sábado, 1 de mayo de 2021

Juan Pueblo: ¿Objeto o sujeto de la historia?

 Juan Pueblo: ¿Objeto o sujeto de la historia?

                                                         Dedicado a la clase trabajadora mundial en su día

 La cosa filosófica que ha sido el centro de la atención y preocupación de muchos pensadores en la historia de la humanidad, desde hace muchos siglos, está íntimamente vinculada al tema de la repartición desigual de la riqueza existente o por existir, o dicho en la terminología político-económica, en la acumulación y propiedad privada de capital. Destaco aquí de manera arbitraria solamente a un par de personalidades, porque son muchos los que deberían estar en la lista:  Adam Smith, David Ricardo, Carlos Marx, Roberto Malthus, Juan Jacobo Rousseau y a Víctor Hugo, el autor de Los Miserables.

Empero fue Carlos Marx el primer libre pensador en la historia que demostró científicamente que el principio de la acumulación ilimitada de capital y riqueza es la matriz del desarrollo desigual, injusto, y, en esencia, inhumano en el mundo. La supra explotación del hombre por el hombre ha sido el origen de todos los conflictos sociales y todas las guerras a lo largo de la historia y no al revés como se nos quiso hacer creer en El Salvador en la década de los ochenta del siglo pasado.

No obstante, en la teoría político-económica de Carlos Marx se anidó un pensamiento determinista.  Marx asumió como verdad absoluta que la contradicción antagónica Capital-Trabajo desembocaría irremediablemente en el fin de la historia del capitalismo. Probablemente Marx, influenciado por la Comuna de Paris (movimiento insurreccional en 1871) pensó que en la medida en que la acumulación de riqueza de la clase dominante aumentaba, en esa misma medida, la lucha de clases se intensificaría y los levantamientos populares violentos conducidos por el proletariado aumentarían hasta alcanzar la toma del poder político-militar y económico del estado burgués. Incluso predijo que sería en Inglaterra, en Alemania e incluso en los Estados Unidos, así, en ese orden, donde se rompería la cadena del capitalismo. Precisamente en los países de mayor desarrollo industrial y, por lo tanto, de mayor explotación obrera. Pensó que, una vez logrado el poder, se impondría la dictadura de las masas populares, período histórico en el cual se desarrollarían las condiciones materiales y subjetivas necesarias para lograr la transición del capitalismo al comunismo científico.  Independientemente de lo erróneo de su predicción, Carlos Marx, acuñó en el siglo XIX los tres grandes paradigmas del marxismo revolucionario internacional: La dictadura del proletariado, la lucha armada como única vía para la toma del poder y la transición violenta del capitalismo al comunismo.

Ahora bien, más allá de las fallas e imprecisiones contenidas en la teoría político-económica de Carlos Marx elaborada en el siglo XIX, considero importante señalar aquí tres premisas del pensamiento de Carlos Marx que, a mi parecer,  todavía siguen teniendo vigencia en el siglo XXI y que deberían de servir como la rosa roja de los vientos para las izquierdas en el mundo:  1) La contradicción antagónica Capital-Trabajo, 2) El principio de acumulación ilimitada del capital 3) La importancia del factor subjetivo en la lucha de clases, es decir, la toma de conciencia de clase para sí.

 Planteadas así las cosas y tomando en cuenta que los paradigmas revolucionarios arriba mencionados finiquitaron según mi opinión, en la década de los setenta del siglo pasado y con el agravante actual que  el capitalismo se está tragando el planeta, queda claro, al menos para mí,  que la quinta esencia de cualquier debate sea éste político, académico o filosófico, no es la pregunta ¿Cuál es el futuro?,  de este u otro partido político de izquierdas en El Salvador o en el resto del mundo, sino más bien, ¿cuál es el presente de Juan Pueblo?, es decir, ¿cuáles son las condiciones de vida de la gran masa anónima actual?  

Esta pregunta ya la hizo Rosa Luxemburgo en su momento: ¿Barbarie o Socialismo?  Y, ojo, cuando Rosa se planteó esta pregunta no estaba pensando en la revolución rusa.

Dado que la toma de conciencia de clase en sí no es un proceso espontáneo ni automático en la clase social trabajadora, tanto en la que tiene trabajo como en la que está en el paro, sino que, por el contrario, es un desarrollo político arduo y lento que ella misma tiene que hacer. En primer lugar, hay que tener presente, que “cuando se trata de sobrevivir lo primero es llenar la barriga”, parafraseando a Bertolt Brecht, y luego se puede hablar de filosofía política.  Aunque la experiencia diaria de ganarse la vida es el mejor inculcador de la conciencia de clase para sí, esto no significa en absoluto que la lucha por sobrevivir desemboque de manera inevitable en la lucha de clases desde la perspectiva marxista revolucionaria. En segundo lugar, hay que tomar en cuenta que la economía de mercado, independientemente de sus crisis cíclicas, ha demostrado tener infinidad de recursos para mantener enajenada a las grandes masas populares. Ya sea esclavizándonos sutilmente con el látigo del consumo irracional de bienes materiales innecesarios para vivir y obnubilando nuestras mentes con técnicas mercantiles que inducen a comprar mercancías a destajo.

Es decir, que el quehacer de cualquiera de las fuerzas políticas anti sistémicas o revolucionarias existentes o por surgir, debe estar dirigido a contribuir al desarrollo de la conciencia de clase en sí, en teoría y en la práctica, en acompañar a la clase trabajadora en la lucha diaria, no como guías o conductores, sino como parte integral de la lucha de clases. Sin olvidar que: “es el modo de producción de la vida material la que condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia”.  Carlos Marx murió convencido que el pueblo trabajador es el sujeto de la historia. Esto quiere decir, que el papel principal de los pueblos debería de ser el de determinar el rumbo de su historia.

