miércoles, 12 de agosto de 2015

El hambre y la pobreza son un arma de fuego

A  “los tristes más tristes del mundo,  mis compatriotas, mis hermanos…”  Roque Dalton



Cuenta Diógenes Laercio,  que Tales de Mileto, considerado uno de los siete sabios en la antigua Grecia, ante la pregunta de uno de sus discípulos acerca de quién es feliz, respondió lo siguiente: “El sano de cuerpo, abundante en riqueza y dotado de entendimiento”.  Mientras que para John Lennon y Paul McCartney  en los años sesenta del siglo pasado, la felicidad era un arma caliente –“Happiness is a warm gun”–, tan caliente como el cañón del revólver que utilizó Marc David Chapman para asesinar a John aquella gélida noche de diciembre de 1980, y para muchas personas en el mundo actual, globalizado y neoliberal, la felicidad consiste en poseer “cosas” materiales, sobre todo dinero.

La Grecia de Tales estaba dividida en tres clases sociales: Los ciudadanos, los metecos y los esclavos. Los primeros eran los únicos que podían poseer tierras y dedicarse a la política. En esta clase social militó, sin duda alguna, Tales el Sabio. Los metecos, es decir los extranjeros residentes,  podían meter sus narices libremente solo en la banca, en los asuntos sociales, comerciales y administrativos  de la polis (ciudad). Y, por último, en el escalafón más bajo, estaban los esclavos, los parias de la época, los que sudaban la gota gorda, para que los ciudadanos y los metecos pudieran dedicarse a las actividades políticas, sociales, artísticas y académicas.  

Tales de Mileto se dedicó –según dicen– a observar el cielo y la tierra. Hermipo, el poeta ateniense, cuenta que una vieja en una ocasión habiendo sacado a Tales de casa para que observase las estrellas en el firmamento, éste salió a la calle como un bólido celeste, sediento por conocer los secretos del cosmos, con tan mala suerte que no reparó en el hoyo que tenía ante sus pies. Todavía no se conocía en aquellos días la existencia de los agujeros negros, aunque, los había por todos lados. Al escuchar el feroz grito doloroso del Sabio la vieja contestó compungida: “¡Oh Tales, tu presumes ver lo que está en el cielo, cuando no ves lo que tienes a los pies! “.  La sabiduría de  Tales de Mileto –a pesar del famoso traspié o tortazo– es indiscutible y su aporte en el campo de las matemáticas, de la geometría  aprendida de los egipcios, de la física, de la astrología y de la filosofía, lo convirtieron en el primer pensador del hemisferio occidental, quien buscó una explicación racional del mundo en que vivimos.

Muchas de las sentencias filosóficas que se le atribuyen como propias todavía tienen aplicación en la sociedad  moderna. Por ejemplo, sabemos por experiencia propia que no hay algo más difícil en la vida que conocerse a sí mismo o que es muy fácil dar consejos a otros o que es más sabio el tiempo, porque todo lo descubre  o que raras veces veremos a un tirano viejo (con la excepción de Pinochet, quien murió en sus cómodos aposentos a la avanzada edad de 91 años).

Ahora, si bien es cierto que el concepto de “felicidad” de Tales de Mileto, es en  sentido estricto egocentrista, elitista y discriminante, la “búsqueda de la felicidad” ha sido fuente  de inspiración para el neoliberalismo anglosajón. Tales de Mileto descendiente de una familia noble fenicia fue producto de su época y como tal, reflejó el pensamiento autosuficiente de la élite intelectual griega. Hermipo  escribe en su obra “Vidas” que  Tales daba gracias a la fortuna por tres cosas: la primera, por haber nacido hombre y no bestia; la segunda, por ser varón y no mujer; y la tercera, por ser griego y no bárbaro. Y no pudo ser de otra forma ya que Tales no cuestionó ni la organización social ni la organización política de la sociedad en que vivió, la que excluyó del derecho de ciudadanía, la quintaesencia en la Grecia antigua, a las mujeres,  a los extranjeros, a los esclavos y a los libertos (esclavos liberados).

¿Qué es la felicidad?

Un estado emocional transitorio de satisfacción plena que percibe el ser humano al alcanzar exitosamente una meta deseada, sea ésta una experiencia física y/o mental percibida como agradable. La felicidad es un estado emocional primario –como también lo es la sorpresa, el asco, el miedo, la ira  y la tristeza–, cuyo patrón de conducta, tales como respuestas motrices, endocrinas y autonómicas son reconocibles independientemente de diferencias culturales, raciales o sociales en los seres humanos. Si la “felicidad” dependiera única y exclusivamente de las condiciones materiales, de las facultades cognitivas y de la salud física y mental del individuo, de acuerdo al juicio de Tales de Mileto, deberíamos concluir que la “felicidad” le es ajena a la mayor parte de los seres humanos. Pero esta conclusión es falsa, ya que la felicidad es uno de los estados emocionales básicos en el ser humano. Más bien, diría yo, que la sentencia de Tales de Mileto coincide mejor con el concepto moderno de bienestar. En consecuencia con ello,  es erróneo suponer que los ciudadanos suizos, islandeses, daneses y noruegos son más felices que los habitantes de Togo, Burundi, Siria y Benín, por tener los primeros un desarrollo económico más fuerte y una superestructura más eficiente y organizada. Pero no nos confundamos, bienestar socio-económico no es sinónimo de felicidad ni tampoco el vivir en la opulencia.

¿Quién garantiza la felicidad?

Nadie. Ni siquiera las naciones más ricas y poderosas del planeta pueden garantizar la felicidad; por la sencilla razón, de que la “felicidad” no es un traje Armani  que vestimos el sábado por la noche ni un Patek Philippe ni  un Porsche Panamera Turbo  ni la más bella sortija ni tampoco la más sonora carcajada de un payaso del Cirque du Soleil. Aunque no me sorprende ni es blanco de mis críticas que alguien pueda “sentirse feliz” conduciendo un coche deportivo de lujo. La felicidad no conoce fronteras ni mediciones, así pues, no es de extrañar que un guajiro pobre también pueda sentirse feliz y contento cantando la Guantanamera allá en su bohío o  un cipote mocoso cazando lagartijas en la campiña cuzcatleca con una hondilla de guayabo. La felicidad, por ser una emoción inherente a la naturaleza humana no se encuentra en ningún lugar del universo, salvo en el cerebro de cada individuo. Por lo tanto, la “búsqueda de la felicidad” en la sociedad de consumo más que un “derecho inalienable” es una fatamorgana político-ideológica para obnubilar el alma y la razón de los consumidores. No así, el derecho a la vida, a la libertad,  a la seguridad social, a la educación y al trabajo, que  sí son derechos inalienables del hombre.  

¿Quién garantiza entonces los derechos humanos de todos  los ciudadanos?

La sociedad moderna ha hecho de las “cosas” materiales un fetiche y ha convertido al “poderoso caballero, Don Dinero”, en el nuevo Mammon de la humanidad. 

¿Es que el hombre moderno no tiene la capacidad ni la disposición para vivir en una sociedad, en la cual todos los ciudadanos contribuyan, de acuerdo a sus capacidades y facultades, al desarrollo de una economía socialista sostenible, a fomentar el acopio cultural  y a garantizar el ejercicio  pleno de los derechos humanos?

Al parecer sí. Pues hasta la fecha, todos los intentos por construir una sociedad en la cual no haya explotadores ni explotados han fracasado.
 ¿Es que nadie puede imaginarse vivir en una sociedad de personas íntegras, cultas y libres? Este es el dilema de la humanidad: ¡Socialismo o barbarie! Tal como lo expresara Rosa Luxemburg hace 99 años.

En su insistente y obcecada búsqueda de maximizar el rendimiento  en sus transacciones, el capitalismo neoliberal impuso su voluntad a rajatabla a nivel mundial en 1989 a través del  Decálogo del Consenso de Washington, las “nuevas  tablas de la ley” del mercado internacional. Mientras tanto, el intercambio comercial desigual entre países ricos y pobres seguirá produciendo hambre, enfermedades, desempleo y éxodo económico, pues el bienestar y “felicidad” de unos pocos significa la miseria y desgracia de muchos. Esta asimetría socio-económica de las políticas neoliberales es el germen de la violencia, el crimen organizado y la corrupción en los países catalogados como los “más tristes” del mundo ( http://worldhappiness.report/ ).  

En este sentido, la felicidad no es un arma de fuego, como dice la canción de los Beatles, sino el hambre y la pobreza. 

jueves, 30 de julio de 2015

Syriza: ¿Un gyros a la derecha o una ensalada horiatiki?

