martes, 29 de marzo de 2011

La “democromacia” en Alemania

La percepción fisiológica de los colores en los primates, es un fenómeno que tiene lugar cuando la retina es estimulada por las ondas de un haz de luz de diferente longitud o frecuencia o por un rayo de luz monocromático. De esta manera nos es posible diferenciar entre colores cromáticos y acromáticos. Tanto el blanco como el negro, así como toda la variedad de matices grises, pertenecen al grupo acromático, diferenciándose entre ellos solamente por la luminosidad. El resto de los colores forman parte del conjunto cromático del espectro solar, entre los que se distinguen generalmente siete grupos de colores de diferentes longitudes o frecuencias. El rojo es el color con la longitud de onda más larga y con la menor frecuencia. Es decir, que la longitud de onda de la luz determina la tonalidad del color. De acuerdo a la primera ley de Grassmann, cada color tiene un color complementario, con el cual al mezclarse, se obtiene un color acromático (negro o gris).

Las leyes que rigen la combinación y amalgama de colores cromáticos y acromáticos en la política alemana están basadas en otro tipo de criterios. La política nacional e internacional alemana está determinada, en primer lugar, por la correlación de fuerzas partidarias en los diferentes estados federales y por la coyuntura político-económica nacional; en segunda instancia, por factores externos, como la economía mundial, guerras e inestabilidad político-social, catástrofes naturales y/o técnicas. De la conjugación de todas estas variables resulta una forma de gobierno, que yo la he bautizado como “democromacia”, un hibrido cuya función esencial es defender los intereses y valores capitalistas, proteger fiscalmente a las clases sociales dominantes y, sí el periodo legislativo y la memoria política lo permite, cumplir frente a la clase trabajadora con alguna de las tantas promesas hechas en el periodo de campaña electoral.

Las elecciones en Renania-Palatinado y en Baden-Württemberg el domingo recién pasado, estuvieron influidas en gran medida por la catástrofe nuclear de Fukushima y además, en el caso particular de Baden-Württemberg, por el controvertido y famoso proyecto Stuttgart 21, que consiste en la construcción subterránea de la estación de ferrocarriles. La democracia-cristiana sufrió una derrota histórica en Baden-Württemberg, ya que desde 1953 había gobernado en este estado de manera absoluta y categórica. En este marco de condicionantes externas e internas, las pasadas elecciones podrían interpretarse como una especie de referendo político. No sería la primera vez que la ciudadanía alemana pone sus esperanzas en el verde de Los Verdes y en el rojo desteñido de la social-democracia, con tal de conseguir la renuncia definitiva a la explotación de la energía nuclear. En el año 2000, en la era de Gerhard Schröder y Joschka Fischer, se promulgaron diferentes leyes al respecto; pero en ese laberinto legislativo, las compañías productoras de energía eléctrica encontraron nichos legales que les permitieron continuar utilizando las centrales nucleares y obteniendo pingües ganancias. En efecto la coalición roja y verde no hizo mucho por poner coto al poderoso lobby atómico. El gobierno federal actual, negro y amarillo, encabezado por Angela Merkel y Guido Westerwelle tampoco ha llegado más lejos.

Los grandes perdedores en estas elecciones son definitivamente la democracia-cristiana y el partido liberal, seguidos de cerca por la social-democracia. El ganador es, sin lugar a dudas, el partido de Los Verdes y más de algún correligionario verde honesto, real o fundamentalista, se estará preguntando en silencio: ¿Qué hemos hecho para merecer tanto voto? La ola del tsunami producida por el jishin de nueve grados en la escala richter y la tragedia de Fukushima dejó secuelas también en el subconsciente del electorado alemán. Sin esta contribución lingüística, catastrófica e involuntaria nipona, los resultados finales de las elecciones hubieran sido otros. El tema de la energía nuclear acompañará a Los Verdes en los próximos años, y el electorado tendrá nuevamente la oportunidad de cotejar en la práctica, la retórica electorera, el sofismo oportunista de la Realpolitik verde y la política real de un partido cuando le toca administrar el poder. El intríngulis atómico bien podría convertirse en el futuro en el harakiri político de Los Verdes.

Así pues, el espectro político alemán se comporta de manera muy diferente al espectro solar. Mientras en las ciencias físicas el corrimiento al rojo es un fenómeno interesante y estudiado por físicos y astrónomos, a través del cual se explica, entre otras cosas, la expansión métrica del universo, la “democromacia” alemana, por su parte, es un fenómeno fantasmal de desplazamiento de ondas políticas en sentido inverso.

El corrimiento al marrón caca, nacional-socialista, es un fenómeno cromático que se está observando en muchos países europeos. De acuerdo a la segunda ley de Grassmann (mezcla aditiva), al color marrón se puede llegar de variadas formas: Tómese azul, amarillo y rojo, o bien, rojo y negro; también puede probar con el azul y el naranja, ¿no le gustó?, pues pruebe con el amarillo y violeta, total al final tiene otra oportunidad con el rojo y el verde.

¿Y los rojos qué? El miedo atávico de los alemanes al socialismo, los ha conducido a desarrollar un comportamiento compulsivo contra el color rojo. Tan grave es el miedo, que detrás de las posiciones social-demócratas del partido La izquierda, (Die Linke) ven el espantapájaros del comunismo.

En la gama de colores de la “democromacia” alemana aún no hay espacio representativo para el rojo socialista. Todavía no.

Roberto Herrera 29.03.2011

jueves, 24 de marzo de 2011

El toro de Libia reloaded

Hace un mes y medio que comenzó la “corrida” en Libia y aunque han sucedido muchas cosas durante este corto lapso de tiempo, la información acerca de la situación real y objetiva en el teatro de operaciones, sigue siendo caótica y contradictoria. Tal es la coyuntura político-militar, que los medios de comunicación, oficiales y alternativos, se han transformado en una casa de apuestas, en las que los postores más aventados (enemigos confesos del régimen libio), pronostican para los próximos días un descalabro militar en las filas de Gadafi y la ocupación del territorio libio por parte de las fuerzas extranjeras, y los más conservadores (enemigos acérrimos del imperialismo norteamericano y sus aliados), especulan con una guerra pan arábiga popular y prolongada.

Los ataques aéreos de los aliados, según sus boletines militares, han destruido prácticamente la fuerza de combate aérea y antiaérea libia. Sin embargo, ellos mismos reconocen que las unidades de infantería de Gadafi continúan con su ofensiva y cerrando el cerco a los rebeldes. Asumiendo como cierto, que los aviones caza de la OTAN controlan ya el espacio aéreo libio y que los cientos de misiles Tomahawk han destruido hangares y baterías antiaéreas, entonces es válido preguntarse, ¿a qué se debe esta contradicción operativa?

Pienso que no es necesario leer o haber leído a los clásicos de la guerra, para sacar sus propias conclusiones. Los bombardeos por tierra, por aire o por agua tienen la función operativa de ablandar o destruir las posiciones enemigas y detener la ofensiva militar, de tal manera de crear así, las condiciones táctico-operativas que permitan a las unidades móviles terrestres avanzar en el terreno y contraatacar. Ninguna guerra se gana por el aire. Es decir, este tipo de apoyo aéreo-naval, es una especie de “arreador del ganado”. Pero resulta que las “fuerzas rebeldes” alzadas contra el régimen de Gadafi no tienen capacidad de fuego suficiente ni movilidad operativa ágil y efectiva para contraatacar ni mucho menos asediar y poner en peligro al ejército libio. Este es el problema estratégico número uno que tiene la OTAN en estos momentos en el suelo de Libia, el cual no es fácil de resolver. Por eso es que Gadafi continua operando militarmente.

Teóricamente hay varios escenarios para solucionar este contratiempo: a) intervención militar terrestre con tropas de la OTAN b) intervención militar terrestre con fuerzas militares árabes c) apoyar políticamente la constitución de un gobierno paralelo libio, apertrechar masivamente a los rebeldes y dividir el país. Las tres opciones necesitan tiempo para su desarrollo y las tres están plagadas de riesgos incalculables y muchos problemas de orden político-diplomático y de legislación internacional. Mientras tanto, el tiempo corre a favor de Gadafi. Por otra parte, Libia no es Kosovo ni Irak ni Afganistán y last but no least, Alemania, China y Rusia no están por la intervención militar terrestre.

En todo caso, no creo que el final de esta historia sea para Gadafi un vini, vidi, vinci en Bengazi, pero tampoco será como la Alianza del Tratado del Atlántico Norte le gustaría que terminara. Muchos conflictos bélicos, más serios y peliagudos que el de Libia, se han resuelto provisionalmente por la vía político-diplomática. A mí no me sorprendería una eventualidad de este tipo.
Es cierto, hay que reconocer que el toro está tocado, pero, ¿tendrá la OTAN las agallas y testosterona suficiente para propinarle la estocada final?

Roberto Herrera 24.03.2011

martes, 22 de marzo de 2011

La verdadera revolución cultural socialista

En términos generales se puede decir que cultura es el desarrollo y la acumulación de conocimientos, costumbres, tradiciones, ritos, creencias, valores y el idioma materno de una sociedad, los cuales son adquiridos por el hombre por medio de dos fuentes fundamentales de aprendizaje: la vía explícita a través de la educación y la implícita reflejada en el comportamiento de sus semejantes. La cultura en su connotación clásica, platónica y aristotélica, tenía un carácter aristocrático y excluyente. Las artes manuales, así como los conocimientos y las técnicas de los artesanos y agricultores no formaban parte de la concepción filosófica ya mencionada, que al final de cuentas fue la que se impuso en la civilización greco-romana y que aún en la época moderna sigue teniendo vigencia. El vulgo estaba considerado como un conglomerado de filisteos ignorantes, cuya razón de ser y existir era la esclavitud; mientras que el derecho, cuasi divino, al conocimiento de las bellas artes y las ciencias, estaba destinado a una minoría de iluminados, a una casta gobernante y a una elite religiosa.