Ahora bien, dado que el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas en un mundo globalizado no es igual en todas partes, es evidente que existe una diferencia abismal entre las condiciones de vida de Juan Pupusa y Jean Baguette o Johannes Wurst o Joe Bubble Gum, sin embargo, la problemática en resumidas cuentas es la misma en todos los continentes. Esto significa que la gran masa anónima, tanto la que vive en los centros neurálgicos del capitalismo mundial como la que vive en su periferia siempre es explotada de una u otra forma; tenga ésta conciencia de ello o no.

Entonces de lo que se trata pues, desde una perspectiva marxista, en las condiciones actuales de repliegue y acomodamiento estratégico de las “izquierdas”( hay varias interpretaciones del marxismo, pero todos están en crisis) , tanto en El Salvador como en cualquier parte del mundo capitalista no se trata  de reinventar la rueda que mueva a los pueblos ni descubrir nuevas formas de lucha ni elucubrar ideas nuevas, puesto que no hay nada nuevo por descubrir en la lucha política, sino de avanzar de lo simple a lo complejo dialécticamente. Se trata de aprender de los errores históricos y de aplicar la teoría revolucionaria de manera dinámica y no dogmática y, ante todo, estar consciente de que el capitalismo no es un enfermo balbuceante que se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) ni tampoco es un sujeto al que se le puede aniquilar con una metralleta UZI.

Se trata de entender que la concepción materialista histórica del desarrollo político-económico de las sociedades concebida por Carlos Marx y Federico Engels no es un manual ni un catecismo político, sino simplemente una guía teórica que debe ser contrastada con la realidad y adaptada a las condiciones concretas y específicas de cada sociedad. Por lo tanto, bien se puede afirmar que Carlos Marx y Federico Engels desarrollaron una teoría general del desarrollo histórico materialista de las sociedades humanas, partiendo de la base de datos que tenían en esa época y de la realidad concreta que ellos vivieron. Las relaciones de producción capitalista moderno y las fuerzas productivas, se diferencian cuantitativa y cualitativamente   de las del siglo XIX y por las formas de explotación y por la estratificación social. Por lo tanto, el análisis político-económico, social y militar debe de ser visto y analizado con ojos del siglo XXI y no a través del cristal empañado por las oscuras nubes de la máquina de vapor de fines del siglo XVIII.

El Salvador se encuentra actualmente en una crisis “político-partidaria”, hundido, además, en el mar de penurias económicas endémicas ya conocidas. Esto significa que las fuerzas políticas, que durante casi tres décadas administraron el estado oligárquico-capitalista dejaron a Juan Pueblo más flaco y desvalido que lombriz de momia. No es extraño entonces, que Juan Pueblo se haya hartado de las promesas no cumplidas. Entre el “populismo caduco”, es decir, el histérico de ARENA, el histórico del FMLN-Partido y el “populismo millennials”, de Nayib Bukele, Juan Pueblo eligió el tercero.  

La diferencia entre los diferentes populismos y la política-económica basada en la concepción materialista de la historia, también conocida como materialismo histórico, radica en el papel que desempeña la gran masa anónima social. Para el populismo, “Juan Pueblo” es simplemente un instrumento o un medio para conseguir el “poder político”, mientras que en la concepción política marxista revolucionaria la lucha por el poder tendría que conducirla el pueblo mismo a través de diferentes organizaciones político-sociales y laborales.

En nuestro país, como en otras partes del planeta, tanto los populistas histéricos como los caciques históricos, se han atribuido el “derecho natural” de hablar y actuar en función de los intereses populares. Mientras tanto, la gran masa anónima se ha estirado y se ha escogido como una gigantesca goma de mascar, demostrando así, niveles casi inhumanos de resiliencia político-social y psíquico-emocional.

Ahora, bien la pregunta que tarde o temprano Juan Pueblo deberá responderse es si quiere seguir siendo el objeto de los politicastros o bien, el sujeto principal de la historia salvadoreña.

sábado, 13 de marzo de 2021

Gone with the COVID-19

 

Gone with the COVID-19

 

Hace aproximadamente un año escribí un artículo en mi blog que titulé: La razón, sinrazón y la zurrazón en los tiempos del COVID-19 en el cual concluía afirmando que “no se necesita ser sabio, culto o competente para entender racionalmente la gravedad del problema y comprender la razón de muchas medidas profilácticas. Pienso que todas las medidas que a nivel mundial se están tomando están basadas en la razón y entendimiento científico actual, en la experiencia real y concreta con otras enfermedades parecidas”.

Recuerdo que conversé una semana antes que comenzaran las medidas profilácticas aquí en la región el 14.03.2020 con un grupo de amigos, quienes están vinculados a la medicina e investigación viral. Mis preguntas, además de ingenuas y prosaicas, estaban íntimamente ligadas a mi condición de analfabeto en aspectos relacionados con virus, bacterias y con enfermedades pandémicas. Por lo demás, aunque no era el único ignorante en la tertulia literaria, motivo principal de nuestra reunión, fui el único que se atrevió a conversar coloquialmente acerca del coronavirus. Por entonces, lo único que sabía, al menos teóricamente, era que la elaboración de la vacuna podía durar un par de años. No obstante, de todo lo que se habló esa tarde alrededor del SARS Co V-2, el comentario que me quedó retumbado en lo más recóndito del sistema límbico fue lo expresado personalmente por una buena amiga de muchos años: “Nada volverá a ser lo mismo en el futuro”

Ella, quien formó parte del equipo de virólogos y técnicos de laboratorio que a finales de los sesenta del siglo pasado se encargó de investigar el virus de Marburgo/Alemania, sabía a ciencia cierta de lo que hablaba. Esa vivencia dramática quedó plasmada en su libro testimonio: “In uns und um uns” (En nuestro interior y rededor. Mi experiencia con el virus de Marburgo). Dicho sea de paso, todavía no se ha encontrado la vacuna para combatir aquel bicho, miembro de la familia de los filovirus y transmitida por el murciélago Rousettus.

