martes, 8 de octubre de 2013

Una orquídea chalateca en la tumba de un guerrillero también heroico

Recordando a José Dimas Serrano el “Conejo William”, muerto en las faldas del volcán de San Salvador en 1989


Era abril de 1989 y un calor endemoniado envolvía la capital salvadoreña, pero afortunadamente, ellos estaban en la zona occidental del volcán de San Salvador, en cuyas faldas abundaba lo más variado de la flora y fauna salvadoreña. Ahí, bajo las sombras de los árboles de pepeto[1], aguacate y madrecacao, la escuadra de exploración guerrillera se encontraba al resguardo de las inclemencias del tiempo y supuestamente, de la vigilancia enemiga. Era una zona principalmente cafetalera y aunque también había árboles frutales, como los cítricos, la mayoría de las fincas, grandes y pequeñas, se había especializado desde finales del siglo XIX en el cultivo del café. En el beneficio de la finca El Jabalí se recolectaba los granos de café provenientes de Las Margaritas, Las Granadillas y otras fincas cafetaleras.

De acuerdo a la información de los insurgentes, en las cercanías del beneficio acampaba una unidad de rastreadores de un batallón de reacción inmediata. El beneficio de la finca El Jabalí era, después del beneficio de Chanmico, el centro agro-industrial más importante de la región. En las enormes pilas de agua se lavaba el café uva que llegaba diariamente al beneficio en carretas y camiones en los meses del corte[2]. El proceso de despulpado estaba a cargo de las aspas de madera que por obra y gracia de la máquina de vapor, cumplían con su importante función. Los volcanes de pulpa y mucílago eran el biotopo cientos de miles de insectos y millones de  bacterias.

Los zanates[3] volaban alegres de rama en rama, mientras los pijuyos[4] parloteaban cansinos en el suelo buscando lombrices de tierra y observando curiosamente a la columna de hombres que se desplazaba con cautela felina en la quebrada seca. A ambos lados de la pequeña cuenca se levantaban las faldas de los montes tupidos de bejucos y espeso follaje. Un guarumo[5] derribado por el viento yacía sobre el cauce de piedras de la vaguada a guisa de puente. Los cafetales en flor se mecían al compás de la brisa, mientras las arañas laboriosas tejían sus telarañas en lugares estratégicos para garantizar las emboscadas. El olor embriagante de la flora tropical, exótica y milenaria, tenía un efecto sedativo natural en el cerebro de los guerrilleros, así como el té de tilo. No había nada en el ambiente que implicara peligro alguno, más bien la diversidad de insectos y bichos raros inhibía en cierta medida el estado de alerta guerrillero. A pesar de los zumbidos de las abejas obreras, el aleteo de decenas de libélulas y el croar de las ranas cantoras, en el bosque húmedo reinaba un silencio embrujador. Era la armonía de la naturaleza interrumpida en esos instantes por los comandos guerrilleros. Un chupaflor[6] saltarín y asustado por la presencia guerrillera sacó repentinamente su puntiagudo pico de los pétalos abiertos de una rosa salvaje. El desnivel abrupto del terreno se transformaría en pocas semanas como por arte de magia, lo que en esos momentos era solo una pared rocosa, cuando comenzara la época de las lluvias,  en una hermosa cascada que embellecería aún más el paisaje. Los guerrilleros escalaron uno a uno la pendiente sin mucho esfuerzo. El pequeño pozo de agua insertado en la ladera colmó la sed de los exploradores y en pocos minutos el recipiente natural quedó vacío. Después de la obligada interrupción, los guerrilleros continuaron la marcha ascendente. El silencio reinó nuevamente. Muchos insectos volvieron a posarse sobre el verde musgo que bordeaba el pocito de agua. El ladrido de los chuchos[7] se escuchaba a lo lejos. La laguna de Chanmico, un milenario cráter volcánico, reposaba abajo en el valle y solamente el humo de la chimenea del ingenio se dejaba vislumbrar en la distancia.

La Comandancia General de la guerrilla había tomado la decisión de llevar la guerra a la ciudad de San Salvador, es decir, a la retaguardia estratégica enemiga. Y en este plan ofensivo militar, el volcán de San Salvador, la “guarida” del tigre oligárquico, jugaría un papel importante. Visto desde el lado de la capital, el complejo montañoso del volcán de San Salvador se había transformado con el correr de los años, en el hábitat por excelencia de la high society salvadoreña, que también formaba parte de la fauna del volcán de San Salvador. Allí, en las alturas era donde la oligarquía y la burguesía industrial salvadoreña se sentían más seguros.