En el referéndum del 5 de julio, el gobierno griego planteó la siguiente pregunta: “¿Debe ser aceptado el borrador del acuerdo presentado por las instituciones en el Eurogrupo del 25 de junio, que consta de dos partes, y que conforman su única propuesta?”. Independientemente de que la pregunta era ambigua y difícil de entender; y con el agravante de que este tipo de procedimiento de democracia directa no se presta para solucionar problemas complejos, el 61 % de los griegos rechazó  las reformas exigidas por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Lo que sucedió después del referendo en las mesas de conversaciones en Bruselas, fue una demostración de fuerza y poderío económico del gobierno alemán. Después de las “negociaciones” de la noche del 12 de julio de 2015, muchos marxistas interesados en la crisis económica griega  se preguntaron preocupados sí Syriza ha dado un gyros a la derecha o si la coalición de la izquierda radical es más bien una ensalada horiatiki ideológica. Tomando en cuenta que Syriza se define como un partido democrático y radical de izquierda, en el cual cohabitan diferentes corrientes ideológicas y culturas políticas, no sería exagerado afirmar que se trata definitivamente de una ensalada multicolor.

La izquierda mundial–no comunista– se entusiasmó con el empuje de Syriza, a tal punto,  que muchos consideraron que por fin un partido de izquierda llenaría  el vacío político-ideológico que quedó después del rotundo fracaso del socialismo real. Se idealizó tanto el papel de Syriza, que Alexis Tsipras y  Yanis Varuofakis se convirtieron en dos héroes griegos modernos.  Dos “Herculitos” llamados a resolver–sin fruncir el…ceño– las tareas históricas necesarias  que el comunismo sino-soviético del siglo XX no pudo acometer en su momento: Vencer al león capitalista y a la hidra imperialista.

No obstante, hay que subrayar que el objetivo estratégico de Syriza no es la abolición del sistema capitalista ni la salida de Grecia de la zona euro (el “Grexit”) ni mucho menos la revolución proletaria socialista. Su meta, como la de todos las convergencias políticas de centro-izquierda, es la de gobernar y administrar el estado capitalista. Y no podría ser de otra manera, pues la política real y pragmática de Syriza es socialdemócrata, más allá de  autodefinirse como  “izquierda radical”. Detalle muy importante a la hora de analizar su agenda política, a fin de no pedirle peras al olmo.  Así pues, ni la izquierda ortodoxa comunista europea ni el partido comunista griego (KKE) pueden acusar a Syriza de no ser un partido marxista revolucionario.

La campaña electoral parlamentaria de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) en enero del corriente año estuvo basada en cuatro ejes básicos político-económicos, los cuales expresaban de manera sucinta la agenda política de Syriza plasmada en el programa de Salónica. Éstos fueron: 1) Reestructuración de la deuda 2)Renacionalización de sectores estratégicos (agua, electricidad) 3) Poner fin a la austeridad impuesta por la Troika(Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Comisión Europea) y la reactivación de la economía 4) Reconstrucción institucional y democrática del Estado. Estos fueron los “trabajos herculinos” que Syriza, de cara al pueblo griego, se propuso llevar a cabo en el caso de salir electa.

La actitud extorsionista del gobierno de Ángela Merkel en la ronda negociadora, sorprendió a los “socios” griegos de Syriza, quienes no contaban con la amenaza alemana de una salida temporal de Grecia de la eurozona. Por otra parte, la aceptación de Alexis Tsipras de un paquete de reformas más austero y radical que el presentado por el Eurogrupo el 25 de junio, provocó disturbios y descontento en la población.

Todavía no se ha escrito el último capítulo de esta moderna tragedia político-económica. Aún está por verse,  por una parte, cuánto tiempo más durarán las alianzas  al interior de  Syriza, ya que la heterogeneidad político-ideológica  encierra obviamente el peligro de la escisión. Y por la otra, cuál es el margen de acción real que tiene Alexis Tsipras en el partido. Otra interrogante importante en los próximos tres años será la correlación de fuerzas en el parlamento griego y lo fundamental: ¿Cuál será el gobierno que impulsará las reformas antipopulares?


Como sea, el “paquete” de reformas aceptado por Alexis Tsipras no es un baúl que encierra riqueza y prosperidad para el pueblo griego. Al contrario: es la caja de Pandora abierta. 

sábado, 13 de junio de 2015

De sorbo en sorbo ahogando a Sorbas

Durante muchos años la figura ficticia de Alexis Sorbas en la película Zorba, el griego del cineasta greco-chipriota Michael Cacoyannis†, sirvió de “estereotipo” del ciudadano griego común y silvestre, es decir, un hombre que va resolviendo y sobreviviendo el día a día de acuerdo a los dictámenes de su mundo emocional y al mismo tiempo, utilizando la astucia y perspicacia aprendida en el liceo de la calle y de los montes. Sin embargo, Alexis Sorbas es más que eso. Filosóficamente hablando, Sorbas es una mezcla de Epicuro de Esparta y Sócrates. Él efectivamente vive la vida, pero sin caer en el pasotismo, es decir, vivir por vivir, sino que a través de la observación aguda de su entorno social, Sorbas reflexiona –algunas veces con ironía– y analiza acerca de la naturaleza humana y por consiguiente, se conoce a sí mismo, que es la base del saber vivir.

El final del largometraje es una tragicomedia griega, en la cual los personajes principales –Alexis y Basil– terminan bailando Sirtaki, una danza “inventada” ad hoc para la película, a pesar del rotundo fracaso del proyecto nacido de una idea espontánea de Sorbas. Hasta aquí la ficción y el romanticismo de la película inspirada en la novela del escritor griego Nikos Kazantzakis.
Suponiendo que todos los griegos fuesen como Sorbas, habría que suponer que Alexis Tsipras, primer ministro del país heleno y Yanis Varoufakis, ministro de finanzas, no toman en serio los problemas económicos de la nación y lo que es más grave aún, pareciera que los interlocutores europeos –la ex troika– lo único que provocan en los políticos de Syriza es una risa sardónica à la Anthony Quinn.

Pero las apariencias, así como los “clichés”, “prejuicios” y “estigmas” engañan y/o manipulan al ciudadano. En la película, ni Sorbas sabe de minería ni el inglés está realmente interesado en la explotación de lignito, una variedad de carbón mineral. En la Grecia de la zona Euro, la cosa es muy distinta, ya que Varoufakis sí sabe de economía y Alexis Tsipras no es un político bisoño; y los europeos, por su parte, están –sospechosamente– demasiado interesados en Grecia.

El interés europeo por Grecia nunca fue económico, sino esencialmente geopolítico. El nivel de desarrollo industrial de Grecia es el más bajo en la Unión Europea. La crisis financiera mundial de 2008 y las políticas económicas erradas de la Unión Europea de cara a los países menos industrializados (Grecia, España y Portugal), con exceso de austeridad y falta del apoyo necesario al desarrollo industrial, provocaron una caída importante del desarrollo industrial en estos países, sobre todo en Grecia.

¿Es posible promover en Grecia políticas económicas que promuevan un desarrollo industrial suficiente para garantizar la salida de la crisis, el empleo, salarios dignos y mejoras sociales? Según algunos expertos en economía, entre ellos el ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, eso es posible. No obstante, las instituciones financieras (Fondo Monetario, Banco Mundial y la Comisión Europea) se mantienen en la línea férrea de la austeridad y recortes de prestaciones sociales. A esto hay que añadir la corrupción en las instituciones públicas griegas y la evasión fiscal, dos males endémicos que debilitan enormemente la economía nacional. El problema de Grecia no es la deflación (caída de los precios de bienes y servicios), sino la deuda.

La deuda pública griega es impagable. Eso es una verdad irrefutable y matemáticamente comprobable. Entonces, es válido preguntarse: ¿Por qué tanta alharaca en torno a los paquetes de rescate? ¿Quién rescata a quién?

A juicio de Joseph E. Stiglitz, premio nobel de economía y uno de los economistas contemporáneos más críticos con las políticas de austeridad exigidas por la Unión Europea a Grecia y con las políticas neoliberales aplicadas en los países capitalistas menos desarrollados; los “paquetes de rescate” de Grecia representan en realidad una protección de los bancos europeos, especialmente de los bancos alemanes. Si es sabido y reconocido entonces, que la famosa “ayuda financiera” tiene como objetivo principal rescatar a los bancos europeos, ¿por qué se presiona y se difama al gobierno de Syriza? ¿Por qué no se invierte en el desarrollo industrial griego?


Pienso que lo que se persigue –sin pretender ser “Pitoniso” del templo de Delphi– es ir acorralando a Syriza de tal manera hasta lograr una situación política de “callejón sin salida”. Si las encuestas griegas no se equivocan, la mayoría de la ciudadanía estaría –a pesar de todos los problemas que acarrea el euro– a favor de permanecer en la Eurozona. Esto significa que la única salida realista y pragmática –más bien forzada– que le quedaría al gobierno de Alexis Tsipras, sería entonces la celebración de nuevas elecciones. En este nuevo escenario electoral es probable que se dé un desplazamiento a favor de las fuerzas políticas de centro-derecha, más permeables y abiertas a las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea, ya que Syriza está sufriendo un evidente desgaste político. Mientras tanto, el crítico espectador de este montaje o desmontaje político-económico moderno tiene la impresión que la Unión Europea lentamente, de sorbo en sorbo, está ahogando a Sorbas, el griego. 

sábado, 16 de mayo de 2015

Cuando el trabajo legal es un artículo de lujo…

“Debe trabajar el hombre para ganarse su pan, pues la miseria en su afán de perseguir de mil modos, llama a la puerta de todos y entra en la del haragán.” José Hernández


La tragedia marítima que conmocionó a Europa en el mes de abril del corriente año en la cual 700 personas murieron ahogadas, incluyendo niños y lactantes, es ejemplo de un fenómeno social y político-económico que está ocurriendo a nivel mundial desde hace varias décadas.

