprendí a tocar guitarra,
Al lado de un mexicano,
Tocando la San Marqueña
Se me engarrotó la mano.
                –xiii–
Nunca perdí la esperanza
De cantar como el “turco” Cafrune,
Allá en el lago de Constanza
Una payada o una milonga elegante.
                –xiv–
 Yo no soy Jorge Negrete
Porque no me sale el falsete
Pero canto en la ducha,
y mejor en el retrete.
               –xv–
Bailando un buen merengue
De la cintura pa ‘bajo
La rubia que era bilingüe
Era buena pal relajo.
              –xvi–
Entonces llegó la Vero
Y me tendió una emboscada
Detrás de un viejo ropero
Nos comimos una empanada.
               –xvii–
La historia es muy sucinta
Nada tiene de parafernalia
La Nono quedó encinta
Y así llegó la Natalia.
                 –xviii–
Soy guanaco y paliducho
Soy buen gallo de pelea
Y quien me toca los cojones
Le bajo los pantalones.
                –xix–
Y me fui para chalate
A servir en la guerrilla
Y me puse mertiolate
Pa ‘curarme la rodilla.
              –xx–
En la guerra mucha gente inocente la palma
Los tambores bélicos suenan y el suelo se cubre de tumbas
Y cuando las bombas caen la cabeza y el corazón se sumergen en las sombras 
Cuando Yoel murió, yo, él y muchos más, ahí quedamos sepultados en La Palma.
                –xxi–   
Me estoy poniendo más viejo
Ya no zacateo el macho
Tengo arrugas en el pellejo 
Y no ostento ya más penacho.
                –xxii–   
Mi nieto me dice Tata
Juguemos al caballito
En esta infantil cabalgata
El jinete es Samuelito.
                 –xxiii–
Mañana, mi mañana seguro vendrá
mañana voy a estar aquí esperándola
con mi guitarra en la mano y sin vestir escafandra
cantando volarán por los aires mis cenizas como una oropéndola.
                  –xxiv–
Cuando pare yo las chalas
Me cantan esta canción
No habrá que tener agallas
Pues lo harán con el corazón.
              –xxv–
Ya me voy, ya me despido
Aquí les dejo un recado
Con el favor de Cupido,
afilen que no es pecado.


[1] Acelhuate: Río salvadoreño altamente contaminado que recorre los departamentos de San Salvador y La Libertad.
[2] Patechucho: Callejero

viernes, 29 de noviembre de 2019

De musas, pupusas y otras cosas contusas


De musas, pupusas y otras cosas contusas


Ya pronto terminará el año y como de costumbre tengo el deseo, y, la voluntad por supuesto, de escribir unas gauchadas, es decir, reflexionar escribiendo, que es mi modo de filosofar acerca de esto y de aquello, pero no desde la perspectiva académica, formal y sobria, sino que más bien, utilizando un lenguaje que, a bote pronto, podría parecer obsceno o lépero como dirían en mi terruño.

Oh musas del Olimpo, por fin aceptasteis mis ofrendas herejes y aunque de mirra e incienso son las pupusas que de playa larga me trajisteis, os doy las gracias con toda devoción, porque estoy seguro de que son un regalito de Raulito. No son de chicharrón ni requesón, pero las degustaré aquí en mi morada como un ávido poeta que aprendió castellano con el profe Iraheta, ayveyan ustedes que les parece mi estilo jayán, y preparad vuestro pistilo para recibir con alegría y buen humor el polen de mi confusa algarabía que tiene sabor a arrayán.

De Francisco Quevedo me gusta todo y solo me igualo al genio cuando escribiendo dejo escapar al aire un pedo, que sonoro y violento sale de la parte más arrugada del cuerpo, incluso más que la piel del codo y sí con mi lenguaje guarro a algún parroquiano incomodo, sepa que también Quasimodo, feo y tosco, como dicen que era, al ver a Esmeralda con la cara de Sofía Loren se le escapó un suspiro por el ano. Todo lo que el arte culinario forma y crea, desde la grande cuisine de Paul Bocuse y para que no se me acuse de falta de patriotismo o de ser un idiota ridículo, hasta la petite cuisine traditionelle de Madame Carlota, la pupusera de Cuscatancingo, entra por los ojos, se queda un rato en las tripas y sale con o sin respingo por el hoyo, sea este grande o pequeño.   

