domingo, 20 de diciembre de 2015

Arcángeles de ala caída

Villancicos navideños

Aquí me tienen de nuevo terminando el año, con los 60 y pico al hombro, contándoles las miserias de este mundo que es un escombro. Entre guerras y conflictos me voy poniendo más zorro y menos testarudo con la exégesis marxista ortodoxa del sujeto de la historia, pero no por eso cierro el morro. El problema sirio va en serio, y poco queda del asunto que no esté dicho ya. Son varios los intereses ahí representados, por cierto, contradictorios y antagónicos, pero claro está que el “huevo” del terrorismo yihadista de ISIS y Al Caeda lo empolló un águila calva.

A la paloma de la paz se la comió de un tajo un Arcángel guerrero de ala caída hace muchos años. El laurel que llevaba en la punta cayó en Mesopotamia, región estratégica de encuentro de muchos pueblos. Todos los imperios han metido ahí sus manos, desde los griegos, los romanos, los persas, hasta llegar por último a los otomanos. Rojas les quedaron las manos a todos pues llegaron primero con sables, luego con fusiles y más tarde con misiles.  Ahí, en Miyanrudan, la tierra entre los ríos, dicen los libros de historia, está la cuna de la civilización y con lamentación lo digo que no fue de rosas ni de lirios, allí las mujeres enviudan más rápido que en el Sudán.  Sagaz y oportuna, la política moderna occidental, después de la primera guerra mundial y su caramboleo diplomático, dividió el Oriente Medio en partes, y no fue casual que así fuera, pues allí el Gran Capital encontró depósitos de petróleo y gas.   

La lista de las matancingas entre los hombres de fe es rica y abundante. Los romanos mataron cristianos a destajo y con métodos diferentes. Los cristianos por su parte, primero se entrenaron en las avanzadas para recuperar el Santo Grial supuesto en Jerusalén y se inventaron el rollo de las cruzadas, luego siguieron descuartizando a los indios en la época de la conquista española, según cuenta Bartolomé de las Casas en sus crónicas de las Indias y como le tomaron gusto a la cosa, alcanzaron la maestría torturando a los judíos con alma desalmada bajo la cruz de Torquemada.

¡Pobres hijos de Abraham!, exclamará tal vez usted, pero, ¿qué pasó al final de cuentas en Canaán? No me andaré con rodeos, ya que Josué encontró la llave del Arca de la Alianza y con toda confianza entró en Jericó apoyado por el poderoso y castigó duramente a los cananeos durante la conquista de la tierra prometida. Según cuenta la Torá y lo repite la Biblia, Yahvé le dijo a Moisés: ”Márchate de este este lugar, tú y el pueblo que saqué de Egipto”, no te preocupes que no irás solo, te acompañará un ángel de guardaespaldas y yo me encargaré personalmente de echar del país al cananeo, el amorreo, al fereceo, al jeveo, al jebuseo y al heteo, añadió el innombrable. Yo como soy ateo, no creo ni una palabra. ¿Qué pasará con el Dios de los cananeos?, preguntó Moisés preocupado. Pues se “Ba-al” carajo, contestó una voz en el Monte Sinaí, aunque algunos afirman que no fue ahí.  En todo caso, supongo que la escaramuza por lo del becerro de oro ocurrió en Jabal Musa. 

Por eso antes de criticar a los musulmanes, pienso y recomiendo, hay que tener prudencia, pues ya lo dijo el poeta Prudencio en la “Batalla por el alma del hombre”, que el ser humano de fe cuando de imponer su Dios se trata, maltrata, ofende y si es necesario mata, incluso a un pariente y no es por accidente que esto ocurre. La fe y la herejía son como una espada afilada por ambos lados y cuando la ira y la venganza los cielos del Oriente y del Occidente encapotan, una lluvia escarlata caerá en el desierto y téngalo por cierto, que no será un simple remojo, sino un Mar Rojo.  Y no crean los lectores que de la Yijad alabanza hago, pues quien en nombre de su Dios mata, comete sacrilegio y no hay Papa, Patriarca, Rabino ni Ayatolá ni Califa que goce de tal divino privilegio.

Y si de locuras pías hablamos, les cuento que un beato musulmán fanático, hazañero y mojigato, tuvo la “iluminación” de implantar un Califato más grande que el de Córdoba y envió a sus harpías a promocionar las suras entre los infieles y lo único que dejaron a su paso fueron miles de sepulturas. Ellos, los musulmanes, tampoco son una piña, ya que en la “madre de todas las batallas” se partieron la madre sunitas y chitas y esa no fue la única riña. Pero al final, la coalición liderada por occidente de 29 naciones le puso “Jeque” Mate a Sadam, quien terminó solo y en la horca. Aunque algunos fanáticos sectarios piensan que lo de Irak fue un empate.

No profeso religión alguna, pero suelo de vez en vez leer la Biblia, la Torá y el Corán, para no cometer la estupidez de hablar sin conocimiento. Pero si hay algo que me joroba es el fanatismo religioso. Cuando la homilía es ponderada y adaptada a la realidad, nada tengo en contra, pero se me atora la garganta al ver las barbaridades que comete la estrella de David en Palestina, y quiero que me magnetice el más sabio Imán de la Meca o de Medina, ¿en qué parte del Corán, Alá ordena poner bombas en un restorán o sacrificar jóvenes en Bataclán?

Como ven, las cosas en Europa y el resto del mundo no presagian tiempos de paz y de concordia. Solo nos faltaría que a un político o religioso contumaz se le cruzaran los cables y atice más el fuego entre las culturas y que siembre más la cizaña religiosa entre los fieles. Llegado el caso, que los Dioses se apiadan de nosotros y tengan misericordia, pues la muerte con su guadaña no perdona ni a moros ni a cristianos y por supuesto, tampoco a ateos. Mientras no haya paz en el Medio Oriente y en el continente africano, los refugiados seguirán llegando a Europa como langostas, víctimas del hambre, de la guerra y del desempleo, a las costas o a la frontera turca.

No es por desmerecer, pero ante estos graves y serios problemas, la crisis griega resultó ser una común y vulgar acidez gástrica provocada por comer Musaca con Sauerkraut. Syriza no atemoriza a la Unión Europea de Ángela Merkel. Lo que si aterroriza es la cantidad de franceses que votaron por el Frente Nacional de Marina Le Pen en las regionales. Por suerte– ¿a qué Dios o a qué Santo hay que darle las gracias? –, los fachos perdieron las elecciones, sin embargo, la amenaza fascista se cierne sobre el continente. Hay que poner mucha atención y estar ojo al charqui, pues los de la extrema derecha se están afilando los cachos y desempolvando sus viejos uniformes color caqui.   Para colmo de todos los males, los socialistas franceses enviaron a la marina y la aviación de guerra, apoyados por los alemanes, a tirar bombas a destajo en la ciudad de Mosul, confiando en que los fanáticos “mosulmanes” armados hasta los dientes, aprieten cueva en desparpajo.

En resumen, para entender este meollo no se necesita tener mucho cacumen. Claro, nos quieren hacer creer que el rollo es religioso, pero por muy piadoso que uno sea, no hay que creer a ciegas lo que nos dicen algunos politicastros, los xenófobos y los racistas a viva voz o con parlantes. ¿Por qué tenemos que asustarnos al ver un transeúnte con túnica, barba y con turbante? ¿Por qué nos espanta ver a una islamita arropada hasta la garganta? ¿Cuántos monjes y monjas carmelitas recorrieron descalzos la Europa medieval llevando la Cruz y el Evangelio?, sin que nadie se asustara ni los acusara de alterar el orden público ni violar la ley y, vaya que iban cubiertos de la coronilla hasta los pies.

Aunque no todos los seguidores de Jesucristo tuvieron tan buena suerte como Santa Teresa de Jesús, ya que, en los inicios del cristianismo, el status quo religioso era otro. Cuenta la leyenda que San Dionisio de Paris, el primer obispo de la ciudad, luego de ser decapitado durante la persecución a los cristianos, ordenada por el emperador romano Aureliano en el siglo III d. C., tomó su cabeza bajo el brazo y anduvo seis kilómetros hasta desplomarse en el lugar donde se erigió más tarde la Catedral de San Dionisio en la Región Parisina. Mito que no sea hiperbólico no existe y solo faltó que le agregaran al cuento, que el santo al tomar la testa en sus manos le dio un beso en la frente. Y, para no irme más lejos en la historia, les recuerdo el martirio de otro santo ocurrido antes de ayer. Oscar Arnulfo Romero, “San Romero de la América Pobre”, el santo salvadoreño a quien tuve la dicha de conocer, murió de un balazo que le disparó un sicario pagado por la oligarquía celebrando la Eucaristía.