La revolución cultural, desde el punto de vista marxista, es una consecuencia directa de la revolución social y representa una forma especial de la lucha ideológica y de la lucha de clases en el contexto de la construcción del comunismo. Esto quiere decir, que la verdadera revolución cultural socialista, es posible solamente, sí las necesidades materiales y subjetivas indispensables de la población son satisfechas y, cuando las condiciones psicológicas y sociológicas de las grandes mayorías en la sociedad estén dadas. La revolución cultural presupone la erradicación del analfabetismo como primera medida necesaria, acompañada ésta de múltiples reformas que comprenden muchas áreas del sistema político-económico, ante todo en el sistema de educación, salud y seguridad social.

La revolución cultural no es un fenómeno coyuntural ni un acto aislado de un grupo de dirigentes. Se trata más bien, de un proceso de desarrollo dialéctico de la sociedad socialista en su transición al comunismo, continuo e inherente a la riqueza espiritual e intelectual del hombre socialista, que implicará una etapa superior de desarrollo de la sociedad, a la que le será ajeno cualquier tipo de violencia. Es decir, la revolución cultural socialista negará dialécticamente la dictadura de una clase sobre otra, puesto que las contradicciones en la sociedad habrán dejado de ser antagónicas e irreconciliables como lo son ahora. La instrumentalización y tergiversación de la revolución cultural con fines político-ideológicos de fracciones partidarias, es lo que condujo en el pasado a desviaciones ideológicas.

La “revolución cultural” se transformó en el campo de batalla ideológico, en el cual, el enemigo se suponía dentro de las propias filas. Esta tesis estaba sustentada por la hipótesis que la contrarrevolución anidaba en las estructuras partidarias y en la existencia de cuadros y dirigentes, que no siendo en su origen contrarrevolucionarios, al recrudecerse la lucha de clases, terminarían asumiendo dichas posiciones. Esta suposición, en efecto, encerraba una verdad relativa; pero la falta de ponderación política-ideológica y la paranoia ideológica de los inquisidores políticos, quienes oían el grito contrarrevolucionario detrás de cualquier voz crítica, desembocó en un craso error. Es por ello, que en todas las revoluciones culturales con carácter socialista, se cometieron muchas arbitrariedades, injusticias, errores y una caza de brujas innecesaria. La interpretación mecánica de la opinión que tenía Lenin acerca de los “intelectuales”, contribuyó, sobre todo en los partidos comunistas, a la persecución indiscriminada de la llamada “inteligencia revolucionaria pequeño-burguesa” y a la idealización del instinto de clase de los proletarios, en quienes él veía las condiciones naturales que los predestinaba para asumir más fácilmente y de manera consciente posiciones combativas de clase. Mientras que en el intelectual y en el pequeñoburgués se presumía, en la mayoría de los casos, una resistencia innata a asumir la conciencia de clase proletaria. Una especie de impronta clasista. Erróneamente se pensaba que la lucha de clases va moldeando al proletariado y transformándolo automáticamente en el paladín de la revolución socialista, mientras que al intelectual y el pequeñoburgués había que “reeducarlo y proletarizarlo” y de ser necesario, también por la fuerza.

¿Qué significa entonces ser intelectual en el proceso revolucionario?
Todos los hombres son intelectuales, decía Antonio Gramsci, pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales. Es decir, en la división social del trabajo, cada individuo desempeña un papel importante en la sociedad, sea esta una actividad netamente muscular, o puramente intelectual (mental). En este sentido, es correcto hablar de los “intelectuales”, lo cual no significa que el hombre que utiliza la fuerza de sus músculos sea un “no-intelectual”. Por lo tanto, todos los seres humanos somos intelectuales, conclusión a la que se llega por simple lógica aristotélica. La diferenciación entre trabajo intelectual y manual es simplemente funcional y no tiene ningún valor añadido.

Toda persona que piensa y escribe, es por definición, un intelectual, aunque al mismo tiempo también ejecuta una actividad motriz fina, ya sea con el lápiz o presionando el teclado de su computadora. También el trabajador que escribe, realiza una actividad intelectual en sus horas de ocio, después de haber trabajado ochos horas en el campo o en la construcción, áreas laborales en las que la motricidad gruesa es lo que cuenta y lo que vale. De la misma manera, el abogado no deja de ser “intelectual”, por el simple hecho de cosechar arroz juntos a los campesinos. En la mal llamada revolución cultural soviética, china y cubana se sobrevaloró el trabajo manual y se desvirtuó el trabajo intelectual.

Ahora bien, quien escribe para transmitir, comunicar o cantar una idea o pensamiento crítico, independientemente de los títulos académicos que ostente o no y de la función laboral que desempeñe en la sociedad, más allá del prestigio y la elegancia de su estilo, la habilidad de su pluma y de su voz, a pesar de los cargos oficiales partidarios y estatales que pudiera ejercer, tiene que ser un escritor irreverente y además, libre pensador; según mi forma de entender la escritura política-ideológica marxista.

La irreverencia literaria socialista no es reflejo de mala educación ni falta de respeto ni apostasía ni contrarrevolución, sino la expresión sublime de la rebelión contra el adoctrinamiento y la asunción de verdades dogmáticas, absolutas y alienantes, que apuntan a poner freno al libre pensamiento. En este sentido, el papel del escritor irreverente en la verdadera revolución cultural es contribuir a la consolidación de las bases culturales que garanticen la construcción y perduración de la sociedad sin clases. De lo contrario, los escritores-obreros y escritores-intelectuales estarían repitiendo la historia que nos contó el danés Hans Christian Andersen del famoso rey desnudo. El escritor que no se arriesgue a señalar las falencias e incoherencias del proyecto alternativo histórico que se construye en su sociedad, no contribuye al desarrollo de su cultura ni al avance de su revolución.

La verdadera revolución cultural no debe convertirse, pues, en la santa inquisición, sino en la garantía de la libertad plena del pensamiento y del quehacer humano.

Es más honroso morir (virtualmente) por haber rebuznado como el asno del irreverente Mark Twain, a vivir (realmente) como un papagayo repitiendo palabras y frases hechas.

Roberto Herrera 22.03.2011

sábado, 19 de marzo de 2011

Acerca de la ciencia "fixión"

Se entiende por ciencia el conocimiento obtenido a través de la observación sistemática y metódica de un fenómeno cualquiera, del cual se deducen leyes y principios generales, cuya validez tiene un carácter relativo. Desarrollada en un marco ético-moral, la ciencia tiene como objetivo principal, conocer y entender nuestro mundo interior, el universo que nos rodea, preservar y proteger la vida del reino animal y el medio ambiente. Aunque es bien conocido que hubo culturas prehistóricas que experimentaron con seres humanos, las ciencias naturales modernas perdieron la virginidad durante el periodo oscurantista del nacional-socialismo alemán, en el que la muerte se planificó sistemática-y científicamente.

Natzweiler o Natzwiller1 es una comunidad pequeña, ubicada al noreste de la región de Alsacia/Francia, oculta bajo los frondosos árboles de la cadena montañosa de los Vosgos, históricamente insignificante, sino fuera por la existencia del campo de concentración nazi Struthof durante la segunda guerra mundial. Con el ascenso de Adolfo Hitler al poder y con la obcecada actividad de las hordas salvajes de las SS al mando de Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich, las universidades alemanas fueron purgadas y convertidas en antros de propaganda ideológica fascista. La “ciencia alemana nacional-socialista”, se concentró en la investigación y desarrollo de los orígenes de la raza aria, su influencia geográfica en Europa y en la demostración "eugénica" de su superioridad. Los campos de concentración repartidos en el Tercer Reich, se convirtieron en laboratorios de experimentación científica. Es así, como en Dachau se investigó la septicemia, insomnio y los efectos del gas mostaza en seres humanos. Buchenwald se especializó en tifoidea y fertilidad, y Auschwitz en quemaduras, fiebre amarilla, cáncer, genética, esterilización y los efectos del electroshock. También en Natzweiler-Struthof, además de las monstruosidades características de todos los campos de concentración hitlerianos, se hizo “ciencia e investigación”. Tres famosos Professoren se hicieron cargo del proyecto científico: August Hirt, Otto Bickenbach y Eugen Haagen. El doctor Mengele fue un angelito comparado con estos consagrados satánicos científicos.