De la cosecha de café se bastante, de la caña menos, aunque nunca entendí la razón de la quema de los cañaverales y no crean que en agricultura soy un todo terreno, pero todo lo que se del maíz lo aprendí feliz un fin de semana en la finca de Rogelio. Ahí comimos de todo, cosas que usted sí nunca ha estado ahí, no podrá imaginar ni aun leyendo el Popul Vuh. Y hay que tener maña para destusar el elote; cuando se es cipote de campo uno aprende a distinguir la milpa cuando está entre camagua y elote. Hay ciertas reglas culinarias a respetar y en esto yo no meto. Como hemos leído aquí, pupusa que no es de maíz, no puede considerarse pupusa y paloma que no mete su pico no es paloma. Mucho se ha escrito en El Salvador acerca de la relación directa entre la pupusa y la paloma, y no crea, el apreciado lector que se trata de mitos y leyendas que rondan en torno a la pupusa, la paloma, el maíz y la milpa. De hecho, hay ornitólogos famosos, entre ellos el doctor japonés H. Ano, quien ha comprobado empíricamente la atracción natural entre la paloma y la pupusa. Según el especialista, el maíz es el nexo entre los dos. Aunque algunos críticos opinan que el doctorcito H. Ano ha sido mal comprendido, él lo que dijo fue sexo y no nexo. Las milpas cuando se queman no son por culpa de la Columba mustuguza, pues jamás se ha visto que la paloma quema maíz. Ahora bien, ¿quién podría poner en dudas estos datos científicos? ¿Quién no ha visto en algún momento de su vida una paloma picando una pupusa?

La chilateada siempre es en El Salvador una fiesta familiar, no importa sí es en Izalco, Apaneca, San Julián, Jayaque o Nejapa.  La elaboración del atol de elote y las ricas viandas que lo acompañan siempre son las mismas, pero jamás mezcle esta bebida con alcohol, una tacita de café tostado en comal y al calor del fogón a lo sumo, y no crea que presumo de ser experto atolero, pero se distinguir entre el atol chilate, el shuco y éste que aquí describo.

El atol es la bebida nacional de El Salvador, diría yo, que fui cipote de ciudad y que, debido a la amistad de un compañero de colegio, tomamos el bus en la terminal de oriente y nos fuimos en dirección a Cabañas o Cuscatlán, no recuerdo exactamente hacia donde but it doesn't matter at all, porque fuimos, adonde fuimos, por el atol. Pero de lo que sí estoy plenamente seguro, es que en esos días no hicimos ningún desvergue en la finca de Alvergue.

Here comes the sun, and I say It's all right…, así encabecé mi primer saludo a Portillo desde hace más de 50 años, no sé por qué lo hice, pero me salió así del dedillo el estribillo de esa canción de los Beatles del año 69. La memoria emotiva es un gran don, pues en ella grabamos aquellas pequeñas cosas, la mayoría de manera inconsciente que florece en el momento menos esperado como una saeta dorada dando en el centro de la diana. Así, como en mi mente está grabado el albergue que nos dio Alvergue cuando éramos imberbes y juguetones como cabritos o cabrones, si así lo preferís. In the same way, tengo a tres caballeros en mi mente, tres gentlemen, Sir William Portillo, Sir Raúl Ernesto López Sr. and Sir Manuel Roberto Turcios, y aunque ya nuestro querido José Arturo no está entre nosotros y esto, aunque parezca un albur, le pido a él, esté donde esté, que extienda su Excalibur y los nombre, primus inter pares caballeros de la legión de “Los Dorados Años sesenta”.

Entonces, desde aquí, desde la precordillera de la Selva Negra, lugar bendecido por el sol y posando mi trasero en una banca, quiero despedirme a mi manera, aunque para ello recurriré a Paul Anka, pero lo diré a mi manera…And now my dear Friends the end is near, I mean, el final de esta gauchada, and so we face the final curtain. We have lived a life that's full. We have travelled each and every highway. But more, much more than this, we did it our own way….

I don’t care any more…si nunca llegué a cantar el ¿Cómo fue? de Benny More o si nunca tuve el bucle del King Creole, solo sé que todos los días me tomaba de bebito mi medio litro de leche CETECO, de infante mi cucharada de tónico Wampole y cuando adolescente compartí con mis amigos una pacha de Muñeco.