Las víctimas del suburbio de San Dionisio en Paris y las de las Torres Gemelas nada tenían que ver en el asunto político-militar-religioso e ignoro su confesión o creencia, pero es una aberración aplicar la ley del Talión a tontas y a locas, pues los misiles lanzados por occidente matan más niños y ancianos que talibanes o yijadistas. No tengo a la mano las estadísticas que comprueban lo que aquí afirmo, pero estoy seguro que por ahí van los tiros, pues no hay guerra limpia ni aséptica ni mucho menos santa. La muerte es una harpía y nadie la domestica, ni con salmos ni con regaños ni con la Sharia.  Los daños colaterales   en la población civil son grandes y en la mayoría de los casos ni siquiera hay una manta para tapar al difunto. Habrá que ponerle un tapón en el hocico a aquellos que hablan de terrorismo, digo yo, y se olvidan de las dos bombas que dejaron caer en el Japón. A lo mejor mi opinión la considere usted ridícula, pero pienso que ni Gabriel ni Miguel ni Rafael hacen bien el papel del bueno de la película. 
  
Como no soy adivino, no sé lo que pasará mañana. Tampoco estoy confundido, para no darme cuenta que estamos al borde del precipicio. Hollywood, en cualquier caso, ya está preparado para los avatares futuros. Las nuevas producciones tienen que ver con la guerra y el “Arca de las nuevas Alianzas” contra el poder del mal.   De escombros y ripio que deja el fanatismo político-religioso les he hablado, nada me he inventado, los casos y cosas están ahí expuestos como en una vitrina y ténganlo por seguro, que los hombres y las mujeres de buena fe, cristianos, musulmanes, judíos o lo que sean, no matan al prójimo, incluso oran por los que no lo hacemos, pero “ojo al cristo que es de plata” con aquellos que, en nombre de Dios, siembran el odio y la guerra. Las ideas cuando se estancan por la ideología, el interés material mezquino o el sectarismo religioso, apestan como una letrina. Ya con esta me despido y no quiero darles más lata, ojalá en el futuro las vacas sean gordas y no flacas.  

lunes, 16 de noviembre de 2015

Memorias de un viajero de estos tiempos

 

Memorias de un viajero de estos  tiempos

“Ay hijo, ¿sabes, sabes de dónde vienes?” El hijo, Los versos del Capitán. P.Neruda

No era la primera vez que perdía el tren de las 6 y 45  en dirección a Karlsruhe, –la siguiente estación importante después de Mannheim–, y aunque siempre le causaba desagrado ver al tren moviendo la cola, como si se burlara de él, ya se había acostumbrado a tales eventualidades. No obstante, cada vez que perdía una conexión, lanzaba improperios y maldiciones contra la compañía federal de ferrocarriles, y si bien este comportamiento irracional no solucionaba su problema, al menos le servía de válvula de escape.  Daniel aguardó pacientemente en el andén número tres la llegada del próximo tren rápido InterCity Express, conocido popularmente por sus siglas ICE.

Era noviembre de 1997 y el otoño ya se había anunciado bruscamente, presagiando bajas temperaturas. La ciudad de Mannheim, más gélida que de costumbre en esa época del año,  vestía  el típico traje gris de las ciudades alemanas reconstruidas después de la segunda guerra mundial. A la vera del río Rin, Mannheim, muy lejos de ser una urbe cosmopolita como Nueva York, se conformaba con tener de vecina, al otro lado del río, a la ciudad más grande en la región del Palatinado,  Ludwigshafen,  cuna  del canciller alemán de turno, Helmut Kohl, apodado “La Pera” (Die Birne) por la forma oblonga de su cabeza, famosa además por ser la sede central de BASF, uno de los consorcios químicos más grandes del mundo.  A pesar que la comparación que hacía Daniel de las ciudades era bastante “tirada de las mechas”, él no podía  dejar de pensar en New York y New Jersey cada vez que cruzaba el río, es decir, diez veces por semana.

El siguiente tren llegó puntual y Daniel se apresuró a encontrar un asiento que estuviera libre, guardando además la esperanza que fuera uno a su gusto.  La estación ferroviaria de Mannheim era un nudo importante en la red de trenes federales. Por ahí pasaba todo el transporte de mercancías y de pasajeros de norte a sur y viceversa. Encontrar un puesto libre era cuestión de suerte y tener la opción de elegir la mejor posición era como sacarse el “gordo” en la lotería. Esta vez la fortuna lo acompañó e inmediatamente  ubicó una butaca individual al lado derecho, en el sentido de la marcha de la locomotora. Colocó su mochila 4-You color negro en el portamaletas de manera tal que el colgante  –un osito polar– se movía en el aire al vaivén del  ICE. Sacó de ella “Der Spiegel” –la revista semanal más importante de Alemania y la de mayor tiraje en toda Europa– reanudando la lectura del artículo referente a la contaminación del Rin y a la salinización de las aguas subterráneas a lo largo de la cuenca del río. Según los especialistas, la salinización había alcanzado en ciertos lugares  ubicados entre Fessenheim, Buggingen, Heitersheim y Breisach valores altos y comparables a los del mar. La industria química suiza, francesa y alemana ubicada en el alto Rin tenía la máxima responsabilidad en este desequilibrio medioambiental, pero estas compañías hacían mutis por el foro y no les preocupaba que el segundo río más largo de Alemania, pero el primero en importancia, perdiera constantemente su contenido de oxígeno debido al recalentamiento de las aguas y por lo tanto, facilitara  el aumento exponencial de desperdicios. Las consecuencias directas eran la proliferación de productos putrefactos, la mortalidad de los peces y el mal olor del agua. Una pestilencia parecida al de un inodoro de estación de metro desatendido se respiraba en algunos lugares cercanos a las numerosas plantas atómicas ubicadas a lo largo del caudaloso río, en cuyo fondo los enanos Nibelungos, según cuenta la leyenda, escondían el oro robado a las ninfas.

Daniel detuvo por un momento la lectura al percatarse que un viajero de avanzada edad tenía clavada su mirada en él,  no con carácter agresivo ni acosador sino más bien expresando interés por su persona.  Al percibir repetidamente la mirada taladrante, Daniel prestó más atención y puso en práctica  el método de “chequeo-contra chequeo” utilizado por los espías en las películas de Hollywood. Así ubicó la posición del personaje sospechoso y comprobó que éste viajaba solo. Al regresar de una de sus visitas al lavabo, el pasajero en cuestión se detuvo frente al osito polar  y  exclamó sin remilgos:
– ¡Así que usted viaja a Berna!  
– No, viajo a Friburgo –contestó Daniel amablemente.
– Pensé que viajaba a Berna –dijo echándole una mirada de soslayo a “Volodia”, la mascota polar soviética.
– El oso de Berna es diferente –ripostó Daniel sorprendido y pensando: ¡Un oso polar en Berna, a lo sumo en el zoológico!
– Claro, los osos de Berna son pardos –comentó socarronamente el anciano y preguntó sin prestar mayor atención a la “supuesta” equivocación sobre los plantígrados: ¿Sabe usted qué cosa tienen en común las ciudades de Berna y Friburgo, aparte del idioma?
Era evidente que el hombre quería entrar en conversación con Daniel a como diera lugar y éste le abrió las puertas. 

Daniel meditó  un instante, pero no encontró, así a la rápida, una respuesta convincente. Conocía Berna y muchas veces había estado allí,  como representante del movimiento revolucionario salvadoreño,  en la década de los setenta del siglo pasado y le pareció que no había nada en común entre las dos ciudades.  De manera resoluta y convencido que había gato encerrado en la pregunta, contestó con decisión:
– ¡No tengo la menor idea! –admitió Daniel.
– La casa de los Zähringer –respondió escuetamente el octogenario.
Así se enteró Daniel, que varias ciudades de Suiza, entre ellas Berna, Friburgo, Thun y Rheinfelden también habían sido fundadas por la misma dinastía que había erigido en el año 1120 la ciudad de Friburgo de Brisgovia, “capital” de la Selva Negra.
– ¿Hacia dónde se dirige usted? –preguntó Daniel, cambiando de tema.
– A Basilea –respondió–, añadiendo una nueva pregunta. ¿Algo interesante en el “Der Spiegel”?

La conversación era evidentemente asimétrica tanto por los contenidos, como corporalmente, puesto que  Daniel continuaba sentado en su asiento y el viajero se mantenía en pie e inclinado hacia él.

– Si no tiene inconveniente podemos viajar juntos –propuso Daniel–, al percibir el hambre  comunicativa de aquel enigmático pasajero. Así podemos charlar tranquilos –añadió sugerente.  
Ni corto ni perezoso, el viejo aceptó gustoso la propuesta.
– ¿De dónde viene usted? –avanzó el longevo careador lanzando una nueva pregunta a boca de jarro.
 Daniel que esperaba esa pregunta en cualquier momento, contestó expedito:
– ¡De América Latina!
– ¿De qué parte?