August Hirt, de origen suizo, nacido en Mannheim/Alemania, estudió medicina en la Universidad de Heidelberg y fue miembro de las SS. El 25 de noviembre de 1942, a las 18 horas, 15 prisioneros, personalmente escogidos por el Professor Hirt, fueron sometidos a brutales y sádicos experimentos. A diez “pacientes” se les aplicó veinte gotas de diferentes tipos de mostaza sulfurada y los cinco restantes recibieron un placebo. Los resultados no fueron satisfactorios, de tal manera, que el Professor ordenó un segundo ensayo con un nuevo producto, el cual fue probado en treinta reclusos y con “lindos resultados”, como lo expresara el mismo August Hirt en su reporte médico2 . El Professor Hirt también estuvo a cargo del proyecto de investigación ósea-anatómica de cadáveres. La colección de cráneos provenientes de todas las etnias y pueblos del mundo, se vio enriquecida con las calaveras de “judíos-bolcheviques” caídos en combate y con las de los diversos prisioneros políticos. En los sótanos del instituto de anatomía de la Universidad de Estrasburgo se encontraron 150 cadáveres al final de la guerra, de los cuales, 60 eran los cuerpos de prisioneros rusos, muertos en el campamento de Mutzig, en las cercanías de Natzweiler. 16 cadáveres fueron identificados, con nombre, apellido y número de reclusión que correspondían a los prisioneros ejecutados en la cámara de gas bajo las órdenes del Professor Hirt. Ellos fueron la materia prima con la que el investigador maquiavélico desarrolló sus estudios. En el periódico Daily Mail del 25 de enero de 1945, el científico tuvo el cinismo y la desvergüenza de argumentar a su favor, alegando que la mayoría de los institutos de anatomía del mundo entero estaban llenos de cuerpos embalsamados.

Por su parte, Otto Bickenbach, militante del partido Nacional-Socialista Alemán y miembro de los comandos paramilitares (SA), se especializó en el estudio científico del gas venenoso Cruz Verde, un compuesto orgánico, formado con cloro y arsénico derivado del ácido cianocloruro. Los experimentos se efectuaron en 12 prisioneros el 15 de junio de 1944. La mayoría de sus víctimas eran alemanes que se encontraban cumpliendo condenas por delitos comunes o sexuales, el resto pertenecía a la etnia sinti y roma (gitanos). La cámara de gas, construida especialmente para esos fines, se encontraba fuera del campo concentración a solo unos pasos del hotel que formaba parte del complejo militar Struthof. Los conejillos de India, alemanes y sintis o romas, permanecían durante 30 minutos en la cámara de gas, en grupos de dos o cuatro personas, caminando en círculos, para evitar la congestión del gas en un solo lugar. Previamente, recibían una dosis de urotropina que los protegía, algo que parece un cínico y cruel chiste de negrísimo humor, contra cualquier infección renal, en el caso que sobreviviera alguno, después de los experimentos con el gas Cruz Verde. Luego de haber ingerido el antibiótico, los prisioneros rompían las ampollas de Cruz Verde arrojándolas al suelo. Cuatro prisioneros murieron a causa de un edema pulmonar grave. Dos de ellos, murieron instantemente, los otros dos, sufrieron atrozmente la agonía de morir tosiendo y escupiendo restos de pulmón. Sus nombres son: Zirko Rebstock (preso nro. 6516), Andreas Hodosy (Nro. 6587), Adalbert Eckstein (nro. 6545) y Josef Reinhardt (nro. 6564). Para impedir que los sobrevivientes saciar la sed, previamente se cerraron las llaves del agua y las puertas de la barraca. Después de dos semanas en estas condiciones, los que quedaron vivos, fueron trasladados al sanatorio del campo de concentración. Todos ellos sufrieron lesiones pulmonares de primer y segundo grado3 .

El Herr Professor, Eugen Haagen, alemán nacido en Berlín, quien lejos de cualquier grado de conciencia de sus actos criminales, expresó al final de la guerra: “Sí los franceses no me hubieran tomado preso, a mí me hubieran dado el Premio Nobel”

¿Qué méritos científicos acumuló este animal salvaje y alemán virólogo, para creerse merecedor de tan preciado galardón?
Haagen estudió la complejidad de la enfermedad producida por la Salmonella typhi (bacilo de Eberth), o la Salmonella paratyphi A, B o C, conocida como fiebre tifoidea o fiebre entérica. El 14 de diciembre de 1943 recibió un lote de 89 gitanos en buenas condiciones y aptos para los experimentos, ya que los 100 que le habían enviado en noviembre de ese mismo año procedentes de Auschwitz, se encontraban en deteriorables condiciones. Tan deplorables y míseros estaban, que no servían ni siquiera para experimentar en ellos los efectos mortales de la tifoidea. Simplemente morirían en algún momento, sin que la intervención experimental y científica del ambicioso y soñador del Premio Nobel fuera necesaria. Siguiendo el método que se utiliza con los animales de experimentación, método también digno de criticar, los reclusos recibían una dosis de la vacuna anti tifoidea experimental y luego recibían una cantidad determinada del virus Salmonella typhi. Como es usual en el campo de la ciencia, los investigadores que quieren dar a conocer sus trabajos a nivel mundial, publican los resultados de su investigación. El Professor Haagen, creyéndose estar en la vanguardia de la medicina y sin inmutarse en lo más mínimo, reconoció el 14 de diciembre de 1944 en una revista especializada alemana, haber inoculado el virus de la tifoidea a 40 gitanos que no estaban vacunados contra el flagelo4 .

De los tres macabros Professoren, dos fueron rehabilitados y después de unos años se integraron a la sociedad, como si nada hubiera ocurrido. Tanto Otto Bickenbach como Eugen Haagen, estaban convencidos de haber contribuido con sus experimentos al desarrollo de la ciencia. August Hirt, quien se consideró él mismo, como el principal representante de la ciencia experimental nacional-socialista, se suicidó el 2 de junio de 1945 en el pueblo de Schönenbach en la Selva Negra. Un oscuro sitio para un alma oscura.

Cuando se ha tenido la oportunidad de visitar estos lugares luctuosos, como Dachau, Auschschwitz, Buchenwald, Bergen-Belsen o Natzweiler-Struthof y ver con los propios ojos las cámaras de torturas, los crematorios y las cámaras de gases, uno llega a la conclusión que la ciencia, cuando se pone al servicio de la ideología o de intereses clasistas, se transforma en una pesadilla que ni siquiera la mejor novela de ciencia ficción puede aproximarse a esa realidad. La obsesión y el fanatismo convierte al investigador y por lo tanto a la ciencia, en un instrumento de muerte y tortura.

La farmacología y las ciencias físicas aplicadas a las tecnologías, bien pueden ser un bálsamo o una ayuda para el ser humano, pero se debe recordar para mantener la cordura y el sano juicio, que la ciencia no es garantía de validez absoluta. Lo que hoy se cree que es bueno para la salud y el bienestar de la sociedad, mañana puede comprobarse que es un veneno capaz de destruirnos. La lista de medicamentos y pócimas curativas que a largo plazo han sido peor que la misma enfermedad es larga. Fukushima es también el ejemplo actual que nos confronta con esta triste realidad.

La obstinación del hombre que ejerce la ciencia para comercializarla, en su vano afán por encontrar el elixir de la vida, diseñar la forma más elegante y cómoda de vivir aquí en la tierra o más allá de las estrellas o desarrollar la mejor arma ofensiva-defensiva estratégica, ha conducido a la humanidad a un tobogán sin fondo.
Así, convertida en harapo sanguinolento, la ciencia es pura fijación, estéril y letal.

Roberto Herrera 19.03.2010
1:Robert Steegmann, Campo de concentración Natzweiler-Struthof
2:Archivo federal I, 419 AR 178/65, Tomo II, páginas: 255-260
3:Robert Steegmann: Campo de concentración Natzweiler-Struthof, Capítulo 12, Experimentos médicos.
4:Ibídem

miércoles, 16 de marzo de 2011

El hombre, animal que no aprende de la experiencia

Según los historiadores, la primera idea filosófica del átomo proviene de los pensadores griegos Leucipio y Demócrito. Desde entonces (siglo V a.c.), el conocimiento acerca de la naturaleza del átomo, su constitución y su comportamiento dista mucho de la definición mecanicista de los filósofos helénicos, para quienes el átomo era un elemento corpóreo, invisible e indivisible. Sin embargo, a pesar de los notorios avances científicos relacionados con el estudio de las partículas pequeñas, los investigadores desistieron prácticamente de su intento de definir y describir de una vez por todas lo que es el átomo. Esto se debió, principalmente, al aporte del científico alemán Heisenberg, Premio Nobel de Física 1932, quien en 1927 propuso un nuevo criterio para el estudio de los fenómenos que tienen su origen en el átomo, y en general, para todos los fenómenos físicos. Este criterio conocido como Principio de indeterminación, puede resumirse así: Los resultados que se obtienen de la medición de un fenómeno físico cualquiera, se verán afectados por la intervención misma del observador en el sistema estudiado, de tal manera, que lo que el observador determina es el sistema modificado, y no el sistema, tal como es cuando no se le aplican estos métodos experimentales de medición. Es decir, existe un grado de incertidumbre o indeterminación en los resultados de las observaciones. Este fue uno de los tantos aportes de la mecánica cuántica a las ciencias físicas. Mientras que el determinismo, como corriente en la física clásica, sostenía que conociendo el estado inicial de un sistema físico, era posible conocer el comportamiento del mismo en un instante cualquiera.

Los países industriales continúan empecinados apostando por la explotación de la energía nuclear, a pesar de los frecuentes accidentes nucleares* ocurridos en los últimos 54 años, entre los que se destacan por su gravedad, los de Windscale/Inglaterra en 1957(Ines** 5), Majak/Rusia en 1957(Ines 6), Saint-Laurent-Des-Eaux/Francia en 1964(Ines 4), Three Mile Island/USA(Ines 5), Tschernobyl/Ucrania en 1986(Ines 7), Vandellos/España 1989(Ines 3), Tokai Mura/Japon en 1999(Ines 4) y Fukushima/Japón en 2011(Ines 5/6/7¿?). Resulta entonces incomprensible para el hombre de a pie, que los políticos de las naciones más poderosas del orbe aseguren de manera cínica y descarada, conociendo los peligros reales que encierra la energía atómica para la humanidad y el medio ambiente, que la energía nuclear es un tema incuestionable, seguro, barato y además, una necesidad de primer orden.