Nos despedimos aquella tarde, como siempre, de manera anti profiláctica e irresponsable, es decir con abrazo y beso, a pesar de la advertencia y resistencia de la doctora en medicina. Pero bien, ella también se rindió a la fuerza y dinámica de nuestro grupo. Demostrándose así, que muchas veces la presión de la mayoría se impone, aunque muchas veces la razón y el sentido común no estén de su parte.  

…Nada volverá a ser lo mismo en el futuro…se transformó en muletilla.

Efectivamente. Muchas cosas cambiarán para bien o para mal, aquí y en la quebrada del ají. En algunas sociedades del planeta los cambios serán más rápido que en otras, dependiendo de los niveles de desarrollo político-económico, científico y cultural. Mas la “normalidad” que conocimos antes de la pandemia se la llevó el viento.   Gone with the COVID-19.

Aunque nada es lo mismo al “día siguiente” después de una crisis social profunda, sea ésta de carácter pandémico, catastrófico, sistémico o bélico, hay que decir que Escarlata  O‘Hara o, mejor dicho, Margaret Mitchell tenía razón al afirmar que después de todo, mañana será otro día (“after all, tomorrow is another day”).

Por causa del coronavirus y la Covid-19 han fallecido hasta el día de hoy, según las estadísticas de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, 2 millones 600 mil y tantas personas a nivel mundial. Se marcharon de manera sobrecogedora con el huracán provocado por la COVID-19. Entre ellas, cuatro personas que conocí personalmente. Una de ellas, un familiar de primer grado.

La situación pandémica y las medidas profilácticas, sobre todo el aislamiento social y las restricciones de contacto social, han provocado un desequilibrio en las relaciones psíquico-emocionales y en las sociales.  A tal grado que más de alguna amistad se ha debilitado o enfriado y otras se han desvanecido como pompas de jabón en el viento provocado por el SARS Co V-2.

En efecto, el coronavirus ha puesto de manifiesto los vicios y virtudes de los hombres y las mujeres en sociedad.   

“Para conocer a un rengo lo mejor es verlo andar”, decía el Martin Fierro de Don José Hernández.

domingo, 7 de marzo de 2021

El éxito de Bukele obligará al FMLN al recule estratégico

El éxito de Bukele obligará al FMLN al recule estratégico

 

Atribuirle el mérito absoluto al joven y engominado presidente salvadoreño, Nayib Bukele, el apabullante triunfo de su partido, Nuevas Ideas (NI) en las recién pasadas elecciones legislativas y municipales, sería una exageración.   Sin duda alguna, él, o propiamente hablando, la imagen que de él se proyecta ha jugado un papel importante. Nayib Bukele y sus asesores profesionales en mercadotecnia han sabido comercializar de manera inteligente la marca política registrada: Bukele

No obstante, gran parte de esa victoria se debe a los errores garrafales, tácticos y estratégicos, cometidos, desde mi punto de vista, por sus rivales políticos más importantes en los últimos años, el FMLN y ARENA, ya sea en conjunto o por separado. Los fallos del partido ARENA me tienen sin cuidado, y, por lo tanto, no malgastaré ni tinta ni tiempo en analizarlos. Empero los cometidos por el FMLN, desde su fundación como partido hasta la fecha, sí merecen mi atención e interés histórico y político-ideológico.

Sobradas razones he tenido y las sigo teniendo para criticar a la máxima dirección del FMLN, también conocida como la “cúpula”. Es decir, la estructura partidaria, encargada de definir el rumbo estratégico político-ideológico del partido, independientemente de cuál sea la tendencia política que en su momento se imponga. En la nomenclatura clásica de los partidos marxistas-leninistas del siglo pasado ese organismo fue conocido como el buró político. Ahora bien, esto no significa que el FMLN partido sea un ente político marxista-leninista a la buena usanza de la internacional comunista. Empero, el diseño del organigrama es una copia fiel de una clásica organización vertical marxista-leninista. ¿Cuál es entonces la diferencia entre un partido marxista y el FMLN?  Pues, lisa y llanamente en el Quehacer programático, es decir, la agenda política.

Mi crítica hacia la dirigencia o cúpula del partido FMLN no significa hostilidad o rechazo hacia su militancia, pues estoy consciente que dentro de las filas de la organización hay muchos hombres y mujeres que se incorporaron a la lucha siendo muy jóvenes, con el único propósito de hacer de El Salvador un paisito más justo en todos los sentidos. Gente humilde y trabajadora, en su gran mayoría campesinos, quienes incluso después de la firma de los acuerdos de paz y la posterior disolución de sus respectivas organizaciones político-militares, continuaron creyendo que los objetivos revolucionarios que dieron origen a la guerra se lograrían a través del voto popular.

