sábado, 24 de julio de 2010

LA BONHOMIA Y VALENTIA POLITICA DE MARADONA

Hablaba Hugo Chávez al micrófono arengando a la juventud y junto a él, el ciudadano argentino Diego Armando Maradona, quien con mirada tranquila y serena lo observaba atentamente. El Comandante Chávez con su acostumbrada retórica, mezcla de análisis perspicaz, exhaustivo y chanza venezolana, hablaba con fervor de la Patria Grande, ese sueño bolivariano, que los enemigos de los pueblos, los de adentro y los de afuera, quieren impedir a toda costa.

No es la primera vez que hay conato de guerra entre Venezuela y Colombia. No es la primera vez que se acusa al gobierno de Venezuela de apoyar a las guerrillas de la FARC. No es la primera vez que se presentan “pruebas definitivas” de la participación y colaboración venezolana en el conflicto armado colombiano.

Lo grave y delicado de la coyuntura actual, radica en el hecho que en Colombia existen siete bases militares norteamericanas, desplegadas a lo largo y ancho de su territorio, en estado de alerta. Esto, de hecho, representa un real y eminente peligro en toda la región. Washington ya ha anunciado que quiere investigar con más lujo de detalles las acusaciones contra Venezuela.

Venezuela y su Presidente están en la mira geopolítica de los Estados Unidos desde que Chávez, después del fracasado golpe de estado del 11 de febrero del 2002, irrumpiera en la palestra política de América Latina con la fuerza y agilidad de un león sabanero. Esto les causa escozor y rabia.

Desde entonces el imperio norteamericano y su protegida Colombia andan a la búsqueda de motivos y excusas para iniciar un conflicto armado.

La declaración pública del rompimiento de relaciones diplomáticas con Colombia, por parte del Comandante Hugo Chávez el pasado jueves 22, hubiera sido una acción normal y común en estos casos de relaciones tensas político-diplomáticas, sin la presencia de Armando Maradona.

Los peleles del periodismo deportivo pro imperialista, cuando de Maradona se trata, se lanzan cual feroces fieras a tratar de cercenarlo con diatribas mal olientes. Allí estaba tranquilo y sobrio Maradona asistiendo al Comandante. Más que eso, solidarizándose valientemente con la revolución bolivariana. No había ni un ápice de arrogancia y soberbia en su talante. No había nada de la porquería que le achaca la prensa burguesa constantemente. El ciudadano Diego Armando estaba con amigos y entre amigos. Gente que lo quiere y lo respeta.

Pero cuando le quieren tocar los ijares, así como Hugo Chávez, levanta el pecho altivo y valiente. Por eso me gusta también Diego Armando Maradona, porque levanta el pecho, cuando se trata de defender la dignidad de los humildes y desposeídos de América Latina.

¡Macanudo campeón! ¡Otro golazo político!


Roberto Herrera 24.07.2010

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