Onírico es el deseo de los ciudadanos del mundo que los países industriales prescindan a corto y mediano plazo de la obtención de energía eléctrica a través de la fusión de átomos de uranio y plutonio. Los políticos británicos, mientras tanto, están de acuerdo en que la catástrofe de Fukushima no detendrá el funcionamiento de las plantas nucleares y Nathalie Kosciusko-Morizet, responsable de la cartera de medioambiente del gobierno francés, ha comentado públicamente, que las plantas nucleares francesas están preparadas para enfrentar catástrofes naturales como los terremotos y ratificado que Francia no puede prescindir de ellas. Por su parte, el gobierno de la República Popular China laborioso e impertérrito continúa construyendo 25 reactores y proyectando para el futuro la construcción de 50 reactores más. Ningún país del mundo industrial está dispuesto a abandonar la energía atómica, ni siquiera el Japón, que tiene una larga y triste experiencia con catástrofes nucleares. ¿Por qué?

Porque la sociedad de consumo globalizada demanda la producción a destajo de bienes de consumo que no son indispensables para satisfacer las necesidades materiales y espirituales del hombre moderno. Como desearía yo, que vivo sobre la falla tectónica del Rin, una zona volcánica conocida por sus temblores, a menos de 20 kilómetros de la planta nuclear francesa de Fessenheim, ubicada a orillas del Rin, en el sur-este francés y a sólo 90 kilómetros en línea recta de la planta nuclear suiza de Leibstadt, también a las orillas del mismo rio, ser tan inocente como para creer los sofismas de la elegante y simpática ministra francesa que la planta nuclear es segura y sismo resistente. La preocupación personal y colectiva es comprensible y la desconfianza popular más que justificada. Pero la realidad es que la economía francesa depende de la producción de energía eléctrica atómica y ese hecho, es mucho más fuerte e importante que el temor de la sociedad civil frente a la probabilidad de una catástrofe de graves dimensiones. Francia, el país europeo con más plantas atómicas, 19 en total y 58 reactores, genera de esta forma, más del 75 % de la energía eléctrica que consume. Suiza con 4 plantas nucleares y 5 reactores produce casi un 40% del total de energía eléctrica. ¿Quién puede asegurar que algo parecido no pueda ocurrir en Europa? ¿Quién puede controlar los embates y la fuerza de la naturaleza? ¿Cuál tecnología es más sana y más segura?

Lo ocurrido en Japón, es una desgracia sin parangón en su historia y al mismo tiempo, otro recordatorio más, que se suma a la larga lista de catástrofes naturales y artificiales que nos ha tocado vivir en los últimos veinticuatro meses. No hay que buscar respuestas metafísicas o esotéricas para explicar los cataclismos que azotan las regiones del gran pacifico. Japón, como todos los países que tienen costa en las aguas del océano pacifico, se encuentra en la zona denominada por los geólogos y sismólogos como el Cinturón de Fuego y se caracteriza por la intensa actividad sísmica y volcánica.

Los japoneses están considerados como los depredadores por excelencia de los siete mares. Como ninguna otra nación pesquera en el mundo, son ellos los culpables directos de la exterminación de la ballena, del saqueo del alga marina en las costas chilenas y de otras especies marinas exóticas, típicas en la cocina extravagante nipona. Ante esta atroz explotación pesquera y marítima, muchas veces somos víctimas inocentes de fantasías y pensamientos tan irracionales y terminamos creyendo que se trata de la venganza de Gaia o de la Pachamama.

Pero no se trata de eso. Las catástrofes naturales como los terremotos, maremotos, tsunamis y erupciones, seguirán azotando a esas regiones, con o sin explotación de los recursos naturales por parte del hombre. Incluso muchas islas del pacifico sur desaparecerán algún día y la topografía del continente americano también se verá afectada en un futuro. Esto es lo que pronostica la geología y la sismología moderna. Ahora bien, la utilización de la energía atómica, ya sea para fines pacíficos o bélicos, es una actividad humana irresponsable e innecesaria. El capital convirtió la revolución industrial en un caballo desbocado, que azuzado por el desarrollo de las ciencias y la tecnología y alimentado por el lucro de la ganancia a toda costa, está llevando a la humanidad entera al despeñadero.

La diferencia entre la bestia cuadrúpeda y el hombre, radica en el hecho que el corcel jamás tropieza con la misma piedra, mientras que el hombre es un animal que no aprende de la experiencia.

¡No más plantas y armas nucleares!

Roberto Herrera 15.03.2011

*:Le Monde diplomatique, Atlas de la globalización.
**:Valor INES: Escala Internacional de Accidentes Nucleares; de 0 a 7(accidente mayor)

lunes, 14 de marzo de 2011

Dolores II

Segunda parte

A pesar de ser trillizos no se parecían en nada. Lo único que tenían en común era una mancha roja en la frente. Por lo demás, tenían personalidades diferentes y aunque la diferencia de edad se limitaba a un par de minutos, los trillizos se comportaban como si fueran hermanos de tres partos y padres distintos.
Fidel era alto y de contextura fuerte y tal vez por esa razón a la gente le era difícil ver en él a un jovenzuelo de solamente quince años de edad. La mayor parte del tiempo se pasaba ayudándole a su padre en las labores cotidianas. Tenía habilidad para trabajar la madera y labrar el campo.

Ernesto, el más pequeño de los tres, padecía de alergia al polen y la mayor parte del tiempo se la pasaba leyendo. Leía todo lo que encontraba y aunque Dolores le tenía prohibido el Decamerón y los libros de Vargas Vila, Ernesto se caracterizaba precisamente por llevarle la contraria en todo. Por otra parte, era el preferido de Enrico, pues a pesar de no mostrar ningún interés por el trabajo corporal, Ernesto era el más listo de los tres. Con el tiempo se volvió alérgico a todo tipo de trabajo y se convirtió en un lector empedernido.

Jesús era el preferido de Dolores y de los tres, era él quien se parecía más a ella, en cuanto al carácter y personalidad. Jesús lloraba por cualquier motivo y buscaba siempre la protección de su madre cada vez que sus hermanos se enfadaban con él. Desde pequeño se había acostumbrado a trasladarse a la cama de Dolores y escuchar los cuentos que esta le contaba hasta quedarse nuevamente dormido.

El pueblo con los años había crecido y la industria maderera había traído consigo la electrificación y el desarrollo. También la pesca y el turismo eran fuente de trabajo para la población. Todo esto sucedía en contra del deseo de Enrico, quien prefería vivir de manera sencilla y sin las tentaciones de la sociedad de consumo. Desgraciadamente, él no podía hacer nada por evitar que poco a poco el poblado que con tanto esfuerzo él y otros pocos pioneros habían fundado veinte años atrás fuera quedando atrapado en las redes del progreso capitalista.

Como era de esperarse, al florecer el comercio y la industria, aparecieron los políticos, truhanes y prostitutas. Las cantinas, burdeles y expendios florecían como callampas en otoño.

El partido liberal había ganado las últimas elecciones y Don Porfirio Villanueva fungía como flamante alcalde de Peña Flor.
Don Porfirio era citadino puro y no lograba adaptarse a la vida sencilla del campo. De vez en cuando visitaba a Enrico, pero últimamente había dejado de hacerlo al enterarse que Enrico simpatizaba con los revoltosos del complejo maderero. No quería meterse en problemas y aunque le parecía que el «italiano» era una persona muy correcta y por lo demás muy culta, no quería arriesgar su puesto de alcalde ni comprometerse políticamente con nadie.
Temeroso y sabedor de los vientos político que azotaban por esos días, Don Porfirio había optado por mantener estrechas relaciones con Don Adolfo Krüger, descendiente de alemanes, cuyo nombre le había sido dado en honor a Hitler. A pesar que no compartía las ideas racistas de Don Adolfo, Don Porfirio intercambiaba con él ideas e informaciones políticas.

Enrico también solía frecuentar a Don Adolfo, pero siempre que lo hacía, después de trascurridos veinte minutos, ambos interrumpían violentamente la conversación ya que era imposible llegar a un acuerdo. Sin embargo sus desavenencias políticas no significaban ningún obstáculo en la extraña amistad de aquellos hombres, tan diametralmente opuestos y con distintas formas de entender el mundo, y a pesar de todo tan parecidos en su comportamiento.

Don Adolfo era probablemente el hombre más rico de la región y el único que podía presumir de íntimas relaciones con los militares de la zona. Toda la población conocía la influencia y el poder de Don Adolfo, al que solamente Enrico se atrevía a contradecir y en más de alguna ocasión, lo había puesto públicamente en ridículo. Nadie conocía el pasado de Don Adolfo. Algunos comentaban que se había escapado de la cárcel, otros que había dado muerte a un hombre por un lio de faldas y otros comentaban, que por servil y sumiso frente a las autoridades locales, había denunciado a su propio hermano.

