martes, 19 de septiembre de 2017

De musas y escaramuzas

De musas y escaramuzas

Puro Carburo[1] pipil[2]


Cuenta la historia que más de algún semental cristiano por romper un himen se metió en tremendo lio,
Muy peligroso es remojar el chilillo[3] y luego pregonar el hecho a los cuatro vientos con el orgullo henchido
Lo mejor es navegar por los siete mares con bandera de pendejo[4] y no pavonear de guapo ni engreído
Yo puse cara de casto y puro en mi boda, siguiendo las recomendaciones de Himeneo, el hijo de mi tía Clío.

Cantando una ranchera montuna en lugar de un falsete, un gallo me salió al galope,
Si montando una yegua baya iba al mejor estilo cow boy allá por Atecozol[5]
Ah malaya la suerte mía, pues lo único que logré fue lastimarme un coyol[6].
Así comprendí bisoño que no nací pa’cantante.  Lo mío lo tengo, dicen algunos, por la gracia de Calíope.

Conocí hace décadas en el Puerto de La Libertad[7] una moza joven y hermosa. Dijo que era andaluza.
Era muy placentera, de piel alabastrina, delicada y fina, bailando rumba flamenca parecía una sierpe,
De ella aprendí muchas cosas, entre otras, a jugar el tenis, aunque no tenía la calidad de la Muguruza
Maestra virtuosa como era, soplaba de todo: pitos, tubas y los flautines de carrizo, así como lo hacía Euterpe.

En Mesoamérica se acostumbraba en mis años mozos a dar serenatas con calor o con frio.
Allí, bajo el balcón se juntaban los mariachis, si es que había bastante pisto[8] y si no, pues tocaba un trio.
Y cuando el suegro era prosaico y rudo, te gritaba furioso: ¡Hijodeseiscientasmilputas deja en paz a Irene!
Aunque un trovador enamorado no se inmuta, pues el canto lo lleva en la sangre como Melpómene.

En el carnaval de La Habana bailé Casino con una mulata color canela nacida en Camagüey,
En Santiago de Cuba me inventé un guaguancó[9] guanaco[10],  danzando con Rosalía quien era tremendo mamey
Y no me vengan con lo de Fania All Stars y todo el rollo con Oscar De León, que el bárbaro del ritmo fue Beny Moré
Así me pasé la juventud, bailando mambo, rock and roll, guaracha y merengue de la mano de Terpsícore.

Y ya que las musas dicen que no hay mus, finiquito aquí esta salsa de carburo, recordando aquella joven huraña
que hizo teatro infantil conmigo, a lo mejor era Talía disfrazada, pues la obra se transmitió por televisión.
Por el éter celeste nadan las ondas electromagnéticas y nada mejor que Celeste Mendoza para animar un fiestón.
De astros y constelaciones aprendí mucho en el colegio, como no iba a ser, si mi compañera se llamaba Urania.

Solo me quedan dos que no he nombrado, pues, al fin y al cabo, esto ERATO do lo que tenía en el cacumen
La otra musa huérfana y pobre quedó, pues no encontré palabra elegante que rimara con POLIMNIA
Dicen que mentir a veces conviene, pero acusar a todos los moros de terroristas eso ya es calumnia.
Aquí tienen pues, a las musas griegas, hijas de Zeus y Mnemósine. Nueve son, en resumen.  


[1] Hablar carburo: Hablar tonterías
[2] Pipil: Se dice del indígena precolombino, descendiente directo de los aztecas, que habitaba en el occidente de El Salvador.
[3] Chilillo: Tallo deshojado de arbusto, Verga de toro.
[4] Pendejo: Tonto, inocente
[5] Atecozol: Balneario en el departamento occidental de Sonsonate/El Salvador.
[6] Coyol: Fruto de una variedad de palmera. Testículo.
[7] El Puerto de La Libertad es uno de los centros turísticos más populares de El Salvador debido a la cercanía con la capital del país.
[8] Pisto: Dinero
[9] Guaguancó: Variedad de rumba cubana
[10] Guanaco: De origen salvadoreño. 

sábado, 26 de agosto de 2017

Bailando entre querubines


Bailando entre querubines


Dedicado a “Katxito”



Rema remo en el mar de la fantasía hasta encontrar la rima alegre que calce con Katxa

Aquella joven encinta que un día de estío bailó descalza ritmos exóticos en un Txoco[1] de la montaña

Cargando en su vientre un catxito de luz de Aldebarán sin saber que la melodía era  un cha-cha-cha   

Y ya me diréis, vosotras madres universales, si traer vida al mundo no es una gran hazaña.