Aunque el diálogo alcanzaba connotaciones inquisitorias, Daniel no se alteró ni le incomodó tanta pregunta, puesto que no era la primera vez que vivía esa situación. En más de alguna ocasión había invertido el sentido de la comunicación, transformando esos “sondeos” en juegos de acertijo, convirtiendo así al “interrogador” en adivinador. Pero esta vez, captó un deje extraño en la conversación y permitió que las cosas siguieran su rumbo.

– Nací en Caracas –mintió Daniel, arriesgando a enfrentarse a más preguntas y parecer un simio en una cátedra de filosofía.  
– Pero, ¿de dónde viene usted realmente? –insistió el indagador, apretando más la cuerda de la caña de pescar. 

Frente a esa pregunta, Daniel sintió una leve incomodidad al no comprender, por qué él utilizaba el adverbio “realmente” y tuvo la fugaz fantasía que el anciano había adivinado que él había nacido realmente a 2500 kilómetros de Caracas, en la capital de El Salvador.  Y los recuerdos de su familia materna brotaron nítidamente, invadiendo el  presente, como si viajara en tren al pasado y se encontrara en la plaza del pueblo donde nació su madre, el lugar donde sus abuelos –que nunca conoció–, poseían fincas con árboles frutales, plantas de café y ganado vacuno. Nunca supo a ciencia cierta ni tampoco se preocupó de averiguar cuáles eran las raíces verdaderas de sus abuelos y bisabuelos. En la familia se habló muy poco de ellos y Daniel y sus hermanas estaban demasiado pequeños para interesarse por el árbol genealógico de sus antepasados. Lo único que él sabía con certeza es que habían sido emigrantes españoles, por parte  de su abuela y por   parte del abuelo, de origen francés o viceversa. Pero daba igual, para los fines prácticos, él había nacido en San Salvador y punto. Daniel, sintiéndose en esos momentos un viajero de estos tiempos que regresa al pasado a buscar raíces desconocidas, comprendió el trasfondo y la dimensión de la pregunta  de su interlocutor.

– Bueno, tengo entendido que mi familia materna tiene sus orígenes en España –respondió ante la insistencia del caballero.
– ¡Ya me lo suponía! –exclamó victorioso el interrogador como si hubiera ganado una apuesta. ¡Usted es un marrano! –sentenció en seco.
Al sibilino y amable preguntón solo le faltó exclamar eureka, para completar el sentimiento que supuestamente experimentó Arquímedes cuando descubrió que  el volumen del líquido  desalojado en un recipiente, es igual al volumen del cuerpo sumergido.
Daniel, por falta de cultura general, no entendió el término “marrano” en el contexto que el señor lo estaba utilizando. Él conocía la mayoría de los sinónimos de marrano desde México hasta la Patagonia, y al intuir que su interlocutor le daba otra connotación a la expresión, guardó silencio para no delatar su falta de conocimientos.
– Usted es judío sefardí –explicó–, dándose cuenta que la sorpresa había invadido el semblante de  Daniel. Los “marranos” eran los judíos conversos al cristianismo en la España medieval, una expresión peyorativa en aquellos tiempos –precisó. Sefarad  es el nombre con el que los judíos se referían  a la península Ibérica. Sefardí significa idioma español en hebreo, de allí que los sefardíes son los judíos de habla ladina –concluyó satisfecho su ponencia.
– ¡Me pilló chanchito el viejito! –pensó Daniel. ¿Cómo puede usted afirmar eso? ¿Lo dice usted seriamente? –preguntó Daniel ahora interesado en conocer los detalles.
– Porque conozco bien esa cultura y a su gente –comentó con la soberanía académica característica de los especialistas en una rama cualquiera de la ciencia, el arte o la cultura, pero sin la arrogancia de los “Fachidioten” [sabios ignorantes].
– Bien, cuénteme en qué se basa….

Daniel no tuvo tiempo de terminar la frase ni de preguntarle si él mismo era judío, pues las palabras del inescrutable caballero comenzaron a fluir como un torrente inagotable de conocimientos acerca de la historia y de la cultura de los judíos españoles. La cátedra  hizo  vibrar una cuerda misteriosa y oculta en su corazón.

– Pensé que usted es judío sefardí desde el primer momento en que usted fijó su mirada en la mía  –terminó diciendo el abuelo con el hablar cansino de los hombres de su edad.
Momentos después la conversación se volvió más amena y familiar. Daniel  se sinceró con el anónimo personaje, que bien podría haber sido su padre y le contó  lo poco  que sabía de sus antepasados y de la circuncisión a que había sido sometido siendo un recién nacido, un rito inusual en la cultura cristiana e hispanoamericana. Con este pequeño detalle, el arcano caballero vio confirmada la teoría que tejió en el mismo instante en que entrelazó sus ojos con los de Daniel.

– ¿Tiene todavía dudas? –preguntó lacónicamente dejando entrever en la comisura de sus labios una sonrisa que  delataba su satisfacción.

La voz del empleado de ferrocarriles anunciando que en breves minutos el tren llegaría a la estación central de la ciudad de Friburgo interrumpió la conversación. El caballero extrajo del bolsillo de su saco una tarjeta de presentación de color blanco y se la entregó: Prof. Dr. Gerold Walser, Kl…strasse 2…, CH-4054 Basel; Telephon: 061/28…–leyó Daniel.
– Visíteme en Basilea –invitó amigablemente después de la despedida.

Daniel guardó la tarjeta en su libreta de direcciones y aunque no se olvidó de la historia relatada ni de aquel hombre misterioso  que había abierto una ventana cerrada en su vida, dejó que el tiempo se devorara así mismo, sin volver a tomar la tarjeta de presentación en sus manos. Ahí yació dormida  durante varios años entre papeles y direcciones de vivos y muertos, de amigos queridos y mal queridos,  de conocidos, desconocidos y olvidados.

Daniel se encontraba empecinado en escribir una nota periodística relacionada con la corrupción en el mundo, pero  Calíope lo había abandonado y mientras esperaba a que llegara la inspiración, se puso a  hojear la obra aristotélica “Moral, a Nicómaco”. Sin embargo, la musa caprichosa brilló por su ausencia, y en su lugar apareció su mujer cual hada bailarina, solicitándole con voz de Cirse la dirección  de Laura, una buena y querida amiga en común. Sacó la destartalada libreta verde de direcciones del cajón del escritorio y por los aires voló la vieja tarjeta de presentación  del Profesor Gerold Walser en manos de una sílfide invisible hasta posarse en el teclado de la computadora. Tuvieron que transcurrir  18 años, para que aquel encuentro fortuito en el tren de velocidad,  floreciera como una siempreviva.

Daniel agradeció a los tiempos modernos y a la tecnología cibernética y tecleó el nombre en el buscador google que en cuestión de segundos mostró la biografía del enigmático anciano, quien lo condujera por senderos inéditos aquella tarde de otoño de 1997. Pinchó en uno de los enlaces y leyó:
“El 3 de julio del año 2000 murió en Basilea el Prof. Dr. Gerold Walser a la edad de 83 años, historiador antiguo y epigrafista, doctor honoris causa de la Universidad Albert-Ludwig de Friburgo de Brisgovia. El profesor Walser se distinguió por su dedicación  en la reconstrucción de la facultad de historia antigua durante el período de la posguerra. Después de su habilitación como catedrático en la universidad de Berna, el Prof.Dr. Gerold Walser volvió a ejercer la docencia en Friburgo.”

Daniel se sintió profundamente conmovido al comprobar que todo aquello que el buen hombre le había relatado acerca de las alfombras iraníes, de su esposa recién fallecida y de sus viajes por el mundo, había sido cierto y avergonzado por haber desconfiado del Profesor por unos instantes durante la travesía en tren. Sólo una cosa se guardó para sí el gentil estudioso y sabio suizo: Su primera esposa, Brigitte Walser-Freundenberg era descendiente, por parte materna, de una familia ortodoxa judía.