Lamentablemente estos hechos volverán a ocurrir mañana o pasado mañana, pues la avalancha de personas que no tiene otra opción más que enfrentar la furia de Medusa en el Mediterráneo y arriesgar sus vidas con tal de llegar a Lampedusa en embarcaciones viejas e inseguras, no se detendrá hasta que en sus países de origen la vida de un ser humano si tenga valor y existan las condiciones materiales y subjetivas para vivir como persona y no como un animal salvaje.

Algo similar sucede diariamente en el continente americano y en el sudoeste asiático. Cientos de miles de latinoamericanos, especialmente provenientes de Centroamérica, han encontrado la muerte en los desiertos hostiles de Sonora y Chihuahua, verdaderos “mares de arena”, ubicados a lo largo de la frontera de los Estados Unidos y Méjico. Mientras tanto, en el Golfo de Bengala, miles de bangladesís se embarcan con dirección a Indonesia, Malasia, Tailandia y Singapur con la esperanza de ser acogidos por las respectivas autoridades migratorias. Estos refugiados son considerados como inmigrantes ilegales por los gobiernos de Yakarta, Kuala Lumpur y Bangkok, lo cual implica que los “boot people” tienen que seguir irremediablemente sin rumbo su peligrosa travesía en las aguas del Océano Índico.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) cifró en diciembre del año pasado en 4.272 el número de fallecidos a nivel mundial. El número de muertos intentando cruzar el Mediterráneo, según ACNUR, ascendió a 3.419. Cifra que corresponde al 80 % del total de muertes. Por otra parte, el mismo organismo internacional afirmó que un total de 348.000 personas arriesgó en 2014 sus vidas en los mares y océanos del mundo con el objetivo de migrar o buscar asilo en otros países.

No obstante, se desconoce la cifra exacta de las personas que mueren en la aventura de buscar trabajo en el primer mundo; y probablemente sea mucho más alta que la publicada por ACNUR. Cuando el trabajo legal es un artículo de lujo difícil de conseguir, la violencia organizada, el narcotráfico y las guerras son el reflejo condicionado en la sociedad moderna globalizada.

No es por “haraganería” que estos inmigrantes ilegales abandonan sus terruños. Al contrario. Es por la carencia de empleos en sus respectivos países y el afán de trabajar. El trabajo es un derecho fundamental del hombre, estipulado en el artículo 23 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, mientras la ciencia moderna en el campo de la biología es capaz de crear un cromosoma eucariótico artificial a partir de un cromosoma de la levadura, con lo cual se estaría dando un paso importantísimo para crear vida artificial in vitro, los gobiernos son incapaces de crear condiciones de vida humana, digna y con futuro, para millones de personas en el planeta.

La globalización de los modelos macroeconómicos de desarrollo y de la tecnología ha traído muchos y grandes beneficios, sobre todo a los países más desarrollados del mundo, y, al mismo tiempo que el capital financiero-industrial y la cultura dominante se expanden a nivel planetario, se produce una concentración del poder político-económico y militar en el hemisferio norte. Estos dos fenómenos– concentración y expansión– , aparentemente antagónicos, son en primera instancia, los responsables del hambre y la miseria en las sociedades periféricas, por lo general pobres y subdesarrolladas; algunas en situaciones de guerra y otras, como El Salvador, bajo condiciones postraumáticas de guerra. Vistas así las cosas, no es extraño que la mayoría de los inmigrantes ilegales que llegan a Europa o a los Estados Unidos provengan de los países más pobres.

Son tantos los salvadoreños que han emigrado al extranjero, sobre todo a los Estados Unidos– más de dos millones–, que si no fuera por ellos o más bien por los dólares que en calidad de remesa oxigenan –dolarizan– la economía nacional, el Producto Interno Bruto (PIB) sería un 13 % más bajo. Aunque en realidad, ninguna economía endeble puede desarrollarse basándose en las remesas que llegan del extranjero, pues los “dólares privados”, solamente son una pomada en una herida cancerosa.

El fenómeno de “las remesas” está globalizado. La importancia de la remesa en dólares o en euros, radica en la ayuda que ésta representa para aliviar los “dolores de cabeza” y para sostener a sectores de escasos recursos económicos y aminorar los efectos de la elevada tasa de paro creciente en el tercer mundo. 

martes, 21 de abril de 2015

Los que compartieron el tiempo con Cariño

El tiempo, el implacable, el que pasó. Pablo Milanés



Dedicado a mis compañeros del colegio Divino Salvador 1965-1968


Al compás de una guitarra desafinada os contaré amigos míos, vivencias de nuestra adolescencia temprana, etapa de nuestras vidas que trascurrió entre risas, juerga, deporte y sobretodo, en el estudio de las páginas de los libros que devoramos en largas horas de insomnio voluntario. Así volaron esos años que hoy nostálgico recuerdo, perdiéndose en el horizonte como una piscucha casera que voló en el cielo azul salvadoreño.

No quiero hacer alarde aquí de mi memoria, pues ésta con los años, como también muchas otras facultades biológicas, se ha debilitado en cierta medida. Pero esta situación poco me aflige, eso es parte de la vida, diría Don Gregorio Marañón y Posadillo. Ya no soy semental ni tampoco garañón y a las damas en el baile ya no les toco el fundillo. Algunos de vuestros nombres se me habían olvidado, “but With a little help from my Friends” creo haberlos encontrado a todos formados en fila india en la cancha de básquet y en una aula de fantasía los he reencontrado a todos, desde el más chico hasta el más grande. De algunos sólo quedan los nombres y uno que otro sobrenombre. Pido disculpas, primero por algún desliz cometido y segundo, por no mencionar explícitamente a cada uno de vosotros en mí canto, ya lo dijo un hombre sabio: Quien mucho abarca poco aprieta.

La memoria histórica es selectiva y tiene que ver con el contenido emocional que tenga el hecho que en ella se grava. Con alguno de vosotros compartí cama y techo, y más de alguna vez de buena moza su pecho. La amistad es un proceso dinámico que se desarrolla en la dimensión tiempo-espació y es cosa de caracteres y no por capricho con quien uno más se relaciona. Y no quiero parecer más vivaracho de lo que realmente soy, pero soy de la opinión, que en el aula no hubo discriminación por motivos socio-materiales o tendencias homoeróticas.

El terremoto del 65 que zangoloteó a San Salvador el tres de mayo en plena madrugada, me dejó más pálido que payazo del circo “Chocolate”, puesto que el sismo provocó heridas que no las cura el merthiolate, no piensen los oyentes que lo digo con picardía, pues más de cien murieron y hubo cientos de heridos. Muchas casas se cayeron y la penitenciara central, aunque era de cemento armado también quedó destruida. Ya saltará por ahí, algún paisano de Gabriela Mistral ripostando que nuestro temblor solo llegó a sacudida, a lo sumo a temblorcito, pero que le vamos a hacer si de América somos el Pulgarcito.

El primer curso de bachillerato, comenzó, como ya comenté, con el curso que me provocó aquel movimiento telúrico. La vieja construcción del colegio, un antiguo seminario agustiniano, resistió bien el cataclismo y no hubo daños materiales serios que lamentar. ¿Cómo no iban a estar protegidas las aulas?, sí el mismísimo Divino Salvador y San José velaban por ellas. La tentación estaba cercana, pues a un paso estaba La Praviana, es decir la Sodoma y Gomorra cuzcatleca, y vaya que más de algún picaronazo de mi clase adquirió la mala maña de frecuentar aquel quilombo pero no precisamente para jugar pizpirigaña. En el “Manuel José Arce”, como oficialmente se llamaba el parque San José, fumando tabaco o marihuana hasta quedar pedo, esperábamos entrar al recinto y había que armarse de valor para enfrentar a Delgado – en el caso de entrar tarde a la fila–, no al “Benemérito de la Patria” José Matías, sino a Gabriel Delgado Acevedo, el principal del colegio, quien no caía en galimatías a la hora de castigar.

“Porrón”, el director del colegio estaba muy lejos de ser camarada marxista, más bien creo que era ex hermano marista. Ese pedagogo que fácil se enfadaba, estaba al tanto de su mote y vaya que le disgustaba. Los guanacos –por lo general– no somos nacos cuando de apodos se trata, en mi clase había un “Chompipe”, un “Sínnalgitas”, un “Diablo”, un “Magila Gorila” e incluso una “India Motilona”(Cornelio Chávez), siendo la institución un colegio varonil. Y verá usted, nadie se ofendía. Le digo con franqueza y sepa que no me avergüenza que una parte de mis genes sea de origen pipil. Así que, téngalo por seguro, si usted me llama “Cariño” ni me ofende ni lo riño. Entonces, no sería por falta de respeto, cuando “Chobeto” Ventura hacía el tambor con la boca: “Poorrrrón, Poorrrón, Poorrrón, Pon, Pon”, hasta a Lito Lara, al profe chévere de biología y literatura, le hacía gracia la travesura. Y no crean que soy fanfarrón, pero más de alguna vez enfrenté a “Porrón” por rebelde y por rosquero[1].  