Ahí estaban los niños, cantando en silencio, tal coro de querubines, la llegada de otro querube

Cita de ángeles fortuita en un anfiteatro al aire libre transformado en gigante y hermosa ventana

Cielo azul añil como el de la tierra mía, infinito techo límpido como el cristal y sin ninguna nube

Los Castellets sonriendo, mostrando sus dientes de serrucho, y  allá, a lo lejos, altivo,  el Puig Campana.



Así se formó el guateque en tierras donde hay mosquitos grandes   que no provocan el dengue

Malos bichos llamados tigres, chupa sangres tropicales,  dípteros molestosos causantes del chikungunya

Entonces, para evitar que nos picaran, bailamos rumba, salsa y merengue

Declaramos  así la guerra al Aedes. Solo nos faltó bailar de Benny More su Mata Siguaraya.



Ya cité a uno de ellos, si averiguáis donde se esconden los otros nenes, os daré de premio un beso

Y aunque no soy guajiro que cultiva el monte, se chapearlo[2] como un burro y sin descanso

Solo me falta nombrar a tres, al profeta y al que la hizo de Dr. Zhivago en mis años mozos

Y , por último, la que robó a Harry Bellafonte y se largó a Venezuela. Pucha que niños más hermosos.



No he nombrado a los adultos, aunque sin ellos no habría niños, y la vida sería fría como la horchata

El buen tacto y la sensibilidad son ingredientes que no deben faltar en el convivir y en la danza

El son es Afrocubano y creedme  lo que aquí afirmo: No hay mejor dieta para que no crezca la panza

Que la rumba,  merengue o guaguancó y si queréis estimular las hormonas, pues ahí tenéis  la bachata. 



[1] Txoco: rincón en euskera
[2] Chapear: desbrozar

sábado, 22 de julio de 2017

El complejo universo de las relaciones sociales

El complejo universo de las relaciones sociales

Recordando al Gordo Regalado y a Foncho Rico

Motivado por un mensaje corto recibido vía WhatsApp, en el cual se me transmitía la nueva dimensión del ser y estar de un amigo común, entré expedito a la aplicación Facebook Messenger, para felicitarlo por el ingreso al Club de los Abuelos Chochos. Su respuesta llegó tan rápida como la luz. Y así, gracias a la tecnología digital del siglo XXI, mi amigo y yo pudimos mantener una corta conversación de voz y video.  Él en New Jersey y yo en la precordillera de la Selva Negra.

Mi viejo amigo y yo teníamos décadas de no vernos las caras, los contornos, en fin, todo aquello material, corruptible que merma con el implacable pasar del tiempo. Ni él ni yo podíamos ocultar las huellas de la vida vivida en nuestros cuerpos. Solo su mirada seguía siendo la misma, esa que siempre transmitió alegría, confianza y respeto. Viéndolo hablar pausadamente, así como hablan los hombres cuando se ponen mayores, pude constatar que él siempre habló así, es decir, como un hombre maduro.

Los bayuncos[1] y jodarrias[2] en la adolescencia temprana y madura fuimos otros. Foncho Rico era uno de los más talentosos en la materia y yo nunca me quedé atrás. Nuestro amigo, el bueno de Sancho Panza, nuestro querido Gordo Regalado nos aguantaba y toleraba todo con la paciencia infinita que solo los abuelos pueden tener con sus nietos.

Solo fueron dos o tres minutos lo que duró la conversación, pero toda una vida pasó por mi mente. Comprendí entonces la sutil diferencia entre viejos amigos, amigos viejos y viejos conocidos que nunca llegaron a ser verdaderos amigos.

Pensando en el Gordo y el Flaco, la famosa pareja dispareja de cómicos del cine mudo de los años veinte del siglo pasado, llegué a la conclusión que la amistad es una categoría especial en el complejo universo de las relaciones sociales y que los mejores dúos, tríos, cuartetos o quintetos son aquellos en los que las cualidades, virtudes y características individuales   de cada uno de los integrantes se suman y se complementan dialécticamente. 

En los tiempos de la guerra revolucionaria en el paisito que me vio nacer, entre guindas[3] y tareas político-militares, aprovechaba el tiempo lucubrando ideas y pensamientos acerca de las relaciones sociales del hombre en sociedad. Pensaba entonces – y sigo pensando–  que la amistad, la verdadera, es el resultado final de un proceso dialéctico de desarrollo social entre los humanos. Cuando los hombres interactúan, establecen para bien o para mal, relaciones sociales con características particulares.