El “pecado” original de una parte de la comandancia guerrillera fue haber comido de la tentadora fruta del árbol prohibido oligárquico. A partir de ahí, la metamorfosis político-ideológica del FMLN y el tiempo se encargarían de ir dando forma y contenido al programa político electorero del partido. El FMLN como expresión endémica centroamericana   de la política paliativa marxista-parlamentaria en Latinoamérica enfocó su accionar político estratégico en la lucha por la administración del poder del estado capitalista neoliberal.

Una vez tomada la decisión estratégica de participar en la fórmula 1 del proceso democrático parlamentario avalado por el sistema  y después de haber perdido tres elecciones presidenciales desde los acuerdos de paz, el partido decidió llevar en el año 2009 a un candidato ideológicamente inocuo y no contaminado con el virus de la guerrilla.

El FMLN ganó las elecciones y logró por primera vez en la historia política de El Salvador que un partido político de izquierdas administrara los poderes del estado capitalista. Este periodo presidencial que bien podríamos de catalogarlo de funesto, puesto que Mauricio Funes Cartagena y su compañera de vida Ana Mitchell G. Sigüenza, no tuvieron ninguna vergüenza en llenarse los bolsillos con plata ajena. A partir de allí, la imagen del FMLN fue perdiendo brillo.  Pero a pesar de todo, el partido logró ganar nuevamente las elecciones presidenciales en el año 2014. Pero tampoco Salvador Sánchez Cerén, el excomandante guerrillero Leonel de las FPL-FM logró revertir la nube negra de corrupción y nepotismo heredada de Funes. Creo que a partir de esa experiencia el descontento y desconfianza fue aumentando exponencialmente hasta transformarse en incredulidad, decepción, frustración y hartazgo político en la militancia y en la ciudadanía en general.  El partido FMLN fue perdiendo aceleradamente fuerza, sustancia y credibilidad en el pueblo salvadoreño.  

No crea el lector que niego la participación en los procesos electorales. Por el contrario, soy de la opinión que las fuerzas de izquierda están en la obligación de utilizar todos los espacios políticos constitucionales para ejercer desde el parlamento o asamblea legislativa la adecuada presión para que las demandas populares sean escuchadas y cumplidas. No obstante, la participación en los procesos electorales no debe convertirse en un fin en sí mismo. Precisamente eso es lo que hizo el FMLN. Este error de carácter estratégico también ha contribuido a la victoria electoral de Bukele.

El éxito de Bukele obligará al FMLN al recule estratégico sino quiere desaparecer del mapa político, es decir, como fuerza política representativa. Sí el partido no vuelve a sus raíces populares no tendrá ninguna chance de reivindicar su papel histórico.

Por lo demás, pienso que la figura de Bukele como político está demasiado inflada. A tal punto, que un biógrafo salvatrucho –comenta un periodista en El País–ha elevado hiperbólicamente la figura de Bukele a dimensiones político-históricas galácticas. Pienso que Nayib todavía no ha “mamao” mucho, políticamente hablando, para que se le compare con Mao, o bien, todavía no se sabe que tan fiel es él con sus ideas como lo fue Fidel.  Por mucho que el biógrafo en cuestión quiera enriquecer la biografía política de Nayib Bukele con jalea real, creo que el pueblo salvadoreño se dará cuenta más temprano que tarde que le estaban endulzando el atol shuco.

En todo caso, ahora que Bukele tiene ya el control de los tres poderes estatales en el país veremos sí es capaz de hacer la revolución social, en frio o en caliente, en el poco tiempo que le queda. 

Yo, mientras tanto, esperaré sentado a que ocurra el milagro…del arcángel ¿Nayib o Nakir?

domingo, 21 de febrero de 2021

Conditio sine QAnon

 

Conditio sine QAnon

 Hace unos días un amigo hispano parlante que estaba de visita por estas latitudes me preguntó sobre el significado de la palabra alemana “Querdenker”, mientras observábamos el mitin a una distancia prudencial, que nos permitiera escuchar el discurso de los “atravesados”. Así traduje a botepronto el término, mientras que el Duden, el diccionario de Ortografía y Gramática de la lengua alemana define a los “atravesados” y a las “atravesadas” (QuerdenkerIn), como aquellas personas que razonan de manera original y por cuenta propia, cuyas ideas o visión del mundo a menudo no son comprendidas ni aceptadas en la sociedad.   

Quiero hacer una aclaración importante antes de entrar en los detalles de mi primera experiencia con el movimiento “Querdenker”, surgido en Alemania a raíz de la pandemia del corona virus. El pensamiento divergente, transversal o lateral siempre ha existido en la sociedad y ciertamente, en todos los ámbitos y esferas.  No voy a nombrar aquí a personalidades famosas, quienes con su pensamiento “divergente” o “diferente” al estatus quo han contribuido al desarrollo del arte, la ciencia y la cultura, pues la lista es copiosa. Dejo constancia de este modo, que estoy consciente, del carácter positivo, progresista e innovador que puede tener el pensamiento divergente.

Lo que presencié tiene muy poco que ver o casi nada con el verdadero pensamiento divergente o transversal. Los “Querdenker” ahí reunidos o los que se ven en los medios de comunicación brillaron o brillan por la ausencia total de credibilidad.

Hablar de manifestación sería una hipérbole, en realidad se trató de un encuentro “familiar”, el cual, además, no estaba autorizado por la municipalidad. Aunque se había anunciado la participación de alrededor de 10 mil personas, al final fue una centena de legionarios. No está además aclarar, que el supuesto “Querdenker Management Central” radicado en la ciudad de Stuttgart (Jardín de las yeguas) había declarado un “cese de acciones” para los días de navidad.  No obstante, los “cruzados” o “atravesados” se dedicaron esa noche prenavideña a tirar “mierda” con ventilador, sin importarles que los pocos transeúntes que circulaban por el lugar pasaban de largo, sin prestarles mayor atención, más bien evitando la cercanía. No quedó instancia municipal, estatal, federal, continental y mundial que no resultara embadurnada con las heces lanzadas por los “cruzados” de las dos eses neonazis. Con este “hostigamiento” quedó demostrado el carácter anárquico y espontáneo de este fenómeno social.