Y, ¿qué podría yo más contaros de las musas pupusudas que he conocido on my way, sí cada uno de vosotros ha pisado su propio camino?

¡That’s all Folks!

domingo, 27 de octubre de 2019

Chile, una gigantesca ola difícil de surfear


Chile, una gigantesca ola difícil de surfear


Y sucedió entonces, supuestamente así de repente, parafraseando a Fidel, que los chilenos “despertaron del largo sueño” embrutecedor a que los sometieron los diferentes gobiernos de derechas y de izquierdas que han pasado por la Moneda desde que el pueblo mandara a la cresta a Pinochet.

Sin embargo, el cuento del hada Morgana del milagro económico chileno solamente la clase política gobernante y la clase económica social dominante se lo creyeron. Sin duda alguna, Chile creció económicamente, pero las ganancias se las quedó una minoría oligárquica. El ciudadano de a pie siempre supo que se trataba de un espejismo, de una ilusión y no porque supiera distinguir la diferencia entre indicadores macroeconómicos de países desarrollados y subdesarrollados. Pero cuando el presupuesto mensual familiar no da para más, a pesar de la “cachativa” de la dueña de casa para mantener el equilibrio entre los ingresos mensuales y los gastos (fijos y variables) no hay que ser experto en economía, para comprender que el buen vivir es un artículo de lujo que solamente unos pocos pueden comprarlo en Chile.  

Muchas fueran las “olitas” que antecedieron al tsunami social de octubre de este año. El “Mochilazo”, movimiento estudiantil en 2001, durante la legislatura de Ricardo Lagos, marcó el inicio de una dinámica político-social postdictadura en la juventud chilena durante el periodo de transición a la democracia parlamentaria. El movimiento estudiantil de 2006, también conocido como el “movimiento de los pingüinos”, debido a los colores del uniforme de los liceístas, también estremeció la sociedad chilena en su momento y puso en la picota las deficiencias del presupuesto estatal en materia de educación. Los pingüinos exigieron del gobierno concertacionista presidido por Michelle Bachelet, el cumplimiento de una jornada completa con talleres, el mejoramiento de la calidad de la educación, el pase escolar gratuito para toda la enseñanza secundaria, el mejoramiento considerable de la infraestructura educacional.

No. Chile, parecía roncar, pero nunca estuvo dormido. Ahora bien, la diferencia esencial entre las movilizaciones pasadas y las actuales, radica en el hecho fundamental que ahora el pueblo chileno, en general, no está exigiendo solamente “reivindicaciones económicas”, sino que está cuestionando, primero, el modelo  económico neoliberal que es el causante principal de los males que está sangrando al pueblo, segundo, está exigiendo la revocación de la constitución política pinochetista y la creación de una nueva a través de un proceso constituyente, y tercero, pero no menos importante, está demostrando el hartazgo político como consecuencia de la corrupción estatal y de los partidos políticos tradicionales, y sobre todo, el rechazo total a la administración de Sebastián Piñera.

El pueblo chileno, esté consciente o no, ha dado en estos últimos días un salto cualitativo en el contexto de la lucha de clases importantísimo y, todo esto, valga la aclaración, sin ninguna orientación ni dirección política partidaria.  

Por mucho que los analistas y los thinks tanks de derechas se empeñen en desvirtuar el carácter político-social de este movimiento, calificándolo de vandálico y violento, el hecho es que la demostración de fuerza político-social pacífica que el mundo entero vio y vivió el pasado viernes 25 de octubre, puso de manifiesto la contradicción fundamental del capitalismo. En las calles y alamedas de Santiago, Concepción, Antofagasta, Valparaíso y de todo Chile estaba la clase trabajadora demostrando con flores y canciones su descontento, mientras el Gran Capital y sus sabuesos uniformados la vigilaba muy de cerca.  

En este sentido, Chile se ha convertido en un barril de “pólvora político-social” que pone en peligro el estado burgués y, por lo tanto, el statu quo capitalista, pero no solamente en Chile, sino en toda América Latina. La lucha de clases chilena siempre ha sido un referente importante en Latinoamérica. Es decir, que tanto el gobierno y sus aparatos represivos, así como la oligarquía nacional e internacional, tienen ante sí una ola gigantesca muy difícil de surfear.  