Las relaciones pueden ser parciales, integrales, armónicas o discrepantes, siendo común a todas, la capacidad y voluntad de dar y recibir de los sujetos en cuestión; es decir, la asunción tácita de una “win-win situation” o del principio económico de quid pro quo.  Definía entonces el término de Relación Integral, en aquellos días de paz en la guerra, como la relación social, en la cual convergen intereses comunes tales como la satisfacción de necesidades materiales, emocionales, deportivas, culturales, adicciones, utopías, planes de vida, conceptos de vida o visiones del mundo.

Así como no es posible ser hombre en la soledad absoluta, tampoco es posible alcanzar la armonía absoluta. Sin embargo, la construcción de las relaciones interpersonales solamente puede darse en convivencia, aunque ésta lleve consigo los problemas propios al compartir el espacio-tiempo con otras personas.   

La armonía relativa no implica necesariamente ausencia de contradicciones en el dinámico mundo de las relaciones sociales. Puesto que siendo las relaciones entre los humanos uno de los procesos sociales más complejos existentes, las contradicciones forman parte de la dialéctica misma del desarrollo de las relaciones sociales. Y esa realidad no debería asustarnos ni sorprendernos.  Ahora bien, una relación social no puede llamarse integral cuando existe en alguno de sus niveles (sexual, político, social, ideológico, intelectual, económico, religioso, personal, etc.)  una contradicción antagónica o también en el caso cuando no reine un equilibrio ponderado, es decir, donde la asimetría en la relación es tal, que la balanza tiende a inclinarse permanentemente hacia un lado.

Por otra parte, una relación de amistad que no sea integral o que no sepa resolver las contradicciones secundarias o terciarias a tiempo, está condenada, inevitablemente, a desaparecer. Por el contrario, toda relación integral con capacidad cognitiva y emocional para resolver los conflictos, es decir, tener la valentía de decir lo siento o pedir perdón, tiene todas las probabilidades y posibilidades de desarrollarse y mantenerse viva en el tiempo-espacio. En todo caso no está demás reiterar que la amistad – la verdadera– presupone simpatía, empatía, solidaridad, sinceridad, transparencia, honestidad, respeto y cariño mutuo, y, además, una porción XXL de paciencia, aceptación y tolerancia.

Por eso no es de extrañar, que en el camino vayan quedando atrás amistades que no germinaron y se marchitaron con el correr del tiempo. De esta manera, vamos dejando atrás a vecinos que creíamos amigos y a viejos conocidos que creíamos amigos y a viejos amigos que creíamos amigos, no pocas veces con lágrimas en los ojos y tristeza en el corazón. Algunas amistades experimentan con los años, meses, semanas e incluso días, su punto de ruptura . Pero así es la vida y nadie se muere por eso.

La amistad, entendida ésta como una dimensión especial de las relaciones sociales, no puede ni debe ser forzada ni someterse a reglas o reglamentos pre establecidos por las partes en cuestión. En este sentido, mis amigos son como árboles gigantes que han ido creciendo libres en el sendero común recorrido, sin corsés ni ataduras ni condiciones ni expectativas de ninguna clase.

Y ahí están, mis queridos viejos amigos de aquí y de allá, embelleciendo mi jardín. Y por ahí y por allá están brotando nuevas buganvilias y nuevos almendros valencianos.  



[1] Bayunco: Jocoso, quien hace payasadas o bufonadas
[2] Jodarria: Chacoteros
[3] Guinda: Retirada de fuerzas vivas y población civil durante una ofensiva militar enemiga

miércoles, 5 de abril de 2017

San Salvador en los años del Rock and Roll

San Salvador en los años del Rock and Roll


“Sometimes i get to feeling, i was back in the old days, long ago. When we were kids when we were young things seemed so perfect, you know” Queen

La primera vez que vi bailar rock and roll en vivo y en directo todavía no cumplía los 7 años. No fue, como podría suponerse, en una fiesta, en el cine o en la televisión, sino que en la propia casa de Tuco y Tico. ¿Alguien recuerda a esa pareja de bailarines? No sé si serían hermanos o simplemente fueron dos buenos cheros – amigos –; pero bailando parecían gemelos. El  sentido del ritmo y de la música rocanrolera les corría por las venas.  