Sólo dos personas conocían el secreto de Don Adolfo: Enrico y Dolores

Continuara…

domingo, 13 de marzo de 2011

¿De dónde salió tanto chino archimillonario? Teoría y práctica del socialismo oriental

Debo confesar que mi primera experiencia real con la milenaria cultura china la viví en el restaurante “El Palacio de Pekín” en mi ciudad natal a la edad de seis años, donde degusté la “comida china de verdad”. Me quedé casi atónito frente a la figura de un Buda enorme, panzón y sonriente, que engalanaba la entrada al establecimiento. Inmediatamente llegó la camarera, quien chapuceando el español y cortésmente le entregó el menú a mi padre. Al cabo de unos minutos, tenía frente a mí un gran vaso lleno de cubitos de hielo y Coca-Cola, una tacita de sopa wan-tan y luego, la amable asiática me trajo el plato principal: chop suey de pollo. Finalmente, plátanos fritos servidos en miel de abeja como postre. El encuentro culinario fue para mí un desastre, pues horas más tarde tenía una diarrea espantosa, acuosa y resistente a cualquier antibiótico antidiarreico. Mi padre atribuyó mi desgracia a la avidez con que devoré las viandas. Claro, el pobre, no había oído hablar nunca del síndrome del restaurante chino.
La revolución comunista de Mao Tse Tung, con siete años de existencia, también comenzaba a dar sus primeros pasos en la palestra mundial y yo, a hacer mis pinitos con el glutamato y la cocina internacional.

Dice Bertolt Brecht en la décima estrofa de su poema Leyenda de la creación del libro Tao Te King durante el camino de Lao Tse a la emigración: "Los que preguntan, bien merecen una respuesta". Somos muchos, pienso yo, los que estamos interesados en comprender y entender los derroteros del socialismo chino. La revolución china ha dado más grandes saltos hacia adelante en su larga lucha por desarrollar y consolidar el ideario socialista, que un artista del cirque du soleil. Entre salto y salto, a finales de la década de los cincuenta, se libró la famosa batalla de los cereales y la batalla del acero, que formaban parte integral de la política de Mao de las tres banderas rojas. Se trataba de medidas agropecuarias e industriales, orientadas a elevar el nivel de producción e incentivar la movilización del sector campesino-obrero, que junto a las comunas populares fungirían como el puente de oro al comunismo chino. Todo esto en tres quinquenios. Las ideas de Mao Tse Tung con respecto a la etapa socialista de la revolución, estaban impregnadas de voluntarismo político, verticalismo, culto a la personalidad e igualitarismo social. Las masas populares, adoctrinadas con las ideas del presidente Mao, era el eje fundamental de la revolución. Es decir, el libro rojo de Mao, era el recetario de cocina para “proletarizarse” y construir el comunismo. En este contexto, plagado de errores político-económicos e ideológicos, la lucha ideológica al interior del partido comunista estaba cuasi pre programada. La gran revolución proletaria cultural que se desarrolló de 1966 a 1976 fue otro de los “grandes saltos” hacia adelante que impulsó Mao Tse Tung y que condujo a la persecución indiscriminada de intelectuales y cuadros, del partido acusados de colaborar con la burguesía y profesar el revisionismo político-ideológico. Más de cien millones de chinos fueron víctimas de la revolución cultural, según informa el sinólogo alemán, Helmut Peters en su libro: La república popular china, del feudalismo al socialismo.

En la búsqueda del camino al comunismo se han cometido muchas aberraciones. Mao cometió las suyas. Ahora bien, me pregunto entonces: ¿Está hoy la revolución china en el camino correcto?
Teóricamente sí. Deng Xiaoping, el artífice de la China moderna, definió a finales de la década del 70 las bases político-ideológicas de la modernización de la sociedad china, las cuales están expresadas en los cuatro principios esenciales: la vía socialista de desarrollo, la dictadura del proletariado, el papel conductor del partido comunista y la filosofía marxista-leninista-maoísta. Al mismo tiempo, que el partido afirmaba el rumbo socialista de la revolución, aprobaba las “reformas económicas necesarias” para modernizar las fuerzas productivas de la sociedad. La reforma económica abarcó tres áreas importantes: reestructuración de la propiedad privada y estatal de los medios de producción, transición a una economía social de mercado y la inversión de capital extranjero. Proceso que estaría controlado y supervisado por el partido comunista.

En la práctica, no. La economía china es abiertamente una economía de mercado. No obstante, la dirigencia del partido comunista chino considera que no hay contradicción entre el socialismo y la economía de mercado (capitalismo). A fin de cuentas, argumenta el partido, la utilización de métodos de producción capitalista es lícita cuando se trata de elevar y acelerar los niveles de productividad, ya que el objetivo final es el de asegurar el bienestar de las mayorías. Entre tanto, una minoría elitista china goza de un bienestar tan inexplicable como inverosímil.

Según el Horun-Wealth-Report 2010* , 140 chinos poseen 10 mil millones de Yuan** , 1900 personas tienen un capital privado de un mil millones de Yuan, 55.000 ciudadanos 100 millones de Yuan y 875.000 chinos tienen en su haber más de 10 millones de Yuan. A pesar que los niveles porcentuales de pobreza han disminuido en los últimos veinte años, todavía más del 10 % de la población china vive en la miseria. Entonces me pregunto yo: ¿De dónde salió tanto chino archimillonario? ¿Del socialismo o del capitalismo? ¿Cómo resolverán, pues, los camaradas chinos en el futuro próximo, la contradicción fundamental capital-trabajo?

Roberto Herrera 13.03.2011

*: http://old.hurun.net/indexen.aspx
**:1 Yuan= 0,15 US$

miércoles, 9 de marzo de 2011

“No me Schengen más”

Algo parecido dijo un centroamericano en el aeropuerto de Barajas cuando las autoridades aduaneras del Estado español le advirtieron que su estadía en España tenía un límite de 90 días. El funcionario gallego creyó que el viajante mesoamericano se había referido a los acuerdos contraídos en 1985 por algunos países europeos en Schengen, un pueblecito vinícola de Luxemburgo; pero luego que le mencionó a su santa madre y otros improperios que no puedo repetir aquí por respeto a los lectores, el agente aduanero se dio cuenta que se trataba de un problema audiológico. No era la primera vez, que el turista centroamericano tenía “conflictos fronterizos” con las autoridades. En Tijuana y Ciudad Juárez era un viejo conocido. Ese día Juan Sin Tierra comprobó, que era más fácil entrar en los Estados Unidos de forma ilegal, incluso arriesgando la vida en el desierto de Sonora, que ingresar a territorio europeo con el visado de turista. Esta historia, brotada de la fantasía del que escribe, es un hecho que ocurre a diario en el puerto natural (Madrid) al que arriban miles de latinoamericanos, quienes en busca de nuevos horizontes, llegan a la Madre Patria con la esperanza de encontrar un lugar donde albergar sus sueños. Muchos de ellos desconocen la vigencia de tratados, como el de Schengen, su historia y su razón de ser.

El pasado monárquico-imperial de los europeos es una herencia que todavía muchos la llevan a flor de piel. Después de dominar los siete mares durante muchos años, llegó el día en que Europa quedó devastada y empolvada por los estragos de la segunda guerra mundial y ambicionaba reconquistar el poder político-económico mundial que siempre había tenido. Robert Schuman, un político francés de origen alemán-luxemburgués, fue el primer político europeo que en 1950 y en calidad de Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, propuso el proyecto de integración europea. Esta acción no fue producto del delirio de grandeza de este Schuman, que nada tenía que ver con Robert Schumann, el músico alemán, que sí padeció de delirium tremens. Este proyecto estratégico integrativo fue concebido y planificado a largo plazo y se ha caracterizado por la paulatina radicalización y endurecimiento de las leyes y condiciones que regulan el proceso de unificación, plasmadas éstas en los diferentes tratados vigentes y subscritos por los países miembros. Importantes de mencionar son el tratado de Roma, que tuvo un carácter constitutivo y entró en rigor el 1 de enero de 1958, el ya mencionado tratado de Schengen, que regula la libre circulación de los ciudadanos dentro de las fronteras de los estados miembros y finalmente el de Maastricht en 1992, considerado como la supra estructura político-jurídica-legislativa de la Unión Europea.

Con la concentración de capital financiero, geográficamente distribuidos en tres polos de poder económico y con la globalización de los mercados, el capitalismo mundial entró en una fase imperialista de desarrollo. La creación de fuertes mercados regionales de comercialización y consumo de productos varios, se convirtió después de la segunda guerra mundial, en un objetivo estratégico del capitalismo internacional y que fue tomando forma y contenido a finales de la década de los setenta.

En este contexto mundial, surge la Comunidad Económica Europea, que junto a los Estados Unidos y Japón representaban los tres ejes económicos hegemónicos de la concentración y acumulación capitalista. La irrupción de la Republica Popular de China en la palestra mundial económica a finales de los noventa, fue un hecho económico-histórico sin parangón alguno, que ha sorprendido a políticos y expertos de la economía. Esta nueva realidad mundial cambió sensiblemente la correlación de fuerzas económicas. Mientras los Estados Unidos y los europeos hacen esfuerzos por consolidar sus mercados internos naturales (Tratado de libre Comercio de América del Norte y la Comunidad Económica Europea), China es por sí sola, un mercado interno inmenso y sumamente atractivo.

¿Cómo proteger la frontera Schengen? ¿Cómo evitar la inmigración no deseada?
Todos los países con pasado colonial se vieron entonces obligados a cambiar sus leyes migratorias. España en 1985, deseosa de entrar a formar parte de la gran liga europea, se vio obligada a cambiar la ley de extranjería vigente de 1978, puesto que teóricamente más de 300 millones de latinoamericanos estaban esperando ante las fronteras de España deseosas de cruzar la Puerta de Alcalá y ávidos por ingresar al castillo moderno de la gran Europa. Los alemanes por su parte, cambiaron el artículo 16 a de la Constitución Federal Alemana, que regulaba el asilo político. Hasta la fecha en que la nueva ley fue promulgada (1993), cualquier ciudadano del mundo que tocara suelo alemán, tenía el derecho de pedir asilo político. Las autoridades estaban en la facultad de denegar la solicitud, sólo después de un periodo de investigación y formalismo burocrático, pero no tenían el derecho de extraditar al solicitante. Actualmente, hasta la repatriación es posible.