Esa noche le costó reconciliar el sueño y al día siguiente, tuvo la necesidad imperiosa de visitar  la universidad, pues le pareció el  lugar más indicado para encontrarse con el  espíritu del Profesor Dr. Gerold Walser.  Tal vez lo vería releyendo uno de los 3000 libros de su biblioteca particular que ahora vivía  en los estantes del departamento de ciencias sociales.  Ahí, frente a los espejos de la moderna biblioteca universitaria recién inaugurada, que reflejaban los rayos del sol en el día de otoño más caluroso en la historia climática de Alemania,   Daniel sintió por unos segundos la mirada afable y cálida del Profesor  hincada en la suya y le pareció que le sonreía disculpándose por haberle ocultado su propia cercanía con el judaísmo asquenazí. Se  despidió de él, no sin antes darle las gracias por las lecciones de historia gratuitas recibidas en el  InterCityExpress  y por haber iluminado el sendero oculto de sus raíces ancestrales. 

domingo, 4 de octubre de 2015

No todos los blancos son racistas ni tampoco todos los racistas son blancos

“Los estudios de ADN no indican que existan distintas subespecies clasificables (razas) dentro de los seres humanos modernos. Aunque los diferentes genes de rasgos físicos, como el color de la piel y el cabello pueden identificarse entre las personas, no existen patrones consistentes de genes en el genoma humano para distinguir una raza de otra. Tampoco existe ninguna base genética para las divisiones de la etnia humana.”  Human Genome Project



Los científicos que participaron en el Proyecto del Genoma Humano (PGH) concluyeron que los llamados   caucásicos, africanos, asiáticos, indios, árabes o judíos no son “razas” diferentes, sino grupos étnicos particulares, cuyas diferencias físicas observables son simplemente fenotípicas, y comprenden cualidades  como las morfológicas, las fisiológicas y las conductuales.

Sí demostrado está que las “razas” humanas no existen, y que en definitiva  solo existe la especie humana,  ¿por qué surge entonces el racismo? 

El racismo nace como un instrumento religioso e ideológico para justificar el sojuzgamiento de otras etnias y/o la discriminación social de sus propios compatriotas por parte de un grupo élite de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma, tienen una tradición común y que basándose en una     “supuesta” superioridad,  se sienten con el legítimo  derecho y autorización divina para exterminar todo aquello que sea ajeno y extraño a su cultura. De esta forma los reyes católicos del siglo XV – Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla– ordenaron perseguir, torturar y expulsar a las comunidades judías sefardís por cuestiones de fe, así como lo hiciera el rey Eduardo I de Inglaterra   en 1290 y el rey de Francia Carlos VI, apodado el  Loco, en 1394. Por su parte, el racismo anglosajón no se quedó atrás en la edad contemporánea masacrando y exterminando a poblaciones enteras de seres humanos en la época del  colonialismo  en los Estados Unidos. Con la abolición del Apartheid en Suráfrica y en Namibia  en 1992 se terminó –al menos oficialmente– con la segregación racial como política de estado a nivel mundial.

El racismo  es un fenómeno social que se manifiesta de muchas formas y existe en todas las latitudes. No obstante, el racismo no puede considerarse ni debe ser entendido como una impronta biológica en el ser humano y por lo tanto, sería erróneo  concluir que la especie humana es racista por naturaleza. A pesar que el racismo se expresa con más virulencia en Europa y en los Estados Unidos, es necesario acotar que  no  todos los blancos son racistas ni tampoco todos los racistas son blancos.  

En tiempos de crisis mundial económica, la xenofobia, la discriminación social y el racismo proliferan en cualquier parte del mundo como setas en tierra húmeda y ambiente ácido. Por eso es importante no olvidar las palabras de Martin Niemöller, pastor protestante alemán, quien sufrió en carne propia la brutalidad del régimen hitleriano en los campos de concentración: „Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y sindicalistas, y yo no hablé por que no era ni lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”.

Actualmente los “malos” de la película son los  mexicanos, quienes se encuentran en el punto de la mira del señor Donald Trump, aspirante republicano a la presidencia de los Estados Unidos.

¿Quiénes serán los siguientes el día de mañana?

martes, 1 de septiembre de 2015

El problema en El Salvador no son los altos salarios de los funcionarios

Leí en la red hace unos días un artículo relacionado con los sueldos de los actuales gobernantes salvadoreños, concretamente de algunos que desempeñan cargos en el poder ejecutivo y legislativo. No es la primera vez que se ataca desde una perspectiva moralista al partido político FMLN y a sus máximos dirigentes por devengar altos salarios, viáticos y otros.   

En la nota periodística, titulada “Gobernantes socialistas con sueldos de capitalistas”, el autor concluye que “un campesino, ex guerrillero, que se dedica al trabajo de la caña de azúcar ganaría en 5 años y medio de trabajo” los 7 mil dólares  que el presidente de PROESA (Organismo Promotor de Exportaciones e Inversiones de El Salvador), Sigfrido Reyes, recibe como sueldo en un mes.

La “obligación ética y moral” de los dirigentes del FMLN, según el periodista, debería de ser emular la actitud del presidente de Bolivia, Evo Morales, “quien se redujo [sic] en un 57% el salario que tenían sus antecesores, y en un 50% el salario de todos sus funcionarios”.  Frente a esto es importante aclarar, que Morales  no renunció a recibir el salario que le corresponde de acuerdo a la ley por razones “morales”, sino por una política de austeridad que impuso en su gobierno, con lo cual demostró empatía y solidaridad con quienes tienen un poder adquisitivo inferior. Sí los políticos salvadoreños –no importa de cuál partido– que ocupan cargos gubernamentales prescindieran de los medios para garantizar su  seguridad personal, como lo hizo Pepe Mujica en Uruguay, téngalo por seguro, estimado lector, que en El Salvador los pepe…narían[1] en un santiamén. O bien, sugiere  el escritor entre líneas hacer como Nayib Bukele, el alcalde de San Salvador, quien se da el lujo –por tener  recursos económicos propios  – de prescindir de los $7,000.00 mensuales que le corresponden por decreto y destinarlos al financiamiento de becas estudiantiles. Tampoco esta actitud generosa tiene, a mi juicio, un trasfondo moral, a lo sumo, una porción de  “altruismo” mezclado con populismo,  porque detrás de esta imagen “altruista”, “filantrópica” e  “izquierdista radical” en desarrollo, se esconden las ambiciones políticas futuras de este joven empresario. Nayib Bukele, amigo de la “derecha progresista” y de la izquierda “socialista” efemelenista, haciendo uso de su legítimo derecho, se perfila ya como un candidato seguro para ocupar la presidencia de El Salvador.

Parafraseando al dramaturgo alemán, Bertolt Brecht,  me pregunto: ¿de qué sirve decir la verdad sobre los sueldos de los gobernantes del FMLN si no se dice nada contra el sistema capitalista que los origina? ¿Cuánto ganaría un presidente de PROESA sin filiación   partidaria? Es claro, que el argumento de los sueldos está dirigido a despertar ira, decepción, desengaño, repulsión y rechazo hacia el FMLN, como si se tratara de la única institución sinvergüenza en el circo político salvadoreño. El artículo no invita a la reflexión política-ideológica, tan importante en estos días violentos, en los que todos los partidos políticos están jalando agua del mismo río para su propio molino. Esto no significa que avalo los elevados sueldos de los políticos, aunque estén estipulados por la ley de salarios, pues como dice el gaucho Martín Fierro: “la ley es como el cuchillo, no ofende a quien lo maneja”.

No obstante, en la economía de mercado neoliberal que reina en El Salvador, efectivamente sólo unos pocos elegidos cuentan los dólares a montones y muchos, los dolores de la guerra.  Todas las ramas de la economía – finanzas, producción, mercado laboral, etc. –  están al servicio de su objetivo fundamental, que es el máximo de ganancia, en beneficio exclusivamente de la clase económica dominante. El problema de la sociedad salvadoreña  sigue siendo esencialmente un problema político-económico, que surge de la contradicción capital-trabajo.   

La razón de ser del FMLN está plasmada en el principio IV de la Carta de Principios y Objetivos en vigencia, en la que se plantea la construcción de una sociedad democrática en los órdenes político, social y económico. En la Carta de Principios y Objetivos [estratégicos] y en los 30 estatutos del  partido no se menciona en ninguna parte, el socialismo científico al que se refirió Carlos Marx, Engels, Lenin y otros clásicos del marxismo revolucionario internacional o el socialismo revolucionario al que aspiró el pueblo salvadoreño que se alzó en armas el siglo pasado, y por consiguiente, no se puede concluir o deducir que se trate de un partido socialista en el estricto sentido marxista. El FMLN es tan partido socialista como lo es el Partido Obrero Socialista  Español (PSOE) que gobernó en España durante décadas, sin poner en peligro el sistema capitalista.

El FMLN es un partido político en el cual confluyen históricamente  varias corrientes ideológicas. No obstante, la política real y pragmática del FMLN en la actualidad es socialdemócrata, es decir, la táctica y estrategia de  lo “concreto posible”. Tampoco aspira a lo “histórico necesario”, que no es más que un nuevo modo de producción que reemplace al capitalismo. Entonces, ¿Cuál es el peligro que representa el FMLN para la oligarquía salvadoreña?