“The days were endless, we were crazy we were young, the sun was always shining we just lived for fun”

Tuco y Tico eran famosos en el barrio Candelaria. Vivían al frente de la casa de mi abuela, situada a unos metros del cuartel antiguo de la Guardia Nacional en la calle Modelo.  En realidad la casa no era ni de mi abuela ni de mi tío, ellos vivían de alquiler. Tener casa en aquellos días era un lujo asiático. ¿Pero de quien eran esas casas? , me pregunto yo ahora.  Era una casa grande, estilo español con un jardín al centro y muchas plantas tropicales, y, además, con agua potable y luz eléctrica. El jardín me fascinaba. Era mi “selva privada”. Ahí entre los helechos gigantes y los “Pies de León”, me pasaba las horas jugando con mi camioncito de tolva, abriendo hoyos y construyendo carreteras de fantasía hasta que escuchaba la voz de un niño exclamando en el parlante: “See you later Alligator”. Entonces salía corriendo como Speedy González a ver ensayar los números artísticos de Tuco y Tico. Yo no era el único mocoso que admiraba las piruetas y los pasos de aquellos formidables artistas en ciernes al compás de Bill Haley y sus Cometas.  

“The bad things in life were so few”

En la vecindad se respiraba la pobreza, pero la gente hacía de todo, vendía de todo, se reparaba todo para que en la mesa no faltara la comida.  Claro que también había tacuaches – ladrones de poca monta – en las esquinas, sin embargo, las muertes por homicidio, que sí las hubo, eran pocas– en comparación con la situación actual – que cuando ocurrían, eran noticia de primera plana en los tres periódicos más importantes del país.  En esos días del rock and roll, la única violencia organizada existente era la de la Guardia Nacional, la de la Policía Nacional y la de la Policía de Hacienda. Más tarde entraron al terreno de operaciones la organización paramilitar conocida por sus siglas, ORDEN (Organización Democrática Nacionalista), y la Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (ANSESAL). Estos eran los encargados de mantener la “paz y el orden” heredados de la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez en la década de los 30 y la de vigilar a la “subversión comunista” y, dado el caso, eliminarla físicamente en nombre de la democracia oligárquica cafetalera. Sin embargo, quienes salían de su casa por diversión, por trabajo o simplemente a vagar sin rumbo, estos no lo hacían con el miedo o con el temor a no regresar sanos y salvos.

“Those days are all gone now.”

Como un “Tom Sayer” criollo salía a recorrer mi barrio y los alrededores sin compañía alguna. Mi  “Misisipi” fue el rio Acelhuate. Ahí me divertí lanzándole piedras a los ávidos Zopes – zopilotes–que se peleaban entre sí por las tripas de un cadáver de perro callejero sin pedigrí. Así conocí las calles y los callejones de la Colonia Ferrocarril, las del barrio El Calvario y las de La Vega, lugares donde hoy en día la vida vale menos que un comino. En aquellos días andar a pie, además de ser un buen ejercicio corporal, era también una forma de conocer la capital y por supuesto, un método de ahorro muy efectivo, sobre todo tratándose del bolsillo de un niño comenzando la edad del pavo. Eso sí, había que estar siempre en guardia y muy alerta para detectar a los malandrines. En aquel entonces todavía no existía el crimen organizado y las  “maras antiguas” eran simplemente un grupo de imberbes que trataban de imitar a las bandas juveniles gringas al estilo de “Rebelde sin Causa” o “West   Side Story”. Ni siquiera las “maras antiguas” más agresivas, como la de San Jacinto, la del barrio La Vega, la de Mejicanos, la de Villa Delgado o la del barrio Santa Anita con sus “puntas” (navajas), “manoplas” y “aspirómetros” (cable de acero), ni todas juntas, alcanzaron el grado de criminalidad y letalidad de las actuales.
Los días de la “paz relativa oligárquica” en El Salvador se fueron, sin darnos cuenta, con la guerra civil y el surgimiento de las pandillas criminales y el narcotráfico, así se fue también nuestra infancia, niñez y juventud.   Lo que quedó después fue una tendalada de cadáveres, la rabia amarga y la tristeza profunda. 

“Because these are the days of our lives. They have flown in the swiftness of time. These days are all gone now but some things remain. When I look and I find no change.”