Los políticos quieren convertir la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica en dos bastiones herméticamente cerrados, en cuyo interior no hay cabida para los desempleados, hambrientos e indigentes de la periferia capitalista. Sólo unos pocos elegidos tienen el privilegio de ingresar al santuario sacrosanto de la sociedad altamente desarrollada.

Si no sucede alguna catástrofe natural o artificial, cosa que no se puede descartar debido a la depredación irracional de los recursos naturales por parte del capitalismo y la destrucción del medio ambiente por parte de todas las naciones industriales, sumado a la probabilidad que estallen conflictos bélicos de grandes dimensiones, incluso de carácter nuclear, o bien, que se estrelle un meteorito en el planeta y ¿por qué no?, que triunfe la revolución socialista mundial, el futuro de los terrícolas será como un guion cinematográfico de ciencia-ficción: Cada uno de los habitantes del mundo tendrá un microchip en alguna parte del cuerpo, tal como ya se hace con las mascotas en los países ricos. En él estará registrado tanto el historial personal y familiar a nivel genético, biológico, laboral, político-ideológico, intelectual, académico, social, sexual, patológico, psicológico, cultural, artístico y deportivo, como los valores éticos y morales. Entonces, el viajero centroamericano del futuro, llegará a Barajas y el agente aduanero le introducirá un enchufe en algún agujero del cuerpo e ipso facto, sabrá si el visitante tiene derecho o no a ingresar a territorio europeo. Llegado ese momento histórico asimoviano, los países Schengen nos habrán chingado a todos.

Roberto Herrera 09.03.2011

martes, 8 de marzo de 2011

Dolores I

Primera parte

Cuenta Aldebarán, que todos los preparativos prenatales habían sido repasados uno por uno durante las últimas semanas. Dolores reposaba en su habitación, dando rienda suelta a la imaginación. Las reminiscencias del pasado inundaban su mente. Tardes de otoño jugando a la gallina ciega en el gran patio trasero del hogar materno, rodeada de hermanos, primos y primas, tías y demás servidumbre. Sí, ella había sido la preferida de la familia. Mimada por su padre y sobreprotegida por Caridad, su cariñosa madre. Ahora, dieciocho años más tarde, con la barriga hinchada, preñada en primavera, se disponía a parir sin partera.

La hechicera del pueblo había pronosticado un «mal parto» y Dolores, quien creía en los malos augurios y profecías de la magia negra y blanca, pensaba que moriría al dar a luz. Un halo de tragedia acompañaba a su familia, por parte materna, y aunque muchas cosas que habían sucedido en el seno familiar habían sido por causas fortuitas, Dolores, guardaba esa herencia irracional, cruz que la hacía verse más triste que el resto de sus hermanos. Estaba convencida que había llegado al mundo para sufrir y asumir el dolor ajeno. Así era Dolores. Enrico, su marido, escuchaba la radio en la habitación de al lado. Esta vez había decidido no comentarle nada a su marido, pues bien sabía cuáles serían sus comentarios. No sería la primera vez, que Enrico soltara una feroz carcajada y se burlara de Dominga, la bruja. “Es una charlatana”, le comentaría. Enrico estaba equivocado. Dominga era una bruja de verdad, pero ella era una bruja buena. Algún día se daría cuenta de su error.

Enrico, descendiente de italianos, era ateo y comunista sin partido, condición que lo convertía en el enemigo acérrimo del padre Augusto, el cura párroco del pueblo. Al clérigo, a decir verdad las cosas sacras le traían sin cuidado y la palabra celibato no formaba parte de su lexicón. Además, había tan pocos feligreses en el pueblo que lentamente había ido perdiendo el entusiasmo por la doctrina y el catequismo. Por otra parte, y esto era lo esencial, estaba Marta la joven viuda, quien con su intemperancia y voluptuosidad, contribuía todas las noches con una amalgama de caricias y menjurjes amorosos en recordarle que él, Augusto el padrecito, estaba más rico que pernil de chancho asado al palo. Con tanta carne al descubierto, Augusto se entregaba en cuerpo y alma a los placeres prohibidos. Si Enrico era comunista sin carnet, Augusto era cristiano con carne. Lo que había comenzado en sus tiempos de seminarista como un pecadillo bienal, se había transformado con los años en mucho más que pecado venial. Rafael, el difunto marido de Marta, primo preferido de Dolores, abandonó este mundo creyendo que su mujer le era fiel. Rafael era tan cornudo, que los amigos que a menudo llegaban de visita, lanzaban el sombrero en cualquier dirección y siempre encontraban un cuerno donde reposar, decían las malas lenguas, sobre todo la del mordaz Jeremías, el barbero del pueblo.

Dolores sabía que Enrico tenía razón al criticar la doble moral de los curas, monjas, obispos y cardenales. Pero de nada serviría darle la razón, pues él de todos modos continuaría atacando sin tregua y sin descanso a la Iglesia Católica Apostólica y Romana, a los bautistas, protestantes, mormones, testigos de Jehová, ortodoxos, musulmanes y budistas. Era por así decirlo «su gran guerra santa». Pero así como podía discutir con el padre Augusto hasta sacarlo de sus casillas, no tenía ningún inconveniente en reparar las goteras del techo de la destartalada iglesia. Y aunque el tañer de las campanas domingueras lo sacaba de quicio, Enrico era el único en el pueblo capaz de subirse al campanario y engrasar el eje de las campanas.

Enrico como buen comunista estaba bien informado de lo que acontecía en el mundo entero. La vieja radio RCA-Víctor, decía él, era la vocera que lo mantenía al tanto de las noticias. Corrían los años cincuenta y un grupo de revolucionarios barbudos luchaban en los montes de Cuba por derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista. Dolores no entendía de política, pero Enrico le había explicado que algún día los pobres triunfarían y que no habría más patrones con latifundios.

Dolores se puso de pie y pensó cerrar la ventana, pues la noche se había puesto de pronto fría y temía pescar un resfriado. En su estado no podía permitírselo. Observó la luna en todo su esplendor, grande y plateada, y su pálida luz la bañó en cuerpo entero. Se sintió fuerte y feliz de llevar en sus entrañas al hijo deseado. Pensaba que sería grande y fuerte, pues por algo pesaba tanto el condenado. Segura estaba que sería varón, así se lo había pronosticado Dominga. Tampoco podía defraudar a Enrico, quien guardaba la esperanza que fuera un hombrecito. Aunque él no lo decía abiertamente, ella lo sabía. Muy comunista podía ser Enrico, pero el lastre de la ideología dominante todavía lo sorprendía a cada rato.

Diciembre llegaba a su fin y el pueblo entero se preparaba para recibir el año nuevo. Dolores sintió un picotazo en el vientre. Tan fuerte había sido el dolor que tuvo que sostenerse en la mesa para no caer al piso de madera. Un sudor frió cubrió su frente y sus manos blancas solamente pudieron palpar aquel vientre hinchado que amenazaba con estallar. Tomasa, la criada, al verla pálida y respirando de a poquito, se asustó tanto que lo único que se le ocurrió fue exclamar un sonoro: ¡Don Enrico!

Enrico entró violento y asustado, pues sabía que la hora cero había llegado. Minutos antes había escuchado las noticias y al enterarse del triunfo de los revolucionarios cubanos pensó invitar a todo el pueblo a beber vino tinto y cerveza. Ahora, la fiesta sería más grande e importante. Pero primero había que hacer las de partero.

Dolores lo miró con ternura, él la tomó en brazos y la condujo a su alcoba. Mientras tanto, Tomasa aún nerviosa y tiritona, calentaba agua en el fogón. Los dolores aumentaban y cada segundo que pasaba le parecían a Dolores una eternidad. Sintió como la bolsa amniótica se rompió e instintivamente comenzó a respirar profundo.

Enrico tomó en sus brazos a su primogénito, quien por causas obvias e históricas, recibió el nombre de Fidel. Minutos más tarde, doce para ser exactos, Dolores dio a luz a su segundo hijo. Inmediatamente Enrico lo bautizó con el nombre de Ernesto. Cinco minutos después del segundo, Tomasa recibía al tercer crió de Dolores. Enrico pensó, que si bien era cierto que en la revolución cubana todavía había patronímicos de guerrilleros a escoger, también pensó en Dolores y en la fe cristiana que profesaba. Aunque, Camilo le gustaba, decidió llamar al tercer hijo, simplemente Jesús. De todas maneras, él se encargaría de educarlos como ateos y comunistas. Y por otra parte, era una forma de asegurarse, en el caso de la existencia del eterno, un lugarcito en el Paraíso. Pero esto era un secreto que no lo comentaría con nadie. Enrico celebró el nacimiento de sus tres bisoños y el triunfo de la revolución cubana muy feliz y contento hasta emborracharse. 1959 había comenzado con buen augurio.

