domingo, 15 de julio de 2018

Recordando a Eladio Gonzáles, Chocolate


Recordando a Eladio Gonzáles, Chocolate


En la década de los sesenta del siglo pasado existió en San Salvador un célebre payaso que llevaba por nombre artístico Chocolate. Por lo general, cuando se es niño uno no se pregunta, sí el artista en cuestión tiene nombre de pila y apellido, mucho menos reflexiona acerca de los porqués del seudónimo. Ahora, 58 años más tarde, recordando a Eladio Gonzáles, Chocolate, se me antoja pensar que, a Eladio en su niñez, el heladio que más le gustaba era precisamente el de chocolate, y en barquillo. Aunque en realidad, probablemente fue la gente que le puso ese sobrenombre por el color achocolatado de su rostro. En la idiosincrasia del salvadoreño los apodos son el aderezo en las comunicaciones sociales. Uno conoce a los amigos y enemigos más bien por el mote que por su nombre de bautismo.  Recuerdo a un amigo de la infancia a quien llamábamos “Pijuyo[1]” por el tinte negro carbón de su piel. Cuando la pandilla de niños que éramos, íbamos a su casa a buscarle para jugar al futbol o beisbol, su madre enfadada salía a sermonearnos que su hijo tenía nombre propio. Una vez que nos había puesto a parir, gritaba desde la puerta: ¡” Pijuyo”, te busca “Cariño”, “Kike Cabra” y “Caramelo”!  La gente en mi país de origen es muy creativa en poner apodos.

El Circo Chocolate era itinerante, pero netamente salvadoreño. Era un circo pobre en el que la variedad del programa también lo era, ya que Chocolate, quien al mismo tiempo era artista múltiple y dueño, tenía que desempeñar varios roles: desde vender las entradas, director de escena, musico, malabarista y desde luego payaso.  

En aquellos días se podía jugar por las tardes o por las noches Mica[2] o Escondelero[3] en plena calle, sin temor a ser atropellado por un vehículo ligero o pesado. Jugando “Mica” la mejor entre las niñas era mi hermana menor, a quien por su rapidez en las piernas era muy difícil atraparla. Entonces, sucedía que cuando llegaba el circo Chocolate al barrio, en la 20 avenida norte no había niño ni niña jugando en la calle. Todos estábamos presenciando el espectáculo circense de Chocolate.

Chocolate no podía competir con los circos itinerantes de la talla del colombiano “Royal Dumbar” o el de los hermanos mexicanos Atayde que de vez en cuando llegaban al país. Obviamente, de mejor calidad, con más varieté y por supuesto, mucho más caro.  Así que para los niños, jóvenes y adultos de la Colonia La Rábida sin muchos recursos económicos, Chocolate era siempre una atracción y una opción económicamente cómoda para los padres de familia.

Sobre todo, lo que más le gustaba a mi cuadrilla eran los porros del colombiano José María Peñaranda que cantaba Chocolate. Flipábamos con estas canciones, que  por lo general, estaban escritas con  “doble sentido”, algunas de ellas eran tan explícitamente sexistas, como la Inyección, cuyo texto habla de una muchacha que sufría del corazón y para curar ese mal, Peñaranda le receta una inyección. “¿Quién me la pone?”  – pregunta preocupada la niña. “No te preocupes mi hijita, esa te la pongo yo – responde José María”.  Una clara alusión al acto sexual.

El circo se instalaba en un predio baldío en el pasaje Pinto y 20 avenida norte. Los niños siempre nos las arreglábamos para ver el espectáculo de manera gratis. Una vez iniciada la función nos metíamos debajo de la carpa y así, como que no quiere la cosa, en pocos minutos nos encontrábamos sentados en las bancas. Como mi hermanita era tan rápida como Speedy González, ella era una de las primeras en entrar al circo sin pagar. Según ella, nuestro padre ignoraba las visitas ilícitas al circo. Él nunca nos prohibió ir al circo, más bien se divertía en silencio escuchando nuestras mentirillas y excusas. 

Un día de tantos, regresa mi hermana a casa feliz y sonriente entonado   la Panadera de Peñaranda. “¿De dónde vienes?” – preguntó mi padre, poniendo cara de Juan Vendémela Laconserva[4].
“De hacer los deberes donde Gladys” –respondió ella y siguió cantando.
“Y también estaba con ustedes “Teresa la panadera” haciendo las tareas” – ripostó mi papá, dejando entrever una pícara sonrisa.

Nunca se me ocurrió preguntarle a mi hermana si sabía de lo que iba el texto de la canción. En cualquier caso, nunca escuché a mi hermana cantar con tanto gusto y salero las canciones que aprendió escuchando al payaso. No se sí todavía las recuerda, pero yo, como sí hubiera sido ayer.

Gracias, Chocolate, in memoriam, por haber hecho reír a carcajadas a tantos niños pobres y por repartir tanta alegría por tan poco dinero.


[1] Pijuyo: Pájaro de plumaje negro carbón. Crotophaga sulcirostris.
[2] Mica: Juego que consiste en que un niño o niña debe perseguir y tocar a los demás para pasarles la mica, al que lo toque ese será el nuevo que andará la mica y deberá perseguir a los demás.
[3] Escondelero. Jugar a las escondidas
[4] Poner cara de incrédulo o de tonto

domingo, 8 de julio de 2018

Hablar del fútbol “europeo” es una verdadera gansada


Hablar del fútbol “europeo” es una verdadera gansada


Todavía tengo grabadas las imágenes del histórico partido Alemania-Inglaterra en el mundial del 66 del siglo pasado; así como la violenta entrada de Joao Morais, el defensa portugués, al “Rey del futbol”:  Edson Orantes Do Nascimento, Pelé. Luego, vino México 70 y Brasil dedicó al mundo del balompié, el 21 de junio en el Estadio Azteca la Tercera Sinfonía futbolística Jules Rimet en Sol Mayor, lo más excelso y elegante que mis ojos habían contemplado en una cancha de fútbol hasta ese momento. Esa obra maestra futbolística, interpretada por doctos en el arte de acariciar el balón como si se tratara de un Stradivarius y de meter goles como si de una batería de Katiuskas se tratara, fue el producto de la mejor escuadra brasileña de fútbol, según mi opinión, de todos los tiempos. 

