viernes, 31 de diciembre de 2010

SALUDOS DE FIN DE AÑO

Un año es el tiempo que tarda la tierra en completar una vuelta alrededor del sol. Así aseguran los astrónomos antiguos y modernos y tenemos que confiar en los científicos, pues no podemos refutar sus conclusiones. Para la gran mayoría de los terrícolas que habitamos este planeta, da lo mismo que sean más o menos días, horas, minutos o segundos. Para todos los fines domésticos, es igual el año gregoriano, juliano o egipcio. Sin embargo, todas (¿?) las civilizaciones celebran el último día del año como algo especial. Seguramente se trata de una costumbre ancestral religiosa heredada de nuestros antepasados y que el hombre moderno ha asimilado e integrado a su bagaje cultural. Es decir, el ritual de fin de año, con sus ofrendas y sacrificios, pudo haber tenido como único fin existencial, a lo mejor, aplacar la ira de los dioses y garantizarse la bonanza en el siguiente periodo sideral.

El homus economicus ha convertido todos estos rituales religiosos (navidad, solsticios, eclipses, reyes magos, etcétera) en un negocio redondo, y por su parte, el homus consumensis derrochará hasta el último centavo o se endeudará hasta la coronilla, con tal de no enfurecer la cólera de los dioses modernos del Gran Capital y no pasar como alienígena en la sociedad de consumo. ¿Cuántos millones de dólares se consumirán en un par de minutos con los fuegos artificiales que se quemarán esta noche en el mundo entero? ¿Cuánto daño al medio ambiente?

Y la verdad es que no hay mucho que celebrar en el mundo. ¿Qué ha cambiado sustancialmente en el mundo, para que nos sintamos felices? Las guerras no han terminado, las catástrofes artificiales siguen haciendo estragos en todos los rincones del mundo, los dioses hacen oídos sordos a nuestras plegarias anuales y continúan castigándonos con cataclismos y terremotos; las consecuencias del cambio climático se observan en todos los continentes. Y, ¿qué decir del hambre y la miseria en el planeta?

Desear que el próximo año sea mejor es más que una esperanza, es un sentimiento humano basado en el instinto de conservación y sobrevivencia impregnado en nuestros genes y en nuestra conciencia revolucionaria.

En este sentido, quiero desearle a todos los constructores del porvenir, sobre todo mucha salud y energía, para continuar, mañana mismo la lucha por un mundo nuevo, mejor y más justo.


Roberto Herrera 31.12.2010

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