El Salvador del siglo XXI ha cambiado mucho en relación al paisito aquel que me vio nacer y crecer. Hay muchas carreteras nuevas y los centros comerciales al estilo americano crecen como hongos tropicales, pero para alguien que vivió su infancia y adolescencia en lo que hoy en día es el centro de la vorágine de la violencia marera, las cosas poco han cambiado sustancialmente en la nación cuscatleca.
Más no crea, estimado lector, que estas líneas las escribe un melancólico sexagenario que sueña con el pasado y que además lo idealiza. El problema en El Salvador es que, objetivamente, la correlación de fuerzas socio-económicas no está a favor de Juan Pueblo. A él, con tantos malls y high ways, le han colocado un traje de smocking primermundista que le oculta los “cánceres, caspas, shuquedades, llagas, fracturas, tembladeras y tufos”, que hace décadas diagnosticó Roque Dalton en su poema: El salvador será”.  La violencia es solo uno de esos cánceres.   Los “Tom Sawyer” o los “Oliver Twist” son una enfermedad endémica en las sociedades donde reina la injusticia social. En esto El Salvador no ha cambiado mucho; pareciera como si el tiempo se hubiera detenido.

 “Those days are all gone now but one thing is still true. When I look and I find I still love you.”

A pesar de todas las vicisitudes vividas en aquellos años, cuando se estilaba el bucle engominado a lo Elvis Presley, el balance es positivo. Ya no podemos hacer la “caída de la hoja” de Tuco y Tico, pues cualquier intento, atentaría contra la salud. Sin embargo, el recuerdo de San Salvador en los años del Rock and Roll todavía siguen tan fresco y colorido como el “Tutti Frutti” de Ricardito.
Roque Dalton escribió lo siguiente en su poema Todos: “Todos nacimos medios muertos en 1932, sobrevivimos, pero medios vivos.” Y yo diría, parafraseando al poeta, que los salvadoreños renacimos en los 60, crecimos en los 70, nos desarrollamos en los 80   y volvimos a nacer medios muertos en 1992, sobrevivimos, pero medios vivos. ¿Cuándo volveremos a renacer?  


Y aquí me tienen ahora, pues, con una matata – morral– al hombro llena de tiempos y espacios, asumiendo la vejez como un proceso natural, pero todavía rodando optimista por la montaña rusa de la vida, like a Rolling Stone, para que el moho del conformismo, conservadurismo y pasotismo no nos corroa el alma y el pensamiento. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Los dolores que provocan los dólares en El Salvador

Los dolores que provocan los dólares en El Salvador


Hace un par de años tuve la oportunidad de conocer y conversar con una compatriota, originaria del Congo, un cantón del departamento de Santa Ana. Había llegado a Alemania junto con su hijita en el marco de la ayuda humanitaria “Corazón Alemán”, proyecto promovido e impulsado por un catedrático de la Clínica de la Universidad de Friburgo en colaboración con el hospital Benjamín Bloom en San Salvador. La pequeña había sido intervenida quirúrgicamente debido a una enfermedad congénita cardiovascular, sin la cual la esperaba una muerte segura. La intervención a corazón abierto había transcurrido exitosamente y la niña guardaba reposo en la unidad de cuidados intensivos.

Como parte de un grupo de colaboradores hispano parlantes, mi labor en esos momentos era la de traducir, atender a las necesidades de la madre y acompañarla en esos momentos angustiosos, en que La Pelona, consciente de la complejidad de la operación, seguía deambulando en los corredores del hospital de niños esperando llevarse el alma de la cipotía.

Fue precisamente en esa ocasión que constaté que la dolarización oficial de la economía salvadoreña a partir del año 2001 no solamente elevó el índice de coste de vida, sino que también corrompió el lenguaje popular salvadoreño. Tan alto está el costo de la canasta familiar en la actualidad que tener un par de huevos puede costar hasta la vida.  En El Salvador, cuando se es pobre, es decir, cuando no se tiene empleo o no se cuenta con un familiar que subvencione la canasta familiar con periódicas remesas de dólares, los dolores van desde los de cabeza, pasando por los del estómago hasta llegar a los de los pies. Y, ¿qué decir de los indigentes?

¿Cuánto cuesta una pupusa? – pregunté a la joven madre, pensando en el índice Bic Mac.  Un “cora” – respondió, con la fluidez y soltura de alguien que está 100% seguro de lo que está diciendo.  ¿Un qué? – riposté consternado, pues la paisana me había agarrado en curva. El mencionado “cora” resultó ser ni más ni menos que un cuarto de dólar.

Si la pupusa, el plato típico por excelencia en la cultura salvadoreña y, además, el más popular, costaba en ese entonces un “cora”, es decir, 25 centavos de dólar, ¿Cuánto costaría el frijol, el arroz, la leche, el transporte y la vivienda? ¿O una compleja operación a corazón abierto?