Casi medio siglo después de aquel fabuloso concierto en el Estadio Azteca, confieso que casi me quedé dormido en el sofá presenciando el futbol tipo “armario IKEA” de los ingleses y los suecos esta tarde de julio. Pero, según el dicho, en cuestión de gustos no hay nada escrito, y para mi vecina, quien ni es inglesa ni sueca, este partido soporífico le pareció uno de los mejores en lo que va del campeonato.

Más allá de la interpretación personal del futbol que se tenga, coloreada muchas veces por las banderas y los sentimientos patrióticos que un partido de futbol pueda generar o de los conocimientos técnicos futbolísticos que se dominen, está el hecho concreto que el deporte en general y el futbol en particular, se han transformado en una moderna y lucrativa industria.

Sí en 1970 todos los integrantes del equipo brasileño que jugaron el torneo pertenecían a equipos nacionales, en 2018 todos, los jugadores con excepción de Fagner, que Tite, el entrenador de la Canarinha, envío a la cancha, están fichados actualmente por clubes europeos. Cuando Argentina quedó campeón en 1978 solamente Mario Kempes formaba parte de la plantilla de un equipo extranjero (Valencia CF/España). Por el contrario, en este campeonato de los 21 jugadores argentinos convocados por Jorge Sampaoli, solamente 4 jugadores juegan en Argentina.

La balanza futbolística entre Europa y Latinoamérica a nivel de campeonatos mundiales desde 1930 hasta 2018 se inclina sin lugar a duda, a favor de Europa. Este hecho no se debe a que el fútbol “europeo” sea mejor que el otro, sino más bien, así lo veo yo, a que en Europa está concentrado el poder económico-financiero. No solo es la técnica, la táctica, la condición física y ni siquiera la política lo que determina hoy en día la superioridad futbolística de una u otra nación. En gran medida es el capital y la mercadotecnia.   Los europeos tienen la supraestructura y la infraestructura necesarias para hacer del fútbol élite un producto altamente rentable.

Los futbolistas actuales son empleados altamente cualificados de una empresa que bien puede llamarse Federación de Fútbol XYZ o Barcelona FC, Real Madrid, PSG o Manchester United, tal como lo es un ingeniero electrónico o un ingeniero industrial extranjero en Mercedes Benz, FIAT o Peugeot.

Ahora bien, efectivamente el mejor fútbol en su conjunto es el europeo, porque ahí está concentrada la Crème de la Crème del fútbol mundial, porque en un momento de la globalización del capitalismo, Europa sedujo con los euros a los mejores futbolistas, y a padres de muchos niños y jóvenes talentosos.

Por eso me parece, que hablar de fútbol “europeo” es una verdadera gansada.

viernes, 11 de mayo de 2018

La pelea del siglo: What’s App y Facebook versus el sentido común


 “La pregunta es lo que nos impulsa” (Trinity, en Matrix) 



Según el evangelio de San Juan (20:24-29), el apóstol Tomás, en un momento aciago, dudó de las palabras de los otros apóstoles, cuando éstos le contaron que habían visto a Jesús redivivo. No creeré hasta que no meta mis dedos en el lugar de los clavos, respondió categórico el incrédulo Tomás.

Desde aquellos días del imperio romano hasta nuestra época del capitalismo globalizado, el dicho popular de “Ver para creer” expresa desconfianza y recelo a todo aquello que no percibimos con nuestro propio sentido de la vista. Aunque en la actualidad está científicamente comprobado que la realidad no es todo lo que vemos, todavía hay mucho ingenuo que solo se fía en lo que ve.

El miedo, la fantasía, el afán de lograr fama y lucro son, por lo general, el material básico con que se elaboran las historias más inverosímiles en todas las culturas. Así han surgido las leyendas de Big Foot, Yeti, Ameranthropoides loysi, Loch Ness y otras más.

Un caso curioso que mantuvo ocupada por un tiempo a la ciencia y a la psicología a principios del siglo XX fue el famoso caballo alemán “Juan, el inteligente” (Hans der Kluge) el que, según su dueño, sabía aritmética y poseía otras facultades intelectuales, como decir la hora o el día de la semana, por supuesto no con relinchos ni con lenguaje humano, sino con coces. Y efectivamente, el cuadrúpedo Juan, “sabía” sumar, restar y multiplicar.  Tanto fue el alboroto en torno al corcel que se formó una comisión de expertos, entre ellos el psicólogo experimental Oskar Pfungst, para observar el fenómeno y poner a prueba las aptitudes matemáticas de Juan, el caballo inteligente.

Finalmente, Oskar Pfungst develó el misterio de la bestia inteligente. Detrás de todo estaban las consecuencias directas de un fenómeno, hasta ese momento desconocido por la psicología experimental, al que Pfungst bautizó como el efecto “Clever Hans”, que consiste en la posibilidad de contaminación involuntaria por parte del experimentador de los resultados en un experimento cualquiera mediante gestos, tonos de voz y lenguaje corporal.  

A pesar de haberse demostrado científicamente que Juan no sabía nada de aritmética, su dueño, Wilhelm von Osten, un profesor de matemáticas y entrenador de caballos, siguió mostrándolo a grandes y chicos. Ahora bien, aunque Juan no dominaba ninguna de las técnicas culturales de los humanos que se le atribuían, tan burro no era, pues había que tener algo de “inteligencia” para interpretar correctamente el estado anímico de su dueño y su comunicación verbal y no verbal. Entre Wilhelm von Osten y su caballo, el más inteligente era obviamente von Osten, quien continuó cautivando a incautos con su potro superdotado y por supuesto, ganando mucho dinero con el espectáculo circense. 