Contemplando la masa amorfa y anónima coreando sus consignas y gritando a todo gaznate un abanico de reclamos que iban desde acusar al gobierno federal de imponer la “dictadura corona” hasta culpar a Bill Gates de financiar el diseño del corona virus en Wuhan y al mismo tiempo, la fabricación del antídoto contra la COVID-19, así como la implantación de un microchip en el cerebro vía vacuna, para tenernos mansos como unos borregos. ¿Quién puede creer esta sarta de mentiras? Hay que ser muy tarado o ser una res para creer tanta sandez, pensé.

Me pregunté entonces sí los buscapleitos realmente creían en las tonterías que estaban gritando o si simplemente se trataba de una provocación. Era un insulto al sentido común y a la inteligencia acusar al gobierno federal de dictadura. Cuando es evidente que las políticas anti pandémicas tomadas por el gobierno federal central y los gobiernos estatales han sido correctas y efectivas, más allá de los errores cometidos.  A todas luces, ninguno de los que vociferaban con vehemencia la consigna panfletaria de “No queremos dictadura corona”, no tenía ni la más remota idea del modus operandi de una verdadera dictadura con todas las de la ley…dictatorial.

Sí Alemania fuera en realidad una dictadura, la demostración no hubiera sido permitida y todos hubieran sido arrestados expeditos y seguro que a más de algún “cruzado” se le hubieran atravesado unos peditos de puro susto.  Tras una golpiza de dictadura al mejor estilo Pinochet o Franco hasta el SARS CO V2 lo hubieran metido en un sar(s)cófago.

¿Qué requisitos hay que llenar o tener para sentirse en la acción callejera un militante “atravesado”? ¿Cuál es el canon de QAnon?

Desconozco el reglamento de acción y pensamiento de los “atravesados”, pero viéndolos actuar, no cabe la menor duda que se trata de una secta cuasi religiosa. Pienso, que son tres las conditio sine QA non para entrar ipso facto a formar parte de la legión de los cruzados del siglo XXI, es decir, poder actuar y comportarse como todo un “caballero cruzado QAnon”: Primero, tener los cables cruzados de manera irreparable. Segundo, presentar credenciales que atestigüen la ausencia plena de materia gris en el neocórtex y, tercero, la garantía del buen funcionamiento del cerebro reptiliano.

Ahora bien, estimado lector, está dentro de las posibilidades que usted me tilde de exagerado e injurioso, pero la verdad es que me es extremadamente difícil, creer que alguien esté convencido que la élite del poder mundial quiera prolongar su vida, la de ellos, bebiendo en “rituales satánicos “sangre de niños raptados.

Discúlpenme, pero eso es un insulto a la inteligencia.

jueves, 11 de febrero de 2021

¿Cuál será el futuro del partido político FMLN?

 

¿Cuál será el futuro del partido político FMLN?

 

 ¿Qué será, será?, cantaba Doris Day en una película de Hitchcock en la década de los cincuenta del siglo pasado, cuando yo todavía era un niño e inocentemente correteaba por los solares de la colonia Ferrocarril en San Salvador, ignorante que en esos pagos pululaba la pobreza salvadoreña, más cadavérica que las momias de Guanajuato. Hoy, en los comienzos del siglo XXI no quiero alardear ni presumir de haberme convertido en “El hombre que sabe mucho” de Alfredo, pero sí, con los conocimientos mínimos y necesarios para saber que cuando hablamos del futuro nos estamos refiriendo también al pasado y al presente. La canción, dicho sea de paso, angelical e infantil como la Day misma, me sigue gustando, pues me recuerda mi niñez salvatrucha y la lucha de los pobres por la vida.

¿Cuál será el futuro del partido político FMLN?, se preguntan críticamente muchos ciudadanos a la luz de las próximas elecciones legislativas y municipales en El Salvador. Algunos, frotándose las manos esperan el sepelio del partido. Otros, preocupados, pesimistas, escépticos y defraudados apagaron ya la luz y saldaron cuentas con el partido, y más de uno, eso espero, anhelando el rebote del frente.

Pienso que no hay que temer a pronosticar lo que pasará con el partido FMLN en el futuro inmediato ni tampoco es necesario preguntárselo  a ningún oráculo, pues seguro que el presagio no será un tiro que saldrá por la culata, ya que todo indica que el FMLN es hoy por hoy, otro partido político más en el teatro electoral salvadoreño, con el agravante de encontrarse en caída libre  y más preocupado en sobrevivir que en dar un Do de pecho protagónico en el anfiteatro político electorero salvadoreño. Más bien se trata de una plegaria en La mayor desesperación. A pesar de eso, soy de la opinión que el FMLN sobrevivirá este terremoto político.

La pregunta: ¿Qué significa ser de izquierdas?, siempre aparece o reaparece en determinados momentos de la lucha político-social, sobre todo cuando los ciudadanos perciben que los partidos políticos que supuestamente deberían defender los intereses de la mayoría civil pierden la brújula político-ideológica.