Pongan atención ahora que esto no es broma, porque si hubo alguien ponderado, ceremonioso y serio en mi juventud, ese fue el “Gordo” Regalado, amigo, casi hermano, quien despegó velas conmigo en la conquista de Europa. En esa epopeya cogió bien en serio lo del trabajo en “El Poncho”, un establecimiento dizque mexicano. Ahí en la barra sirvió cerveza rubia y de la oscura, de barril, en lata o en botella, vino, tequila y ron sin distinción de sexo, raza o religión. Nunca hizo las de Pinocho – todavía guardo mis dudas– y aunque mentir no es delito cuando no se causa mal a nadie, lo cierto es que “Foncho” nunca se tragó el cuento del polvito con la mujer del Fiat descapotado Spyder amarillo en el Zunzal.

Tanto el hijo del empleado como el del rico visitaron el colegio cristiano. Carlos tenía piano sin ser acaudalado y Alfonso era Rico, pero más bien en alegría y buen humor. Le gustaba la música, el baile y la jodarria[2]. Y más de una mina cayó sin remedio en las redes musicales de aquel díscolo y platónico disc-jockey. Más de alguna intentó meterle el dedito en el agujerito… à la Kirk Douglas que lucía en el mentón. Como era diligente y con bastante cacumen, siempre hacía un resumen de los éxitos musicales que escuchaba en la radio Femenina y quiero subrayar aquí, para que no se olvide, que ambos metacomunicábamos en frecuencia no modulada con bastante frecuencia a cualquier hora del día y de la noche. No soy enciclopedia ni tampoco erudito ni mucho menos bibliófilo como pavonee en mis tiempos mozos, pero sí no conoce esa forma de comunicar, búsquela – si quiere– en Wikipedia.

El más guapito de la clase era un carajito rubiecito y de buena onda, pulcro y bien vestido como un muñequito de vitrina que desde muy tempranito comenzó a remojar el pito sin necesitar de Celestina. ¿Qué podía hacer este galán en ciernes?, sí era manifiesto que las púberes cachondas de la Divina Providencia y del Sagrado Corazón preferían a Ernesto y no crean que soy buchón[3], pues era de todos conocido que tiraban el calchón al regazo de este vástago de catalán.

Grande fue el relajo que armamos una noche en casa de Mamá Carmen y Papá Herminio y aunque estaba vedado meterse con las de “adentro”, más pudo la fuerza de la tentación a la carne y el revoleteo de las hormonas, que la ley de abstinencia sexual impuesta por el anfitrión. En un santiamén rompimos la veda, al fin y al cabo, no éramos seminaristas ni jóvenes de aluminio. El cuento tiene pa’largo y un desenlace inesperado. Mejor paro de contar aquí, porque la discreción lo amerita, no vaya a ser que meta la pata y si alguna secreción brotó fue por culpa de Isabelita.

Ahí en el colegio tuve amigos y compañeros que mi memoria todavía conserva fresca como la horchata o el té helado del cafetín. Unos venían del campo y la mayoría de la capital. En ese conglomerado social de clases, lo único igual entre los alumnos era el uniforme, pues como ya lo dije hace un rato, los había ricos, menos ricos y más de algún proletario. El génesis del clan no se debió a ningún creador, sino a la fantasía de Oscar Pino Dawson, profesor de Historia Universal. No fue por un soplo divino, sino por casualidad que nos tocó sentarnos juntos. Adelante tenía al “Gordo”, al costado derecho a “Foncho” y al “Neto” March, en la retaguardia a Francisco José. Parecíamos cotorras cuchicheando entre nosotros, cuando Pino en un tono poco fino, mandó a callar al “Clan” de urracas parlanchinas.

Un día me creí muy choro[4]y llevé al colegió un huevo choro. No recuerdo si fue por zonzo o por una apuesta con Alfonso. Estábamos hablando del medievo en la clase de historia, cuando azuzado por “Foncho”, disparé certero el huevo contra la pared con tanta energía cinética y con tan mala suerte que embadurné al “Chompipe[5]” Edwin Damas. No fue esa mi intención, sino simplemente armar el relajo. El olor a pedo rancio inundó ipso facto el ambiente. Los gases sulfúricos son volátiles y mal olientes, sobre todo el sulfuro de hidrógeno; ácido compuesto por dos átomos de hidrógeno y un átomo de azufre. A tomar por saco pensamos todos, cuando el Señor González, el inspector del colegio, nos quiso hacer sufrir con la amenaza de un castigo. Nadie delató al hechor, teníamos un pacto de honor. Pero esa diablura no fue la última ni la penúltima, lo único malo fue que también la “víctima” tuvo que pagar el pato.

Y así pasaron los años, haciendo tonterías, dentro y fuera del colegio. Pero, ¿para qué es la juventud?, sino para gozarla plena. “Quien lo quiere celeste, que le cueste”, dice el viejo refrán. Según tengo entendido y pueden corregirme la plana, algunos de mis compañeros llegaron a ser académicos o exitosos empresarios con el esfuerzo y sacrificio de sus padres. Políticos también los hubo de derechas y de izquierdas, por suerte no a granel y no es por desmerecer el oficio, puesto que tienen su razón de ser. Pero tanto la política como la ideología se convierten en pantanos cuando se pierde el azimut. De la cosmografía aprendí, que la bóveda celeste es un espacio-tiempo curvo concéntrico al globo terráqueo y que todo en la vida es relativo y pasajero. Medio siglo trascurrido desde aquellos días, pero escribiendo estas líneas os tuve aquí a todos presentes y la frescura de la juventud despertó recuerdos que lejanos creía. Así me despido yo que recordé a mi antojo, pasajes de la juventud vivida, guiñándoles el ojo. Pero hay que tener la virtud de seguir viviendo con dignidad, amor al prójimo y humanismo, ahí donde nos ha tocado vivir. No importa, si os guía la Biblia, la Torá, el Corán o el Contrato Social de Rousseau. Me da igual. Pues hay que tener siempre sólida consistencia para que la vida no sea como la espuma. Estas cosas y otras más las recordé con cariño y respeto, así las escribí sin querer ofender a nadie con mi pluma.






[1] Rosquero: Chilenismo: Que busca peleas o las provoca
[2] Jodarria: salvadoreñismo: Persona que le gusta echar bromas y chistes.
[3] Argentinismo: Persona que cuenta los secretos de otra persona.
[4] Chilenismo: Audaz, resuelto.
[5] Chompipe: Pavo

viernes, 27 de marzo de 2015

¿Qué (nos) quedó después del sueño?

“Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos más. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la voy a alcanzar. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar.” Eduardo Galeano


Detrás de cada utopía político-ideológica se esconde, por lo menos, una leyenda y muchos mitos. Cada generación de hombres y mujeres en una sociedad concreta crea sus propias leyendas políticas de acuerdo a su historia, su cultura, su idiosincrasia y sus tradiciones. Muchos hombres y mujeres en todos los continentes alcanzaron la adultez temprana creyendo en la leyenda del “socialismo real”, es decir, en aquel sistema socio-económico practicado en la Unión Soviética estalinista y pos estalinista.

El espíritu de la época de los sesenta fue de rebelión contra todo lo establecido y reproducido por la sociedad capitalista. En América Latina, la revolución cubana convulsionó todo el continente y la bipolaridad en el mundo se respiraba en Paris, Berlín y Santiago de Chile. Guerra fría a nivel estratégico entre las dos grandes potencias mundiales, por un lado, y guerra de baja intensidad del ejército norteamericano en el sudoeste asiático, por el otro.

La propuesta estratégica político-militar de “vietnamizar” la lucha de clases a escala mundial murió en La Higuera/Bolivia, en el mismo instante en que el Comandante Ernesto Guevara fuera asesinado en octubre de 1967. El fracaso del llamado “socialismo real” que culminó simbólicamente con la caída del muro de Berlín en 1989, veintidós años más tarde de la muerte del Che Guevara, y la desintegración definitiva de la Unión Soviética en 1991 sorprendieron en paños menores a muchos marxistas revolucionarios.

Pese a todos los reveses vividos durante la época guerrillera en Suramérica del siglo XX, los tambores de guerra revolucionaria siguieron sonando en América Latina y gran parte de mi generación optó por la vía armada en El Salvador, convencida que ese era el camino que conduciría a la libertad. Esos jóvenes latinoamericanos que ayer aspiraron a cambiar radicalmente las estructuras político-económicas dominantes en sus países y especialmente aquellos salvadoreños que pretendieron arrebatarle el poder a la oligarquía latifundista a través de las armas, hoy se encuentran, en parte, o bien, administrando el estado capitalista o en la oposición callejera y/o parlamentaria o viviendo bien de la “renta” y en el peor de los casos, sobreviviendo a duras penas y sudando la gota gorda.