Estos ejemplos mencionados son solo una pequeña muestra de cómo la mente del ser humano se ha visto expuesta, desde tiempos remotos, a ser manipulada de manera directa o subliminal, análoga o digitalmente por individuos, grupos de personas, agencias de mercadotecnia, partidos políticos o servicios de inteligencia estatales, ya sea para alcanzar un fin religioso, cultural, comercial, político, ideológico o para hacer reír, o simplemente para tomarle el pelo a la gente.

La posibilidad de “ser tomado por tonto” es proporcional a la cantidad y calidad de la información recibida. Entre más refinado sea el engaño y entre más gente propague el bulo, mayor será la probabilidad de proliferación.  Nadie se escapa de caer en algún momento en las trampas digitales que abundan en la red. Así como en el mundo de las comunicaciones digitales modernas existe lo que se conoce como “filtro spam”, todos los seres humanos adultos poseemos un “filtro” natural basado en la experiencia individual y colectiva conocido como el sentido común.  Pero hay que tener siempre presente, que el sentido común, en primer lugar, no es un sentido sensorial estrictamente hablando y, en segundo lugar, no sustituye, en ningún caso, el análisis crítico e integral de los acontecimientos en la sociedad. Es decir, que el sentido común no es un vademécum para resolver todas las vicisitudes de la vida, pero si puede servir, cuando se utiliza de manera racional, como herramienta rudimentaria para juzgar las cosas que suceden en el entorno social y familiar.

Sin embargo, pareciera ser que a medida que la humanidad se adentra en la selva digital del siglo XXI, el “sentido común” se va convirtiendo en el menos común de los sentidos. Según el reporte 2017 de We are social y Hootsuite un 37 % de la población mundial (2.789 millones de usuarios) utilizó para la comunicación interpersonal vía internet las plataformas sociales Facebook, FB Messenger, What’ App, You Tube entre otras.   

¿Quién domina el mundo digital?

En la película Matrix de los hermanos Wachoswki son las máquinas las que gobiernan el mundo y en Ready Player One de Steven Spielberg es la virtualidad de Oasis la que marca la pauta.
Ahora bien, hablando en sentido figurado, no es equivocado afirmar que, en la actualidad, gran parte de la población mundial está siendo dominada por las maquinas. No es extraño ver en el bus o en el tranvía a un adulto mayor leyendo los mensajes de What’s App o en casa mirando la tele y al mismo tiempo el display del IPhone. Y, ¿qué decir de la juventud moderna con sus consolas de juegos cibernéticos?

No pongo en duda la importancia y necesidad del desarrollo de los sistemas digitales. La digitalización es necesaria para el desarrollo de la ciencia, la técnica y la tecnología, aparte de ser una variable importante en la industria, el comercio y la educación. Es casi imposible imaginar el futuro del ser humano exento de la electrónica digital.  El problema no es la digitalización de la sociedad moderna en sí. Más bien radica en el abuso y manipulación que hace el usuario de ella en el mainstream mediático.

Soy de la opinión que, si los usuarios de la red utilizáramos un poco más el sentido común y nos planteáramos tres preguntas esenciales: ¿Qué quiero saber? ¿Qué objetivos persigue el mensaje? ¿Qué hacer con la información?, evitaríamos así, la propagación viral de mensajes basura de carácter sexista, racista y xenófobo y la divulgación de información manipulada, es decir, los llamados fake news.

Pero todo parece indicar, según las estadísticas, que la pelea del siglo entre el sentido común versus What’ App y Facebook la está perdiendo por puntos, sin lugar a duda, el sentido común.

La derrota del sentido común es lenta, pero segura. Más no pierdo la esperanza que en un futuro cercano salgan al mercado nuevos dispositivos electrónicos con nuevos algoritmos que permitan configurar individualmente diferentes tipos de filtración de ripio digital.  

¿No piensa usted , estimado lector, que sería una buena solución?  


jueves, 8 de marzo de 2018

¿Cómo sería el mundo con más hijos de Buda y con menos hijos de puta?


¿Cómo sería el mundo con más hijos de Buda y con menos hijos de puta?

“Imagine there's no heaven, It's easy if you try. No hell below us. Above us only skyImagine all the people living for today”. John Lennon


Las virtudes y los vicios, entendidas como lucha de contrarios,  han ocupado la mente de los hombres desde sus orígenes. Es un tema omnipresente en la historia de la filosofía y de la teología. La interpretación religiosa cristiana del bien (virtud) y del pecado (vicio) es seguramente la más fácil de entender.  Los vicios tienen su origen en el mal, personificados éstos, según el teólogo alemán del siglo XVI Peter Binsfeld, por diferentes demonios, como, por ejemplo: Lucifer(soberbia) y Leviatán(envidia).

Según la exégesis bíblica, la lucha entre el bien y el mal  comenzó muy temprano. Incluso mucho antes que el Creador formara al hombre soplando un puñado de tierra. Y, por lo visto, el mal  ha ganado casi todos los enfrentamientos.  

Para Bernardo Mandeville, filósofo holandés (1670–1733), los vicios en el hombre son los que han contribuido al desarrollo de las sociedades hasta nuestros días, es decir, la era del capitalismo total.  La hermenéutica dialéctica de los vicios del hombre en la filosofía de Mandeville, obviamente es más compleja y difícil de comprender, y de aceptar como válida.  

Siguiendo la lógica de Mandeville, habría que deducir que la creación, sin la existencia del mal, no hubiera tenido sentido alguno, puesto que todo hubiera seguido igual en el Paraíso. Ni Adán ni Eva hubieran tenido necesidad de trabajar para vivir. Todo se les hubiera dado por voluntad divina. No hubieran sido capaces de hacer ni siquiera un surco en la tierra para sembrar una semilla de trigo. No hubiera sido necesario domesticar los animales. Hubieran andado desnudos y descalzos todo el tiempo.  Es decir, la agricultura, la ganadería, la orfebrería, la artesanía, la metalurgia, las ciencias y el arte no se hubieran desarrollado, pues no hubiera sido necesario. Incluso la religión no hubiera tenido sentido, puesto que el hombre no hubiera tenido necesidad de buscar la redención del pecado.