La misión principal de la escuadra exploradora de las fuerzas especiales selectas, comandada por un experimentado jefe guerrillero chalateco, era únicamente la de reconocer el terreno. Tenían órdenes estrictas de evitar cualquier contacto con el enemigo. La influencia e importancia del cultivo del café en la zona implicaba para los guerrilleros más riesgos que ventajas, puesto que los campesinos y trabajadores del campo estaban directamente vinculados al proceso productivo y por lo tanto, más expuestos a la propaganda “anticomunista” del gobierno y más predispuestos a colaborar con el ejército salvadoreño. De este modo, la movilización en “terreno enemigo” era muy difícil y exigía de los guerrilleros más sigilo que en las montañas de Chalatenango o de Morazán. En estas circunstancias, los guerrilleros de las fuerzas especiales selectas no podían moverse como peces en el agua, puesto que en esos cafetales abundaban las pirañas carnívoras humanas.

El jefe de la escuadra de exploración decidió interrumpir la marcha y ordenó a los guerrilleros internarse en la montaña y descansar unas horas. Se quitó la boina negra y se dio con ella un par de golpes en el muslo derecho. Tan calada de sudor estaba la boina, que una mancha oscura quedó grabada en el pantalón de campaña. El cielo comenzó a oscurecerse. A lo lejos, el volcán de Izalco y el de Santa Ana, también conocido como Llamatepec, parecían tomarse de la mano. Abajo, el valle de Zapotitán y a un costado las ruinas de San Andrés, un sitio precolombino donde los historiadores suponen la capital de un cacicazgo maya. El cielo estaba claro y desanublado, señal de que la noche estaría colmada de estrellas. En el ambiente tropical del volcán se respiraba una mezcla de aire fresco con olor a café recién tostado y a humus viejo de bosque encantado. Los guerrilleros, considerándose fuera de peligro, hicieron un pequeño fogón. Tenían hambre y decidieron comer caliente.

– Ya vuelvo – dijo el jefe guerrillero colocándose la boina al estilo del Che, y se marchó con el fusil automático M-16 terciado sobre el pecho.

De pronto se escuchó una ráfaga de fusil y luego, un silencio sepulcral.

El jefe guerrillero no tuvo tiempo de defenderse. Una unidad militar antiguerrillera lo sorprendió en el momento en que se disponía a cortar unas hojas de loroco[8], con las que sazonaría la sopa de pollo con fideos Maggi que no alcanzó a disfrutar, porque ésta vez, la bala enemiga no le perdonó la vida como en Nueva Trinidad.

Allí, en algún lugar del volcán de San Salvador, quedó el cuerpo inerte de aquel valiente y experimentado jefe guerrillero. Cuentan los cortadores de café, que todas las tardes, antes que anochezca, llega una “guacalchía de altura[9]” al lugar luctuoso, volando desde las montañas chalatecas, trayendo en su piquito una orquídea salvaje para adornar la tumba inexistente de aquel guerrillero heroico.



[1] Inga vera
[2] Cosecha del café uva
[3] Pájaro ictérido, de plumaje negro con visos pavonados. La hembra es de color café.
[4] Ave salvadoreña del orden de las Cuculiformes, pequeña, de plumaje negro con visos azules en las alas. Su graznido se asemeja al vocablo pijuyo.
[5] Árbol artocárpeo cuyas hojas producen efectos tónicos sobre el corazón.
[6] Colibrí
[7] Perros
[8] Hierba silvestre comestible
[9] Campylorhynchus zonatus. Ave endémica de las montañas de Chalatenango (La Cañada)

4 comentarios:

  1. Excelente Camarada! Este es el tipo de relatos que debemos desempolvar para rendirles tributo y homenaje a los hombres y mujeres, campesinos y campesinas, estudiantes y obreros que le metieron el hombro a la guerra y que ahora están olvidados... Entiendo que "El Conejo William" fue exhumado en enero de este año y sus restos trasladados a Chalatenango.

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    1. Gracias Darío. Según relata Mauricio Tejada en su nota: http://www.contrapunto.com.sv/index.php/cpcultura/item/6306-homenaje-a-william-conejo, los restos de William fueron trasladados a Chalate el 7 de marzo 2014, días después de haber sido exhumados.

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  2. Soy un joven que creció en la ciudad y vio el sufrimiento que vivió nuestro país en los 70 y 80 me interesa bastate que no se olvide nuestra memoria histórica y relatos como estos atizan mas y reviven a esos héroes reales de nuestra guerra por la libertad de nuestro amado país ,gracias por lo que hicieron y las vidas ofrendadas por esta causa !

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    1. Estimado Papicaso, gracias por su comentario. En eso estamos, atizando aquí y allá, las cenizas de la llama revolucionaria de aquellos días, para que no se enfría la memoria histórica de nuestro pueblo. Fueron muchos los héroes, quienes como "El Conejo" William o "Medardo", quienes ofrenderon su vida para que los salvadoreños vivieran en paz y prosperidad. Mantener la memoria histórica es un deber de las nuevas generaciones, los viejos aportaremos con nuestros recuerdos. y con nuestra lucha cotidiana encontra del sistema capitalista, allí donde nos ha tocado vivir.

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