Antonio Gramsci dice que “…en realidad, toda fase histórica real deja huella de sí en las fases posteriores, que en cierto sentido llegan a ser su mejor documento”. La generación de revolucionarios salvadoreños que soñó y murió luchando por el socialismo científico en las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado es el ejemplo palpable de este pensamiento.

La suma de doce años de guerra y veintitrés de democracia parlamentaria es un breve lapso de tiempo en la historia universal, pero es suficiente como para alienar y traumatizar a una generación entera. Es una gran coincidencia, que transcurriera la misma cantidad de tiempo entre la insurrección de 1932 y 1967, año en que mi generación se recuperó del trauma que dejó la masacre del 32 y se atrevió a seguir soñando utopías.

¿Qué (nos) quedó después del sueño con futuros venturosos de leche y miel en El Salvador?

La desazón de no haber logrado los objetivos estratégicos planteados –la toma del poder–, pero la valiosa experiencia y la tranquilidad ideológica, diría yo, de haber estado a la altura de las exigencias históricas de la lucha de clases en El Salvador, en aquellos momentos, en que las fuerzas políticas se tensaron en su máxima expresión. Además de eso, quedó constatado en la práctica que los sueños solamente dejan de ser lo que son, cuando la correlación de fuerzas político-ideológica está a favor del pueblo.

¿Cuáles serán los sueños de las nuevas generaciones de salvadoreños en los próximos 35 años del siglo veintiuno, cuando superen el trauma colectivo de la guerra?

viernes, 6 de febrero de 2015

El retorcijón de tripas de Tsipras en Alemania

Aunque el “Chef de cocina griego” es nuevo, la receta europea para mitigar el hambre y la pobreza de una parte del pueblo griego sigue siendo la misma. 


Al parecer, a Alemania y a Francia, los países líderes de la Unión Europea (UE), la reciente victoria de Syriza les tiene sin cuidado. Y no podría ser de otra manera, puesto que los políticos en cualquier parte del mundo conocen la diferencia entre “las promesas en tiempos de elecciones “y “la cruda realidad político-económica en los tiempos del capitalismo neoliberal”, en el que los acuerdos firmados son compromisos sagrados.

Solo Alemania, Francia e Italia avalan créditos de alrededor de 139 mil millones de Euros al gobierno griego; siendo los contribuyentes alemanes, los garantes del 38 % de dicha suma y por lo tanto, los mayores avalistas. Si consideramos además, los dos mil millones de Euros provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI), también avalados por el gobierno de Ángela Merkel, resulta en cierta medida comprensible la actitud fría y distante conque Alexis Tsipras y Yanis Varoufakis fueron recibidos en Berlín y Paris, y, el escepticismo sin velos de los altos mandatarios germanos en relación al plan del nuevo gobierno para resolver la crisis.

Hace 33 años, en 1982, el Dr. Fidel Castro Ruz concluyó en un análisis económico mundial que para los países periféricos capitalistas ─ el “Tercer Mundo” ─ la deuda externa era impagable. Según las leyes de desarrollo de la economía de mercado, tanto Grecia como Portugal y España, aunque geopolíticamente forman parte del “Primer Mundo”, para todos los fines prácticos del capitalismo desarrollado, son entes económicos en vías de desarrollo al “Primer Mundo”. Cualquier viajero que haya visitado estos tres países y no se haya limitado a admirar lo imponente de la gran Lisboa, la majestuosidad de la Acrópolis o la belleza de las pinturas de Altamira, habrá comprobado que en todos estos países hay regiones tan atrasadas ─ económicamente hablando ─ como en América Latina.

De tal manera que los costos de la incorporación ─ forzosa o forzada ─ de estos países europeos al mundo capitalista desarrollado europeo, recae, en resumidas cuentas, en los hombros de la gente pobre. Alemania es sin lugar a dudas la locomotora que tira a la Unión Europea y el plan de austeridad concebido por el gobierno de Ángela Merkel está actuando en un tercio de la población griega como una efectivísima dieta para adelgazar.

El pueblo griego, al elegir a Syriza, la coalición de la izquierda radical, dijo basta al apretón de cinturón permanente que exige la Troika, el gremio controlador constituido por el Banco Central Europeo, El Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea.

No obstante, tanto la izquierda parlamentaria europea ─ con o sin el prefijo “radical” ─, así como los diferentes gobiernos socialdemócratas, a la hora de gobernar, asumen una posición pragmática, la cual exige anteponer la política real a los intereses ideológicos. De este “realismo político” tampoco se ha escapado ni se escapará Syriza. Este “realismo” por encima de todo, explica el porqué de la coalición entre Syriza y el partido nacionalista de derecha, Griegos Independientes. Lo cual, dicho sea de paso, le provocó un verdadero retorcimiento intestinal a Gregor Gysi, el líder del partido alemán “Die Linke”, homólogo ideológico de Syriza.

Pero en cuestiones de alianzas y programas de gobierno en el mundo capitalista neoliberal, la “Real Politik” es la matrona de la historia contemporánea universal.

Las reformas impuestas a Grecia por la Unión Europea no son, en efecto, la verdadera solución, puesto que los problemas griegos, como los de todos los países capitalistas dependientes, son estructurales y sistémicos. Sin embargo, es necesario puntualizar, que en Grecia un tercio de los habitantes vive en la pobreza y que a raíz del plan de austeridad germano-europeo, el sueldo mínimo ha sido recortado en un 22%; por otra parte, la legislación laboral y los convenios colectivos se han visto también afectados por estas medidas. La tasa de desempleo total es de 27 % y a nivel de los jóvenes menores de 25 años sobrepasa el 50 % y para colmo de males, gran parte de la población no tiene seguro social. En fin, la lista de los problemas socio-económicos del pueblo griego es muy larga.

Es claro que Grecia está jugando ─ obligada por razones estratégicas geopolíticas ─ en la Champions League del capitalismo europeo con un equipo de tercera división. Vistas así las cosas, al final de cuentas, será el pueblo trabajador griego el que tendrá que pagar por las habas que se comió el burrito Polifemo Papanatas en la Odisea Europea 2001, más allá de las promesas electorales de Syriza. Lamentablemente, en el mundo capitalista rige la ley de la selva: Siempre vence el más fuerte. 

lunes, 19 de enero de 2015

Matar en nombre de Dios es una aberración

Definitivamente, el Papa Francisco es la hostia. Siendo yo todavía un “pollito” que piaba solamente cuando quería papa, gobernó en el Vaticano el Papa Pío XII, un pontífice muy controvertido, según los historiadores, quien era un ferviente anticomunista y además no se pronunció públicamente condenando el exterminio de 6 millones de judíos durante la Shoah. Después de su muerte en 1954, un año más tarde que la de José Stalin, el Papa Juan XXIII, llamado el Papa “Bueno” por el pueblo italiano creyente, ocupó la silla gestatoria. Este adjetivo calificativo implica la existencia en el pasado de algún “Papa malo”. La obra monumental del alemán Karlheinz Deschner “Historia criminal del cristianismo” revela los capítulos más negros en la historia de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Me crecieron las plumas, el pico y todo aquello que se desarrolla con la edad, y, en el Vaticano ya habían dejado de reinar los Píos, aunque los pillos en sotana continuaron circulando libremente en los oscuros pasillos de la Santa Sede. Llegó entonces Pablo VI a llenar la vacante en Castel Gandolfo dejada por Juan XXIII. La muerte de Pablo VI en 1978 la viví más conscientemente y aunque nunca fui pío, cada vez que entraba en la cocina, la foto del Sumo Pontífice me recordaba mis travesuras de adolescente.

Juan Pablo I, el sucesor de Pablo VI, ni siquiera llegó a decir pío en el Vaticano. Su repentina muerte dio pie a teorías conspirativas y especulaciones sobre luchas de poder palaciegas tan o más antiguas que las ocurridas durante la dinastía de los Borjas.

A finales de la década del 70 del siglo pasado, el bloque comunista era un barco a la deriva que lentamente hacía aguas por todos lados. Después de largos años de agitación tras bastidores y de limitarse a decir pío, pío, el Vaticano saca por fin un verdadero “gallo de pelea” con espolones afilados al palenque político.

La elección de Karol Wojtyla como el nuevo regente en el Vaticano, tras la “extraña” muerte de Juan Pablo I, puede considerarse, a la luz de los hechos históricos en los últimos veinticinco años, como un acto providencial, una insólita coincidencia o una estrategia político-religiosa de la alta jerarquía eclesiástica. En 1980 surge en Polonia el movimiento obrero Solidarność (Solidaridad) que goza del apoyo del Vaticano y en especial del Papa polaco.

Wojtyla, el más mariano de todos los Papas contemporáneos, llevó la cruz a todos los rincones del mundo ─ hasta quedar mareado ─ en su “Papamovil”, vehículo que sustituyó la silla gestatoria. Pero el Papa no solamente cargó “a cuestas” el símbolo más pesado del cristianismo, sino también el mensaje político-ideológico que “el comunismo y el islamismo” amenazaban los valores cristianos. Evangelizando como otrora lo hiciera el apóstol Pablo, el Papa Juan Pablo II llega a Managua/Nicaragua el 4 de marzo de 1983. En el aeropuerto internacional Augusto César Sandino se dio un hecho muy simbólico e importante desde el punto de vista político-ideológico: El Papa Juan Pablo II le negó el saludo al Ministro de Cultura, Ernesto Cardenal, quien arrodillado extendió sus manos al sumo Pontífice. Esa amonestación pública estaba dirigida no solo al cura-poeta y revolucionario de Solentiname, sino a todos los “sacerdotes revolucionarios” seguidores de la teoría de la liberación en América Latina. ¿Qué pecado habían cometido estos curas revolucionarios para merecer tanto desaire?