Independientemente que el origen de “izquierdas “y “derechas” sea tan viejo como la revolución francesa y que, además, esa definición no tuvo nada que ver con el pensamiento político-ideológico de las fuerzas que actuaron en esos momentos históricos en la asamblea legislativa gala, hay que reconocer que la división entre “izquierdas” y “derechas” simplifica una realidad política compleja y puede servir de faro orientador.  

Según la cosmovisión materialista e histórica conocida como marxismo, las sociedades modernas y contemporáneas se caracterizan desde el punto de vista político-económico por la dicotomía: Tener o no tener. Es decir, una parte minoritaria de la sociedad tiene el poder, cuasi absoluto, y el control   de los bienes materiales y del estado, mientras que la mayoría solamente cuenta con su fuerza de trabajo, ya sea como esclavo, siervo o trabajador. De tal manera que la línea divisoria del hombre en sociedad está definida por la contradicción Capital–Trabajo.

Desde esta perspectiva, todas las fuerzas que actúan en un espacio político-económico concreto se pueden considerar como vectores políticos que actúan, interactúan y operan en el marco de la lucha política por el poder en esa sociedad. En tanto vectores, estas fuerzas tienen una magnitud determinada, una dirección y un sentido.

En términos marxistas, una fuerza política se considera de “izquierdas” cuando su sentido está dirigido en la dirección del trabajo. Es decir, que la acumulación de fuerzas en el plano está en función de fortalecer al trabajador, que es en definitiva el que genera la riqueza o capital.

En el caso concreto del FMLN, pienso que dejó de serlo hace ya mucho tiempo.  Concretamente desde su reconversión en partido político.  Sin duda alguna, el pensamiento o la cosmovisión que se tenga acerca de todo lo que el hombre produce y reproduce en sociedad es importante para entender holísticamente los fenómenos político-económicos y socioculturales que suceden en el mundo, y seguramente es una gran ayuda. Pero no es una condición sine qua non para defender los intereses y los derechos de las grandes mayorías.  

Ya lo dijo Carlos Marx en la primavera de 1845: “Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos, pero de lo que se trata es de transformarlo." (Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert (cursivas en el original), es kommt drauf an, sie zu verändern).

No se trata, pues, desde la perspectiva de Carlos Marx, de tener simplemente un pensamiento libertador, emancipador, humanista, revolucionario del hombre en sociedad, sino de transformar la sociedad. Es decir, crear la condiciones materiales y subjetivas, pequeñas y grandes, que hagan posible que el hombre pueda vivir en condiciones de paz y justicia socioeconómica.

Esto quiere decir, en otras palabras, que ser “de izquierdas” no lo define el pensamiento en sí, sino la puesta en práctica del pensamiento emancipador. La práctica es siempre la constatación de la teoría y, en este sentido, el partido político FMLN, desde su fundación dejó de ser, para mí, en la práctica, un partido de “izquierdas”. El FMLN partido se convirtió en una camioneta del servicio público urbano y rural en la cual el motorista pone el intermitente a la izquierda, cuando el giro es hacia la derecha.

Ahora bien, el pensamiento marxista del FMLN guerrillero todavía está presente de manera latente, adormecida, somnolienta u obnubilada en el partido político FMLN. Es decir, que sería un error presumir que debido a que el chofer de la camioneta tenía problemas en confundir la derecha con la izquierda, todos los pasajeros padecían de la misma “desorientación” política.

Probablemente el FMLN del futuro no será el mismo partido político que conocemos, pues la biología de la vida se encargará de poner fin al pasado guerrillero, mientras que el partido político actual tendrá que readecuar el azimut político.

En cualquier caso, la discriminación desde el punto de vista político-económico e ideológico entre “izquierdas” y “derechas” será siempre la misma: De lo que se trata es de transformar la realidad en función del trabajador y no de sustentar y consolidar el estado político-económico vigente.

Es decir, la combinación dialéctica e inteligente entre lo histórico necesario (transformación de la sociedad) y lo concreto posible (las reformas necesarias e indispensables en el marco de las relaciones de producción existentes).  Si el FMLN es consecuente en el futuro con esta línea política de acumulación de fuerzas en pro del trabajo entonces será de “izquierdas”, de lo contrario, seguirá siendo un partido de “derechas” con un pasado guerrillero y revolucionario, así como el PRI mexicano.

De una u otra forma, el futuro del FMLN, es decir las cuatro siglas, está asegurado. Hay FMLN para rato.

sábado, 23 de enero de 2021

Poorest Trump

 

Poorest Trump

 

En el mundo fantástico del director de cine norteamericano Robert Lee Zemeckis, Forrest Gump, interpretado magistralmente por Tom Hanks, representa las características o virtudes humanas a través de las cuales se puede catalogar a una persona de buen corazón. Es decir, Forrest es la bonhomía por antonomasia, así, como Hollywood es la máxima expresión del séptimo arte.

Forrest Gump se nos presenta como un hombre bondadoso, empático, sincero, humilde, leal, noble, generoso e inocente como un niño. Imaginemos solo por un instante que a los señores Zemeckis y Spielberg se les ocurriera filmar la vida del 45avo presidente de los Estados Unidos, es decir, contarle al público la cruda biografía del ciudadano Trump: Poorest Trump, cuya versión española llevaría por nombre: El paupérrimo señor Trump.

El Hollyworld de Hollywood es un espacio cerrado y limitado, en el que, aunque multicolor, impera la ley del mercado y la del pensamiento dicotómico polarizado. Es decir, blanco o negro, malo o bueno, todo o nada, se gana o se pierde. Esta cosmovisión, mercantil y oportunista, no permite entender la dialéctica de la vida ni de las múltiples cosas que suceden en el accionar del hombre en la sociedad. Sí bien es cierto, que las generalizaciones y estigmatizaciones puedan tener una función orientadora por su simpleza explicativa, en la inmensa mayoría de los casos, no sirven para analizar, profundizar, entender y comprender la complejidad de los fenómenos de manera holística, sobre todo, los político-ideológicos y económicos; así como el comportamiento y actuación de los sujetos interactuando.