Porque, como dijo Ernesto Guevara en las Naciones Unidas en 1964, “esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia”.

sábado, 19 de octubre de 2019

Sus nombres tienen vida y sus cuerpos sepultura


Sus nombres tienen vida y sus cuerpos sepultura


Y volví a pisar las calles nuevamente en este hermoso y largo país austral llamado Chile. Cada visita a la tierra de Lautaro, de Salvador Allende, de Miguel Enríquez, de Neruda, de Gabriela, de Víctor y de Violeta es un reencuentro con el pasado y un repaso obligado, casi automático, de los acontecimientos político-militares que hicieron estremecer a todo el continente americano en la década de los setenta del siglo pasado. 

La primera vez que visité Chile fue en la fase terminal de la dictadura pinochetista, es decir, en el periodo comprendido entre 1986-1989, coyuntura política que culminó con el triunfo de la “Concertación de los partidos por el No” en el plebiscito de 1988.  Tuve la impresión en esos días y semanas que el pueblo chileno había dejado de temerle a la dictadura, pero tampoco se había acostumbrado a ella. En cierta medida, esa actitud valiente del ciudadano de a pie, fue una muestra de resistencia y resiliencia política del pueblo en general, y en particular, de los partidos políticos marxistas y progresistas, que soportaron estoicos el embate brutal del ejército chileno y los servicios de inteligencia. Es precisamente en este periodo que se da inicio al desarrollo y elaboración de políticas de transición a la democracia parlamentaria en el marco legal que la carta magna de 1980 había establecido en las disposiciones transitorias 27,28 y 29.

Luego se sucedieron dos visitas más en la década de los noventa y ciertamente me quedé con las ganas de conocer a la señora “Alegría” en las grandes Alamedas, de la que tanto se habló y se cantó en esos tiempos.  Ahora bien, también es justo señalar que la “Concertación de partidos por la democracia”, nunca especificó el día y la hora en que la “alegría” llegaría a Chile. Aunque no se bailara cueca en las calles ni se escucharan odas libertarias en las grandes alamedas, el país entero había entrado en un proceso de democratización sin retorno. Había que ser muy talibán y, además, ciego para no reconocer esas nuevas realidades. No obstante, desde Arica hasta Punta Arenas la exclusión social y las desigualdades económicas estaban todavía presentes.  

En esta nueva etapa de la lucha de clases en Chile, tanto el juego (democracia parlamentaria burguesa) como las reglas (modelo neoliberal de desarrollo económico), fueron escritas con sangre manu militari por el gran capital nacional e internacional.

Es precisamente en este escenario político-económico, nuevo y adverso, que las fuerzas políticas concertacionistas consensuaron una Realpolitik conservadora como el instrumento apropiado para ganar, consolidar y mantener espacios de poder en el estado. Y es aquí, precisamente en las arenas movedizas de lo “concreto posible” (administración del estado burgués) y lo “histórico necesario” (abolición del estado burgués) que el sistema se fue tragando poco a poco a varios políticos de renombre, a   los politicastros oportunistas y a caciques partidarios de plumaje variopinto junto con sus tribus. Fue en este desierto político-económico atacameño que la Concertación se empeñó en ver tigres en el horizonte macroeconómico.

Resumiendo: Con la sombra de Pinochet en las espaldas, las fuerzas políticas concertacionistas comenzaron un nuevo periodo en la historia política de la república: El restablecimiento de la democracia.

Sí la lucha de clases fue el motor que sustentó el triunfo de la Unidad Popular en 1970, la lucha por lograr la reconciliación nacional entre la clase dominante y el pueblo trabajador fue el eje fundamental de la política de los gobiernos concertacionistas a partir del 11 de marzo de 1990. La Concertación se transformó de hecho en el paladín del neoliberalismo, más allá de las luchas ideológicas al interior de los partidos políticos de izquierdas. 