Tomando en cuenta que América Latina ha sido siempre considerada por la Santa Sede como la retaguardia estratégica del cristianismo, es inadmisible y hasta chocante, que la alta jerarquía eclesiástica vaticana nunca condenó públicamente los crímenes, asesinatos y violaciones de los derechos humanos durante la época de las dictaduras militares en Centro-y Suramérica.

A Wojtyla lo sucedió otro “gallo de pelea”, ducho en las lides teológicas y filosóficas: Su antiguo amigo y confidente, el teólogo-filósofo alemán Joseph Ratzinger. Como ex director de la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano ─ versión moderna de la Santa Inquisición ─ Joseph Ratzinger estaba al tanto de la labor político-religiosa de los seguidores de la Teoría de la Liberación en Latinoamérica y sobretodo, consciente del peligro real que representaba la amalgama de la teoría marxista con la teología de la liberación del vasco-salvadoreño Jon Sobrino, el peruano Gustavo Gutiérrez y otros más. Así llegamos a Francisco, el Papa argentino, repartidor de hostias y obleas, quien hace un par de días declaró públicamente que: "Si alguien insulta a mi madre puede llevarse un puñetazo". Francisco tiene toda la razón, todo tiene su límite.

El Papa marcó bien la línea divisoria entre el uso y el abuso de la libertad, sin recurrir a la “moralina” religiosa que se esfuma rápidamente como la espuma del aerosol utilizada en el recién pasado mundial de fútbol, sino con firmes argumentos de carácter humanista: "Matar en nombre de Dios es una aberración", pero "la libertad de expresión" no da derecho a "insultar" la religión del prójimo”.

Lástima que en la época de la conquista española no hubo ningún clérigo ni pontífice de peso que condenara públicamente las matanzas de indígenas cometidas en el “Nuevo Mundo” y en consecuencia, las prohibiera. Según las crónicas del Fray Bartolomé de las Casas, los españoles habrían matado 4 millones de indios solo en el Perú en el transcurso de diez años.

Efectivamente, matar en nombre de Dios, es una aberración en cualquier parte del mundo y en cualquier época. 

miércoles, 7 de enero de 2015

La lucha por los votos en El Salvador

“Los Estados bien ordenados y los príncipes sabios cuidaron siempre de no descontentar a los grandes hasta el grado de reducirlos a la desesperación, como también de tener contento al pueblo”. Maquiavelo, El Príncipe, Cap.XIX.


La carrera por el poder político en las economías de mercado tiene más parecido con el “Vale todo”, un híbrido deportivo de origen brasileño obtenido de la combinación de diferentes artes marciales, que con la lucha de clases de Carlos Marx y Federico Engels o con el arte de “Marcial” de hacer política en El Salvador del siglo pasado.

Por este motivo y de acuerdo al bajo nivel cualitativo y cuantitativo de la lucha ─ real ─ de clases ─ en El Salvador, en la “lucha” por los votos nada es imposible para el partido oficialista FMLN. Por eso, el nombramiento del empresario Nayib Bukele, como candidato para la alcaldía de San Salvador en las próximas elecciones el 1 de marzo no sorprendió a nadie, ya que dicha maniobra electorera forma parte de la política reconciliadora y concertadora del FMLN. Como tampoco ha sorprendido la noticia que Jaime Hill, miembro de una de las familias más acaudaladas del país, formará parte del consejo municipal de San Salvador, en el caso de salir electo alcalde Nayib Bukele.

Todos estos tejes y manejes, dimes y diretes de la política real efemelenista, son parte de las “reglas del juego” de la lucha por el poder, pero no por el “poder” en el sentido clásico marxista, sino más bien en el sentido de “poder administrar” los bienes y los servicios públicos. La municipalidad, como parte de la superestructura de un estado, puede considerarse como una “empresa” especializada fundamentalmente en prestar diversos servicios a la ciudadanía, velar por la limpieza de la ciudad y recaudar los impuestos municipales.

Tanto Nayib Bukele, Jaime Hill y probablemente otros más, por el hecho de ser supuestos exitosos empresarios, reúnen ─ técnicamente ─ las condiciones para administrar presupuestos, hacer malabares con activos y pasivos, reducir los “costos de producción” y la obtención de buenos beneficios. Y por último, pero no menos importante, está el hecho que ambos representan el perfil del capitalista moderno del siglo XXI, es decir, progresista, “preocupado” por la intríngulis social y el medio ambiente. Incluso Nayib Bukele se declara públicamente como un político “radical de izquierdas”. Estos señores capitalistas modernos contribuirían mucho más y directamente al “bien vivir” de la sociedad salvadoreña invirtiendo sus capitales en el país, creando nuevos puestos de trabajo y mejorando los contratos laborales de los empleados y obreros.

Ahora bien, al reducirse la “política” meramente a la gestión administrativa, o bien, a la posibilidad de tener una fuente de ingresos, la “política” se transforma en “una misión filantrópica”, en un oficio de rutina, en un cargo ministerial o comunal; entonces la “política” pierde su carácter y contenido histórico liberador y emancipador para convertirse en un modus vivendi. Cuando el “político” antepone sus intereses personales y deja de ser el “regulador” entre los intereses del ciudadano, del Estado y de las clases sociales, entonces comienza un proceso de enajenación que irremediablemente desemboca en el nepotismo, corrupción y malversación de los fondos públicos.

Las próximas elecciones legislativas y municipales, tienen en cierta medida, el carácter de “tercer round” en la lucha cuerpo a cuerpo entre el FMLN y ARENA; una lucha en la que todo vale; pero también en la cual todo─ o mucho─ se puede perder. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

México, ningún país te Iguala

Cuando el ciudadano común pierde el sentimiento de confianza y seguridad en las instituciones oficiales, percibe que en tales condiciones, la vida no vale nada.


Secuestro, desaparición y muerte son tres sustantivos concretos y al mismo tiempo, propios de las sociedades en las que los grupos de poder fáctico, llámense estos ejércitos, escuadrones de la muerte, paramilitares, maras, mafias o carteles de la droga toman las riendas del estado soberano, ya sea violentamente o por la seducción del poderoso caballero Don Dinero, que todo lo compra, soborna y corrompe.

La desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural en el pueblo de Ayotzinapa en el Estado de Guerrero, México, el pasado 26 de septiembre, no tiene parangón en América Latina, pero no por el hecho en sí, puesto que Latinoamérica es la región del mundo con mayor número de muertes violentas por homicidio y armas de fuego, sino por la forma de operar de las fuerzas que intervinieron en la acción.

En la “época dorada” de las dictaduras militares en Centro- y Suramérica, allá por los sesenta y setenta del siglo pasado, los secuestros, desapariciones, ajusticiamientos sumarios y las “caravanas de la muerte” por razones políticas, fueron el instrumento preferido de los aparatos represivos gubernamentales para aterrorizar a la ciudadanía y los crímenes se cometían de acuerdo a un esquema, por regla general, jerárquicamente establecido: Fuerza Armada, aparato de inteligencia, servicios secretos, Policía Nacional y en colaboración directa con grupos fascistas y/o paramilitares. De acuerdo a este “guión contrainsurgente”, en la Plaza de Tlatelolco ( La noche de Tlatelolco), en el centro de la ciudad de México, la noche del 2 de octubre de 1968 tuvo lugar una batalla campal, sangrienta y desigual que enlutó a la nación azteca entera. El mitin estudiantil contra el gobierno priísta presidido por Gustavo Díaz Ordaz, se convirtió en un infierno dantesco y la lluvia de disparos dejó decenas de cadáveres sobre las baldosas del ágora de Tlatelolco. En el caso de Ayotzinapa/Iguala, los estudiantes fueron detenidos por agentes de la policía municipal por intento de “subversión del orden público”; encarcelados y posteriormente “recogidos” por “agentes” del municipio de Cocula, quienes finalmente los “entregaron” a los sicarios del cartel “Guerreros Unidos”, según informa el periódico español El País (La noche de Iguala).

Lo de Ayotzinapa fue una acción conjunta en la que participaron “agentes oficiales”, “agentes extraoficiales” y criminales a sueldo. Es decir, que en México, uno tiene la impresión que las fronteras entre el crimen organizado y la violencia institucional son tan permeables que bien podría hablarse de una “fluida cooperación osmótica”. Esta forma de operar es característica en un Estado en el que la mafia y los barones de la droga han corroído y corrompido los poderes ejecutivo, judicial y legislativo.