Pero más allá de la discusión inútil acerca de la Creación del mundo y del hombre, Mandeville llegó a la conclusión, después de un análisis profundo psico-sociológico de la sociedad, que la riqueza de una nación tiene su fuente de desarrollo en los vicios del hombre y no en sus virtudes.

Para Bernardo  Mandeville una gran nación, rica y poderosa, no es posible sin  la participación estelar de villanos, bribones y ladrones de guante blanco y de los de pacotilla. Hacer un gran panal con gente honrada, es decir, sin vicios, es un esfuerzo en vano. Es una Utopía. Este pensamiento quedó diáfanamente plasmado en el poema “El panal rumoroso” o” La redención de los bribones”, publicado de manera anónima en Inglaterra en 1705.

El poema causó tal impacto en la sociedad que tanto la Iglesia como la intelectualidad reaccionaron como avispas alborotadas por el cinismo provocador de Mandeville. Sin embargo, Bernardo  Mandeville consideró que su poema había sido mal interpretado. Él no había escrito ni una sátira acerca de la virtud y la moral ni tampoco una apología de los vicios en la sociedad.  A tal punto, que se vio obligado a dar explicaciones y detallar sus puntos de vista. Para ello amplió el texto original con tratados y ensayos que integraron la obra conocida como: “La fábula de las abejas” o “Vicios privados, beneficios públicos”.

La importancia teórica del pensamiento de Bernardo Mandeville radica fundamentalmente en el campo de la economía-política, y solo tangencialmente con las doctrinas religiosas y los dogmas de las Iglesias.   Mandeville  fue el primero en defender sistemáticamente la teoría del laissez-faire, la evolución espontánea de las sociedades y del mercado; y fue el primero en establecer por primera vez la teoría de la división del trabajo.

Si para Carlos Marx y Federico Engels la lucha de clases era el motor de desarrollo de las sociedades, para Bernardo Mandeville, filósofo escéptico y liberal, médico y economista, el “motor” de la sociedad eran las bajas pasiones. Dicho en sus palabras: “Lo que en este mundo llamamos el mal, tanto el moral como el natural, es el gran principio que nos convierte en criaturas sociales, la base firme, la vida y el puntal de todas las industrias y ocupaciones, sin excepción; aquí reside el verdadero origen de todas las artes y ciencias y, a partir del momento en que el mal cesara, la sociedad decaería necesariamente, si es que no perece completamente.”   

Así como Platón defendía la existencia de la esclavitud, Mandeville justificaba la existencia del trabajador pobre, inculto y sin escuela.  Al mismo tiempo, rechazaba la visión aristotélica de la sociedad, en la cual el bien humano, las  virtudes y la caballerosidad (símbolo de la nobleza y bondad), la justicia social, la amistad y la prudencia, eran la materia prima para construir la sociedad y el estado.  

Mientras Carlos Marx, como filosofo materialista y político, veía la necesidad de transformar la realidad por medio de una revolución social que rompiera de raíz el poder absoluto de la burguesía sobre los medios de producción, el estado y la ideología, Mandeville planteaba que al hombre hay que asumirlo como es y no como debería de ser. Es decir, había que mantener el status quo. Para él, el hombre, tal como lo conocemos, es un animal que no se deja “domesticar” (las comillas son mías) y cuyo único objetivo en sociedad es satisfacer y saciar sus instintos, sin considerar el bien o el mal que puedan ocasionar al prójimo.

Si bien es cierto, que la enajenación y alienación del hombre, como sujeto social, están íntimamente ligadas a la división del trabajo y a la propiedad privada de los medios de producción, hay que reconocer que esos estados emocionales y/o psicológicos  no desaparecen automáticamente con la extinción de la división del trabajo y la propiedad privada.

Reconociendo que resulta difícil estar en desacuerdo con Bernardo Mandeville en muchos aspectos de sus postulados, no comparto con él su pensamiento  escéptico y determinista, así como su  fijación por el lujo y la sociedad de mercado. Pienso que sí es posible educar  el espíritu y la mente del hombre de manera holística. La humanización del hombre es posible.

Bernardo Mandeville como muchos pensadores del pasado y del presente, fue anti religioso y pensaba que la porción más inteligente y educada de la nación era en todos los sitios del mundo la menos religiosa y, por otra parte, la gente más ignorante de la sociedad era la más devota.

Ahora bien,  si de lo que se trata en la vida  es de cambiar dialécticamente la naturaleza animal que llevamos dentro, de manera tal, que nuestra relación con nosotros mismos,  nuestros semejantes y el hábitat en que vivimos sea lo más humana-e inteligentemente  posible, además de abolir la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo del hombre por el hombre, entonces tendríamos que conocer mejor nuestra mente, nuestro espíritu, nuestras capacidades y  nuestras limitaciones. Pienso que a lo mejor el camino que siguió Siddhartha Gautama, más conocido como Buda, sea  una posibilidad para humanizar  la humanidad. Entendiendo el budismo, claro está, no como una religión, sino más bien como una ciencia para el espíritu, tal cual lo afirma el Dalai Lama.

En este sentido y rebatiendo a Bernardo Mandeville me pregunto: ¿Cómo sería el mundo con más hijos de Buda y con menos hijos de puta?


domingo, 10 de diciembre de 2017

El Salvador: ¿Una sociedad violenta o violentada?

El Salvador: ¿Una sociedad violenta o violentada?


Dada la complejidad, diversidad, universalidad e interpretación del fenómeno social conocido como violencia, resulta casi imposible encontrar una definición científica con validez general. Tampoco hay una teoría general y una teoría especial de la violencia. Por el contrario, existen muchas teorías que explican la violencia en la sociedad. Por esta razón, los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se limitan a tipificar la violencia en tres categorías, de acuerdo con el autor del acto violento. Violencia personal, violencia interpersonal y violencia colectiva.

Entonces, sí se asume como cierto el carácter universal de la violencia, hay que concluir que no existe sociedad alguna en el mundo que esté exenta de violencia. En algunas hay más suicidios que en otras, y en otras, sobresale la violencia colectiva.

La existencia de la violencia interpersonal y colectiva en la vida cotidiana de la sociedad salvadoreña es un hecho concreto e irrefutable. El Salvador es uno de los países del mundo, después de Honduras, con la tasa de criminalidad más alta. Para entender y comprender el fenómeno de la “violencia salvadoreña” es necesario escarbar en la historia contemporánea de El Salvador. Solamente así, se puede explicar el origen de la guerra revolucionaria o guerra civil de fines del siglo pasado y la genealogía de las bandas criminales. Esto quiere decir, que la violencia en la actualidad no es una consecuencia directa de la guerra civil ni tampoco puede explicarse únicamente con la existencia de las pandillas criminales, conocidas como las maras[1]. Pienso que la causa principal de la violencia colectiva sigue siendo el sistema socioeconómico injusto y excluyente que reina en El Salvador desde la década de los veinte del siglo pasado –para no irnos más lejos en el tiempo–, agravado y polarizado al extremo en los últimos 25 años, eso sí, con el auge y la expansión territorial de las bandas delictivas.

¿Somos los salvadoreños más violentos que el resto de los habitantes del planeta?  ¿Somos los primeros en sacar el cuchillo? ¿Existe en “el salvadoreño” una predisposición a la violencia?
En primer lugar, la violencia no es una impronta que se hereda vía ADN. Los matones de barrio, las pandillas juveniles, las bandas criminales, el narcotráfico, el crimen organizado y la violencia de género existen en todas partes del mundo, incluso en aquellos países en los que supuestamente reina la paz y la concordia.
Definitivamente, no somos un pueblo violento ni por naturaleza ni por aptitud, sino más bien, diría yo, que nuestra sociedad está más condicionada y/o acostumbrada a la violencia interpersonal y colectiva. Es decir, que los salvadoreños hemos aprendido a vivir en un clima de alta tensión y polarización social.  De ahí, que una de las características principales de la idiosincrasia salvadoreña, independientemente de la procedencia social y el poder adquisitivo que se tenga, es la de estar en vigilia permanente y siempre alerta al peligro. El “salvadoreño” tiene la fama de ser: abuzado, chispa, águila, avispado, buzo, vivo y trucho[2].
Sí este prejuicio fuera cierto, todas las guanacas y todos los guanacos[3] deberíamos de considerarnos, en cierta medida, una mara[4] de 6 millones de “salvatruchos y salvatruchas”, es decir, una MS-6.106. Afortunadamente eso no es así.

Ahora bien, esto, que a primera vista podría parecer como una cualidad muy meritoria, a la larga se convierte en un factor altamente estresante, el cual afecta en mayor o menor medida la salud mental de la población. Se tenga o no conciencia de esta situación, es inevitable que los grados de afección psíquico emocional   aumenten proporcionalmente al número de “medidas de seguridad” que se toman para salir a la calle, independientemente si esta conducta es consciente, intuitiva o instintiva. Esto significa, que el “chequeo y auto chequeo” se han internalizado a tal punto, que éstos forman parte ya de una conducta de vida. Más grave aún, cuando se supone que se está viviendo en un clima que, aunque no es de paz plena tampoco es de guerra y, además, en un marco político de reconciliación social y democracia.

En El Salvador, tanto el rico como el pobre tiene que “estar ojo al Cristo”, es decir muy atento, pues a la vuelta de la esquina puede estar esperándolo La Pelona[5].

¿Es El Salvador una sociedad violenta o violentada?

Creo poder opinar con fundamento al respecto, dado que, como salvadoreño, he vivido y conocido la violencia muy de cerca. Pienso que la única medida preventiva y curativa para erradicar el cáncer de la violencia organizada en el país es generar más cultura, más progreso y más fuentes de trabajo. En definitiva, garantizar el desarrollo integral de todos los ciudadanos.

Desde 1932 –año de la insurrección  campesina – hasta la actualidad, los niveles y grados de violencia han ido en aumento constantemente. Es decir, que tenemos 85 años de convivir con la violencia colectiva y con la experiencia de haber vivido una guerra civil, hecho que de por sí, hace más compleja la problemática.

Me he referido en esta nota de manera explícita solo a la violencia colectiva, por ser esta la que con más frecuencia aparece en los medios de comunicación y es la que está detrás de las cifras estadísticas, aunque sé que la violencia interpersonal, sea ésta de género, sexual o familiar también afecta gravemente la salud psíquica de la víctima y su entorno, con el agravante que ésta se lleva a cabo a la sombra y en secreto.  Sí bien es cierto que la mayoría de los actos violentos en la sociedad son cometidos por hombres, pienso que es un error “penelizar” los actos de violencia. La violencia, venga de donde venga, hay que denunciarla, juzgarla y penalizarla.

Por último, yo diría que somos más bien una sociedad impregnada de violencia, en la que la muerte por actos violentos, cuando no es la de algún familiar cercano o lejano o la de algún amigo íntimo ya no nos afecta.  

Nos hemos habituado a vivir con la muerte, que no es lo mismo que aceptar la muerte.





[1] Marasalvatrucha(MS-13) y Barrio 18 (M-18)
[2] Adjetivos calificativos: Listo, vivo, alerta, precavido, perspicaz, de ingenio agudo
[3] Guanaco: salvadoreño
[4] Mara: Un grupo de amigos, conocidos o compañeros; conglomerado de gente
[5] La muerte

sábado, 4 de noviembre de 2017

¡Acata, Cataluña!

¡Acata, Cataluña!

La voz lúgubre del fantasma de Francisco Franco


Que Mariano Rajoy sea gallego como lo fue Francisco Franco, es probablemente una mera coincidencia; pero lo que definitivamente no es casual, es el hedor putrefacto del franquismo que se respira al interior del Partido Popular(PP), sucedáneo de la extinta Alianza Popular, y vaya con las similitudes, fundada por Manuel Fraga, ¡otro gallego!