Es decir, que la información escrita, verbal o audiovisual que propagan todos los medios de comunicación, tanto los clásicos como los modernos, es materia prima que siempre tiene que pasar los cedazos del cerebro de cada uno. Dependiendo de los tipos de filtros utilizados en el enfoque y análisis, así será el producto final. No obstante, la criba informativa no es un proceso fácil y automático, pues, separar la paja del trigo es un trabajo tan arduo e intensivo, como lo es la cosecha del trigo de verdad, el Triticum. No todo aquel que estila sombrero de paja luce un Jipijapa, pues con la paja barata de Panamá no se teje un elegante y fino sombrero Borsalino.

No dudo que para muchas personas, Trump no sea el pobre diablo, que algunos suponemos o aseguramos que es. Personas que lo han tratado personalmente de manera profesional o privada, como su exabogado Michael Cohen o su sobrina Mary Trump, confirman estas suposiciones. Lo interesante es que no han sido pocos los que se dejaron seducir en estos años con el discurso populista, ultranacionalista, demagógico, racista, xenófobo y cayeron como chimbolos (en náhuatl, Tsinpulo, pequeño pez de rio) de aguas turbias en la atarraya del misógino magnate y playboy norteamericano.  

En mi opinión Donald Trump ha dado públicamente pruebas suficientes de su pobreza emocional, intelectual y espiritual, algo que no puede compensar nadando en una piscina llena de dinero, como la que tiene el tío Rico de Donald Duck en las tiras cómicas. Ahora bien, quien solo en dinero nada, al final no tiene nada. Nada de nada. Veríamos entonces en el largometraje a un hombre egocéntrico, soberbio, ignorante, ambicioso, avaro, maleducado, caprichoso, incapaz de aceptar críticas y falto de autocrítica, falaz, mentiroso, traicionero, vengativo, machista, racista, xenófobo, despreocupado por los demás, amargado y déspota.  En fin, consciente que me quedo corto con esta retahíla de adjetivos calificativos, debo parar aquí, para no hacer de este escrito una letanía moralista.  

Hasta el año 2016 no me había percatado de la existencia del ciudadano norteamericano Donald Trump, debido tal vez, a que en esa época, para el “producto Trump” no existía un mercado internacional. Y, si lo hubo, no me enteré. Pienso que, si hubiera sido un lector de la revista dizque erótica y 100% machista Playboy, publicada por el finado Hugh Hefner, a lo mejor hubiera conocido al playboy Trump. Como sea, no creo haberme perdido mucho.

Aunque entiendo y comprendo que haya  mucha gente, de color blanco leche (los gringos cheles ),  que creyó en él, me es difícil aceptar el hecho de que haya  también muchos latinoamericanos  dentro de la manada de corderos, cabros y cabrones que bailan al compás del gran becerro de oropel y que siguen sosteniendo  que él es el elegido paladín de la democracia occidental, que es él el adalid de las masas populares, el ansiado y esperado Führer anglosajón, quien protegerá  a las minorías blancas de la marabunta latinoamericana y africana. En fin, como decía un viejito demente en el barrio Santa Anita, mientras se comía los mocos: “…en cuestión de gustos, no hay nada escrito…” A pesar de su deterioro mental, el vetusto citadino tenía su razón y algunas veces hasta zurrazón. En efecto, cada uno es libre de desear o de opinar lo que quiera. Sobre gustos y colores-políticos- no hay nada escrito.

Mucho se ha escrito en el ultimo tiempo acerca de la naturaleza ideológica de Donald Trump. Según algunos, se trata de una especie de político con características fascistoides, proto fascistas o fascista en ciernes. Yo opino, que Trump es otro apologeta más del fascismo en su expresión más pura y diáfana como en su momento lo fue Adolf Hitler y Benito Mussolini. Esto no significa que esté comparado uno a uno a estos personajes ni tampoco mezclando épocas y condiciones político-económicas a nivel mundial. El fascismo, entendido éste como tendencia político-ideológica y económica, dentro de la clase económica dominante (las burguesías y oligarquías nacionales, el gran capital internacional financiero e industrial) es la expresión más violenta y brutal del capitalismo a nivel planetario.

El “Trumpismo”, tal como lo define la prensa burguesa y conservadora nacional e internacional parece ser un eufemismo para describir al fascismo norteamericano, porque no tienen el coraje periodístico de nombrar al pan pan y al vino vino. El fenómeno del fascismo gringo no es algo nuevo. El movimiento Tea Party de Sarah Pelin y el magnate neoyorquino Donald Trump son los fieles continuadores de la vieja extrema derecha en los Estados Unidos, que dicho sea de paso, anida en los dos grandes partidos o plataformas presidenciales. Ya en los albores de la segunda guerra mundial, durante la presidencia de Franklin Delano Roosevelt (demócrata), surgió el Comité “America First” en las filas de los republicanos que propugnaba por la no intervención estadounidense en la guerra contra la Alemania fascista hitleriana e incluso abogaba por establecer una alianza político-militar con el tercer Reich. El afamado escritor Philip Roth de refinada pluma describe con perspicacia, ironía y buen humor esta parte de la historia contemporánea de los Estados Unidos en su novela de ficción-histórica: La conjura contra América (The Plot Against America).