México, esa bella y gran nación hermana, que un día elaboró el “Plan de Independencia de la América Septentrional”, conocido popularmente como el Plan de Iguala, firmado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, nos da hoy el ejemplo del crimen de Ayotzinapa, que pone al desnudo la relación simbiótica entre las instituciones gubernamentales y los Carteles de la Droga. En esto, México lindo y querido, ningún país de América Latina te iguala. 

lunes, 1 de diciembre de 2014

El misticismo en la ortodoxia y en la herejía marxista del siglo XX

Ni el pensamiento crítico marxista está muerto ni los que murieron por la nueva vida socialista deben ser santos de nuestra devoción


Una anécdota, a modo de introducción:

Se trataba de una “ampliada”, es decir, una reunión entre miembros de “células” distintas. El responsable del encuentro, sentado ante una mesa, dibujaba sobre un papel el esquema de la defensa circular del “local”, las posiciones a ocupar y el plan de retirada escalonada en caso que fuera necesario. Luego procedió a la entrega de los “fierros”, con la seriedad y marcialidad que la situación demandaba. Como no hubo preguntas por parte de los encapuchados, el jefe político-militar tomó el encendedor y quemó el papel. Esta escena que describo, habría sido una reunión clandestina común y corriente en cualquier casa de seguridad en la capital salvadoreña a principios de la década de los ochenta, si no hubiera sido porque todos los enmascarados se conocían entre sí, porque estaban a miles de kilómetros de distancia de Centroamérica y además, porque las únicas “armas” que había en el “local” eran los cubiertos de acero inoxidable.

Se requería de una gran porción de fantasía, mucha “mística revolucionaria” y buen sentido del humor─ o las tres facultades ─, para explicar racional-y dialécticamente estas absurdas medidas de seguridad, tomadas con toda seriedad y de acuerdo a los cánones subversivos, aun cuando aquella sesión de trabajo solidario con la lucha del pueblo salvadoreño se desarrollaba dentro del marco de la legalidad democrática. Por suerte, la capucha ocultó más de alguna sonrisa socarrona. Se trataba evidentemente de un ritual y como tal, cumplía una función de carácter místico, dirigida a mantener ─ artificialmente ─ una actitud “combativa” y fomentar la moral revolucionaria, y ninguno de los presentes se atrevió a cuestionar la “ceremonia” o a señalar que el “rito” es una técnica esencialmente religiosa. Pero el proceso de “proletarización” exigía un comportamiento militante, lo cual implicaba la obediencia ciega, a pesar de la flagrante contradicción entre lo abstracto y lo concreto, es decir, entre el “misticismo revolucionario” y el materialismo dialéctico.

Claro está que la “mística” no es un fenómeno exclusivo de sectas político-militares (el sectarismo), partidos de ultraizquierda o escisiones partidarias marxistas. En efecto, el misticismo, entendido éste como doctrina que admite el enlace directo entre el hombre y Dios, es el medio de comunicación virtual más antiguo de la humanidad. En este sentido, la mística religiosa es una especie de “liquido intersticial” entre los seres humanos en la sociedad, el cual funciona como nutriente y desagüé espiritual.

En el prólogo de la “Contribución a la crítica de la Economía Política”, Carlos Marx escribió que: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” y ese pensamiento no solamente se refiere al modo de producción de la vida material del hombre, sino que también abarca el universo de las ideas. En sus tesis sobre “La esencia del cristianismo” del filósofo materialista alemán, Ludwig Feuerbach, Marx señala que “el sentimiento religioso es también un producto social y que el individuo abstracto que él (Feuerbach) analiza, pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad. Puesto que la vida social es, en esencia, práctica, todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la compresión de esta práctica”. Este razonamiento materialista dialéctico de Carlos Marx acerca de la religión lo encontramos nuevamente en la “Critica de la filosofía del estado de Hegel” (Zur Kritik der Hegelschen Rechts-Philosophie), esta vez expresado con más contundencia: “el hombre hace a la religión; no la religión al hombre. Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo. Quien dice: "el hombre", dice el mundo del hombre: Estado, Sociedad. Este Estado, esta Sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. La religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico, su lógica en forma popular, su point d'honneur espiritualista, su exaltación, su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación universal. Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión.”

Si la conciencia social es producto del ser social y todo aquello que produce el hombre es el reflejo de la realidad de la sociedad en que vive, no es extraño entonces, encontrar también en la “ortodoxia” y en la “herejía” marxista muchas taras y prejuicios que emanan de los valores ético-morales y religiosos de la burguesía, camuflados éstos, eso sí, de mística y misticismo revolucionario. Es importante señalar aquí, que la crítica de Carlos Marx en relación a la religión es esencialmente filosófica y cuando él afirma que: “La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la condición para su felicidad real…(y que)…La crítica de la religión, por lo tanto, significa en esencia, la crítica del valle de lágrimas (léase el estado y la sociedad capitalista)del cual la religión es el reflejo sagrado”, está refiriéndose a la religión como instrumento de enajenación de la clase social dominante sobre la clase social explotada (cursiva de C.M y subrayados por el autor). Por lo demás, huelga decir, que toda ideología basada en el miedo y en el terror no puede ser emancipadora. En las obras de los clásicos del marxismo mundial no hay un ápice de crítica al individuo creyente ni discriminación política por razones de espiritualidad. Solamente cuando los individuos desarrollan una conciencia social de clase para sí, en su lucha diaria por resolver los problemas existenciales de la vida real en este “valle de lágrimas”, es que se vuelven inmunes contra los efectos narcóticos de la religión. Pero la “toma de conciencia” es un proceso dinámico de desarrollo, el cual no niega en sí la espiritualidad del ser humano, pues es un error confundir religión con espiritualidad. La relación dialéctica espíritu-materia o mejor dicho, la naturaleza del “espíritu” es producto de la actividad sensorial humana, es decir, de la actividad objetiva del hombre en sociedad. Más allá de la interpretación filosófica acerca de la naturaleza del mundo en que vivimos, de lo que se trata, en definitiva, es de transformar dialécticamente las estructuras político-económicas y socio-culturales en la sociedad por y para el bien de la humanidad. Esta es la quintaesencia del materialismo histórico y dialéctico.

La hermenéutica dogmática y mecanicista de los pensamientos de Carlos Marx y de otros teóricos del socialismo científico (Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Leo Trotski, Carlos Mariátegui, et al.) ha contribuido a la falsificación o tergiversación del materialismo histórico y dialéctico y lo que es más grave aún, a considerar estas contribuciones científicas como verdades absolutas. Cuando el materialismo dialectico se convierte en dogma y la lucha de clases en doctrina, se pierde el azimut histórico, situación que favorece las desviaciones político-ideológicas que tarde o temprano desembocan en terrorismo, en el exterminio masivo de la población como el perpetrado  por los jemeres rojos de Pol Pot en Kampuchea, en los crímenes cometidos durante el estalinismo y en las purgas internas en la izquierda salvadoreña(Ralph Sprenkels, La guerra como controversia, pag.78). Aunque la política y la religión mantienen una relación simbiótica histórica, no significa que Carlos Marx sea el Mesías, Salvador del mundo material, ni Federico Engels uno de los siete Arcángeles del marxismo ni Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, el apóstol San Pablo.

El “virus del fanatismo político-religioso” parasita, ahí, donde el culto a la personalidad sustituye el debate político, donde la mistificación de héroes incólumes es el germen de mitos y leyendas, donde los lideres fallecidos se declaran solemnemente “santos” de la revolución (canonización de Lenin), donde los juicios sumarios(Roque Dalton) y el asesinato de correligionarios (Bucharin), suplantan la lucha ideológica.

El “misticismo revolucionario” deriva inevitablemente en la fe ciega en la dirigencia, en una actitud devota e irreflexiva; una vez alcanzado este estado de deformación ideológica, la vida y la muerte se confunden tras el oscuro velo del fanatismo. Este es uno de los grandes peligros que corren las organizaciones político-militares o partidos políticos, al confundir la conciencia social revolucionaria con “la mística y el misticismo revolucionario”.

domingo, 9 de noviembre de 2014

¿To be online or not to be?

Estimado lector, si usted es ducho en la materia, no piense que despotricaré aquí en contra de la tecnología moderna o que desparramaré estiércol con ventilador sobre la generación digital híper cibernética del siglo XXI o que levantaré el dedo inquisitorio contra las comunidades virtuales. No es esa mi intención. Me referiré única y exclusivamente a tres vicios que surgen como consecuencia de la creación de las redes sociales: La bazofia-, la anonimidad-y la adicción virtual.

Entre la “bazofia virtual”, que no es lo mismo que el correo basura o spam, y la anonimidad del usuario, existe una relación concomitante. El anonimato condiciona y potencia la “capacidad productora” de porquería virtual del usuario. A diferencia de los desechos del proceso de transformación de insumos en la economía agrícola e industrial, la bazofia virtual es generada por los propios usuarios y ésta es evacuada por lo general compulsivamente de manera visual y/o escrita.