La dolarización de la economía salvadoreña, que dicho sea de paso se está transformando en un “socialismo sui generis”, a decir de la dirigencia del FMLN, no ha contribuido hasta la fecha al crecimiento sustancial de la misma. La dependencia de las remesas, principalmente las que llegan de los Estados Unidos, donde  trabaja de manera legal e ilegal más de un millón de salvadoreños, es tal, que cualquier retorcijón de tripas económico provocado por la falta de empleo en los Estados Unidos, o por las medidas anti extranjeros  y proteccionistas que está impulsando la administración de Donald Trump, pueden provocar una churria –diarrea–  macro y micro económica  mucho más complicada y peligrosa que la provocada por la ingestión de pupusas contaminadas con virus  o bacterias.

Medardo González, otrora Comandante Milton de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, una de las organizaciones político-militares más radicales –en sus inicios lucharon y murieron por un socialismo proletario–, y actual secretario general del FMLN, expresó en cierta ocasión que su partido está luchando por un socialismo propio, tan guanaco “como las pupusas de loroco”.  

¡No sé qué le hubiera ocurrido al ex comandante Milton, si en los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado se le hubiera ocurrido postular por ”el socialismo con sabor a pupusa de loroco”! Seguramente lo hubieran descuartizado –ideológicamente hablando– sus mismos camaradas del Comando Central y con sus vísceras hubieran preparado uno de los platos más típicos y populares: Yuca con fritada, el hermano mellizo de las famosas pupusas.

La santaneca y su hija regresaron después de unos días y aunque su visita en estas tierras no tuvo nada que ver con la dolarización ni con las debilidades macroeconómicas nacionales, el encuentro me trajo a la memoria aquellos años, en la década de los 60, en que uno podía hartarse de pupusas con un colón salvadoreño o comprar con un tostón (50 centavos) yuca con chicharrones en el Mercado Central y todavía sobraba para beberse una Pilsener bien helada.

Cada época tiene su propio sello y ya que en la vida todo cambia para bien o para mal, no es extraño que cambie la moneda y su valor. Lo que si llama la atención es que un gobierno que proclama ser de izquierdas y gestor del “socialismo guanaco”, mantenga todavía la ley de integración monetaria impuesta por el partido derechista de ARENA, a pesar del carácter antipopular de la misma. Sin duda alguna, muchas cosas han mejorado en El Salvador, sobre todo en la dimensión política; pero después de la tertulia   meramente anecdótica con la paisana, para mí quedó diáfanamente claro que a nivel socio-económico las cosas han empeorado para los sectores sociales con menor poder adquisitivo.


Escuchando a la joven madre salvadoreña relatar las adversidades que sufren los “tristes más tristes del mundo” en el campo y la ciudad en El Salvador del siglo XXI, percibí los dolores que provocan los dólares, sobre todo cuando no se tiene la cantidad suficiente y necesaria para resolver los problemas económicos del día a día.  

martes, 13 de diciembre de 2016

El destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano

Ahora que Fidel Castro Ruz ha muerto, diez años más tarde de lo que los detractores de la revolución cubana hubieran deseado, las preguntas siguen siendo las mismas: ¿Qué pasará en Cuba?, ¿Se derrumbará la revolución al estilo de la Unión Soviética en 1991?
La burguesía cubana radicada en Miami y los sectores más duros de la política exterior del gobierno de los Estados Unidos todavía albergan la esperanza que algún día no tan lejano, la Habana vuelva a ser lo que fue en el pasado antes de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959:  El centro de operaciones de Charly “Lucky” Luciano, Santo Trafficante Sr., Meyer Lansky y otros mafiosos de poca monta, y el antro de la prostitución.

Obcecados en derrotar a la revolución cubana lo han intentado todo. Absolutamente todo. Empezando por el bloqueo comercial, político y diplomático, pasando por la invasión militar en Bahía de Cochinos hasta conjurar y atentar contra la vida de ciudadanos cubanos con actos terroristas y culminar con los planes de la CIA para asesinar al Comandante en Jefe.
¿Qué ha dejado de hacer la burguesía cubana y el gobierno de los Estados Unidos para derrotar a la revolución cubana?

Nada. Pero ni a las malas ni a las buenas lo han logrado.  No obstante, la amenaza es permanente.  