Continuará…

Roberto Herrera 08.03.2011

Con amor y respeto para todas las mujeres

Muchos son los adjetivos calificativos con los que se podría definir a la mujer en general, pero quiero, en este día especialmente, referirme a aquellas mujeres que con esmero y ahínco, están luchando por una sociedad más justa y más humana. Anónimas madres, compañeras, amigas y hermanas repartidas en todo el mundo, que sin ellas, el planeta tierra sería árido y menos bello. Quiero pues, rendirles homenaje a estas mujeres con cuatro atributos convertidos en rosas rojas: AMOR, SACRIFICIO, INTELIGENCIA Y REBELDÍA
Cuando pienso en ellas y cierro los ojos para romper la barrera del tiempo-espacio, veo ante mí el rostro alegre, amable y amoroso de una mujer, que bien podría ser mi madre, tal vez mi compañera, quizás mi hija e incluso aquella que sin conocerme me extiende su mano y me sonríe, pues sabe que en la lucha sembramos juntos la semilla fértil del amor libertario.
Y, ¿Qué decir de la mujer valiente que arrostra los entuertos más terribles de la vida y pare sola sus hijos? También la veo a ella en mis fantasías. Es la mujer que resuelve el hambre en la cotidianeidad injusta del sistema y alimenta a sus críos haciendo el milagro del pan y los peces. Allí está ella, algunas veces con más hueso que carne en su cuerpo, pero siempre saliendo adelante y levantando el pecho cargado de vida y energía.

Para ver la mujer incansable y trabajadora no necesito cerrar los ojos, veo a mi alrededor y te contempló a ti, mujer de mi barrio, mujer del mundo, mujer de mi hogar. Te veo con un libro abierto, escribiendo poemas, inventando recetas culinarias, reparando una máquina o escribiendo una carta en una oficina. Siempre laborando como una abeja incansable día tras día sin descansar.

También está ahí, en ese hermoso jardín, la mujer rebelde, la que pelea su derecho como mujer y ciudadana. La que no se somete a la dictadura del machismo y da la cara con sólidos argumentos y no se deja impresionar con los cantos de sirena de la sociedad de consumo ni el sofisma dulzón de falsos profetas viriles.
Rindo homenaje a la mujer y brindo por ella. Por esa mujer que nos enseña a los hombres, con su rebeldía, a no aceptar los cánones y patrones putrefactos establecidos por el patriarcado. Por la compañera, quien con su ejemplo y conducta sabe que el mañana lo construimos juntos, hombres y mujeres. Cada uno en su lugar y con sus particularidades, pero sabiendo que estamos en la misma trinchera.

Porque cuando se ama y se respeta a la mujer, entonces la lucha diaria por un mañana mejor tiene un carácter distinto. Es como recitar quedito al oído un verso de Benedetti y decirle a la mujer amorosa, sacrificada, inteligente y rebelde que tenemos a nuestro lado:”… si te quiero es porque sos, mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos…”

Con mucho amor y respeto…

Roberto Herrera 08.03.2011

domingo, 6 de marzo de 2011

Introito a una historia inconclusa y jamás contada

Arturo o Aldebarán en árabe, es una estrella brillante en la constelación de tauro y se encuentra a 61 millones de kilómetros de la tierra, con un diámetro 44 veces más grande que nuestro sol y con una luminosidad aproximadamente 150 veces más intensa que la de Helios. Este es el nombre que escogí como título, para lo que en su origen fue concebido como novela, pero por falta, tal vez de fantasía o cualidades literarias, quedó reducido a una serie de pequeñas narraciones. Los cuentos de Aldebarán son inéditos y se encontraban archivados en un formato antiquísimo. El año 1990, anno domini desde el punto de vista del desarrollo de las ciencias de la informática, es ya prehistoria. Debo confesar que por momentos me sentí Jean-François Champollion descifrando los misterios de las pirámides egipcias. Fue necesario encontrar un ordenador matusaleno, tarea nada fácil en estos días plagados de notebooks, i-Pad, desktops, etcétera, etcétera, que leyera discos de 5.25” formateadas para el sistema DOS. Para desempolvar los datos, utilicé un plumero digital en desuso y una vez convertidos los jeroglíficos al lenguaje de las máquinas modernas, los textos originales de “Aldebarán, el guardián de los bosques” pudieron ver la nítida luz de Arturo.

Aldebarán era un hombre de la tierra, que conocía las constelaciones estelares y su influencia sobre nuestro planeta, especialmente en la agricultura. Antes de sembrar una semilla, miraba la bóveda oscura del firmamento para recibir el consejo astronómico de las estrellas. Entonces, resultaba que en el jardín de Arturo, las flores eran más bellas y los huertos más fecundos. Las laboriosas abejas, fieles visitadoras de sus aras, compensaban el esfuerzo de aquel sabio hombre con la abundante y exquisita miel que producían. Sus vecinos creían que él era un mago o que poseía ocultos secretos que utilizaba para hacer maravillas agronómicas. Pero la llave del éxito de sus cosechas, estaba plasmada en un verso del erudito Hesíodo*: “…Cuando se eleva el gran Orión, pon a tus esclavos a aventar el sagrado grano de Deméter, en la ventosa y desgastada era…Luego, da un reposo a tus esclavos; desunce tu yunta. Pero cuando Orión y Sirio se desplacen a la mitad del cielo, y Arturo acompaña a la rosada Aurora, entonces, Perseo, arranca las uvas arracimadas y lleva la cosecha a tu casa…cuando el gran Orión se sumerge, el tiempo ha llegado de arar, y, oportunamente, muere el viejo año…”

Escribir, para mí, es también expresión de la lucha de clases, es hacer política e ideología con las frases, es jugar con las palabras y hacer malabares con la sintaxis. En la medida que los acontecimientos de la política internacional me lo permitan, os iré narrando de a poquito, las historias amenas e inverosímiles de Aldebarán. Espero que el primer cuento, publicado hace un par de días, os haya gustado. Bien, que disfrutéis de las aventuras de Aldebarán, el guardián de los bosques.

Roberto Herrera 06.03.2011

*:Hesíodo: Los trabajos y los días

sábado, 5 de marzo de 2011

Miguel Gorbachov: El octogenario cartero del imperio

Miguel es un hombre de confianza ─comentó─ el general, con la seguridad que tienen los militares cuando están conscientes que han elegido al hombre preciso para realizar una misión importante. Ante todo, ─apostilló el monarca─ es nuestro hombre. Miguel había causado buena impresión a su Majestad, quien sabía que su vida y la de su imperio, dependían de aquel hombre. Y así, con la ayuda de Dios, partió el correo del zar a cumplir su cometido, según narra Julio Verne en su famosa y brillante novela, Miguel Strogoff.

El trasfondo histórico de Miguel Gorbachov no es novela de ficción ni guión de película comercial. Lo cierto es, que Gorbachov asumió la dirección del partido comunista y la presidencia de la Unión Soviética en condiciones involutivas a nivel político-ideológico y económico de la revolución bolchevique; las que en mayor o menor medida, se hicieron evidentes en la época der Nikita Khruschev.

El carácter multicultural y plurinacional de la Federación Soviética, fue un problema que la dirección del partido no supo manejar adecuadamente, que se agravó durante el periodo estalinista de la revolución, cuyas manifestaciones fueron diversas, así como variadas fueron las medidas que se tomaron para acallarlas. Leónidas Breschnev, sucesor de Nikita, tampoco pudo contener la lucha ideológica al interior del partido ni reactivar la economía ni resolver el entuerto multinacional. Ni Andropov, quien asumió la dirección a raíz de la muerte de Breschnev en 1982, ni Tchernenko quien sucedió a Juri Andropov, fueron capaces de revertir el proceso involutivo de la Unión Soviética. En primer lugar, porque estuvieron muy poco tiempo a la cabeza del Estado y en segundo lugar, porque carecían de un plan estratégico revolucionario de reformas político-económicas y culturales. Pienso que la dirección del partido estaba consciente de las falencias y debilidades económicas, pero el anquilosamiento burocrático del aparato partidario se convirtió primero en un freno, luego en féretro.

A nivel económico, la Unión Soviética continuó impulsando un plan extremadamente centralizado, en el cual, el cumplimiento de las metas quinquenales era más importante que la productividad y eficiencia de los centros productivos. Una sociedad subvencionada, con las dimensiones de la Unión Soviética y con un presupuesto estatal en el que se dio prioridad a la carrera armamentista, el desarrollo de la investigación espacial y proyectos gigantescos agro-industriales de baja rentabilidad, fue debilitando paulatinamente la capacidad de responder adecuadamente ante las exigencias económicas cotidianas de la ciudadanía. La crisis de la Unión Soviética no era coyuntural, como muchos creían y confiaban que así fuera, sino más bien estructural. La economía del modelo soviético había hecho aguas.

En este escenario oscuro y difícil, aparece Miguel Gorbachov con su famosa Perestroika y Glasnost, términos rusos que podrían traducirse como reformas o reestructuración a nivel económico y transparencia o democratización en las estructuras partidarias y en la sociedad en general. En cierto sentido, se trató de un “revolución impulsada desde arriba”, fomentada por los sectores reformistas del partido. Según ellos, la modernización del sistema económico soviético, exigía la apertura a la economía de mercado y requería el financiamiento de las instituciones financieras (FMI, Banco Mundial, etc.) del gran capital.