La coyuntura política de la década de los noventa, es decir, el proceso de transición a la democracia, aparte de ser una nueva escuela de aprendizaje para todos los partidos políticos, ya que se trataba de una “democracia vigilada”, también se convirtió en una especie de harnero ideológico de grandes dimensiones. De tal manera, que por esa criba pasaron todo tipo de conversos, tanto los motivados por intereses políticos determinados como los que se arrepintieron por convicción. Así pues, como en la canción del chileno Julio Numhauser “Todo cambia”, no fue extraño que este o aquel político cambiara de rumbo, aunque eso le causara daño ético-moral.  Sí la fiera cambió su pelaje, comentó santiguándose Nacho, el ateo, porque no cambiar el modo de pensar. Afortunadamente, no todos los políticos renegaron de su pasado político-ideológico.

Con estas impresiones me marché de Chile recién comenzando el nuevo siglo. Debo reconocer que todas estas vivencias objetivas y subjetivas estuvieron fuertemente influenciadas e impregnadas por el espíritu revolucionario de la época y, sobre todo, teñidas o desteñidas con el color que tiene la derrota de los procesos revolucionarios truncados en Centroamérica, especialmente en El Salvador.  Pero independientemente de la hermenéutica marxista individual o colectiva que quiera otorgársele al desenlace de estas revoluciones o a la misma derrota aplastante del socialismo real en la Unión Soviética, el hecho es que nunca más estuvo presente en mi mente el interés ni el motivo para volver a Chile.

Ni siquiera la hermosa Región de los Lagos ni mucho menos Ricardo Lagos lograron provocar en mí, el deseo de recorrer nuevamente los campos floridos de Chillán y beber buen vino pipeado en Gorbea o degustar un sabroso ceviche de congrio en Valparaíso. Ni tampoco me sedujo el charme y el pedigrí de la presidenta Bachelet ni el modesto chalet que a las orillas del Calafquen varias veces me ofrecieron. Así pues, que nunca tuve la oportunidad de vivir y respirar in situ un gobierno concertacionista de izquierdas.

Tuvieron que pasar casi veinte años para que volviera a pisar suelo chileno. En este Chile moderno, de autopistas, de malls y de edificios elegantes, constaté con sobriedad que el espíritu de la bestia carroñera de los setenta todavía deambula por las calles, y aunque estoy consciente que Sebastián Piñera no es Pinocho, vivas están las imágenes de los cadáveres en el río Mapocho, que hoy luce más piedras que agua.

Llegué esta vez a Santiago sin prejuicios ni expectativas. Supuse que aquel Chile que conocí en el siglo pasado, aquel Chile que mi buen amigo Jano, el gramático, llevó siempre clavado en su mente y su corazón, ya no existía. Presumí que la patria de Salvador Allende, Miguel Enríquez, Bautista van Schouwen y otros muchos más, era ya parte de un mito o de una leyenda que recorrió nuestra América desde el Rio Grande hasta la Patagonia. Pero, debo reconocer, que me equivoqué, fallé en mi apreciación. Así como el espíritu del sátrapa con espejuelos oscuros todavía sobrevuela como ave de rapiña el territorio de norte a sur, el espíritu de Salvador Allende aún está presente y desborda las Alamedas.

Vi la pobreza merodear por las calles de Santiago y Valdivia.  El Chile que encontré en estos días pasados es más excluyente, más racista y con mucho más inmigrantes que en el pasado. Por una parte, la inmigración masiva de colombianos, peruanos, ecuatorianos, bolivianos, haitianos y venezolanos se debe, pienso, a la fortaleza económica del país con relación a sus países de origen. Y, por otra, la riqueza de la economía chilena ha originado también mucha pobreza en la población. En Chile también se observa el mismo fenómeno socioeconómico mundial que le ocurre a la clase social más afectada económicamente en su relación con los inmigrantes en los países del capitalismo desarrollado o en vías de desarrollo acelerado que los ve como una amenaza o como una lacra. Por eso no me extrañó, cuando un roto chileno exclamó en Catedral-Matucana: ¡Inmigrantes culiaos! Así, tal como lo hacen los europeos y los estadounidenses en sus respectivos países.

La problemática socioeconómica chilena, es decir, el abismo entre la riqueza evidente y la pobreza galopante es multifactorial, pero considero importante señalar aquí que las falencias y desatinos cometidos por los gobiernos concertacionistas de izquierdas en la aplicación e implementación de la Realpolitik también han contribuido en gran medida a acelerar y profundizar esta situación.