Los líderes o Führers mueren biológica-o políticamente. Pero el fascismo, la tendencia más primitiva, bárbara y salvaje dentro del capital, sigue en estado latente, preparada para salir en defensa de los intereses clasistas estratégicos cuando y donde sea necesario. El fascismo no envejece ni se muere, solo se transforma. Primera ley de la ultraderecha radical.

 

… ¿Y la película? Pienso que después de todo lo dicho anteriormente, debería quedar claro que, en la hipotética película de ficción Poorest Trump, la señora Blue (afroamericana), la madre de “Bubba”, jamás hubiera recibido los beneficios de la empresa camaronera, si Trump hubiera sido el dueño de la compañía. 

sábado, 16 de enero de 2021

Cuando la muerte es más que un guarismo o la torre de Trump

 

Cuando la muerte es más que un guarismo o la torre de Trump

 Aunque en determinadas circunstancias la muerte puede ser un hecho traumático, tanto para el que la está viviendo como para el que la está presenciando, por lo general no lo es. A veces la muerte se anuncia metafóricamente como la llama de una vela encendida en su fase final, que a pesar de la penumbra y el vacío que queda, ilumina el espacio-tiempo. Son los momentos en que se comprende que la vida es la hermana gemela monocigótica de la muerte.

Las diferentes formas de vivir la muerte están íntimamente ligadas a los conceptos y cosmovisiones que cada individuo o colectivo sociocultural tenga de este proceso natural.  A lo largo de la historia en las diferentes sociedades humanas, la muerte ha tenido variadas interpretaciones filosóficas y religiosas.  En este escrito se entiende la muerte como un estado biológico y como la última experiencia de todo ser, en general, y en particular, la del ser humano, sea ésta consciente o inconsciente. Es decir, cuando todas las células y todos los órganos vitales de los sistemas circulatorio y neuronal dejan de funcionar y entran en un proceso irreversible de descomposición. Me permito   esta aclaración, para evitar que algún avezado y perspicaz lector o algún exegeta religioso se mosquee y se sienta obligado a demostrar y defender la hermenéutica religiosa de la vida y de la muerte. Lo que aquí escribo, puede ser miel o hiel que puede atraer o repeler a abejas, abejorros y a una que otra necia mosca.

La vida y, por consiguiente, la muerte en la sociedad son dos aspectos fundamentales en la política-económica de cualquier nación. Esto quiere decir, que tanto el derecho a una vida de bienestar y, por lo tanto, el derecho a morir dignamente es una cuestión que tiene que ver con el poder político-económico o bien, con la debilidad de un régimen político determinado. Tanto es así, que existen índices para medir los niveles del desarrollo humano, de la felicidad, de la riqueza y pobreza, de la violencia, etc., etc. Para cuantificar estos objetivos la sociedad cuenta con instrumentos analíticos como las estadísticas, la demografía y el sistema de salud publica y privada.

Las estadísticas y la pandemia SARS CO V2

Las estadísticas, en especial, son una herramienta importante para el análisis científico de un hecho o proceso político-cultural y social-pandémico, cuando estos son ponderados, descontaminados y relativizados. Empero cuando se trata de muertes, el contenido explícito y el implícito tienen otra connotación. Es decir, la muerte deja de ser un simple guarismo.

Desde que comenzó “oficialmente” la pandemia en Europa hasta este día, 16 de enero, han trascurrido 308 días, de los cuales 295 los tengo estadísticamente registrados. Según la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, los Estados Unidos es el país con más número de infecciones y mayor cantidad de muertes (394 mil). En estas cifras se esconden, en buena parte, las malas políticas anti epidémicas de la administración de Donald Trump.

El todavía presidente de los Estados Unidos no solamente fracasó con su política pandémica, sino que tampoco fue el mandatario que garantizara la seguridad de TODOS los ciudadanos. La demagogia de su discurso anti electoral, la parcialidad en la gestión del Movimiento Black Lives Matter y la invocación a la violencia para revertir el voto popular, dejaron al descubierto lo que Donald Trump entiende por democracia. 

Aprendí en el colegio, poniendo mucha atención a nuestro profesor de matemáticas apodado cariñosamente “El Cherito Belgarí” (Alejandro Bellegarrigue, descendiente de franceses, a lo mejor, pariente del anarquista francés Anselmo Bellegarrigue), que todo aquello que puede ser medible recibe el nombre de magnitud. Medir es comparar una magnitud con otra de su misma especie que arbitrariamente se toma como unidad. El resultado de toda medida es siempre un número que es el valor de la magnitud medida y expresa la relación entre esta magnitud y la que se toma como unidad.

A fin de facilitarle al estimado lector la abstracción de lo que significa 1 cadáver apilado a otro, me tomo la libertad con fines didáctico-pedagógicos de definir como unidad de medición un ataúd estándar alemán rústico concebido para un adulto, cuyas medidas son 2 metros de largo, 0,7 metros de ancho y 0,65 metros de altura.

Sí nos propusiéramos almacenar el número de estadounidenses muertos a causa de la COVID-19 hasta el día de hoy en un área de 20 metros por 20, lograríamos colocar en posición horizontal 280 ataúdes. Sí la resistencia de materiales y las leyes de la estática lo permitiesen, podríamos continuar ordenando las cajas mortuorias hasta alcanzar una altura aproximada de 915 metros. De tal manera, que al final habríamos hecho con los 394 mil ataúdes una torre casi 5 veces más alta que la torre Trump en Nueva York. A esta yo la bautizo con el nombre de la torre pandémica de Trump.