Pero no piensen los lectores que pretendo hacer un silogismo aristotélico con lo expresado anteriormente y concluir con un razonamiento categórico, afirmando que todos los gallegos y todas las gallegas son hombres y mujeres de derechas.  Definitivamente que no es así. Así como hay gallos y gallas[1] en Chile que aplaudieron al dictador, la mayoría de la “gallá[2]votó por el “No” en 1988. Y Pinoshit tuvo que dejar el poder a regañadientes.

Por otra parte, cualquier comparación de Mariano Rajoy con el dictador Francisco Franco sería hiperbólica, puesto que Franco jugó en otro equipo y en la liga de las dictaduras más tenebrosas y crueles del siglo XX. Si de parangones se tratara, probablemente sea Pinoshit el personaje más lúgubre y macabro en la historia de la edad contemporánea comparable a Francisco Franco. Ambos, militares de carrera, fueron continuadores de la ideología político-militar más brutal y reaccionaria del Gran Capital y de la gran burguesía internacional conocida como fascismo.  En este sentido, tanto Franco como Pinoshit junto a Hitler y Mussolini pueden considerarse como los cuatro jinetes apocalípticos que en su gran cruzada contra el comunismo sembraron guerras, hambre, enfermedades y muerte.

Mientras la gran parte de la clase política de centro derecha de Alemania, Italia y Chile logró con el tiempo sacudirse –más o menos– de la ideología fascista de las dictaduras, en España, empero, todavía se siente el hálito de Francisco Franco en todo lo concerniente al concepto de nación española y al poder de Madrid.  Esto quedó evidenciado en el 2005, cuando el Partido Popular se opuso a las reformas del estatuto de autonomía de Cataluña de 1979 que el parlamento catalán había aprobado por mayoría. A pesar de la oposición del PP, el nuevo estatuto fue sometido a un referendo en el año 2006, siendo este aprobado por la mayoría de los votantes. 

Pero Mariano Rajoy y el Partido Popular, no reconocieron la voluntad de los catalanes, recurrieron de inmediato al Tribunal Constitucional pretendiendo lograr la anulación de 114 artículos de los 223 del Estatuto de Autonomía de Cataluña 2006, es decir, más del 50% de los mismos.

Finalmente, el 28 de junio del 2010 el Tribunal Constitucional dictaminó sentencia, avalando la mayor parte de los estatutos, y al mismo tiempo anulando 14 artículos. Esto significó un duro revés para los catalanes, quienes pretendían, entre otras, legalizar el carácter preferente de la lengua catalana(Art.6) en la comunidad, además de lograr contar con un Poder Judicial autónomo(Art.97), así como la ampliación de sus competencias en asuntos fiscales (Art.206 y 218).

Fue en este marco político, muy caldeado por lo demás, que se fue gestando el referéndum de independencia y autodeterminación de Cataluña, convocado por la Generalitat de Cataluña y suspendido por el Tribunal Constitucional el 7 de septiembre de 2017. Finalmente, el referéndum se llevó a cabo de manera ilegal el 1 de octubre de 2017.  Los resultados demostraron que solamente un 43 % de la población votante participó en el mismo.

Pero independientemente de la validez o de la interpretación de los resultados, el hecho es que Mariano Rajoy, por miopía política o tozudez, desoyó las advertencias parlamentarias de los partidos de la oposición, contribuyendo con su letargia política a la escalación del conflicto entre la Generalitat y el gobierno central.

Mariano Rajoy, al reducir el conflicto con Cataluña a un problema meramente jurídico, ha recurrido a la fuerza pública para hacer cumplir lo establecido en la constitución. Esto, que desde el punto de vista jurídico es legal y correcto, políticamente es un error estratégico gravísimo, puesto que el conflicto entre Cataluña y el Estado Español, muy antiguo por lo demás y a decir del filósofo Ortega y Gasset sin solución alguna, va más allá de la complejidad de los estatutos, derechos, obligaciones   y atribuciones de cada una de las gobernaciones autónomas en relación con el poder central del estado español.  Puesto que, tratándose de un problema POLÍTICO, con raíces histórico-culturales complejas, la solución debe ser política. Esto quiere decir, que tarde o temprano se tendrá que revisar concienzudamente la constitución de 1978, así como los estatutos de las autonomías, y finalmente, plantearse seriamente la federalización del estado español. Para esto se requiere necesariamente del dialogo y la negociación de todas las fuerzas políticas en juego.

Ahora bien, por el momento el clima político en Cataluña está polarizado y en estas circunstancias la decisión del gobierno de Rajoy de aplicar el artículo 155 de la constitución bien puede entenderse en Cataluña  como una orden militar: ¡Acata, Cataluña!

Es obvio, que estas drásticas medidas provocaran una reacción radical y furibunda en una parte de la ciudadanía catalana, lo cual no contribuirá a resolver pacíficamente el problema. Más allá de la inviabilidad de la República de Cataluña, soberana e independiente en el marco de la Comunidad Europa y de la futura Europa que se está construyendo, no será por la vía manu militari que se pondrá fin a las aspiraciones independentistas y separatistas de los catalanes, sino precisamente todo lo contrario.


[1] Gallo o Galla: Chilenismo, persona de sexo masculino o femenino
[2] Gallá: Conjunto de personas

jueves, 5 de octubre de 2017

El harakiri político del Partido Comunista Ruso Bolchevique

El harakiri político del Partido Comunista Ruso Bolchevique

Auge, apogeo y caída de un proyecto histórico


Hace cien años, entre el 24 y 25 de octubre de 1917, la revolución bolchevique conmocionó al mundo entero y el fantasma del comunismo presagiado por Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista se convirtió en una alternativa real al poderío y dominio de las grandes burguesías nacionales y del gran capital industrial.  

El siglo XX, bien podría catalogarse –desde el punto de vista político e ideológico marxista– como la centuria de las revoluciones sociales y socialistas, o bien, el siglo de la experimentación in vivo de diferentes vías de desarrollo al comunismo.

No creo exagerar al afirmar que el siglo veinte fue el gran laboratorio del Manifiesto Comunista a nivel político-ideológico, social y económico.