La diferencia esencial entre el pragmatismo político (política real conservadora) implementado por los gobiernos concertacionistas  y la Realpolitik revolucionaria, como la definió Rosa Luxemburgo, radicó precisamente en que la Concertación no combinó dialécticamente los objetivos a corto plazo y a largo plazo en el marco de las relaciones capitalistas de producción ni tampoco les dio un carácter y contenido marxista revolucionario con el fin de  combatir y debilitar democráticamente el sistema y  favorecer prioritariamente los intereses de la clase trabajadora, sino que por el contrario, hicieron todo lo “concreto posible”  para consolidarlo y perpetuarlo.  El ciudadano de a pie, que fue a las urnas y que no tiene un ápice de leso, les pasó la cuenta en las últimas elecciones presidenciales.

Por otra parte, en mi condición de turista ya no pude moverme a pie con la confianza de antaño por los barrios de Santiago. Esta vez, me vi obligado a trasladarme en taxi por las noches para recorrer 4 o 5 bloques hasta llegar al hospedaje. Tuve que estar en estado de alerta, muy “ojo al charqui”, como dicen los chilenos, para no ser objeto de robo. En fin, también fue una buena experiencia y un buen ejercicio para la mente.

Y resultó que nos fuimos de “Romerías” a visitar las tumbas de los compañeros fusilados por la dictadura. Ahí frente a la tumba de Gregorio Liendo Vera-comandante Pepe- , de Fernando Krauss, de Luís Pezo, de Pedro Barría, Sergio Bravo, Víctor Rudolf, de Enrique Guzmán y de René Bravo con lágrimas en los ojos tarareé la canción “Milonga del fusilado” del argentino Jorge “El turco” Larralde y recordé a mis compañeros de lucha caídos en combate en El Salvador, quienes nunca tendrán una lápida donde cualquier visitante anónimo o un familiar cercano pueda leer: “Aquí yace Jorge Edgardo Castro Iraheta “Medardo” , guerrillero salvadoreño caído en combate el 23 de octubre de 1985” o “ Aquí yacen los restos de Jesús Chicas Cartagena  Manuelón”, caído en el asalto al Cerrón Grande 1984” o “ Aquí están los restos de José Dimas Serrano  Conejo William”, muerto en las faldas del volcán de San Salvador en 1989. Supe ahí, en el cementerio de Valdivia, que aquellos nombres que yo había escuchado de boca de mi suegro en las largas horas de tertulia y aprendizaje durante el exilio estaban con vida, aunque sus cuerpos yacieran bajo sencillas sepulturas.

Pero tal vez lo más emotivo de este viaje, aparte de las “Romerías”, fue el reencuentro con “los revolusaurios y revolusaurias”, y escuchar quedito en un rincón de la casa al “Coro de las cautivas” cantar a capella el himno a la libertad de Giuseppe Verdi. Todavía están ahí, dando la pelea con su paso cansino y luciendo blancas cabelleras, agitando y haciendo conciencia como en antaño. La velada en conmemoración del 45 aniversario de la caída en combate de Miguel Enríquez en la fundación homónima también fue un evento lleno de emociones que despertaron recuerdos de la época del romanticismo revolucionario de los setenta del siglo pasado. Algunos “Tatitas revulosaurios” con discursos y teoría obsoletas y, además, reveladas empíricamente como falsas, otros con ideas futuristas del “quehacer” político en la era digital. En fin, una subcultura político-ideológica, irreverente, hereje, melancólica y muy distanciada de los grupos de poder político institucional. Un abanico de colores en el que confluyen tendencias político-sociales horizontales, verticales y transversales para todos los gustos y edades. Un movimiento amorfo y espontáneo que constituye una forma de oposición extraparlamentaria, que también es una forma licita de hacer política.  

En todo caso, el sabor que me quedó esta vez es el del dulce néctar de la miel de Ulmo del sur.  Ya bebimos suficiente el sabor natre de la derrota y del exilio. El Chile que dejé atrás es el que no perdonará a sus verdugos, que no se reconciliará nunca con sus enemigos de clase. El Chile que reencontré, es el que no olvidará jamás a sus héroes y mártires.
Regresé a mis pagos con la imagen de los compañeros y compañeras tirando rosas y claveles a sus seres queridos, contando anécdotas de sus vidas, y ellos, bajo sus sepulturas seguirán viviendo, pues de esa tierra fértil nacerán nuevas rosas rojas….

¡Viva Chile mierda!