El hombre como ente social tiene la necesidad innata de relacionarse con sus semejantes y de comunicar. La comunicación digital acelera el proceso de comunicación entre los individuos, a tal punto que en cosa de segundos con solo apretar un botón se puede contactar simultáneamente a varias personas en diferentes partes del mundo. Internet transformó virtualmente el planeta tierra en una “aldea global”, término utilizado por el filósofo canadiense Herbert Marshall McLuhan, en su libro “La Galaxia de Gutenberg”, para explicar metafóricamente el efecto emocional que tiene la “comunicación virtual” en las personas que, activa o pasivamente, intervienen en el proceso informativo.

Con la irrupción en 1997 de la red social (Six Degrees of separation) cambió radicalmente el universo de las comunicaciones virtuales interpersonales de nuevo tipo. A partir de ahí, el número de comunidades virtuales abiertas se multiplicó vertiginosamente hasta llegar a Facebook, YouTube, Google, Twitter y otras. Sin duda alguna FB es la que más usuarios atrae y su popularidad es por el momento indiscutible.

¿Face to face or Facebook?

“El hábito no hace al monje”, reza el dicho popular que es más viejo que internet y todo el boom digital de los últimos años y no estaría mal que los usuarios de las redes globales tuviéramos el hábito de repetirlo cada vez que nos conectamos a la red, de lo contrario corremos el riesgo de caer tontamente en una trampa visual, corroborando de esta manera el principio de Herbert Marshall McLuhan: “Somos lo que vemos”.

Es importante saber que el hábito a la red actúa sobre las estructuras neuronales del mismo modo que cualquier droga química o biológica conocida. La “adicción a lo virtual” también tiene consecuencias graves mediatas e inmediatas y lamentablemente éstas no son virtuales: Depresión, aislamiento social, miedos y pérdida del control. Dado que la habituación es un proceso neurofisiológico hormonal de acostumbramiento a la exposición a un estímulo cualquiera, y ésta no está sujeta a mecanismos de autocontrol. Esto quiere decir, que una vez “enganchados en la red” perdemos el control del tiempo y del espacio; pareciéndonos lo más natural del mundo navegar horas enteras en el inmenso océano del internet. Alcanzado este punto de adicción, el proceso neurofisiológico de habituación-sensibilización se convierte en un círculo vicioso. La reacción-respuesta frente a la exposición al mismo estímulo refuerza el mecanismo de dependencia y a la vez disminuye la capacidad de autodefensa. En el momento en que el cibernauta se encuentra ya atrapado en las invisibles hebras de la red, éste pierde el control sobre “la herramienta” y se transforma, independientemente del grado de su cultura o incultura, en un esclavo de la misma; cumpliéndose así el segundo principio de Marshall: “Formamos nuestras herramientas y luego éstas nos (de─) forman”.

Las relaciones sociales que surgen a través de las redes sociales reales, tales como los clubes deportivos, centros culturales y artísticos, grupos de trabajo, etc., por ser reales, es decir face to face (contacto directo), son sin duda alguna más integrales y más sanas, porque actúan holísticamente en el desarrollo natural de la personalidad y del comportamiento social, sobre todo en los niños y en los jóvenes.

Troll, el enmascarado cibernético.

La anonimidad en la red global se presta para la difamación, la perfidia, las perversiones sexuales, la discriminación sexual, étnica y de género, el racismo, la enajenación social, el pasotismo, el fanatismo político y religioso, la holgazanería, la violencia verbal, la falsedad, la trampa, el chantaje, la mentira y hasta el crimen, es decir, para dar rienda suelta a todas las bajas pasiones propias del ser humano, por tanto no es extraño que muchos jóvenes usuarios sufran de soledad, depresión y angustia, tres de los estresores más dañinos para el organismo humano.
Pero el anonimato también tiene sus ventajas, y la principal de ellas está íntimamente relacionada a los aspectos de seguridad personal, tanto para lo “bueno” como para lo “malo”. Por lo general, resulta fácil detectar las intenciones del “Troll”, a partir de la forma y del contenido de su participación en el foro. Aunque algunas veces los comentarios de un Troll pueden brillar y tener el color del oro, éstos suelen ser vacuos y disgregantes.

¿Cómo evitar el contacto con el excremento virtual?

Felizmente, las redes sociales virtuales abiertas ofrecen muchas opciones para evitar untarse con las evacuaciones compulsivas de algún cibernauta con verborrea. Una de ellas consiste en bloquear al defecador de turno o suspender la suscripción. También existe la posibilidad de navegar cómodamente en aguas conocidas y familiares, es decir, en redes sociales cerradas.

¿To be online or not to be?! That is not the question!


Nada tengo en contra de lo moderno y pienso que las “herramientas” que produce el homo sapiens deberían ser instrumentos en función de algo útil para la sociedad, jamás un fin en sí mismo. Lo más importante, al menos para mí, es saber por qué y para qué estoy conectado a internet. Las redes sociales virtuales no son cárceles de alta seguridad. Son simplemente un medio rápido y útil de comunicación. Pero muchas veces olvidamos que tanto el ingreso (o salida) a una red social es un acto voluntario. 

sábado, 25 de octubre de 2014

¿Borrón y cuenta nueva?

Que nos olvidemos del pasado nos exigen los politicastros y los ideólogos del sistema de la derecha. Desde lo alto de un púlpito nos sermonea un religioso conspicuo, sugiriéndonos el olvido benevolente de las cosas horripilantes que en El Salvador sucedieron, pues de buenos cristianos es el perdonar a quien nos ha torturado, respetar las tablas de la Ley y aceptar sumisos el status quo vigente. Nos piden hacer tabula rasa, que borremos de nuestras memorias sesenta años del siglo pasado, como si la historia de El Salvador se hubiera detenido el 31 de diciembre de 1931 y continuado recién el 16 de enero de 1992. ¿Borrón y cuenta nueva?, en los tiempos en que por razones de Estado tenemos que olvidar el pasado, obligándonos nosotros mismos a perdernos en las arenas movedizas de la amnesia institucional y de la amnistía constitucional decretada; no olvidar no es aclamar rencor ni venganza, sino simplemente reclamar justicia.

Cuando los apologetas de la concordia y la reconciliación de las clases sociales escuchan esto, saltan enfurecidos de sus cómodas poltronas arguyendo con espuma en la boca, que ya aburrimos con el mismo pregón de antaño y que más daño hacemos a la Patria insistiendo en hechos que ocurrieron hace muchos años.

Pero vayamos despacio, puesto que la historia contemporánea de El Salvador no es un evento de fútbol donde hay que cambiar rápido de partido “porque aquí no ha pasado nada”, como estilaba comentar los encuentros sin goles un locutor deportivo de la radio YSKL, allá por los sesenta del siglo veinte. ¿A cuenta de qué?, si la gran oligarquía viene imponiéndonos desde hace más de 100 años sus ritmos, tiempos y contrapuntos, independientemente del color que tenga el gobierno de turno. ¿Quién se beneficia con el silencio de los corderos de Dios?

Las leyes, cuando favorecen y garantizan los derechos universales del ser humano deben ser promocionadas y defendidas. No así, cuando éstas definitivamente no apoyan sustancialmente al desarrollo de las sociedades. La ley de amnistía general para la consolidación de la paz del 20 de marzo de 1993, también conocida como ley de reconciliación nacional, es un nítido ejemplo de ellas, porque hay una serie de crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto armado (1970-1991) que todavía siguen impunes como es el caso del poeta Roque Dalton, asesinado el 10 de mayo de 1975 por la dirección del entonces Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), el de Monseñor Oscar Arnulfo Romero en 1980, el de las hermanas Serrano Cruz en 1982 y el de los sacerdotes Jesuitas en 1989.

Es menester recordar y tener en cuenta, para no perder la cordura, que la derogación de leyes constitucionales antipopulares y antidemocráticas no es una cuestión políticamente fácil en ningún país del mundo, sobre todo cuando la ley cuestionada protege los intereses individuales y/o colectivos de grupos de poder fáctico. La ley de amnistía general para la consolidación de la paz del 20 de marzo de 1993, protege en primera instancia a aquellos miembros y ex miembros de las fuerzas armadas implicados en crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Ahora bien, pregunto yo, ¿tiene el pueblo que hacer mutis por el foro y fomentar la amnesia colectiva impuesta por razones de estado y la Santa Iglesia? Creo que ningún ciudadano en su sano juicio cuestionaría la importancia de un compromiso social justo y sostenible que contribuya al desarrollo de la sociedad, pero RECONCILIACIÓN NACIONAL no debe entenderse como el fin de la lucha de clases ni mucho menos como impunidad para los crímenes de lesa humanidad. Por eso, cuando los políticos de izquierda y de derecha alzan la voz inquisidora, sugiriendo que los salvadoreños debemos hacer borrón y cuenta nueva con nuestra historia contemporánea, hay que recordarles siempre que el “borrón y cuenta nueva” sólo vale en los cuadernos de matemáticas, no así en la conciencia y en la memoria histórica de los pueblos.


Las “locas de la Plaza de Mayo”, comentó Eduardo Galeano en algún momento, son un ejemplo de salud mental para la humanidad, porque ellas se negaron a olvidar ─ a las víctimas de la dictadura argentina ─ en los tiempos de la amnesia obligatoria. Y aún siguen preguntando: ¿Dónde están?