Al FMLN como ente político y como gobierno hay que criticarlo, pero no sólo por los sueldos y viáticos que devengan sus miembros –antiguos comandantes guerrilleros de tropa o de escritorio– en funciones gubernamentales, sino por las políticas reales y concretas que desarrolla e impulsa en beneficio o en contra de los intereses de las grandes mayorías populares, es decir, aquellas acciones políticas que se expresan  en leyes y decretos  –aprobados y rechazados– durante un período legislativo  determinado. Además, por la derogación de leyes y decretos antidemocráticos, como por ejemplo,  la ley de amnistía general para la consolidación de la paz.    
       
A los “revolucionarios socialistas” del FMLN   hay que juzgarlos política e ideológicamente por lo que hacen o dejan de hacer por la clase trabajadora y por el pueblo en general, y no por lo que dicen ser.

No sé cuántos años más el FMLN utilizará el término histórico “revolución” como flauta de Hamelín, a fin de instrumentalizar una de las etapas más importantes y más duras que vivió la sociedad salvadoreña en doce años de guerra de clases. Pero es importante tener conciencia, que aunque en El Salvador se diera hipotéticamente una dinastía partidista como la del Partido Revolucionario Institucional mexicano (PRI),  la revolución salvadoreña, así como todos sus muertos, héroes y heroínas, son patrimonio del pueblo y no de un partido político.




[1] Pepenar: El Salv. matar (‖ quitar la vida).

miércoles, 12 de agosto de 2015

El hambre y la pobreza son un arma de fuego

A  “los tristes más tristes del mundo,  mis compatriotas, mis hermanos…”  Roque Dalton



Cuenta Diógenes Laercio,  que Tales de Mileto, considerado uno de los siete sabios en la antigua Grecia, ante la pregunta de uno de sus discípulos acerca de quién es feliz, respondió lo siguiente: “El sano de cuerpo, abundante en riqueza y dotado de entendimiento”.  Mientras que para John Lennon y Paul McCartney  en los años sesenta del siglo pasado, la felicidad era un arma caliente –“Happiness is a warm gun”–, tan caliente como el cañón del revólver que utilizó Marc David Chapman para asesinar a John aquella gélida noche de diciembre de 1980, y para muchas personas en el mundo actual, globalizado y neoliberal, la felicidad consiste en poseer “cosas” materiales, sobre todo dinero.

La Grecia de Tales estaba dividida en tres clases sociales: Los ciudadanos, los metecos y los esclavos. Los primeros eran los únicos que podían poseer tierras y dedicarse a la política. En esta clase social militó, sin duda alguna, Tales el Sabio. Los metecos, es decir los extranjeros residentes,  podían meter sus narices libremente solo en la banca, en los asuntos sociales, comerciales y administrativos  de la polis (ciudad). Y, por último, en el escalafón más bajo, estaban los esclavos, los parias de la época, los que sudaban la gota gorda, para que los ciudadanos y los metecos pudieran dedicarse a las actividades políticas, sociales, artísticas y académicas.  

Tales de Mileto se dedicó –según dicen– a observar el cielo y la tierra. Hermipo, el poeta ateniense, cuenta que una vieja en una ocasión habiendo sacado a Tales de casa para que observase las estrellas en el firmamento, éste salió a la calle como un bólido celeste, sediento por conocer los secretos del cosmos, con tan mala suerte que no reparó en el hoyo que tenía ante sus pies. Todavía no se conocía en aquellos días la existencia de los agujeros negros, aunque, los había por todos lados. Al escuchar el feroz grito doloroso del Sabio la vieja contestó compungida: “¡Oh Tales, tu presumes ver lo que está en el cielo, cuando no ves lo que tienes a los pies! “.  La sabiduría de  Tales de Mileto –a pesar del famoso traspié o tortazo– es indiscutible y su aporte en el campo de las matemáticas, de la geometría  aprendida de los egipcios, de la física, de la astrología y de la filosofía, lo convirtieron en el primer pensador del hemisferio occidental, quien buscó una explicación racional del mundo en que vivimos.

Muchas de las sentencias filosóficas que se le atribuyen como propias todavía tienen aplicación en la sociedad  moderna. Por ejemplo, sabemos por experiencia propia que no hay algo más difícil en la vida que conocerse a sí mismo o que es muy fácil dar consejos a otros o que es más sabio el tiempo, porque todo lo descubre  o que raras veces veremos a un tirano viejo (con la excepción de Pinochet, quien murió en sus cómodos aposentos a la avanzada edad de 91 años).

Ahora, si bien es cierto que el concepto de “felicidad” de Tales de Mileto, es en  sentido estricto egocentrista, elitista y discriminante, la “búsqueda de la felicidad” ha sido fuente  de inspiración para el neoliberalismo anglosajón. Tales de Mileto descendiente de una familia noble fenicia fue producto de su época y como tal, reflejó el pensamiento autosuficiente de la élite intelectual griega. Hermipo  escribe en su obra “Vidas” que  Tales daba gracias a la fortuna por tres cosas: la primera, por haber nacido hombre y no bestia; la segunda, por ser varón y no mujer; y la tercera, por ser griego y no bárbaro. Y no pudo ser de otra forma ya que Tales no cuestionó ni la organización social ni la organización política de la sociedad en que vivió, la que excluyó del derecho de ciudadanía, la quintaesencia en la Grecia antigua, a las mujeres,  a los extranjeros, a los esclavos y a los libertos (esclavos liberados).

¿Qué es la felicidad?

Un estado emocional transitorio de satisfacción plena que percibe el ser humano al alcanzar exitosamente una meta deseada, sea ésta una experiencia física y/o mental percibida como agradable. La felicidad es un estado emocional primario –como también lo es la sorpresa, el asco, el miedo, la ira  y la tristeza–, cuyo patrón de conducta, tales como respuestas motrices, endocrinas y autonómicas son reconocibles independientemente de diferencias culturales, raciales o sociales en los seres humanos. Si la “felicidad” dependiera única y exclusivamente de las condiciones materiales, de las facultades cognitivas y de la salud física y mental del individuo, de acuerdo al juicio de Tales de Mileto, deberíamos concluir que la “felicidad” le es ajena a la mayor parte de los seres humanos. Pero esta conclusión es falsa, ya que la felicidad es uno de los estados emocionales básicos en el ser humano. Más bien, diría yo, que la sentencia de Tales de Mileto coincide mejor con el concepto moderno de bienestar. En consecuencia con ello,  es erróneo suponer que los ciudadanos suizos, islandeses, daneses y noruegos son más felices que los habitantes de Togo, Burundi, Siria y Benín, por tener los primeros un desarrollo económico más fuerte y una superestructura más eficiente y organizada. Pero no nos confundamos, bienestar socio-económico no es sinónimo de felicidad ni tampoco el vivir en la opulencia.

¿Quién garantiza la felicidad?

Nadie. Ni siquiera las naciones más ricas y poderosas del planeta pueden garantizar la felicidad; por la sencilla razón, de que la “felicidad” no es un traje Armani  que vestimos el sábado por la noche ni un Patek Philippe ni  un Porsche Panamera Turbo  ni la más bella sortija ni tampoco la más sonora carcajada de un payaso del Cirque du Soleil. Aunque no me sorprende ni es blanco de mis críticas que alguien pueda “sentirse feliz” conduciendo un coche deportivo de lujo. La felicidad no conoce fronteras ni mediciones, así pues, no es de extrañar que un guajiro pobre también pueda sentirse feliz y contento cantando la Guantanamera allá en su bohío o  un cipote mocoso cazando lagartijas en la campiña cuzcatleca con una hondilla de guayabo. La felicidad, por ser una emoción inherente a la naturaleza humana no se encuentra en ningún lugar del universo, salvo en el cerebro de cada individuo. Por lo tanto, la “búsqueda de la felicidad” en la sociedad de consumo más que un “derecho inalienable” es una fatamorgana político-ideológica para obnubilar el alma y la razón de los consumidores. No así, el derecho a la vida, a la libertad,  a la seguridad social, a la educación y al trabajo, que  sí son derechos inalienables del hombre.  

¿Quién garantiza entonces los derechos humanos de todos  los ciudadanos?

La sociedad moderna ha hecho de las “cosas” materiales un fetiche y ha convertido al “poderoso caballero, Don Dinero”, en el nuevo Mammon de la humanidad. 

¿Es que el hombre moderno no tiene la capacidad ni la disposición para vivir en una sociedad, en la cual todos los ciudadanos contribuyan, de acuerdo a sus capacidades y facultades, al desarrollo de una economía socialista sostenible, a fomentar el acopio cultural  y a garantizar el ejercicio  pleno de los derechos humanos?

Al parecer sí. Pues hasta la fecha, todos los intentos por construir una sociedad en la cual no haya explotadores ni explotados han fracasado.
 ¿Es que nadie puede imaginarse vivir en una sociedad de personas íntegras, cultas y libres? Este es el dilema de la humanidad: ¡Socialismo o barbarie! Tal como lo expresara Rosa Luxemburg hace 99 años.

En su insistente y obcecada búsqueda de maximizar el rendimiento  en sus transacciones, el capitalismo neoliberal impuso su voluntad a rajatabla a nivel mundial en 1989 a través del  Decálogo del Consenso de Washington, las “nuevas  tablas de la ley” del mercado internacional. Mientras tanto, el intercambio comercial desigual entre países ricos y pobres seguirá produciendo hambre, enfermedades, desempleo y éxodo económico, pues el bienestar y “felicidad” de unos pocos significa la miseria y desgracia de muchos. Esta asimetría socio-económica de las políticas neoliberales es el germen de la violencia, el crimen organizado y la corrupción en los países catalogados como los “más tristes” del mundo ( http://worldhappiness.report/ ).  

En este sentido, la felicidad no es un arma de fuego, como dice la canción de los Beatles, sino el hambre y la pobreza. 

jueves, 30 de julio de 2015

Syriza: ¿Un gyros a la derecha o una ensalada horiatiki?

En el referéndum del 5 de julio, el gobierno griego planteó la siguiente pregunta: “¿Debe ser aceptado el borrador del acuerdo presentado por las instituciones en el Eurogrupo del 25 de junio, que consta de dos partes, y que conforman su única propuesta?”. Independientemente de que la pregunta era ambigua y difícil de entender; y con el agravante de que este tipo de procedimiento de democracia directa no se presta para solucionar problemas complejos, el 61 % de los griegos rechazó  las reformas exigidas por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Lo que sucedió después del referendo en las mesas de conversaciones en Bruselas, fue una demostración de fuerza y poderío económico del gobierno alemán. Después de las “negociaciones” de la noche del 12 de julio de 2015, muchos marxistas interesados en la crisis económica griega  se preguntaron preocupados sí Syriza ha dado un gyros a la derecha o si la coalición de la izquierda radical es más bien una ensalada horiatiki ideológica. Tomando en cuenta que Syriza se define como un partido democrático y radical de izquierda, en el cual cohabitan diferentes corrientes ideológicas y culturas políticas, no sería exagerado afirmar que se trata definitivamente de una ensalada multicolor.

La izquierda mundial–no comunista– se entusiasmó con el empuje de Syriza, a tal punto,  que muchos consideraron que por fin un partido de izquierda llenaría  el vacío político-ideológico que quedó después del rotundo fracaso del socialismo real. Se idealizó tanto el papel de Syriza, que Alexis Tsipras y  Yanis Varuofakis se convirtieron en dos héroes griegos modernos.  Dos “Herculitos” llamados a resolver–sin fruncir el…ceño– las tareas históricas necesarias  que el comunismo sino-soviético del siglo XX no pudo acometer en su momento: Vencer al león capitalista y a la hidra imperialista.

No obstante, hay que subrayar que el objetivo estratégico de Syriza no es la abolición del sistema capitalista ni la salida de Grecia de la zona euro (el “Grexit”) ni mucho menos la revolución proletaria socialista. Su meta, como la de todos las convergencias políticas de centro-izquierda, es la de gobernar y administrar el estado capitalista. Y no podría ser de otra manera, pues la política real y pragmática de Syriza es socialdemócrata, más allá de  autodefinirse como  “izquierda radical”. Detalle muy importante a la hora de analizar su agenda política, a fin de no pedirle peras al olmo.  Así pues, ni la izquierda ortodoxa comunista europea ni el partido comunista griego (KKE) pueden acusar a Syriza de no ser un partido marxista revolucionario.

La campaña electoral parlamentaria de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) en enero del corriente año estuvo basada en cuatro ejes básicos político-económicos, los cuales expresaban de manera sucinta la agenda política de Syriza plasmada en el programa de Salónica. Éstos fueron: 1) Reestructuración de la deuda 2)Renacionalización de sectores estratégicos (agua, electricidad) 3) Poner fin a la austeridad impuesta por la Troika(Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Comisión Europea) y la reactivación de la economía 4) Reconstrucción institucional y democrática del Estado. Estos fueron los “trabajos herculinos” que Syriza, de cara al pueblo griego, se propuso llevar a cabo en el caso de salir electa.

La actitud extorsionista del gobierno de Ángela Merkel en la ronda negociadora, sorprendió a los “socios” griegos de Syriza, quienes no contaban con la amenaza alemana de una salida temporal de Grecia de la eurozona. Por otra parte, la aceptación de Alexis Tsipras de un paquete de reformas más austero y radical que el presentado por el Eurogrupo el 25 de junio, provocó disturbios y descontento en la población.

Todavía no se ha escrito el último capítulo de esta moderna tragedia político-económica. Aún está por verse,  por una parte, cuánto tiempo más durarán las alianzas  al interior de  Syriza, ya que la heterogeneidad político-ideológica  encierra obviamente el peligro de la escisión. Y por la otra, cuál es el margen de acción real que tiene Alexis Tsipras en el partido. Otra interrogante importante en los próximos tres años será la correlación de fuerzas en el parlamento griego y lo fundamental: ¿Cuál será el gobierno que impulsará las reformas antipopulares?


Como sea, el “paquete” de reformas aceptado por Alexis Tsipras no es un baúl que encierra riqueza y prosperidad para el pueblo griego. Al contrario: es la caja de Pandora abierta. 

sábado, 13 de junio de 2015

De sorbo en sorbo ahogando a Sorbas

Durante muchos años la figura ficticia de Alexis Sorbas en la película Zorba, el griego del cineasta greco-chipriota Michael Cacoyannis†, sirvió de “estereotipo” del ciudadano griego común y silvestre, es decir, un hombre que va resolviendo y sobreviviendo el día a día de acuerdo a los dictámenes de su mundo emocional y al mismo tiempo, utilizando la astucia y perspicacia aprendida en el liceo de la calle y de los montes. Sin embargo, Alexis Sorbas es más que eso. Filosóficamente hablando, Sorbas es una mezcla de Epicuro de Esparta y Sócrates. Él efectivamente vive la vida, pero sin caer en el pasotismo, es decir, vivir por vivir, sino que a través de la observación aguda de su entorno social, Sorbas reflexiona –algunas veces con ironía– y analiza acerca de la naturaleza humana y por consiguiente, se conoce a sí mismo, que es la base del saber vivir.

El final del largometraje es una tragicomedia griega, en la cual los personajes principales –Alexis y Basil– terminan bailando Sirtaki, una danza “inventada” ad hoc para la película, a pesar del rotundo fracaso del proyecto nacido de una idea espontánea de Sorbas. Hasta aquí la ficción y el romanticismo de la película inspirada en la novela del escritor griego Nikos Kazantzakis.
Suponiendo que todos los griegos fuesen como Sorbas, habría que suponer que Alexis Tsipras, primer ministro del país heleno y Yanis Varoufakis, ministro de finanzas, no toman en serio los problemas económicos de la nación y lo que es más grave aún, pareciera que los interlocutores europeos –la ex troika– lo único que provocan en los políticos de Syriza es una risa sardónica à la Anthony Quinn.

Pero las apariencias, así como los “clichés”, “prejuicios” y “estigmas” engañan y/o manipulan al ciudadano. En la película, ni Sorbas sabe de minería ni el inglés está realmente interesado en la explotación de lignito, una variedad de carbón mineral. En la Grecia de la zona Euro, la cosa es muy distinta, ya que Varoufakis sí sabe de economía y Alexis Tsipras no es un político bisoño; y los europeos, por su parte, están –sospechosamente– demasiado interesados en Grecia.

El interés europeo por Grecia nunca fue económico, sino esencialmente geopolítico. El nivel de desarrollo industrial de Grecia es el más bajo en la Unión Europea. La crisis financiera mundial de 2008 y las políticas económicas erradas de la Unión Europea de cara a los países menos industrializados (Grecia, España y Portugal), con exceso de austeridad y falta del apoyo necesario al desarrollo industrial, provocaron una caída importante del desarrollo industrial en estos países, sobre todo en Grecia.

¿Es posible promover en Grecia políticas económicas que promuevan un desarrollo industrial suficiente para garantizar la salida de la crisis, el empleo, salarios dignos y mejoras sociales? Según algunos expertos en economía, entre ellos el ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, eso es posible. No obstante, las instituciones financieras (Fondo Monetario, Banco Mundial y la Comisión Europea) se mantienen en la línea férrea de la austeridad y recortes de prestaciones sociales. A esto hay que añadir la corrupción en las instituciones públicas griegas y la evasión fiscal, dos males endémicos que debilitan enormemente la economía nacional. El problema de Grecia no es la deflación (caída de los precios de bienes y servicios), sino la deuda.

La deuda pública griega es impagable. Eso es una verdad irrefutable y matemáticamente comprobable. Entonces, es válido preguntarse: ¿Por qué tanta alharaca en torno a los paquetes de rescate? ¿Quién rescata a quién?

A juicio de Joseph E. Stiglitz, premio nobel de economía y uno de los economistas contemporáneos más críticos con las políticas de austeridad exigidas por la Unión Europea a Grecia y con las políticas neoliberales aplicadas en los países capitalistas menos desarrollados; los “paquetes de rescate” de Grecia representan en realidad una protección de los bancos europeos, especialmente de los bancos alemanes. Si es sabido y reconocido entonces, que la famosa “ayuda financiera” tiene como objetivo principal rescatar a los bancos europeos, ¿por qué se presiona y se difama al gobierno de Syriza? ¿Por qué no se invierte en el desarrollo industrial griego?


Pienso que lo que se persigue –sin pretender ser “Pitoniso” del templo de Delphi– es ir acorralando a Syriza de tal manera hasta lograr una situación política de “callejón sin salida”. Si las encuestas griegas no se equivocan, la mayoría de la ciudadanía estaría –a pesar de todos los problemas que acarrea el euro– a favor de permanecer en la Eurozona. Esto significa que la única salida realista y pragmática –más bien forzada– que le quedaría al gobierno de Alexis Tsipras, sería entonces la celebración de nuevas elecciones. En este nuevo escenario electoral es probable que se dé un desplazamiento a favor de las fuerzas políticas de centro-derecha, más permeables y abiertas a las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea, ya que Syriza está sufriendo un evidente desgaste político. Mientras tanto, el crítico espectador de este montaje o desmontaje político-económico moderno tiene la impresión que la Unión Europea lentamente, de sorbo en sorbo, está ahogando a Sorbas, el griego. 

sábado, 16 de mayo de 2015

Cuando el trabajo legal es un artículo de lujo…

“Debe trabajar el hombre para ganarse su pan, pues la miseria en su afán de perseguir de mil modos, llama a la puerta de todos y entra en la del haragán.” José Hernández


La tragedia marítima que conmocionó a Europa en el mes de abril del corriente año en la cual 700 personas murieron ahogadas, incluyendo niños y lactantes, es ejemplo de un fenómeno social y político-económico que está ocurriendo a nivel mundial desde hace varias décadas.

Lamentablemente estos hechos volverán a ocurrir mañana o pasado mañana, pues la avalancha de personas que no tiene otra opción más que enfrentar la furia de Medusa en el Mediterráneo y arriesgar sus vidas con tal de llegar a Lampedusa en embarcaciones viejas e inseguras, no se detendrá hasta que en sus países de origen la vida de un ser humano si tenga valor y existan las condiciones materiales y subjetivas para vivir como persona y no como un animal salvaje.

Algo similar sucede diariamente en el continente americano y en el sudoeste asiático. Cientos de miles de latinoamericanos, especialmente provenientes de Centroamérica, han encontrado la muerte en los desiertos hostiles de Sonora y Chihuahua, verdaderos “mares de arena”, ubicados a lo largo de la frontera de los Estados Unidos y Méjico. Mientras tanto, en el Golfo de Bengala, miles de bangladesís se embarcan con dirección a Indonesia, Malasia, Tailandia y Singapur con la esperanza de ser acogidos por las respectivas autoridades migratorias. Estos refugiados son considerados como inmigrantes ilegales por los gobiernos de Yakarta, Kuala Lumpur y Bangkok, lo cual implica que los “boot people” tienen que seguir irremediablemente sin rumbo su peligrosa travesía en las aguas del Océano Índico.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) cifró en diciembre del año pasado en 4.272 el número de fallecidos a nivel mundial. El número de muertos intentando cruzar el Mediterráneo, según ACNUR, ascendió a 3.419. Cifra que corresponde al 80 % del total de muertes. Por otra parte, el mismo organismo internacional afirmó que un total de 348.000 personas arriesgó en 2014 sus vidas en los mares y océanos del mundo con el objetivo de migrar o buscar asilo en otros países.

No obstante, se desconoce la cifra exacta de las personas que mueren en la aventura de buscar trabajo en el primer mundo; y probablemente sea mucho más alta que la publicada por ACNUR. Cuando el trabajo legal es un artículo de lujo difícil de conseguir, la violencia organizada, el narcotráfico y las guerras son el reflejo condicionado en la sociedad moderna globalizada.

No es por “haraganería” que estos inmigrantes ilegales abandonan sus terruños. Al contrario. Es por la carencia de empleos en sus respectivos países y el afán de trabajar. El trabajo es un derecho fundamental del hombre, estipulado en el artículo 23 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, mientras la ciencia moderna en el campo de la biología es capaz de crear un cromosoma eucariótico artificial a partir de un cromosoma de la levadura, con lo cual se estaría dando un paso importantísimo para crear vida artificial in vitro, los gobiernos son incapaces de crear condiciones de vida humana, digna y con futuro, para millones de personas en el planeta.

La globalización de los modelos macroeconómicos de desarrollo y de la tecnología ha traído muchos y grandes beneficios, sobre todo a los países más desarrollados del mundo, y, al mismo tiempo que el capital financiero-industrial y la cultura dominante se expanden a nivel planetario, se produce una concentración del poder político-económico y militar en el hemisferio norte. Estos dos fenómenos– concentración y expansión– , aparentemente antagónicos, son en primera instancia, los responsables del hambre y la miseria en las sociedades periféricas, por lo general pobres y subdesarrolladas; algunas en situaciones de guerra y otras, como El Salvador, bajo condiciones postraumáticas de guerra. Vistas así las cosas, no es extraño que la mayoría de los inmigrantes ilegales que llegan a Europa o a los Estados Unidos provengan de los países más pobres.

Son tantos los salvadoreños que han emigrado al extranjero, sobre todo a los Estados Unidos– más de dos millones–, que si no fuera por ellos o más bien por los dólares que en calidad de remesa oxigenan –dolarizan– la economía nacional, el Producto Interno Bruto (PIB) sería un 13 % más bajo. Aunque en realidad, ninguna economía endeble puede desarrollarse basándose en las remesas que llegan del extranjero, pues los “dólares privados”, solamente son una pomada en una herida cancerosa.

El fenómeno de “las remesas” está globalizado. La importancia de la remesa en dólares o en euros, radica en la ayuda que ésta representa para aliviar los “dolores de cabeza” y para sostener a sectores de escasos recursos económicos y aminorar los efectos de la elevada tasa de paro creciente en el tercer mundo. 

martes, 21 de abril de 2015

Los que compartieron el tiempo con Cariño

El tiempo, el implacable, el que pasó. Pablo Milanés



Dedicado a mis compañeros del colegio Divino Salvador 1965-1968


Al compás de una guitarra desafinada os contaré amigos míos, vivencias de nuestra adolescencia temprana, etapa de nuestras vidas que trascurrió entre risas, juerga, deporte y sobretodo, en el estudio de las páginas de los libros que devoramos en largas horas de insomnio voluntario. Así volaron esos años que hoy nostálgico recuerdo, perdiéndose en el horizonte como una piscucha casera que voló en el cielo azul salvadoreño.

No quiero hacer alarde aquí de mi memoria, pues ésta con los años, como también muchas otras facultades biológicas, se ha debilitado en cierta medida. Pero esta situación poco me aflige, eso es parte de la vida, diría Don Gregorio Marañón y Posadillo. Ya no soy semental ni tampoco garañón y a las damas en el baile ya no les toco el fundillo. Algunos de vuestros nombres se me habían olvidado, “but With a little help from my Friends” creo haberlos encontrado a todos formados en fila india en la cancha de básquet y en una aula de fantasía los he reencontrado a todos, desde el más chico hasta el más grande. De algunos sólo quedan los nombres y uno que otro sobrenombre. Pido disculpas, primero por algún desliz cometido y segundo, por no mencionar explícitamente a cada uno de vosotros en mí canto, ya lo dijo un hombre sabio: Quien mucho abarca poco aprieta.

La memoria histórica es selectiva y tiene que ver con el contenido emocional que tenga el hecho que en ella se grava. Con alguno de vosotros compartí cama y techo, y más de alguna vez de buena moza su pecho. La amistad es un proceso dinámico que se desarrolla en la dimensión tiempo-espació y es cosa de caracteres y no por capricho con quien uno más se relaciona. Y no quiero parecer más vivaracho de lo que realmente soy, pero soy de la opinión, que en el aula no hubo discriminación por motivos socio-materiales o tendencias homoeróticas.

El terremoto del 65 que zangoloteó a San Salvador el tres de mayo en plena madrugada, me dejó más pálido que payazo del circo “Chocolate”, puesto que el sismo provocó heridas que no las cura el merthiolate, no piensen los oyentes que lo digo con picardía, pues más de cien murieron y hubo cientos de heridos. Muchas casas se cayeron y la penitenciara central, aunque era de cemento armado también quedó destruida. Ya saltará por ahí, algún paisano de Gabriela Mistral ripostando que nuestro temblor solo llegó a sacudida, a lo sumo a temblorcito, pero que le vamos a hacer si de América somos el Pulgarcito.

El primer curso de bachillerato, comenzó, como ya comenté, con el curso que me provocó aquel movimiento telúrico. La vieja construcción del colegio, un antiguo seminario agustiniano, resistió bien el cataclismo y no hubo daños materiales serios que lamentar. ¿Cómo no iban a estar protegidas las aulas?, sí el mismísimo Divino Salvador y San José velaban por ellas. La tentación estaba cercana, pues a un paso estaba La Praviana, es decir la Sodoma y Gomorra cuzcatleca, y vaya que más de algún picaronazo de mi clase adquirió la mala maña de frecuentar aquel quilombo pero no precisamente para jugar pizpirigaña. En el “Manuel José Arce”, como oficialmente se llamaba el parque San José, fumando tabaco o marihuana hasta quedar pedo, esperábamos entrar al recinto y había que armarse de valor para enfrentar a Delgado – en el caso de entrar tarde a la fila–, no al “Benemérito de la Patria” José Matías, sino a Gabriel Delgado Acevedo, el principal del colegio, quien no caía en galimatías a la hora de castigar.

“Porrón”, el director del colegio estaba muy lejos de ser camarada marxista, más bien creo que era ex hermano marista. Ese pedagogo que fácil se enfadaba, estaba al tanto de su mote y vaya que le disgustaba. Los guanacos –por lo general– no somos nacos cuando de apodos se trata, en mi clase había un “Chompipe”, un “Sínnalgitas”, un “Diablo”, un “Magila Gorila” e incluso una “India Motilona”(Cornelio Chávez), siendo la institución un colegio varonil. Y verá usted, nadie se ofendía. Le digo con franqueza y sepa que no me avergüenza que una parte de mis genes sea de origen pipil. Así que, téngalo por seguro, si usted me llama “Cariño” ni me ofende ni lo riño. Entonces, no sería por falta de respeto, cuando “Chobeto” Ventura hacía el tambor con la boca: “Poorrrrón, Poorrrón, Poorrrón, Pon, Pon”, hasta a Lito Lara, al profe chévere de biología y literatura, le hacía gracia la travesura. Y no crean que soy fanfarrón, pero más de alguna vez enfrenté a “Porrón” por rebelde y por rosquero[1].  

Pongan atención ahora que esto no es broma, porque si hubo alguien ponderado, ceremonioso y serio en mi juventud, ese fue el “Gordo” Regalado, amigo, casi hermano, quien despegó velas conmigo en la conquista de Europa. En esa epopeya cogió bien en serio lo del trabajo en “El Poncho”, un establecimiento dizque mexicano. Ahí en la barra sirvió cerveza rubia y de la oscura, de barril, en lata o en botella, vino, tequila y ron sin distinción de sexo, raza o religión. Nunca hizo las de Pinocho – todavía guardo mis dudas– y aunque mentir no es delito cuando no se causa mal a nadie, lo cierto es que “Foncho” nunca se tragó el cuento del polvito con la mujer del Fiat descapotado Spyder amarillo en el Zunzal.

Tanto el hijo del empleado como el del rico visitaron el colegio cristiano. Carlos tenía piano sin ser acaudalado y Alfonso era Rico, pero más bien en alegría y buen humor. Le gustaba la música, el baile y la jodarria[2]. Y más de una mina cayó sin remedio en las redes musicales de aquel díscolo y platónico disc-jockey. Más de alguna intentó meterle el dedito en el agujerito… à la Kirk Douglas que lucía en el mentón. Como era diligente y con bastante cacumen, siempre hacía un resumen de los éxitos musicales que escuchaba en la radio Femenina y quiero subrayar aquí, para que no se olvide, que ambos metacomunicábamos en frecuencia no modulada con bastante frecuencia a cualquier hora del día y de la noche. No soy enciclopedia ni tampoco erudito ni mucho menos bibliófilo como pavonee en mis tiempos mozos, pero sí no conoce esa forma de comunicar, búsquela – si quiere– en Wikipedia.

El más guapito de la clase era un carajito rubiecito y de buena onda, pulcro y bien vestido como un muñequito de vitrina que desde muy tempranito comenzó a remojar el pito sin necesitar de Celestina. ¿Qué podía hacer este galán en ciernes?, sí era manifiesto que las púberes cachondas de la Divina Providencia y del Sagrado Corazón preferían a Ernesto y no crean que soy buchón[3], pues era de todos conocido que tiraban el calchón al regazo de este vástago de catalán.

Grande fue el relajo que armamos una noche en casa de Mamá Carmen y Papá Herminio y aunque estaba vedado meterse con las de “adentro”, más pudo la fuerza de la tentación a la carne y el revoleteo de las hormonas, que la ley de abstinencia sexual impuesta por el anfitrión. En un santiamén rompimos la veda, al fin y al cabo, no éramos seminaristas ni jóvenes de aluminio. El cuento tiene pa’largo y un desenlace inesperado. Mejor paro de contar aquí, porque la discreción lo amerita, no vaya a ser que meta la pata y si alguna secreción brotó fue por culpa de Isabelita.

Ahí en el colegio tuve amigos y compañeros que mi memoria todavía conserva fresca como la horchata o el té helado del cafetín. Unos venían del campo y la mayoría de la capital. En ese conglomerado social de clases, lo único igual entre los alumnos era el uniforme, pues como ya lo dije hace un rato, los había ricos, menos ricos y más de algún proletario. El génesis del clan no se debió a ningún creador, sino a la fantasía de Oscar Pino Dawson, profesor de Historia Universal. No fue por un soplo divino, sino por casualidad que nos tocó sentarnos juntos. Adelante tenía al “Gordo”, al costado derecho a “Foncho” y al “Neto” March, en la retaguardia a Francisco José. Parecíamos cotorras cuchicheando entre nosotros, cuando Pino en un tono poco fino, mandó a callar al “Clan” de urracas parlanchinas.

Un día me creí muy choro[4]y llevé al colegió un huevo choro. No recuerdo si fue por zonzo o por una apuesta con Alfonso. Estábamos hablando del medievo en la clase de historia, cuando azuzado por “Foncho”, disparé certero el huevo contra la pared con tanta energía cinética y con tan mala suerte que embadurné al “Chompipe[5]” Edwin Damas. No fue esa mi intención, sino simplemente armar el relajo. El olor a pedo rancio inundó ipso facto el ambiente. Los gases sulfúricos son volátiles y mal olientes, sobre todo el sulfuro de hidrógeno; ácido compuesto por dos átomos de hidrógeno y un átomo de azufre. A tomar por saco pensamos todos, cuando el Señor González, el inspector del colegio, nos quiso hacer sufrir con la amenaza de un castigo. Nadie delató al hechor, teníamos un pacto de honor. Pero esa diablura no fue la última ni la penúltima, lo único malo fue que también la “víctima” tuvo que pagar el pato.

Y así pasaron los años, haciendo tonterías, dentro y fuera del colegio. Pero, ¿para qué es la juventud?, sino para gozarla plena. “Quien lo quiere celeste, que le cueste”, dice el viejo refrán. Según tengo entendido y pueden corregirme la plana, algunos de mis compañeros llegaron a ser académicos o exitosos empresarios con el esfuerzo y sacrificio de sus padres. Políticos también los hubo de derecha y de izquierda, por suerte no a granel y no es por desmerecer el oficio, puesto que tienen su razón de ser. Pero tanto la política como la ideología se convierten en pantanos cuando se pierde el azimut. De la cosmografía aprendí, que la bóveda celeste es un espacio-tiempo curvo concéntrico al globo terráqueo y que todo en la vida es relativo y pasajero. Medio siglo trascurrido desde aquellos días, pero escribiendo estas líneas os tuve aquí a todos presentes y la frescura de la juventud despertó recuerdos que lejanos creía. Así me despido yo que recordé a mi antojo, pasajes de la juventud vivida, guiñándoles el ojo. Pero hay que tener la virtud de seguir viviendo con dignidad, amor al prójimo y humanismo, ahí donde nos ha tocado vivir. No importa, si os guía la Biblia, la Torá, el Corán o el Contrato Social de Rousseau. Me da igual. Pues hay que tener siempre sólida consistencia para que la vida no sea como la espuma. Estas cosas y otras más las recordé con cariño y respeto, así las escribí sin querer ofender a nadie con mi pluma.






[1] Rosquero: Chilenismo: Que busca peleas o las provoca
[2] Jodarria: salvadoreñismo: Persona que le gusta echar bromas y chistes.
[3] Argentinismo: Persona que cuenta los secretos de otra persona.
[4] Chilenismo: Audaz, resuelto.
[5] Chompipe: Pavo