El recetario de estas instituciones fue filtrando las estructuras del sistema económico soviético y el capitalismo fue corroyendo lentamente el ideario comunista. Los paladines políticos del gran capital, afiliados a la socialdemocracia y a la democracia-cristiana internacional, acudieron prestos a asesorar a los reformistas soviéticos. Seducido por los encantos de la parte más “humana” del capitalismo, Miguel Gorbachov asumió su papel de mensajero del imperio, llevando la buena nueva a diferentes países del mundo socialista. En su visita a la antigua República Democrática Alemana en octubre de 1989, Gorbachov se dirigió a Erich Honecker con estas palabras: “Quien llega tarde a la cita, la historia lo condenará”

Ese mismo año, Miguel también visitó la República Socialista de Cuba. Lo que en privado, ahí, en La Habana se habló y discutió, es un secreto de estado, pero analizando minuciosamente el discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz en la Asamblea Nacional del Poder Popular, con motivo de la visita del mandatario soviético* , se puede deducir que los soviéticos llegaron a Cuba con un proyecto estratégico, contrario a los intereses de la revolución cubana. Fidel dijo ese día: ”…Es que los que se imaginan que tales desavenencias pudieran surgir, parten de conceptos absolutamente erróneos, de conceptos absolutamente equivocados; parten del análisis simplista de la forma en que en la Unión Soviética llevan a cabo su proceso de reestructuración y de la forma en que nosotros llevamos a cabo lo que hemos dado en llamar nuestro proceso de rectificación, y la esencia de la cuestión es que ambos países, ambos partidos, parten de los mismos principios: de los principios de la aplicación del marxismo-leninismo, a las condiciones concretas de cada país…”

“… ¿Y cómo se puede suponer que las medidas aplicables en la URSS sean exactamente las medidas aplicables en Cuba o viceversa? ¿Cómo se puede suponer que dos países que tienen una enorme diferencia en extensión, en población; dos países que tienen historias muy distintas, culturas distintas; dos países que han tenido problemas distintos, tengan que aplicar exactamente las mismas fórmulas para la solución de los problemas, para la solución de diferentes problemas?...”

“…Hay algo más, si un país socialista quiere construir el capitalismo tenemos que respetar su derecho a construir el capitalismo, no podemos interferirlo, del mismo modo que exigimos que nadie tiene derecho a interferir la decisión soberana de cualquier país capitalista o semicapitalista del mundo desarrollado o del mundo subdesarrollado de construir el socialismo. De manera que el principio de respeto irrestricto a la voluntad soberana de cada pueblo y de cada país es una regla de oro de los principios del marxismo-leninismo…”

El colofón de la historia de Mijaíl el mensajero, es de conocimiento público y no es necesario aquí redundar en detalles trillados. Es necesario sí, dejar sentado, que la Unión Soviética no sucumbió por obra y gracia exclusiva de Gorbachov. Según mi parecer, hubo otros, tales como Boris Yeltsin, el tristemente célebre dipsómano, que dispararon el tiro de gracia, prohibiendo el partido comunista y contribuyeron esencialmente con sus ansias de poder y de riqueza, a la desaparición de la revolución bolchevique. A Yeltsin, como a Judas, no lo quiere ni el mismo diablo.

Mijaíl Gorbachov, sin embargo, es admirado y respetado en los países capitalistas desarrollados, mientras que en su patria es considerado como un traidor. En el año 2000, Gorbachov intentó regresar a la palestra política rusa, presentándose como candidato para la presidencia. Entonces el pueblo ruso le pasó la cuenta: Mijaíl recibió menos del uno por ciento de los votos válidos. En Rusia, Gorbachov es considerado como un político oportunista que vendió la revolución soviética al mejor postor. Sus intentos de fundar un partido social-demócrata fracasaron rotundamente al no cumplir con los requisitos básicos: representación en la mitad de las regiones rusas y un mínimo de 50.000 firmas.

La filosofía gaucha es rica en sabios proverbios, y uno de ellos dice así: “…el gaucho le soba el lomo al caballo para montarlo…”
Muchos son los políticos de izquierda (ex guerrilleros arrepentidos incluidos), hombres de letras o de ciencia que se han dejado adular por las circes del capitalismo. Algunos reciben títulos nobles, otros, condecoraciones como los premios de la paz, ciencia y literatura o más de un trabajito en alguna institución internacional como la OEA o la OIT, convirtiéndose así, en los alfiles, caballeros o peones del imperialismo. El miércoles 2 de marzo, Mijaíl Gorbachov, hijo de la revolución bolchevique, cumplió ochenta años, sesenta de los cuales vivió en la Rusia revolucionaria, y por tal motivo, la prensa élite del mundo occidental le dedicó loas y reconocimientos que recordaron sus grandes méritos, es decir, finiquitar la revolución que lo vio nacer y lo formó.

Michael Gorbachov, cartero del imperialismo, llegó a Cuba en abril de 1989 con su misiva reformista y aunque algunas veces sucede, que el envío no llega a CASA, por razones de negligencia u otros motivos del correo nacional de Cuba o bien el destinatario no se encuentra en la CASA. En el caso del último presidente de la Unión Soviética, la respuesta del Comandante en Jefe, Fidel Castro, fue contundente y escrita con tinta roja: DEVOLVER AL REMITENTE

Roberto Herrera 04.03.2011

*:Para mayores detalles, léase discurso de Fidel Castro: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1989/esp/f040489e.html

martes, 1 de marzo de 2011

El toro de Libia acorralado

Mientras los pocos periodistas y reporteros extranjeros en torno al redondel, animan con sus comentarios a la teleaudiencia internacional, me pregunto en silencio, sí lo que veo en pantalla es solamente la Matrix mediática o la “realidad periodística” distorsionada y considero que no soy yo, el único espectador confundido: Bombas que no cayeron, ciudades incendiadas, balas que no se dispararon, niños llorando a la vera del camino penando a sus muertos, eufóricos banderilleros rebeldes con Kalaschnikow 57 al hombro, hombres y mujeres que lanzan gritos al aire. ¿Sangre y lágrimas? ¿Vítores o abucheos? ¿Quién tiene que vivir, el toro o el torero?

Los acontecimientos en Libia han enfrentado nuevamente a Tirios y Troyanos marxistas en América Latina. En los últimos días, a guisa de ejemplo, se han publicado una surtida variedad de artículos en los portales de Rebelión y Aporrea. Unos defendiendo a la República Árabe Libia Popular y Socialista, otros apoyando a Gadafi, algunos favoreciendo los levantamientos populares democráticos anti dictatoriales y los menos, tratando de sintetizar en su análisis estas tres dimensiones. Pienso que unos pecan por exceso y otros por defecto.

Mucho se sabe, incluso hasta con lujo de detalles, acerca de las extravagancias de Gadafi y sus cuitas por quedar bien con los europeos. Por otra parte, habría que analizar exhaustivamente la vigencia actual del carácter popular y socialista de la República Árabe Libia y de los factores internos socio-económicos e histórico-culturales que han jugado un papel determinante en esta coyuntura político-militar.

Ciertamente, el estándar de vida, en general, es mejor en Libia que en Argelia, Túnez y Egipto, además está reconocido internacionalmente, que en Libia no existen los niveles de pobreza y miseria de otros países del Norte de África. Esto es, indudablemente, un logro real y concreto de la revolución del coronel Gadafi. A pesar de todo, la reacción gubernamental, así como la de grupos étnicos tribales opositores a Gadafi, ha sido violenta.

Por otra parte, la ola de protestas de la población civil no ha alcanzado los niveles masivos como en El Cairo o Túnez, expresada ésta en la concentración geográfica multitudinaria de fuerza ciudadana en las capitales. Más bien, todo parece indicar que la sociedad está dividida en sus posiciones políticas y religiosas. Según mi opinión, no son las masas populares, las que tienen acorralado a Gadafi. Me parece que al toro libio lo están pinchando desde afuera. Los mismos que le dieron el forraje político-diplomático durante los últimos años, son los que ahora lo van sangrando lentamente. ¿Qué seria del torero, sin los picadores y los banderilleros?

Ahora bien, sí estuviéramos en efecto, en el umbral de una contrarrevolución armada o guerra civil, los acontecimientos bélicos reales, con tanto Twitter, Facebook y celulares de alta definición, las noticias ya hubieran sobrevolado el ciberespacio y estaríamos en estos momentos desayunando combates vía CNN o Al jazzera.

¿Intervención militar de la OTAN?
Pienso que Europa no está interesada en una guerra civil ante portas ni tampoco en una ocupación militar en Libia, la cual podría traer consecuencias gravísimas para la estabilidad político-económica-social de la Unión Europea. Libia no es la antigua Yugoslavia y el fantasma del islamismo asusta a los europeos. Evidentemente el suministro de petróleo es un factor importante para los europeos, pero no más importante que el hecho de garantizar la frontera sur del tratado de Schengen, que se extiende, por el momento, desde el Gibraltar hasta Grecia. Es decir, que a la Unión Europea le conviene estratégicamente tener países amigos a lo largo de la costa mediterránea africana que detengan sistemáticamente la avalancha permanente de emigrantes del continente africano. Es decir, una muralla de países norafricanos al servicio de los intereses europeos. La media luna que brilla en lo alto del cielo estrellado del desierto es muy bella y despierta el romanticismo, podría hasta evocar leyendas antiguas como la de Lawrence de Arabia. Sin embargo, un frente sur musulmán en el norte de África no calza en los planes político-militares de los estrategas de la Unión Económica Europea. Ellos prefieren países con gobiernos democráticos parlamentarios y, sobretodo, laicos y sumisos. Las dictaduras en un momento histórico determinado toman personalidad propia y obstaculizan los planes imperialistas. En este sentido, los movimientos democráticos populares son como agua de mayo para los políticos europeos.

El enemigo de mi enemigo es mi amigo, reza un viejo proverbio. Más allá del verdadero origen de esta famosa cita, que perfectamente podría coincidir con la filosofía de la guerra del legendario Sun Tzu o de algún estratega militar árabe, es válido preguntarse: ¿Quién es quién en este pandemonio arábigo?

¿Se atreverá la Organización del tratado del Atlántico Norte a tomar al toro libio por los cuernos? Espero que no.


Roberto Herrera 01.03.2011