sábado, 20 de octubre de 2012

Cerca del amanecer...8


XXII. Invasión número dos

En los últimos días, el movimiento del enemigo en la región se había intensificado mucho. La avioneta exploradora sobrevolaba el cielo más tiempo que de costumbre. Algunos colaboradores de la guerrilla habían informado previamente de la concentración de tropas en la ciudad de Dulce Nombre de María. EI Ministro de Defensa anunciaba por la Radio Nacional que el fin de la guerrilla en Chalatenango se aproximaba. Días atrás los soldados del bataIIón de reacción inmediata Ramón Belloso habían juramentado frente al pabellón nacional fidelidad a la Patria. No cabía la menor duda que se avecinaba un ofensiva militar, ahora sólo faltaba deducir el plan de ataque del enemigo. Las exploraciones al cuartel EI Paraíso, por razones de seguridad, quedaron obviamente suspendidas. Todos los mandos guerrilleros deI norte se encontraban en estado de alerta. Felipón había enviado un mensaje pidiendo la colaboración de la FES en el plan de defensa de la zona de EI Higueral.

El ejército salvadoreño preparaba un operativo de aniquilamiento y limpieza en el Apolinario Serrano. EI plan castrense tenía como objetivo principal el lanzamiento de una ofensiva en tres etapas: la primera se llevaría a cabo en la región oriental de Chalatenango, la segunda se concentraría en La Laguna y EI Volcancillo, territorio donde se concentraba el mando estratégico rebelde, y una tercera fase que abarcaría la zona occidental. La idea táctica del mando enemigo consistía en ir empujando a las unidades guerrilleras hacia la región occidental, cercarlas estratégicamente y golpearlas en forma contundente. La misión principal estaría a cargo de unidades élites de los batallones Atlacatl, Atonal y Ramón Belloso.
Era la primera vez que el enemigo concentraba gran parte de su fuerza estratégica en un solo operativo.
A lo lejos se escuchaban el cañoneo y el bombardeo de los aviones. