lunes, 15 de diciembre de 2014

México, ningún país te Iguala

Cuando el ciudadano común pierde el sentimiento de confianza y seguridad en las instituciones oficiales, percibe que en tales condiciones, la vida no vale nada.


Secuestro, desaparición y muerte son tres sustantivos concretos y al mismo tiempo, propios de las sociedades en las que los grupos de poder fáctico, llámense estos ejércitos, escuadrones de la muerte, paramilitares, maras, mafias o carteles de la droga toman las riendas del estado soberano, ya sea violentamente o por la seducción del poderoso caballero Don Dinero, que todo lo compra, soborna y corrompe.

La desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural en el pueblo de Ayotzinapa en el Estado de Guerrero, México, el pasado 26 de septiembre, no tiene parangón en América Latina, pero no por el hecho en sí, puesto que Latinoamérica es la región del mundo con mayor número de muertes violentas por homicidio y armas de fuego, sino por la forma de operar de las fuerzas que intervinieron en la acción.

En la “época dorada” de las dictaduras militares en Centro- y Suramérica, allá por los sesenta y setenta del siglo pasado, los secuestros, desapariciones, ajusticiamientos sumarios y las “caravanas de la muerte” por razones políticas, fueron el instrumento preferido de los aparatos represivos gubernamentales para aterrorizar a la ciudadanía y los crímenes se cometían de acuerdo a un esquema, por regla general, jerárquicamente establecido: Fuerza Armada, aparato de inteligencia, servicios secretos, Policía Nacional y en colaboración directa con grupos fascistas y/o paramilitares. De acuerdo a este “guión contrainsurgente”, en la Plaza de Tlatelolco ( La noche de Tlatelolco), en el centro de la ciudad de México, la noche del 2 de octubre de 1968 tuvo lugar una batalla campal, sangrienta y desigual que enlutó a la nación azteca entera. El mitin estudiantil contra el gobierno priísta presidido por Gustavo Díaz Ordaz, se convirtió en un infierno dantesco y la lluvia de disparos dejó decenas de cadáveres sobre las baldosas del ágora de Tlatelolco. En el caso de Ayotzinapa/Iguala, los estudiantes fueron detenidos por agentes de la policía municipal por intento de “subversión del orden público”; encarcelados y posteriormente “recogidos” por “agentes” del municipio de Cocula, quienes finalmente los “entregaron” a los sicarios del cartel “Guerreros Unidos”, según informa el periódico español El País (La noche de Iguala).

Lo de Ayotzinapa fue una acción conjunta en la que participaron “agentes oficiales”, “agentes extraoficiales” y criminales a sueldo. Es decir, que en México, uno tiene la impresión que las fronteras entre el crimen organizado y la violencia institucional son tan permeables que bien podría hablarse de una “fluida cooperación osmótica”. Esta forma de operar es característica en un Estado en el que la mafia y los barones de la droga han corroído y corrompido los poderes ejecutivo, judicial y legislativo.

México, esa bella y gran nación hermana, que un día elaboró el “Plan de Independencia de la América Septentrional”, conocido popularmente como el Plan de Iguala, firmado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, nos da hoy el ejemplo del crimen de Ayotzinapa, que pone al desnudo la relación simbiótica entre las instituciones gubernamentales y los Carteles de la Droga. En esto, México lindo y querido, ningún país de América Latina te iguala. 

lunes, 1 de diciembre de 2014

El misticismo en la ortodoxia y en la herejía marxista del siglo XX

Ni el pensamiento crítico marxista está muerto ni los que murieron por la nueva vida socialista deben ser santos de nuestra devoción


Una anécdota, a modo de introducción:

Se trataba de una “ampliada”, es decir, una reunión entre miembros de “células” distintas. El responsable del encuentro, sentado ante una mesa, dibujaba sobre un papel el esquema de la defensa circular del “local”, las posiciones a ocupar y el plan de retirada escalonada en caso que fuera necesario. Luego procedió a la entrega de los “fierros”, con la seriedad y marcialidad que la situación demandaba. Como no hubo preguntas por parte de los encapuchados, el jefe político-militar tomó el encendedor y quemó el papel. Esta escena que describo, habría sido una reunión clandestina común y corriente en cualquier casa de seguridad en la capital salvadoreña a principios de la década de los ochenta, si no hubiera sido porque todos los enmascarados se conocían entre sí, porque estaban a miles de kilómetros de distancia de Centroamérica y además, porque las únicas “armas” que había en el “local” eran los cubiertos de acero inoxidable.

Se requería de una gran porción de fantasía, mucha “mística revolucionaria” y buen sentido del humor─ o las tres facultades ─, para explicar racional-y dialécticamente estas absurdas medidas de seguridad, tomadas con toda seriedad y de acuerdo a los cánones subversivos, aun cuando aquella sesión de trabajo solidario con la lucha del pueblo salvadoreño se desarrollaba dentro del marco de la legalidad democrática. Por suerte, la capucha ocultó más de alguna sonrisa socarrona. Se trataba evidentemente de un ritual y como tal, cumplía una función de carácter místico, dirigida a mantener ─ artificialmente ─ una actitud “combativa” y fomentar la moral revolucionaria, y ninguno de los presentes se atrevió a cuestionar la “ceremonia” o a señalar que el “rito” es una técnica esencialmente religiosa. Pero el proceso de “proletarización” exigía un comportamiento militante, lo cual implicaba la obediencia ciega, a pesar de la flagrante contradicción entre lo abstracto y lo concreto, es decir, entre el “misticismo revolucionario” y el materialismo dialéctico.

Claro está que la “mística” no es un fenómeno exclusivo de sectas político-militares (el sectarismo), partidos de ultraizquierda o escisiones partidarias marxistas. En efecto, el misticismo, entendido éste como doctrina que admite el enlace directo entre el hombre y Dios, es el medio de comunicación virtual más antiguo de la humanidad. En este sentido, la mística religiosa es una especie de “liquido intersticial” entre los seres humanos en la sociedad, el cual funciona como nutriente y desagüé espiritual.

En el prólogo de la “Contribución a la crítica de la Economía Política”, Carlos Marx escribió que: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” y ese pensamiento no solamente se refiere al modo de producción de la vida material del hombre, sino que también abarca el universo de las ideas. En sus tesis sobre “La esencia del cristianismo” del filósofo materialista alemán, Ludwig Feuerbach, Marx señala que “el sentimiento religioso es también un producto social y que el individuo abstracto que él (Feuerbach) analiza, pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad. Puesto que la vida social es, en esencia, práctica, todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la compresión de esta práctica”. Este razonamiento materialista dialéctico de Carlos Marx acerca de la religión lo encontramos nuevamente en la “Critica de la filosofía del estado de Hegel” (Zur Kritik der Hegelschen Rechts-Philosophie), esta vez expresado con más contundencia: “el hombre hace a la religión; no la religión al hombre. Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo. Quien dice: "el hombre", dice el mundo del hombre: Estado, Sociedad. Este Estado, esta Sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. La religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico, su lógica en forma popular, su point d'honneur espiritualista, su exaltación, su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación universal. Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión.”

Si la conciencia social es producto del ser social y todo aquello que produce el hombre es el reflejo de la realidad de la sociedad en que vive, no es extraño entonces, encontrar también en la “ortodoxia” y en la “herejía” marxista muchas taras y prejuicios que emanan de los valores ético-morales y religiosos de la burguesía, camuflados éstos, eso sí, de mística y misticismo revolucionario. Es importante señalar aquí, que la crítica de Carlos Marx en relación a la religión es esencialmente filosófica y cuando él afirma que: “La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la condición para su felicidad real…(y que)…La crítica de la religión, por lo tanto, significa en esencia, la crítica del valle de lágrimas (léase el estado y la sociedad capitalista)del cual la religión es el reflejo sagrado”, está refiriéndose a la religión como instrumento de enajenación de la clase social dominante sobre la clase social explotada (cursiva de C.M y subrayados por el autor). Por lo demás, huelga decir, que toda ideología basada en el miedo y en el terror no puede ser emancipadora. En las obras de los clásicos del marxismo mundial no hay un ápice de crítica al individuo creyente ni discriminación política por razones de espiritualidad. Solamente cuando los individuos desarrollan una conciencia social de clase para sí, en su lucha diaria por resolver los problemas existenciales de la vida real en este “valle de lágrimas”, es que se vuelven inmunes contra los efectos narcóticos de la religión. Pero la “toma de conciencia” es un proceso dinámico de desarrollo, el cual no niega en sí la espiritualidad del ser humano, pues es un error confundir religión con espiritualidad. La relación dialéctica espíritu-materia o mejor dicho, la naturaleza del “espíritu” es producto de la actividad sensorial humana, es decir, de la actividad objetiva del hombre en sociedad. Más allá de la interpretación filosófica acerca de la naturaleza del mundo en que vivimos, de lo que se trata, en definitiva, es de transformar dialécticamente las estructuras político-económicas y socio-culturales en la sociedad por y para el bien de la humanidad. Esta es la quintaesencia del materialismo histórico y dialéctico.

La hermenéutica dogmática y mecanicista de los pensamientos de Carlos Marx y de otros teóricos del socialismo científico (Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Leo Trotski, Carlos Mariátegui, et al.) ha contribuido a la falsificación o tergiversación del materialismo histórico y dialéctico y lo que es más grave aún, a considerar estas contribuciones científicas como verdades absolutas. Cuando el materialismo dialectico se convierte en dogma y la lucha de clases en doctrina, se pierde el azimut histórico, situación que favorece las desviaciones político-ideológicas que tarde o temprano desembocan en terrorismo, en el exterminio masivo de la población como el perpetrado  por los jemeres rojos de Pol Pot en Kampuchea, en los crímenes cometidos durante el estalinismo y en las purgas internas en la izquierda salvadoreña(Ralph Sprenkels, La guerra como controversia, pag.78). Aunque la política y la religión mantienen una relación simbiótica histórica, no significa que Carlos Marx sea el Mesías, Salvador del mundo material, ni Federico Engels uno de los siete Arcángeles del marxismo ni Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, el apóstol San Pablo.

El “virus del fanatismo político-religioso” parasita, ahí, donde el culto a la personalidad sustituye el debate político, donde la mistificación de héroes incólumes es el germen de mitos y leyendas, donde los lideres fallecidos se declaran solemnemente “santos” de la revolución (canonización de Lenin), donde los juicios sumarios(Roque Dalton) y el asesinato de correligionarios (Bucharin), suplantan la lucha ideológica.

El “misticismo revolucionario” deriva inevitablemente en la fe ciega en la dirigencia, en una actitud devota e irreflexiva; una vez alcanzado este estado de deformación ideológica, la vida y la muerte se confunden tras el oscuro velo del fanatismo. Este es uno de los grandes peligros que corren las organizaciones político-militares o partidos políticos, al confundir la conciencia social revolucionaria con “la mística y el misticismo revolucionario”.

domingo, 9 de noviembre de 2014

¿To be online or not to be?

Estimado lector, si usted es ducho en la materia, no piense que despotricaré aquí en contra de la tecnología moderna o que desparramaré estiércol con ventilador sobre la generación digital híper cibernética del siglo XXI o que levantaré el dedo inquisitorio contra las comunidades virtuales. No es esa mi intención. Me referiré única y exclusivamente a tres vicios que surgen como consecuencia de la creación de las redes sociales: La bazofia-, la anonimidad-y la adicción virtual.

Entre la “bazofia virtual”, que no es lo mismo que el correo basura o spam, y la anonimidad del usuario, existe una relación concomitante. El anonimato condiciona y potencia la “capacidad productora” de porquería virtual del usuario. A diferencia de los desechos del proceso de transformación de insumos en la economía agrícola e industrial, la bazofia virtual es generada por los propios usuarios y ésta es evacuada por lo general compulsivamente de manera visual y/o escrita.

El hombre como ente social tiene la necesidad innata de relacionarse con sus semejantes y de comunicar. La comunicación digital acelera el proceso de comunicación entre los individuos, a tal punto que en cosa de segundos con solo apretar un botón se puede contactar simultáneamente a varias personas en diferentes partes del mundo. Internet transformó virtualmente el planeta tierra en una “aldea global”, término utilizado por el filósofo canadiense Herbert Marshall McLuhan, en su libro “La Galaxia de Gutenberg”, para explicar metafóricamente el efecto emocional que tiene la “comunicación virtual” en las personas que, activa o pasivamente, intervienen en el proceso informativo.

Con la irrupción en 1997 de la red social (Six Degrees of separation) cambió radicalmente el universo de las comunicaciones virtuales interpersonales de nuevo tipo. A partir de ahí, el número de comunidades virtuales abiertas se multiplicó vertiginosamente hasta llegar a Facebook, YouTube, Google, Twitter y otras. Sin duda alguna FB es la que más usuarios atrae y su popularidad es por el momento indiscutible.

¿Face to face or Facebook?

“El hábito no hace al monje”, reza el dicho popular que es más viejo que internet y todo el boom digital de los últimos años y no estaría mal que los usuarios de las redes globales tuviéramos el hábito de repetirlo cada vez que nos conectamos a la red, de lo contrario corremos el riesgo de caer tontamente en una trampa visual, corroborando de esta manera el principio de Herbert Marshall McLuhan: “Somos lo que vemos”.

Es importante saber que el hábito a la red actúa sobre las estructuras neuronales del mismo modo que cualquier droga química o biológica conocida. La “adicción a lo virtual” también tiene consecuencias graves mediatas e inmediatas y lamentablemente éstas no son virtuales: Depresión, aislamiento social, miedos y pérdida del control. Dado que la habituación es un proceso neurofisiológico hormonal de acostumbramiento a la exposición a un estímulo cualquiera, y ésta no está sujeta a mecanismos de autocontrol. Esto quiere decir, que una vez “enganchados en la red” perdemos el control del tiempo y del espacio; pareciéndonos lo más natural del mundo navegar horas enteras en el inmenso océano del internet. Alcanzado este punto de adicción, el proceso neurofisiológico de habituación-sensibilización se convierte en un círculo vicioso. La reacción-respuesta frente a la exposición al mismo estímulo refuerza el mecanismo de dependencia y a la vez disminuye la capacidad de autodefensa. En el momento en que el cibernauta se encuentra ya atrapado en las invisibles hebras de la red, éste pierde el control sobre “la herramienta” y se transforma, independientemente del grado de su cultura o incultura, en un esclavo de la misma; cumpliéndose así el segundo principio de Marshall: “Formamos nuestras herramientas y luego éstas nos (de─) forman”.

Las relaciones sociales que surgen a través de las redes sociales reales, tales como los clubes deportivos, centros culturales y artísticos, grupos de trabajo, etc., por ser reales, es decir face to face (contacto directo), son sin duda alguna más integrales y más sanas, porque actúan holísticamente en el desarrollo natural de la personalidad y del comportamiento social, sobre todo en los niños y en los jóvenes.

Troll, el enmascarado cibernético.

La anonimidad en la red global se presta para la difamación, la perfidia, las perversiones sexuales, la discriminación sexual, étnica y de género, el racismo, la enajenación social, el pasotismo, el fanatismo político y religioso, la holgazanería, la violencia verbal, la falsedad, la trampa, el chantaje, la mentira y hasta el crimen, es decir, para dar rienda suelta a todas las bajas pasiones propias del ser humano, por tanto no es extraño que muchos jóvenes usuarios sufran de soledad, depresión y angustia, tres de los estresores más dañinos para el organismo humano.
Pero el anonimato también tiene sus ventajas, y la principal de ellas está íntimamente relacionada a los aspectos de seguridad personal, tanto para lo “bueno” como para lo “malo”. Por lo general, resulta fácil detectar las intenciones del “Troll”, a partir de la forma y del contenido de su participación en el foro. Aunque algunas veces los comentarios de un Troll pueden brillar y tener el color del oro, éstos suelen ser vacuos y disgregantes.

¿Cómo evitar el contacto con el excremento virtual?

Felizmente, las redes sociales virtuales abiertas ofrecen muchas opciones para evitar untarse con las evacuaciones compulsivas de algún cibernauta con verborrea. Una de ellas consiste en bloquear al defecador de turno o suspender la suscripción. También existe la posibilidad de navegar cómodamente en aguas conocidas y familiares, es decir, en redes sociales cerradas.

¿To be online or not to be?! That is not the question!


Nada tengo en contra de lo moderno y pienso que las “herramientas” que produce el homo sapiens deberían ser instrumentos en función de algo útil para la sociedad, jamás un fin en sí mismo. Lo más importante, al menos para mí, es saber por qué y para qué estoy conectado a internet. Las redes sociales virtuales no son cárceles de alta seguridad. Son simplemente un medio rápido y útil de comunicación. Pero muchas veces olvidamos que tanto el ingreso (o salida) a una red social es un acto voluntario. 

sábado, 25 de octubre de 2014

¿Borrón y cuenta nueva?

Que nos olvidemos del pasado nos exigen los politicastros y los ideólogos del sistema de la derecha. Desde lo alto de un púlpito nos sermonea un religioso conspicuo, sugiriéndonos el olvido benevolente de las cosas horripilantes que en El Salvador sucedieron, pues de buenos cristianos es el perdonar a quien nos ha torturado, respetar las tablas de la Ley y aceptar sumisos el status quo vigente. Nos piden hacer tabula rasa, que borremos de nuestras memorias sesenta años del siglo pasado, como si la historia de El Salvador se hubiera detenido el 31 de diciembre de 1931 y continuado recién el 16 de enero de 1992. ¿Borrón y cuenta nueva?, en los tiempos en que por razones de Estado tenemos que olvidar el pasado, obligándonos nosotros mismos a perdernos en las arenas movedizas de la amnesia institucional y de la amnistía constitucional decretada; no olvidar no es aclamar rencor ni venganza, sino simplemente reclamar justicia.

Cuando los apologetas de la concordia y la reconciliación de las clases sociales escuchan esto, saltan enfurecidos de sus cómodas poltronas arguyendo con espuma en la boca, que ya aburrimos con el mismo pregón de antaño y que más daño hacemos a la Patria insistiendo en hechos que ocurrieron hace muchos años.

Pero vayamos despacio, puesto que la historia contemporánea de El Salvador no es un evento de fútbol donde hay que cambiar rápido de partido “porque aquí no ha pasado nada”, como estilaba comentar los encuentros sin goles un locutor deportivo de la radio YSKL, allá por los sesenta del siglo veinte. ¿A cuenta de qué?, si la gran oligarquía viene imponiéndonos desde hace más de 100 años sus ritmos, tiempos y contrapuntos, independientemente del color que tenga el gobierno de turno. ¿Quién se beneficia con el silencio de los corderos de Dios?

Las leyes, cuando favorecen y garantizan los derechos universales del ser humano deben ser promocionadas y defendidas. No así, cuando éstas definitivamente no apoyan sustancialmente al desarrollo de las sociedades. La ley de amnistía general para la consolidación de la paz del 20 de marzo de 1993, también conocida como ley de reconciliación nacional, es un nítido ejemplo de ellas, porque hay una serie de crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto armado (1970-1991) que todavía siguen impunes como es el caso del poeta Roque Dalton, asesinado el 10 de mayo de 1975 por la dirección del entonces Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), el de Monseñor Oscar Arnulfo Romero en 1980, el de las hermanas Serrano Cruz en 1982 y el de los sacerdotes Jesuitas en 1989.

Es menester recordar y tener en cuenta, para no perder la cordura, que la derogación de leyes constitucionales antipopulares y antidemocráticas no es una cuestión políticamente fácil en ningún país del mundo, sobre todo cuando la ley cuestionada protege los intereses individuales y/o colectivos de grupos de poder fáctico. La ley de amnistía general para la consolidación de la paz del 20 de marzo de 1993, protege en primera instancia a aquellos miembros y ex miembros de las fuerzas armadas implicados en crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Ahora bien, pregunto yo, ¿tiene el pueblo que hacer mutis por el foro y fomentar la amnesia colectiva impuesta por razones de estado y la Santa Iglesia? Creo que ningún ciudadano en su sano juicio cuestionaría la importancia de un compromiso social justo y sostenible que contribuya al desarrollo de la sociedad, pero RECONCILIACIÓN NACIONAL no debe entenderse como el fin de la lucha de clases ni mucho menos como impunidad para los crímenes de lesa humanidad. Por eso, cuando los políticos de izquierda y de derecha alzan la voz inquisidora, sugiriendo que los salvadoreños debemos hacer borrón y cuenta nueva con nuestra historia contemporánea, hay que recordarles siempre que el “borrón y cuenta nueva” sólo vale en los cuadernos de matemáticas, no así en la conciencia y en la memoria histórica de los pueblos.


Las “locas de la Plaza de Mayo”, comentó Eduardo Galeano en algún momento, son un ejemplo de salud mental para la humanidad, porque ellas se negaron a olvidar ─ a las víctimas de la dictadura argentina ─ en los tiempos de la amnesia obligatoria. Y aún siguen preguntando: ¿Dónde están? 

sábado, 4 de octubre de 2014

De la guerra popular prolongada a la paz social negociada y concertada en El Salvador

Hace 30 años se realizó en la Palma/Chalatenango el primer encuentro oficial del FMLN con el gobierno salvadoreño. Un análisis retrospectivo. 



Si el conflicto armado salvadoreño fue una guerra popular prolongada o una guerra de liberación nacional o una guerra de guerrillas o una guerra revolucionaria o una guerra justa, es para el ciudadano común del mundo un hecho histórico irrelevante, salvo para los historiadores de las academias militares donde la doctrina contrainsurgente todavía es un tema de análisis y estudio. La guerra es por definición solo un medio ─por cierto extremadamente violento y destructivoen función de objetivos políticos concretos, y en este sentido entonces, el carácter y contenido de cualquier tipo de guerra tiene que corresponder al objetivo político estratégico establecido por los bandos enfrentados.

El término que se impuso internacionalmente para definir los años bélicos que vivió la sociedad salvadoreña en las décadas de los setenta y de los ochenta del siglo pasado, a partir de una etapa determinada de desarrollo del conflicto armado, fue el de “guerra civil”. Dicho concepto implica su contraparte dialéctica, “la paz social”. Mientras que las otras “guerras” no necesariamente se desarrollan para lograr la paz, sino que en dependencia de los objetivos políticos y geopolíticos, éstas pueden llevarse a cabo para destruir o diezmar el aparato político-militar y económico de un estado o de una organización político-militar insurgente, situación que no siempre concluye con un acuerdo de paz social. Es decir, que también hay muchas guerras que se hacen para evitar la paz, como las del Oriente Medio.

Si la guerra, como hemos visto, está en función de objetivos políticos, cabe preguntarse: ¿Cuáles fueron los de la guerra revolucionaria salvadoreña?
Considero que fueron tres grandes objetivos estratégicos los que la alianza FMLN/FDR planteó concretamente a lo largo del conflicto armado y que correspondieron recíprocamente a cada una de las etapas de desarrollo del mismo. Además , es importante remarcar aquí, que los esfuerzos político-diplomáticos para conseguir la paz y el desarrollo mismo de la guerra fueron parte de un proceso dialéctico, cuya dinámica y complejidad se vio reflejada a nivel táctico-operativo, tanto en el teatro de operaciones bélico como en la mesa de negociaciones desde el inicio de la guerra en 1981. Estos fueron:
1.- La plataforma de Gobierno Democrático Revolucionario (GDR) 1980-1983. Etapa GDR.
2.- La plataforma de Gobierno Provisional de Amplia Participación (GAP) 1984-1986. Etapa GAP.
3. La solución negociada del fin de la “guerra civil” 1987-1992. Etapa de la guerra por la paz.
El esquema periódico planteado aquí es solo una guía cronológica aproximada y los fines políticos están esbozados escuetamente en sus líneas generales.

El primer objetivo estratégico (Gobierno Democrático Revolucionario)  presuponía la toma del poder político-militar y económico, es decir, que el conflicto armado estaba orientado a aniquilar, a destruir o en última instancia a neutralizar las fuerzas armadas salvadoreñas. El fin político tenía carácter y contenido socialista.

El segundo objetivo estratégico fue el de fomentar el diálogo y la negociación a través de la plataforma programática plasmada en el Gobierno Provisional de Amplia Participación (GAP), el cual no presuponía la toma del poder político-militar y económico ni la transformación del sistema capitalista ni mucho menos cuestionaba el papel de las fuerzas armadas salvadoreñas. El conflicto armado funcionó aquí como instrumento de presión para conseguir la solución política negociada. El objetivo tenía un carácter y contenido conservador y reconciliador.

El tercer objetivo estratégico presuponía el reconocimiento previo de una situación de impasse militar y estuvo orientado al establecimiento de un nuevo orden político y legislativo. Dentro de las exigencias políticas del FMLN para poner fin a la guerra se destacan las reformas constitucionales, la incorporación del FMLN a la vida política, la aprobación de la ley de amnistía (“Ley de Reconciliación Nacional”) y la reforma de las fuerzas armadas. La intensificación de la guerra sirvió como instrumento para demostrar la fuerza beligerante del FMLN y para evidenciar el “empate militar”.

Ante el fracaso de la “Ofensiva Final” del 10 de enero 1981, los dirigentes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la Resistencia Nacional (RN) y el Partido Comunista Salvadoreño (PCS) expresaron de inmediato la necesidad de establecer contacto con los gobiernos de El Salvador y los Estados Unidos, a fin de alcanzar un acuerdo político y negociar la paz. Estas posiciones políticas negociadoras fueron respaldadas meses más tarde con la Declaración Franco-Mexicana en agosto de 1981. En dicha declaración conjunta se reconoció a la alianza política FMLN/FDR como “fuerza política representativa de la sociedad salvadoreña dispuesta a asumir las obligaciones y derechos que de ella se derivan”.

¿Cómo reaccionó el gobierno salvadoreño? La posición del gobierno siempre fue de rechazo a la solución política, argumentando que en El Salvador no había ningún conflicto armado. Dicha posición la mantuvieron hasta el final, a tal punto que el estado de “conflicto armado” no fue reconocido oficialmente por las autoridades salvadoreñas. El ejército salvadoreño convencido de antemano de la improbabilidad de triunfo por parte del otro bando y seguro de su propia superioridad, también rechazó el diálogo y la negociación. Es más, lanzaron una feroz contraofensiva contra las “posiciones terroristas”. Sin embargo, el ejército salvadoreño a pesar de su superioridad en número y armamento, no fue capaz de romper la moral combativa de las fuerzas rebeldes ni mucho menos aniquilar las inexpertas y mal equipadas unidades combativas guerrilleras.

1982 fue un año de guerra que estuvo caracterizado por la estrategia defensiva guerrillera de “Resistir, Desarrollarse y Avanzar”, mientras tanto el gobierno salvadoreño y los Estados Unidos continuaron ignorando los planteamientos negociadores y reconciliadores del FMLN/FDR. Al menos oficialmente, puesto que los aliados estratégicos y tácticos de la alianza revolucionaria-democrática pusieron los buenos servicios diplomáticos a disposición de los revolucionarios.

El año 1983 fue decisivo y determinante para la metamorfosis gradual de la guerra salvadoreña. Es del dominio público que al interior del FMLN/FDR no había consenso en relación al papel estratégico del diálogo y la negociación, y que además, al interior de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) se desarrollaba una fuerte lucha político-ideológica por el poder. Más allá de la controversia y la mitificación en relación al rol histórico de Salvador Cayetano Carpio, el Comandante Marcial, no se puede negar ni pasar por alto su peso específico en las filas de las FPL-FM, la organización político-militar numéricamente más fuerte en la alianza FMLN. Salvador Cayetano Carpio fue no solamente para sus correligionarios, sino también para muchos salvadoreños e internacionalistas de izquierda el paladín de la lucha armada y sinónimo de consecuencia e intransigencia. Si él tenía o no razón con sus planteamientos en relación al diálogo y a la negociación, y sobre todo con su escepticismo y recelo frente al papel e influencia de los aliados estratégicos de la revolución salvadoreña en la conducción de la guerra, es algo que solamente la historia de la lucha de clases en El Salvador responderá. 

Considerando estos aspectos, no es difícil deducir, que al no concebir Marcial la solución política como la vía para acceder al poder político-militar, él se convirtió en un serio problema, tanto para la dirigencia ─ comisión política─ de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí y el mando único del FMLN, como para los aliados estratégicos de la revolución salvadoreña.
Los sucesos de abril 1983 en Managua (asesinato de Mélida Anaya Montes, Comandante Ana María y suicidio de Salvador Cayetano Carpio, marcaron el fin de la primera etapa de la guerra y el punto de inflexión de la revolución socialista salvadoreña. A partir de allí, la revolución tomaría otros derroteros.

A pesar de estos hechos, el conflicto armado no se detuvo, más bien aumentó su intensidad. A nivel militar el FMLN había realizado operativos de gran envergadura, dentro de los cuales cabe destacar la toma y destrucción parcial del cuartel El Paraíso en Chalatenango en diciembre 1983 y el asalto a la presa hidroeléctrica del Cerrón Grande en junio 1984. Independientemente de los resultados parciales o totales de dichas acciones militares, el FMLN demostró fuerza y capacidad de movilización de tropa en el teatro de operaciones.

El 9 de febrero de 1984 representa el inicio de una nueva etapa de la revolución salvadoreña. En esa fecha la alianza FMLN/FDR da a conocer al mundo en conferencia de prensa en la ciudad de México, la propuesta de un “Gobierno Provisional de Amplia Participación” (GAP) con el propósito de resolver el conflicto armado por medio del diálogo y la negociación.

La junta revolucionaria de gobierno, presidida por José Napoleón Duarte, rechazó de inmediato la propuesta política del FMLN/FDR. No obstante, el primer encuentro oficial de la guerrilla (y ya no los terroristas o subversivos del FMLN) con el gobierno, se realizó en el pueblo de La Palma/Chalatenango en octubre de 1984. El periódico español El País en su edición del 18 de octubre del mismo año informó al respecto, entre otras cosas, lo siguiente:
“Para avanzar en este sentido, encargaron a la comisión mixta el cometido de humanizar la guerra, concepto que puede incluir desde el cumplimiento de la convención de Ginebra en materia de prisioneros hasta el cese de los bombardeos a la población civil y el sabotaje contra la economía. Duarte explicó en el palacio presidencial que "no podíamos resolver en horas una guerra de causas tan profundas". El comandante Fermán Cienfuegos diría, por su parte, en una conferencia de prensa celebrada durante la madrugada del martes en el campamento guerrillero de Miramundo que "no ha habido consenso" en esta materia. En las declaraciones efectuadas por ambos lados destaca un tono general de respeto al adversario, sin las descalificaciones mutuas que fueron costumbre hasta hace sólo unos días. Cienfuegos describió el ambiente de la entrevista como "sereno y respetuoso por ambas partes", que buscaron con ello la continuidad del diálogo. Las dos partes han reconocido, sin embargo, que el diálogo está en sus inicios y que será un proceso largo y complicado. Cienfuegos y el comandante Facundo Guardado no ocultaron que, si había tenido lugar la entrevista con el Gobierno en un plano de igualdad y sin deponer las armas, fue precisamente por la fuerza militar que ha adquirido el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Es lógico, por tanto, que en los próximos meses los dos bandos, lejos de desarmarse, continúen acumulando fuerzas para llegar a la mesa negociadora con ventaja.”

El gobierno salvadoreño y el ejército, indiferentes al fortalecimiento y desarrollo del ejército efemelenista y el peligro que eso implicaba, ignoraron las propuestas negociadoras, basadas en la plataforma de Gobierno Provisional de Amplia Participación (GAP). La actitud beligerante del gobierno de Napoleón Duarte significó en definitiva el fracaso del proyecto negociador y conciliador del FMLN/FDR. Para finales de 1986 estaba claro que el conflicto armado había entrado a una nueva etapa de desarrollo, la última, la cual duraría casi seis años y que culminaría con la firma de los Acuerdos de Paz en la ciudad de Chapultepec el 16 de enero 1992.

¿Qué llevó a la prolongación del conflicto armado, a pesar de los esfuerzos y la buena voluntad del FMLN/FDR de dialogar y negociar a partir de 1981?

En primer lugar, sería equivocado pensar que la guerra se prolongó debido a la estrategia de “guerra popular prolongada”, puesto que la estrategia que se impuso al interior del FMLN no fue precisamente esa. El FMLN al final de cuentas se vio envuelto en un conflicto armado que con la dinámica misma de las operaciones militares se fue transformando en una guerra entre dos ejércitos, el uno irregular, con todas las dificultades logísticas, de avituallamiento y reclutamiento típicas del carácter irregular y el otro, con todo el apoyo logístico y asesoramiento por parte del Pentágono.

En El Salvador no se cumplió el principio fundamental de la Guerra Popular Prolongada que es la incorporación de “todo” el pueblo a la guerra. Una guerra en la cual “cada” ciudadano es un combatiente, “cada” hogar una trinchera de lucha, “cada” cantón o pueblo un cuartel guerrillero. Y por último, pero no menos importante, es el hecho que al no existir el “partido único marxista-leninista de los obreros y los campesinos”, la conducción estratégica de la guerra se “militarizó”, lo cual tuvo como consecuencia la supeditación en la práctica de las estructuras políticas, por lo demás débiles, a las necesidades de la guerra.

Concluyendo, la prolongación del conflicto armado salvadoreño se debió, por una parte, a que la oligarquía salvadoreña y los sectores más intransigentes dentro de las fuerzas armadas salvadoreñas ─ apoyadas y asesoradas por el gobierno de los Estados Unidos ─ consideraron siempre, incluso después de la demostración de fuerza del FMLN en noviembre de 1989, que la probabilidad de derrotar militarmente al FMLN estaba a su favor. Lo cual los llevó a sobrevalorar su fuerza y a tener una actitud negativa, reticente y soberbia frente al diálogo y la negociación. Y por otra parte, debido a que el FMLN, a pesar de su poder de convocatoria, la capacidad de agitar y de movilizar a las “masas”, no fue capaz de “insurreccionar política y militarmente” a la mayoría de la población civil salvadoreña en las coyunturas político-militares más significativas, sobre todo en las grandes ciudades, ni de paralizar económicamente al país. A pesar del control relativo sobre parte del territorio ─ los frentes de guerra ─, la capacidad de concentración y movilización de sus unidades militares, el FMLN no logró “convencer” al pueblo salvadoreño de las posibilidades reales del triunfo de la revolución. Por eso es que la esperada y soñada “insurrección salvadoreña” no se llevó a cabo. La mayoría de la clase obrera y del campesinado se mantuvo al margen del conflicto.

En El Salvador no se dio realmente una “situación revolucionaria” ni al inicio de la guerra abierta en 1981 ni durante la “Ofensiva hasta el tope” en 1989, tal y como la planteara Lenin en 1915 en la víspera de la revolución bolchevique. La oligarquía salvadoreña mantuvo su dominio en forma inmutable en todo momento del conflicto. La clase dominante “continuó viviendo como hasta entonces”. Tampoco el país se encontraba en una situación de crisis económica en la cual la miseria y la pobreza de las clases oprimidas hiciera “imposible seguir viviendo” en tales condiciones. Lo que si se dio en El Salvador fue una intensificación considerable de la actividad política de las masas en los años previos a la ofensiva final de 1981.

Entonces, si la “vanguardia revolucionaria salvadoreña” (FMLN) no logró insurreccionar a las masas populares ni en los años de clímax revolucionario político (1979-1981) ni durante la demostración de fuerza militar revolucionaria sui géneris en la “Ofensiva hasta el tope” (1989), surgen varias preguntas: ¿Por qué razón la población civil no se insurreccionó en esos momentos y por qué la clase trabajadora no paralizó la economía nacional? ¿Una valoración equivocada de la voluntad insurreccional del pueblo? ¿Fue un error de la estrategia político-militar? ¿Un análisis erróneo de la lucha de clases a nivel nacional e internacional? ¿Militarización por parte del FMLN en la conducción global de la guerra? ¿La ausencia de un partido único de la clase obrera y el campesinado salvadoreño?

¿Quién tuvo la razón revolucionaria?
Ha sido la propia historia de la lucha de clases en El Salvador a partir de la década del sesenta del siglo pasado hasta nuestros días, que ha ido respondiendo dialécticamente las preguntas en cuestión. A ninguna personalidad, por muy brillante y carismática que sea o hubiera sido, podría atribuírsele haber tenido la razón absoluta en el debate político e ideológico y concluir por ello, que sus argumentos fueron absolutamente verdaderos. Conclusión falsa por cierto, puesto que lo “absoluto” no existe y por otra parte, las cosas políticas en si tienen siempre carácter relativo y pasajero. ¡Lo que hoy es verdadero, mañana puede ser falso! ¡Lo que en Viet Nam fue posible, en El Salvador no lo fue!

En los primeros años la guerrilla salvadoreña adoptó mecanismos de guerra tipo popular  prolongada, es decir, guerra de guerrillas combinada con estrategias insurreccionales, foquistas y conspirativas militares, un tipo de guerra muy particular ─ por lo reducido del teatro de operaciones ─ que con el correr del tiempo y la dinámica del conflicto se fue transformando en una guerra, en la cual el fin estratégico del ejército gubernamental era el desgaste de la guerrilla, mientras que la del ejército rebelde de resistir. Es decir, que la guerra revolucionaria en su transformación dejó de ser un medio en función de alcanzar la “liberación nacional” y la justicia político-social y económica de las grandes mayorías populares hasta convertirse en un “asunto bélico a negociar”.

No cabe duda alguna que el pueblo salvadoreño quería el fin de la guerra y el acuerdo de paz de Chapultepec 1992 fue la respuesta lógica del FMLN, y aunque el gobierno derechista de ARENA se opuso a la negociación de la paz hasta el último momento, la administración de George Bush Sr. ya no estaba a favor de la estrategia militar de contrainsurgencia en El Salvador. Pero no porque consideraran que dicha estrategia hubiera fracasado, sino que ya no era necesaria. El FMLN/FDR había dado muestras claras y sin ambivalencias, que su objetivo político estratégico ya no era el de subvertir el sistema capitalista, sino el de participar en la reconstrucción del país, aceptando las reglas de la democracia parlamentaria. Así como la dictadura del general Augusto Pinochet en Chile se vio obligada a aceptar el plebiscito en 1988, la oligarquía salvadoreña también se “vio obligada” en diciembre 1991 a negociar la paz. El FMLN por su parte, sabía que no podía desarmar completamente al ejército salvadoreño y el gobierno de ARENA y las fuerzas armadas tuvieron que reconocer que desarmar al FMLN por medios bélicos significaba la prolongación de la guerra y por lo tanto, pagar un “precio excesivo”. Además, Washington ya no tenía interés en seguir financiando la costosa guerra. La consecuencia de este análisis político-económico y militar por ambas partes fue la firma de los acuerdos de paz en 1992.

Karl von Clausewitz argumenta en su obra “De la guerra”, que existen dos motivos principales para plantear y/o hacer la paz: el primero es la improbabilidad del éxito y el segundo el precio excesivo a pagar por él. Por otra parte, tan pronto como el gasto de fuerza sea tan grande que el objetivo político ya no sea equivalente, este objetivo deberá ser abandonado y el resultado será la paz.
El camino que tuvo que andar el pueblo salvadoreño, a partir de la guerra popular prolongada hasta llegar a la paz social negociada y concertada en Chapultepec, está adornado luctuosamente con 75 mil cruces que son el estigma del alto precio que pagó el pueblo salvadoreño por las reformas democrático-burguesas alcanzadas con la firma de los acuerdos.

¿Hubiera habido guerra?, si al pueblo salvadoreño, al menos a la parte de la población que se alzó en armas ─ especialmente la juventud rebelde ─ se le hubiera preguntado en los inicios de la revolución, si estarían dispuestos a dar su vida por la reformación del estado de derecho. Yo estimo que no hubiera habido guerra. Y, si se quiere hilvanar más fino e ir más lejos: ¿Qué hubiera pasado?, si en los años en que los comandantes de la revolución, sabiendo que la guerra era un callejón militar sin salida, le hubieran preguntado a sus respectivas tropas, si estarían dispuestas a continuar guerreando por objetivos que ya no eran en aras de la revolución socialista. Pienso que muchos de los comandantes no hubieran sobrevivido la pregunta. ¿Y usted qué opina?, estimado lector.

En un estudio de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (1998) acerca de “La violencia en El Salvador en los años noventa. Magnitud, costos y factores posibilitadores”, se afirma que: “Los Acuerdos de paz no sólo terminaron con el conflicto armado, sino que además fueron planteados como un mecanismo para la construcción de una nueva sociedad; frente a esto, muchos salvadoreños crearon expectativas muy grandes con respecto al futuro nacional, sobre todo en el orden socioeconómico. Sin embargo, pasada la alegría del logro de paz, los salvadoreños empezaron a acusar un elevado nivel de frustración por la falta de resolución de sus viejos problemas y, sobre todo, por la permanencia de un modelo de exclusión social y económica. Los tratados de paz resolvieron el problema de la marginación política, pero al final no fueron capaces de resolver los problemas de exclusión socioeconómica”.

Todavía está por verificarse si la sentencia de Schafik Jorge Handal en septiembre 2004 fue un pronóstico político realista o simplemente una profecía esperada, pues hasta el momento el sistema capitalista neoliberal en El Salvador se resiste ─ con mucho éxito ─ a cualquier cambio y más bien da la impresión de que es precisamente el sistema ─ capitalista ─ el que está cambiando al FMLN. Además, aún está por demostrarse si el FMLN es efectivamente el verdadero representante de la clase trabajadora salvadoreña y por lo tanto, la única fuerza política marxista que lucha por la verdadera paz social en El Salvador, vale decir, el socialismo salvadoreño .

Roque Dalton, quien no fue profeta ni Mesías sino un poeta visionario y soñador de Utopías, tenía toda la razón al decir: “El Salvador será un lindo y (sin exagerar) serio país cuando la clase obrera y el campesinado lo fertilicen lo peinen lo talqueen le curen la goma histórica lo adecenten lo reconstituyan y lo echen a andar. El problema es que hoy El Salvador tiene como mil puyas y cien mil desniveles quinimil callos y algunas postemillas cánceres cáscaras caspas shuquedades llagas fracturas tembladeras tufos”.

Ojalá las nuevas generaciones de salvadoreños y salvadoreñas sepan embellecer el país, sin la necesidad de recurrir al machete y a la pólvora. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Entre la hombría de Manuelón y su bonhomía, me quedo con lo segundo

Siempre que se escribe una historia, se escribe de un viejo, de un niño, de alguien conocido o de sí, pero esta historia es sencilla: voy a hablarles de un hombre humilde, modesto y juguetón, para quien las joyas y el oropel de las charreteras sólo eran espejos, colores brillantes. A él le interesaba el calor de la gente afable y la alegría de su pueblo. El avezado lector se habrá percatado que he parafraseado la “Canción del elegido” del cantautor cubano, Silvio Rodriguez como preámbulo, pues tengo sobradas razones para hacerlo: Se trata de la canción revolucionaria preferida de “Manuelón” y en cierta medida, el principio de la historia de un joven que decidió bajar al infierno de la guerra, perdón, quise decir subir al campamento de la Cañada.

Hace 28 años escribí la historia de un valiente guerrillero que cayó sin paracaídas del cielo azul salvadoreño en las montañas chalatecas. Es una historia que tiene que ver con la vida de Jesús Chicas Cartagena, alias “Manuelón”. Es una historia enterrada. Es sobre un joven que dio su vida en aras de la revolución socialista salvadoreña. Es una historia que no la conocí por terceros, sino de su propia boca. La escuché fascinado y conmovido, tendido sobre una piedra en las cercanías del campamento de las Fuerzas Especiales Selectas en el Higueral, subzona tres del Frente de guerra Apolinario Serrano, después de un merecido y necesario baño en una poza de agua fresca de la montaña y de haber lavado nuestros respectivos uniformes de campaña.

¿Qué tanto de verdad hubo en la historia? No lo sé. Pero qué importa eso. Yo la sigo creyendo. Lo esencial, al menos para mí, fue el hecho que él me confiara facetas de su vida personal, algo que de por sí, en condiciones de una guerra revolucionaria como la salvadoreña era inusual. Escribí su historia en 1986, dos años más tarde de su caída en combate en la Presa Hidroeléctrica el Cerrón Grande, como parte integral de mi novela testimonial “Cerca del amanecer” [ http://robiloh.blogspot.de/2012/10/cerca-del-amanecer7_12.html]. A él dediqué el capítulo XXI: “Manuelón, el valiente guerrillero que cayó del cielo azul salvadoreño”. Es más, el seudónimo que adopté (Víctor Manuel Santamaría) en la versión escrita y editada en 1993 en la ciudad de Valdivia, Chile, es un homenaje a Jesús Chicas Cartagena y un juego de palabras entre “Manuelón” y Abel Santamaría, el joven comunista cubano, a quien Silvio Rodriguez dedicó la “Canción del Elegido”. Ambos, “Manuelón” y Abel creyeron en la victoria popular.

Conocí a “Manuelón” un día de marzo de 1982 entrada la tarde, en el local de las Fuerzas Especiales Selectas en la Laguna Seca. El comandante Dimas Rodriguez (Nicolás Hernán Solórzano Sánchez) me había dado la orden de presentarme ante el jefe de las Fuerzas Especiales Selectas. Yo, ni corto ni perezoso puse pies en polvorosa y me dirigí a la casa-cuartel de las FES. Allí me recibió el famoso jefe guerrillero Felipe, a quien los demás compañeros llamaban cariñosamente “Felipito”.
Así, inesperadamente me vi conviviendo con una escuadra de exploración de la FES al mando de Manuelón y cargando a mis espaldas, ese mismísimo día, con dirección al campamento “El Alto”, un radio transmisor portátil militar ANPRC77, cuyo funcionamiento y manejo ─ para mi fortuna ─ no era complicado ni pesado el aparato [capítulo XI: Las Fuerzas Especiales Selectas; [ http://robiloh.blogspot.de/2012/09/cerca-del-amanecer5.html].

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que los días más hermosos de mi paso por las montañas chalatecas, los viví en el campamento El Higueral, junto a los comandos de las FES. Allí aprendí a querer a esos jovencitos aguerridos, llámense Tinos, Solís, Moris, Gonzalitos, Williams, Rafaeles, Felipes o Manuelones. Bravos eran todos. No sólo los de las FES, sino todos los combatientes de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación (FAPL) y sus mandos operativos, sin excluir a las compañeras que muchas veces tuvieron más “huevos” que una iguana. Ya en aquellos días de combate, la gente de masas y la tropa misma veían con admiración las hazañas de estos jóvenes guerrilleros. No eran personajes místicos, sino seres humanos que por circunstancias ajenas a su voluntad, se vieron envueltos en un conflicto militar que a muchos de ellos les robó a sus familiares más queridos, sus piernas, sus manos, sus ojos y hasta su vida. Seres humanos, con defectos, virtudes y sentimientos naturales como el miedo y el temor a perder la vida. Juventud salvadoreña que comprendió y creyó que la guerra era la paz del futuro, y se lanzó valiente al asalto a tomar una trinchera entre humo y metralla, quizás buscando la vida o la muerte, eso nunca se sabe.

Ahora, treinta y dos años más tarde me pregunto, viendo la foto de “Manuelón” estilando su boina calada: ¿Qué fue lo que más me llamó la atención en él? ¿Su hombría o su bonhomía?

Definitivamente. Entre la hombría de Manuelón y su bonhomía, me quedo con lo segundo.


¡Hasta la victoria siempre, querido y recordado Manuelón!

viernes, 1 de agosto de 2014

Cien años con la gaza al cuello

Los palestinos de la Franja de Gaza viven desde ─ casi─ cien años con la gaza al cuello, ante la mirada fría e indiferente de las naciones más poderosas e influyentes del mundo occidental.

Todos los indicios señalan que el asesinato de los jóvenes estudiantes israelíes en Cisjordania a principios de Junio, fue cometido por un comando armado palestino sin el conocimiento de la dirección central de Hamas, según confirma el vocero de la Policía Israelí, Micky Rosenfeld. Sin embargo, este dato importante es ignorado por los señores de la guerra. Cuando se quiere hacer la guerra, cualquier motivo es bienvenido. Huelga decir, que el asesinato de los estudiantes no es ningún motivo cualquiera, pues la muerte de un ser humano nunca es un acto nimio, pero ésta tampoco puede ni debe justificar la masacre que se está cometiendo en Gaza. A decir de Benjamín Netanyahu, jefe del gobierno de Israel, las acciones militares en la Franja de Gaza forman parte de una “guerra justa”.

¿Qué tan justa puede ser una guerra totalmente asimétrica, planificada minuciosamente con antelación? ¿Qué de justo tiene una guerra, cuándo la mayoría de muertos y heridos son civiles, sobre todo niños?

Por lo visto, la derecha radical en Israel ha tomado la batuta ideológica de esta orquesta mortal, dándole a las acciones militares en Gaza un carácter de “gran guerra Patria”, con el objetivo de ganarse la opinión pública israelí. Hasta el momento, al parecer, con muy buenos resultados, puesto que cualquier ciudadano israelí que se oponga activa o intelectualmente a la política guerrerista del gobierno de Netanyahu es considerado “traidor” al Estado de Israel; arriesgando al mismo tiempo su puesto de trabajo o, ser detenido y encarcelado.

El servicio secreto de Israel ha tenido siempre una baza escondida bajo la manga en el asunto de la Franja de Gaza y el asesinato de los jóvenes estudiantes les cayó como agua de Mayo/Junio en tiempo de sequía. Habría que ser demasiado ingenuo para creer que el Mossad, uno de los aparatos de inteligencia más eficientes y eficaces en el ranking mundial de espionaje, no supiera nada acerca del plan criminal del comando palestino. Más allá de teorías conspirativas, especulaciones y fantasías acerca de la política maquiavélica sionista, la ciudadanía crítica del mundo todavía tiene el derecho a la duda. No sería la primera vez en la historia de las guerras que un “montaje político-militar” da pie al inicio de acciones militares. Allí están la explosión del Maine en Cuba 1898, el ataque japonés a Pearl Harbor 1941 y el "incidente del Golfo de Tonkín" en las costas vietnamitas 1964.

Un sentimiento de impotencia civil generalizada recorre las calles de las ciudades principales del mundo occidental, y parece que los gritos de protesta e indignación de la comunidad internacional no tienen eco o muy poca resonancia en la ciudadanía israelí. Mientras gran parte de los israelitas avale las acciones militares, el río de sangre en la Franja de Gaza, desgraciadamente, continuará su curso y las bombas seguirán cayendo en Gaza como una maza en la cabeza de la indefensa población civil palestina.
Con tantas guerras y conflictos bélicos en todos los rincones del mundo, ya el ciudadano de a pie no sabe en qué manifestación de protesta participar para expresar así su solidaridad e indignación. ¿Ucrania? ¿Siria? ¿Libia? ¿Irak? ¿La Franja de Gaza?

La coyuntura geo-política y militar actual en el Oriente Medio, confusa y ambigua, en cierta medida contribuye más bien a confundir a la opinión pública y a dividirla; situación que debilita a todas luces el efecto de las protestas y demandas internacionales. Quien saca beneficio de tales circunstancias es obviamente el Estado de Israel.


¡A río revuelto, ganancia de pescadores sionistas!

lunes, 21 de julio de 2014

Y después de la resaca futbolera ¿qué?

Nuestro mundo parece desde la lejanía una esfera geométricamente redonda, aunque no lo es. Tampoco las pelotas de fútbol ni las de los pelotudos forofos xenófobos ─ no solamente en Europa los hay ─ lo son. Sin embargo, para Nike, Adidas, Puma y demás compañías del género, la tierra fue durante las últimas semanas un balón de fútbol y un negocio verdaderamente redondo. El poder de la mercadotecnia  convierte incluso la caca en oro. Lamentablemente así fue, así es y así será. ¡Fútbol hoy, fútbol mañana, fútbol toda la semana!

El fútbol, como espectáculo de masas, tiene una componente social particular que lo diferencia de otros deportes como el tenis, golf o baloncesto y es el hecho que los futbolistas por lo general son considerados por los aficionados como los “representantes del pueblo trabajador”. No es casual entonces, que la hinchada vea en ellos a “héroes” o “soldados con botines defensores del honor de la Patria”. Un ejemplo patético es la mal llamada “guerra del fútbol” entre Honduras y El Salvador. Aunque la guerra no fue por causa del deporte, el proyectil calibre 22 que al ritmo del “Pájaro Picón, Picón“ se incrustó en la columna vertebral de un amigo hondureño-salvadoreño, es un triste recuerdo de aquel día de junio de 1969 en San Salvador. El chovinismo local, regional, nacional y continental, como expresión del nacionalismo exacerbado a nivel deportivo, ha existido lamentablemente desde que se juega al balompié.

La manipulación político-económica de este deporte por parte de los organismos internacionales que regulan y reglamentan el espectáculo deportivo, sobre todo los eventos mundiales y continentales, lo convierte en un instrumento en función del capital financiero y de la política de estado. Detrás de la visita de la canciller Angela Merkel al equipo alemán en los vestuarios o los comentarios de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se esconde un propósito político calculado. En este sentido, el deporte en general también sirve para distraer la atención del ciudadano de los problemas socio-económicos nacionales actuales. No sería la primera vez que en algún parlamento se apruebe una ley antipopular en el momento en que los aficionados celebran un gol de su selección gritando a todo gaznate.

¿Qué el estado de Israel esperó la coyuntura del mundial de fútbol para masacrar a la población palestina en la Franja de Gaza? Pienso que no. Este gobierno ─ demostrado está ─ ha intervenido militarmente en el Oriente Medio sin importarle un comino la opinión mundial. Mientras tanto, los medios de comunicación informan de la intensificación de la ofensiva militar israelí y de las decenas de muertos y heridos causadas por los bombardeos en el barrio gazatí de Shiyahiya.

Pero los mundiales de fútbol, más allá de ser una fuente inagotable de dinero y manipulación, también son un pequeño oasis en el desierto de soledad e  impotencia civil en que se ha transformado el mundo globalizado.

Y después de la resaca futbolera ¿qué? Pues nada, queda tal vez la ilusión y la esperanza que algún día, un país de la periferia capitalista será campeón mundial. Mientras tanto, la clase social trabajadora seguirá laborando duro para ahorrar unos centavitos, pues Moscú 2018 ya asoma en el horizonte, independientemente de lo que suceda en Ucrania o en la Franja de Gaza… y al chiquillo hay que comprarle una camiseta con la imagen del nuevo ídolo, puesto que la de Cristiano Ronaldo ya está desteñida y desgastada.


¡The Show must go on! 

viernes, 11 de julio de 2014

¡Adiós Holanda!

Bien. Emocionalmente hablando, para mí el mundial de fútbol 2014 se terminó en el momento en que Maxi Rodriguez hizo lo máximo por Argentina. A Holanda o más bien, al ególatra Louis van Gaal le salió el tiro por la culata. Sin duda alguna, Holanda ha producido y seguirá produciendo excelentes jugadores de la talla de Johan Cruyff, Marco von Basten, Ruud Gullit o Dennis Bergkamp y sus selecciones nacionales siempre comenzarán los mundiales con brillo, con fuerza, con buen fútbol y con buen estilo, pero al final serán víctimas – mientras no cambien – de sus dos grandes defectos: la arrogancia y la soberbia.

Louis van Gaal en un “golpe de mano” contra Costa Rica colocó al gigantón Krul para asustar a los “enanos” costarricenses, para meterles miedo, para “comerle la mente” a los jugadores. Van Gaal se pavoneó– y disfrutó– con la “brillante” estratagema. La poderosa Holanda, digo van Gaal, tuvo que recurrir en los penaltis a trucos “psicológicos” para amedrentar a los Ticos. ¡Vaya poderío!

Pero todo esto ya es historia. ¡Adiós Holanda, hasta en cuatro años!

El próximo domingo se enfrentaran Alemania y Argentina por el título mundial. No me importa quien gane, puesto que mi umbral de tolerancia emocional es tan amplio que Argentina tiene allí también su rinconcito. Si gana Alemania tendré la satisfacción de haber apostado racionalmente por un sistema moderno de fútbol cuyos prototipos se encuentran en la España campeona del mundo y de Europa, en el Brasil de Pelé, Tostao, Rivelino y Gerson y en la Holanda de Johan Cruyff; lubricado este engranaje con las cualidades típicas del fútbol alemán. Garantía de triunfo no existe, pero el fútbol, a diferencia del tenis es un juego de equipo, y el de Alemania ha demostrado precisamente eso: ser una escuadra compacta, una Mannschaft unida una piña teutona. Una máquina puesta a punto en los últimos ocho años, un colectivo de profesionales del deporte en el cual la “súper estrella” brilla por su ausencia. El Rey Pelé fue uno más en Suecia y en México; Xavi e Iniesta lo fueron en Suráfrica, Austria y Ucrania. Desgraciadamente no puedo decir lo mismo del Brasil de Scolari con su legión de centurias y de la Argentina de Lionel Messi.

Messi, el Mesías, la Pulga  o el “hijo de Dios en la tierra” es, sin duda alguna, el mejor futbolista actual del planeta y definitivamente un jugador capaz de cambiar en segundos el desarrollo de un partido. Como decía Juan Román Riquelme, el jugador argentino del Boca Juniors y seleccionado argentino en su crítica-elogio: "Messi es el único jugador que corre más rápido con el balón en los pies que sin él".

Puede suceder que “La Pulga” vague – camine sin rumbo – por el campo como un sonámbulo durante 88 minutos, causando la impresión de estar soñando con su abuelita, pero en el momento menos pensado se despierta súbitamente precisamente en el instante en que Javier Mascherano mete la bola en un espacio vació; Messi arranca como un endemoniado, perdón, vuela como un arcángel caído del cielo, dejando a los rivales clavados como banderillas en un eslalon de esquí alpino marcando finalmente un golazo para los libros de historia futbolística.

Y, ¿Qué decir de los gladiadores brasileños actuales? Pues la verdad que el equipo actual nada o muy poco tiene que ver con aquellas orquestas sinfónicas de 1958 a 1970 en las que cada artista era un virtuoso en su especialidad.

En todo caso, gane quien gane o pierda quien pierda, el menú de la cena del domingo en casa ya está decidido y ordenado:

Menú del día “Final Copa do Mondo 2014”
Para picar (Amuse-bouche)
*Pulpo portugués machacado en piedra bávara*
Entrada
*Ancas de rana francesa al ajillo en salsa de vino del Rin*
Segundo (plato frío)
*Cuscús argelino con trucha tornasol de Suabia*
Plato principal
*Filete argentino asado al palo de abeto de Turingia *
Postre
*Sorbete de Mango y Maracuyá del Mato Grosso al estilo Selva Negra*
Decoración de mesa
*Tulipanes de Rotterdam en floreros de cristal de Jena*

¿Qué le parece, querido lector? Pura vida, ¿no?

viernes, 4 de julio de 2014

Si los Dioses jugaran al fútbol

Escribo estas líneas horas antes que se lleven a cabo los dos primeros encuentros de cuartos de final del campeonato mundial de fútbol. Lo hago en modo emocional, obviamente, puesto que la racionalidad cuando se trata del deporte rey no vale un Potosí. También debo confesar que he tomado partido por la selección alemana, y no sólo eso, sino que además he apostado la suma total de cincuenta euros y diez céntimos – no es chiste – y la cabellera, aunque ya escasa y rala, pues los años no perdonan, también es un “objeto” de apuesta. Los pocos pelos que me quedaban fueron a parar al basurero, pues aposté que los alemanes derrotaban a Ghana. Bien. Para sufrir un partido hay que tomar partido. Así pues que hoy por la tarde comenzará mi calvario, que bien puede durar un poco más de 120 minutos.

Pero, ¿qué sucederá esta noche o mañana con los hinchas bravos de aquí y de allá? ¿Cómo reaccionarán los fana-brasileños, fana-colombianos y los fana-ticos en el caso de una eventual derrota? El avezado lector se habrá percatado que no mencioné a los argentinos. ¿Por qué? Porque “Dios” es argentino, porque Francisco tiene conexión directa con él, además sabe de fútbol y allí está Leonel Messi para ejecutar las órdenes del Todopoderoso.

Pero en el universo del deporte hay más que un solo Dios verdadero. El de los argentinos tiene bastante similitud con el Dios de las religiones abrahámicas y por lo tanto, es incomprensible que solo esté a favor de los argentinos. Hay equipos, como el francés, donde están representadas las tres religiones monoteístas clásicas. El caso de Brasil y Colombia es más complejo desde el punto de vista teológico ya que es muy probable que más de algún jugador y sobretodo la hinchada le rece a San Basilio de Palenque o a Macumba.

Ahora bien, estimado lector, si Usted es ateo, le gusta el fútbol y además tiene un equipo preferido que todavía está entre los ocho mejores del mundo, pues le recomiendo que comience desde ya a rezarle al “Dios” de Baruch Spinoza. Eso sí, debe de tomar en cuenta que Spinoza era holandés…y portugués advertirá el bien leído, pero Portugal y el engominado Ronaldo ya son historia.

Yo me quedo en todo caso con Baruch y espero que no sea un mal augurio. ¿Qué dirá el Dios germano Thor con la presencia de Khedira, Özil, Boateng y Podolski en el equipo alemán? Ojalá no se encabrone, pues T(h)or significa gol en alemán y eso es lo que se necesita para ganar. ¡Goles!

Si los Dioses jugaran al fútbol pues tomarían en cuenta que hoy a partir de las 18 horas (en Europa) está en juego no sólo el acceso a la semifinal, sino que la tristeza, amargura y en algunos casos extremos hasta la muerte de algunos amantes empedernidos del balompié. 


¿Permitirán eso los Dioses? 

domingo, 1 de junio de 2014

Medardo, un joven revolucionario salvadoreño que soñó un mundo mejor y más justo

Recordando a Jorge Edgardo Castro Iraheta, “Medardo”, capitán del Ejército Popular de Liberación Farabundo Martí caído en combate el 23 de octubre de 1985. 


Un pasado que sigue siendo presente


Cuando la puerta que se abre es la del propio pasado, los cuadros que cuelgan en la “sala de exposición”, ubicada en un límbico rincón del cerebro, son la representación emocional de un recuerdo que sigue siendo presente.

Conocí a Medardo a principios de 1982 en el campamento guerrillero de La Laguna Seca en el departamento de Chalatenango, El Salvador, cuando todavía era jefe de escuadra del pelotón dos de la Unidades de Vanguardia Nacionales (UVN) de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí comandada por el “Conejo William”, José Dimas Serrano (http://robiloh.blogspot.de/2013/10/una-orquidea-chalateca-en-la-tumba-de.html). Meses más tarde y de acuerdo al desarrollo y dinámica de la guerra revolucionaria, El “Zarco” Samuel (Oscar Galindo), el “Conejo” William y el “Nico” (Juan Antonio Alvarenga), jefes de los pelotones uno, dos y tres de las UVN, asumieron otras responsabilidades militares y sus puestos fueron ocupados por Marvin, Medardo y el “Negro Odul” respectivamente. Durante los días de La Laguna Seca nuestros encuentros fueron muy esporádicos y pocas veces intercambiamos palabras. Sin embargo, cuando el pelotón dos se trasladó a la “Montañona”, a medida que nos íbamos conociendo, nuestra relación se fue desarrollando y profundizando. A partir de allí, creo que fuimos más amigos que compañeros en la guerra. Teníamos, sin saberlo, muchos intereses y actividades de la vida en común y tal vez por esas “cosas raras de la vida”, fue que sintonizamos en la acción y en el pensamiento http://robiloh.blogspot.de/2013/11/yo-tuve-un-amigo.html.

Nos encontramos nuevamente en Managua, en agosto de 1983. Un día salimos a pasear a la laguna de Xiloá, cerca de la ciudad de Managua. Tuvimos la suerte que Alfonso, un compañero alemán, puso a nuestra disposición el vehículo de su hermano. Esa tarde agradable quedó grabada en una fotografía que afortunadamente llegó a mis manos 28 años más tarde. Alfonso, sin previa consulta y sin reparar en medidas de seguridad ni en protocolos clandestinos, tomó en aquella ocasión su cámara fotográfica y apretó el disparador de la Canon A-1. Gracias a esa “emboscada fotográfica”, guardo hoy el recuerdo de nuestra convivencia en la Nicaragua Sandinista y todavía revolucionaria.

Medardo llegó a Managua a mediados de agosto de 1983 a curarse las heridas de guerra. Puse al tanto a Alfonso acerca de las razones de la estadía de Medardo y le informé que él había sufrido un impacto de bala durante el asalto al puesto de avanzada enemigo en Miramundo/Chalatenango a principios del año. Medardo conocía bien la guerra. Ya era un veterano y la lesión de Miramundo no era la primera. En el ataque a Nueva Trinidad en marzo de 1982 un proyectil le atravesó la pierna, felizmente sin mayores consecuencias. No obstante, las complicaciones de la fractura de la tibia y el peroné fueron muy delicadas y una intervención quirúrgica de alto nivel se hizo necesaria.

Alfonso, con seriedad alemana y con acento guanaco, nos habló sin tapujos de lo que en el “Frente Externo” se rumoreaba acerca del crimen perpetrado en la persona de la comandante Ana Maria y del suicidio de Salvador Cayetano Carpio, el Comandante Marcial. Pero cuando se dio cuenta que la conversación se había convertido en un monólogo, decidió cambiar de tema. Nosotros nunca hablamos sobre estos hechos, aun cuando ambos sabíamos que algo grave había sucedido al interior de las “F”. Había un hedor putrefacto en el ambiente aquellos días en Managua, pero no debido a las heridas del cuerpo, pues “las ideas como el agua, cuando se estancan, se pudren”, como dijera Mao Tse Tung en alguna oportunidad. La ideología dogmática y cerrada al interior de las “F” comenzaba a despedir el típico mal olor del estancamiento. La atmósfera se había llenado de miedo, desconfianza e incertidumbre, y desgraciadamente yo nunca supe lo que Medardo pensó al respecto.

Managua fue en los ochenta del siglo pasado, una ciudad invadida por internacionalistas de todo el mundo. Cierto día me encontré al “Caballo Memo”[1] en el trayecto Monte Tabor-Managua. Iba a visitar a los compas como de costumbre a la casa-hospital y en una de las tantas paradas de buses en la carretera Sur, se subió al bus en que yo viajaba. Nos reconocimos inmediatamente.

Pelaíto, qui hacís acá huevón – gritó Memo mostrando una feroz fila de dientes amarillentos por la nicotina y no paró de reírse por la sorpresa y de alegría por el encuentro. Nos despedimos al llegar a la terminal de buses. Él siguió su camino y yo el mío, no sin antes acordar un punto de encuentro unas horas más tarde.
Entré a la casa-hospital con la noticia a flor de labios. Medardo, a la sazón teniente del ejército rebelde, pidió licencia a la jefa del hospital para salir por la tarde y ésta no se la negó. Así que esa misma noche, en un restaurante de Managua, comimos lo que quisimos, bebimos cerveza y ron, hablamos hasta por los codos sobre los días en la montaña, de los vivos y de los muertos, no así sobre los sucesos de abril. Eso era tabú. Como buenos Lachos y creyéndonos los reyes del mambo, pinchamos[2] a diestra y siniestra y esa noche la pasamos chévere.

Nunca pensé que el devenir de la revolución salvadoreña estaría íntimamente ligado a esos luctuosos sucesos. Y supongo que Medardo tampoco. Días más tarde, en octubre de 1983, nos despedimos, nos deseamos buena suerte y nos prometimos reencontrarnos en el frente interno. Esa fue la última vez que estreché la mano de Medardo, ese joven revolucionario salvadoreño que soñó un mundo mejor y más justo….igual que yo.

Me enteré de su desaparición física recién en el año 2013 y de las circunstancias de su muerte, acaecida el 23 de octubre de 1985 en la “Zona de Radiola”, es decir, en el municipio de Cinquera en el departamento de Cabañas; un territorio en disputa donde la muerte acechaba por tierra y por aire permanentemente.
A raíz de tan triste y aciaga noticia, recordé que todavía guardaba en la buhardilla de mi casa los tomos de la novela del escritor alemán Dieter Noll, “Las aventuras de Werner Holt”; que Medardo dejó para mí en Managua y que llegaron a mis manos a medianos de 1984. Volví a leer la dedicatoria y los tres libros, según la “sugerencia de lectura” que él mismo anotó en la contraportada. La novela de Dieter Noll está considerada, junto a “Sin novedad en el Frente” de Erich Maria Remarque como un clásico del género literario antibelicista. La lectura de “Las aventuras de Werner Holt”, treinta años más tarde, tiene obviamente otra connotación e interpretación. Recién ahora entendí cual pudo haber sido la intención y el mensaje meta comunicativo de Medardo al regalarme y dedicarme de manera muy especial esta obra.

“Morir por la Patria”, ésta frase había retumbado como un eco varias veces en la mente del personaje principal de la novela, Werner Holt, con apenas catorce años. Él había conocido la muerte de cerca y había visto morir a mucha gente, tal como Medardo y todos los que vivimos la guerra al compás del lema “Revolución o Muerte, el Pueblo Armado Vencerá”. Morir por la patria, morir por la Gran Alemania, un grito de guerra, altivo y combativo, pero que al final de cuentas resultó ser una frase fatal para su generación, puesto que hasta él mismo perdió durante esos años de guerra el sentido de la vida, la capacidad y la serenidad de preguntarse: ¿Para qué vivo entonces?

¿Se habrá planteado Medardo la misma pregunta?


[1] Internacionalista chileno
[2] Chilenismo: Coquetear, seducir, conectar con una persona con fines amorosos