El nacimiento de un mundo nuevo fue anunciado en el lugar menos esperado por los pensadores marxistas de la época. La Rusia Zarista, el “eslabón más débil” de la cadena imperialista, a decir de Vladimir Ilich Lenin, fue la primera nación en el planeta tierra en la que un grupo extremadamente pequeño de revolucionarios marxistas tomó el poder político-militar por la fuerza. Con la caída de la monarquía zarista y el establecimiento de un gobierno dirigido por el partido comunista bolchevique, comenzó en Rusia el proyecto histórico de la transición del feudalismo al comunismo.

En la construcción del socialismo y del comunismo, también llamado “comunismo científico”, actuaron variables dependientes e independientes de todo tipo, como en cualquier experimento de campo, las que influyeron en mayor o menor medida en el devenir de la nueva sociedad soviética. Uno de los factores externos que más influyó en los primeros años de la revolución fue el “cordón estratégico político-económico y diplomático-militar” tendido a la revolución de octubre –algo similar al bloqueo actual contra Cuba Socialista–  que culminó con la invasión nacionalsocialista de la Wehrmacht hitleriana en 1941 (Operación Barbarroja).

A pesar de todas las vicisitudes y obstáculos que tuvo que enfrentar la revolución bolchevique, el gobierno soviético cumplió con las condiciones materiales necesarias para alcanzar la liberación real de los hombres, según la teoría de Marx y Engels, como son el aseguramiento pleno de comida, educación, salud, bebida, vivienda y ropa de adecuada calidad y en suficiente cantidad.

En el VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia celebrado en Moscú entre el 22 al 29 de diciembre de 1920, Lenin, en su informe general dijo entre otras cosas, lo siguiente: “El comunismo es el Poder soviético más la electrificación de todo el país. Sólo cuando el país esté electrificado, cuando la industria, la agricultura y el transporte descansen sobre la base técnica de la gran industria moderna, solo entonces venceremos definitivamente….Para cumplir el plan de electrificación…tal vez necesitamos un plazo de diez o veinte años…Mas es preciso saber y recordar que no se puede realizar la electrificación teniendo analfabetos…Además de saber leer y escribir, es preciso que los trabajadores sean educados, conscientes e instruidos; es preciso que la mayoría de los campesinos tenga una noción concreta de las tareas planteadas”.

El Partido Comunista Bolchevique fue capaz de sacar a la sociedad rusa, heredada de la monarquía zarista, del feudalismo, del analfabetismo, del atraso industrial y transformarla en una sociedad altamente desarrollada en un período relativamente corto. Este es uno de los grandes méritos y logros del partido comunista. El otro, es haber derrotado al fascismo alemán durante la Gran Guerra Patria.

Resumiendo: A pesar de todos los logros sociales, económicos, industriales y científicos alcanzados por la revolución soviética socialista, estos no fueron suficientes para dar el salto de calidad del feudalismo al comunismo. Tampoco fue por falta de voluntad ni de esfuerzo ni del sacrificio de los revolucionarios ni del pueblo trabajador que el proyecto comunista fracasara.

¿Por qué fracasó entonces?

Esencialmente, porque: „Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización”. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política de Carlos Marx, 1859.  

Por otra parte, Federico Engels, también expresó claramente en su ensayo “Principios del Comunismo”, 1847, que la revolución comunista en un solo país no era posible: “La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal”.

El Capital, dijo Carlos Marx en el Manifiesto Comunista, “es un producto colectivo; no puede ser puesto en movimiento sino por la actividad conjunta de muchos miembros de la sociedad y, en última instancia, solo por la actividad conjunta de todos los miembros de la sociedad. En consecuencia, si el capital es transformado en propiedad colectiva, perteneciente a todos los miembros de la sociedad, no es la propiedad personal la que se transforma en propiedad social. Solo cambia el carácter social de la propiedad. Esta pierde su carácter de clase.”

Con la disolución de la Unión Soviética en 1991, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) fue desplazado del poder político, económico y militar, y, en consecuencia, la propiedad de el “Capital” de la sociedad soviética, que hasta ese momento era de carácter social y estaba administrado por el PCUS, pasó a manos de la vieja y nueva burguesía soviética. El derrumbe del “socialismo real soviético” o, dicho en otras palabras, la derrota del “capitalismo de Estado y de Partido”, trajo también consigo, por una parte, el surgimiento de una nueva clase social dominante compuesta por antiguos funcionarios del estado soviético y por dirigentes del PCUS, y por otra, la apertura al gran capital industrial y financiero internacional. En cierto sentido, el fracaso de la Unión Soviética también es el éxito de la contrarrevolución burguesa soviética y de la burguesía financiera internacional. No obstante, hay que señalar al PCUS como el principal responsable del fracaso del proyecto revolucionario socialista y de la involución de la economía al capitalismo burgués y transnacional.

El principio del fin

Las revoluciones sociales, así como todos los procesos dinámicos en los que interviene la mano y la mente del hombre, la probabilidad y posibilidad de cometer errores forman parte del proceso dialéctico de desarrollo. Sin embargo, la resolución: “Acerca de la Unidad del partido”, aprobada por mayoría (de los 400 delegados, 25 votaron en contra y 3 abstenciones) en el X-Congreso del partido celebrado en Moscú del 8 al 16 de marzo de 1921, puede considerarse, a la luz de todo lo ocurrido a partir de esa fecha hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991, como el craso error estratégico o el harakiri político del partido comunista ruso bolchevique (PCR(B) [El dilema de Lenin ]. 

El proyecto de resolución estuvo rodeado de circunstancias (o factores externos e internos) particulares que, a decir de Lenin, ponían en peligro la unidad del partido y, por ende, a la continuidad de la dictadura del proletariado.  Es decir, que para Lenin y el sector duro de los Bolcheviques, decir “Dictadura del Proletariado” equivalía a decir Partido Comunista Bolchevique.

Sin entrar en mayores detalles ni en los pormenores de la lucha ideológica del partido bolchevique, cabe resaltar un detalle importantísimo: La existencia de fracciones políticas al interior del partido era legitima y aceptada por toda la membresía, al menos oficialmente, hasta marzo de 1921.  