«No se puede confiar en el imperialismo, pero, ni tantico así», exclamó categórico Ernesto Guevara en 1961 y mucha razón tenía el Che. No se puede confiar en nada y nadie. Ni en los cantos de sirenas neoliberales ni en las Circes socialdemócratas que prometen el vellocino de oro a cambio de olvidar la epopeya del Pico Turquino, que es el símbolo del esfuerzo y la perseverancia de un pueblo por alcanzar su verdadera independencia.  Es el símbolo de la revolución.

 Eso lo sabía Fidel y los que lucharon con él.  Hay que estar siempre alerta, pues el enemigo brutal no duerme. Por esa razón, el jefe de la revolución cubana fue claro y explícito el 17 de noviembre del 2005 en su mensaje a los estudiantes universitarios de la Habana, cuando apeló a la audiencia ahí presente a reflexionar dialécticamente acerca de las siguientes hipótesis: “¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben?  ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben?  Podía añadirles una pregunta de inmediato.  ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse?  (Exclamaciones de: “¡No!”)  ¿Lo han pensado alguna vez?  ¿Lo pensaron en profundidad?”.

Efectivamente, las revoluciones pueden derrumbarse. Incluso la cubana.

Cuba no es la Unión Soviética

En ese mismo discurso Fidel hace un repaso histórico del desarrollo de las ideas de Carlos Marx, Federico Engels y Lenin vistos desde la perspectiva dialéctica del desarrollo de la sociedad. Con sentido crítico comenta Fidel en su discurso que: “Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx”.

También habló Fidel de los errores cometidos en la construcción del socialismo, los propios y los ajenos.  Explícitamente se refirió a los cometidos por los revolucionarios bolcheviques, sin mencionar nombres, pues, al fin y al cabo, a buen entendedor pocas palabras bastan. Pero el avezado lector sabe a quién se refiere.

La afirmación que Cuba no es la Unión Soviética no es antojadiza ni voluntarista. La historia político-económica, social y multicultural de la Unión Soviética es muy diferente a la de Cuba y, por consiguiente, las características particulares de la revolución fidelista – guerra de guerrillas y toma del poder – son únicas y no pueden compararse con los de la revolución de octubre y su posterior desarrollo. Más allá de lo común – ideología, partido único, propiedad social a través del estado de los medios de producción y la aspiración por construir el socialismo – Cuba no es la Unión Soviética.  Cuba es Fidel y además, una isla.  

El fracaso del proyecto histórico “revolución socialista bolchevique” o, dicho en otras palabras, el triunfo de la contrarrevolución burguesa internacional en la Unión Soviética, no se debió solamente a la incapacidad política de las máximas autoridades o al “reformismo” de Mijaíl Gorbachov, sino esencialmente a la acumulación de errores político-económicos e ideológicos al interior del partido comunista soviético a partir de la muerte de Lenin en 1924.  Errores tácticos y estratégicos que no se supieron corregir a tiempo.

Por otra parte, el derrumbe del “modelo soviético de desarrollo al socialismo”, demostró que la teoría marxista, y la leninista acerca del Estado y la Revolución no pueden aplicarse mecánicamente como si se tratara de un recetario de cocina. Tanto la teoría como la experiencia de las revoluciones socialistas son simplemente una guía para la acción revolucionaria, pero no la fórmula mágica para resolver los problemas que genera la lucha de clases a nivel nacional e internacional. Por lo tanto, la aplicación dialéctica de la teoría revolucionaria en los momentos concretos de desarrollo de la lucha de clases no tiene nada que ver con revisionismo político-ideológico, sino más bien con el verdadero quehacer político revolucionario.

¿Cómo evitar un posible derrumbe?

Una de las formas para evitar la involución o reversión de la revolución – así lo postuló Fidel– es la corrección a tiempo de errores en el trabajo de partido y en la administración del estado, la rectificación de tendencias económicas que conducen a modelos de desarrollo capitalistas y la puesta en marcha de medidas adecuadas para evitar la corrupción, el despilfarro, el subterfugio, la mentira, los privilegios y la malversación de los bienes públicos.

Pero, además, Fidel añade en su discurso un elemento esencial en la construcción del socialismo: La ética revolucionaria. Muchos de los abusos de poder, la corrupción y los privilegios derivan de la ausencia de ética revolucionaria y falta de conciencia de clase. Aunque también apostilla que no son solamente problemas derivados de la falta de ética revolucionaria de funcionarios de gobierno y miembros del partido, sino que también son causa y efecto de un problema económico todavía no resuelto.   Fidel está consciente que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene que corresponderse con un desarrollo económico integral del modo de producción socialista. Pero Fidel también deja claro en su discurso lo que él no quiere para Cuba: Un desarrollo capitalista de las relaciones de producción.

Es precisamente en este punto neurálgico sobre el cual dependen y dependerán todos los acuerdos y tratados comerciales bilaterales con los Estados Unidos y la Unión Europea.  Parafraseando a Rosa Luxemburg podría decirse que el dilema de la sociedad cubana en el futuro mediato será elegir entre avanzar hacia la meta socialista o regresar a la barbarie capitalista.  Esta será la encrucijada en los próximos años en Cuba: Socialismo o renunciar a la herencia de Fidel y el Che (El legado de Fidel y el Che). En Cuba la suerte todavía no está echada.


En todo caso, sea cual fuera la opción – revolución o involución – que el pueblo elija, lo que sí quedó bien claro en el discurso del 17 de noviembre del 2005 es que el único sujeto histórico que puede hacer sucumbir la revolución cubana es el pueblo cubano. Es decir, que el destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano y de nadie más.

domingo, 9 de octubre de 2016

Gilipollas, la palabra que lo dice todo

Para mi amigo Emilio –Emiliet per els bons amics– no existe palabra en la lengua española que sintetice todos los atributos negativos que un ciudadano del mundo pueda adquirir a lo largo de su paso por el mundo.  Y yo estoy de acuerdo con él. Se puede ser pasmado, idiota, imbécil, estúpido en ciertos momentos de la vida, incluso algunas veces podemos comportarnos como verdaderos hijos de puta, pero, ser gilipollas es una condición humana que solamente se alcanza faltándole el respeto absoluto a sus semejantes.

Si usted habita, querido lector, en latitudes hispanoparlantes donde este término no forma parte del vocabulario o trompavulario común de la gente se preguntará a lo mejor qué cosas hay que hacer o decir, para ser considerado por los demás como gilipollas.

Pues bien, el paradigma excelso de la gilipollez lo personifica Donald Trump, el candidato a la presidencia de los Estados Unidos.

Donald Trump es gilipollas a más no poder cuando despotrica contra los migrantes en los Estados Unidos, una nación exclusivamente multirracial y multicultural.  Es gilipollas porque olvida que los 224 millones de blancos que viven en los Estados Unidos son de origen europeo, es decir migrantes, – incluyéndole a él y su familia–, es gilipollas porque pasa por alto que el producto interno bruto de la nación más poderosa del planeta lo generan también los afroamericanos, los asiáticos y los millones de latinoamericanos, la mayoría procedente de México. Sin contar en esta estadística la mano de obra barata e ilegal que también aporta su buen tanto a la economía nacional.

Hay que ser muy gilipollas al pensar que la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México resolverá el problema de la inmigración ilegal y el tráfico de drogas. 

Donald Trump es gilipollas al denigrar a las mujeres con comentarios sexistas y machistas en un país donde la población femenina es mayoritaria y es gilipollas al afirmar que el cambio climático es producto de una confabulación china para obtener más cuotas en el mercado internacional.

Ahora bien, hay que diferenciar  entre la calidad de ser un hijo de puta y la de ser un gilipollas. Son variedades distintas del género humano. Tanto es así, que no todos los hijos de puta que habitan el mundo son gilipollas ni tampoco todos los gilipollas son hijos de puta. Aunque hay que admitir la existencia de una variedad híbrida, que bien podría llamarse giliputas. Esto quiere decir, que para triunfar en el mundo moderno no necesariamente hay que ser gilipollas o giliputas, sino que basta con ser un verdadero hijo de puta e ir por el mundo explotando la mano de obra barata para ascender en la jerarquía socio-económica de la sociedad de consumo. Esta variedad de terrícolas–los hijos de puta– es la que Aaron James, profesor de filosofía en la universidad de California, ha desmenuzado en detalle en su libro “La teoría de los hijos de puta” (Assholes – A Theory).


En fin, a Donald Trump, se le pude nombrar de varias formas. Si a usted le apetece, estimado lector, puede nombrarlo “hijo de puta”  o “giliputas” y de antemano le digo que no está equivocado. Soy de la opinión eso sí, que un gilipollas de capirote, como Donald Trump, es además de   vulgar e ignorante, políticamente peligroso.  No obstante, gilipollas es la palabra castiza que define, según mi opinión, la esencia de la personalidad de Donald Trump. Es la palabra que lo dice todo en relación al candidato presidencial norteamericano, aunque usted piense que eso es poco. Créame, no lo es.