La iniciativa, o propuesta de resolución, fue planteada precisamente por Lenin, quien siempre estuvo abierto, en particular al dialogo, la discusión, el compromiso y la negociación y, en general, a la lucha ideológica. La resolución que bien pudo entenderse en su momento como una maniobra de Lenin para aislar a las fracciones conocidas como “Oposición Obrera” y “Centralistas Democráticos”, al fin y al cabo, actuó al interior del partido como un bozal.

Anecdótico resulta el hecho que todo el Comité Central del partido votó a favor de la resolución, incluyendo al mismo Trotski y a Karl Radek, quien al principio de los debates tuvo una posición crítica frente a la resolución y fue el único que presagió en su momento el advenimiento de un dictador.  

El Marxismo-Leninismo según Stalin

A nivel político - ideológico, Stalin hizo lo mismo que Paulo de Tarso con Jesús de Nazaret y convirtió a Lenin, post mortem,  en un santo; y a sí mismo, en su legítimo y verdadero sucesor [La canonización de Lenin]. Además, se inventó el “marxismo-leninismo” como la “única ideología marxista” verdadera.   Luego, no conforme con esa primera medida, Stalin comenzó su cruzada de exterminio y neutralización de los “enemigos de la revolución”, es decir, a todos aquellos líderes políticos que divergieran de su línea política e ideológica, utilizando métodos poco dialécticos, al mejor estilo de Tomás de Torquemada, durante los años de la Santa Inquisición. El vil asesinato de León Trotski a manos del catalán Jaime Ramón Mercader del Río es el mejor ejemplo de la forma en que Stalin entendía la lucha ideológica.  Así, de esa forma, pasaron por la hoguera estalinista, además de Trotski, Bujarin [Koba, para qué necesitaste mi muerte], Kamenev, Zinoviev y cientos de miles  de comunistas, tanto de izquierdas como de derechas.

El “marxismo-leninismo” de Stalin, tal y cual él lo entendió y lo aplicó con mano dura, fue la exégesis religiosa de la concepción dialéctica y materialista de Carlos Marx y Federico Engels. A partir de ahí, el materialismo dialéctico e histórico, dejó de ser una “guía” para la práctica revolucionaria y se convirtió en catequismo. 

¿Murió el estalinismo con la muerte de Stalin en 1953?

Para los apologetas del “marxismo-leninismo” estaliniano, el periodo histórico comprendido entre la muerte de Lenin en 1924 hasta la celebración del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956, estuvo caracterizado por el culto a la personalidad de José Stalin. Incluso algunos comunistas modernos –tengan ellos conciencia o no de su neo estalinismo– se atreven a afirmar que el término “estalinismo” es un invento propagandístico del Gran Capital y la burguesía financiera imperialista. 

Nikita Khrushchev, quien conoció muy de cerca a Stalin, reconoció en su “Informe Secreto” al XX Congreso del PCUS el 25 de febrero de 1956, que el “culto a la personalidad” socavó los principios democráticos del partido comunista y de la sociedad soviética. Pero Nikita se quedó corto en su crítica al reducir todos los errores cometidos al problema del “culto a la personalidad de Stalin”, en cuanto a que la veneración al líder comunista no fue lo único que causó tanto miedo y terror en la sociedad soviética y sobre todo al interior del partido comunista, sino que fueron principalmente los métodos de subordinación política partidaria, persecución, tortura y muerte utilizados por Stalin y sus seguidores, entre ellos, Genrich Jagoda y Lavrenti Beria.  

En este sentido, el estalinismo es una desviación teórica y práctica del materialismo dialéctico e histórico. Es decir, que el estalinismo hay que considerarlo como una enfermedad viral de los partidos comunistas o agrupaciones “marxistas-leninistas”, que afecta, así como la rabia en los animales y en los humanos, todo el sistema nervioso central, políticamente hablando el Comité Central y otros órganos de decisión, y cuya letalidad es cercana al cien por ciento. Por lo tanto, si Nikita Kruschev pensó en 1956 que, “muerto el perro se acaba la rabia”, estaba muy equivocado.

Conclusión

Sin duda alguna, existió en el mundo un antes y un después del triunfo de la revolución bolchevique en 1917. El auge de la Unión Soviética tensó las fuerzas político-sociales a escala mundial e intensificó la lucha de clase a nivel internacional. La Unión Soviética demostró que sí era posible romper el nudo gordiano de las relaciones de explotación y dependencia de una clase social sobre otra. En este sentido, la Unión Soviética fue un buen ejemplo para los pueblos de otras naciones sometidas y subyugadas por las burguesías y oligarquías nacionales. Tal fue el impacto provocado por la revolución bolchevique que muchos creyeron ver en el horizonte, las cruces del panteón de la historia en el que el proletariado enterraría al capitalismo.

La tragedia de la revolución bolchevique de octubre de 1917, según mi opinión, no fue el triste final en diciembre de 1991. La verdadera tragedia de la revolución ocurrió 70 años atrás, cuando Lenin, el líder máximo de la revolución y el Comité Central aprobaron la resolución “Acerca de la Unidad del partido”.  Ahí quedó guardada in sécula seculórum y bajo sello, la única “vacuna” efectiva contra el estalinismo o cualquier desviación totalitaria: La lucha ideológica y la libertad de expresión, dialéctica y abierta, al interior del partido en cualquier tiempo que sea, sobre todo en tiempos de crisis y/o de guerra.

El Parlamento ruso, convertido en un gigantesco cuadrilátero, fue el escenario en el que Mijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin se enfrentaron el 25 de diciembre de 1991 como dos pesos pesados de la política soviética. Gorbachov, secretario general del partido comunista, cayó en la lona a causa del fulminante y trapero gancho de derecha al hígado que le propició Boris en el momento menos esperado, sin comprender lo que acontecía a su alrededor. 

Efectivamente, la contrarrevolución había triunfado. Sin embargo, la suerte de la Unión Soviética ya estaba echada independiente de quien fuera el perdedor o ganador.

Por suerte, y eso abriga esperanzas, la lucha de clases no es una contienda boxística.

La lucha continua….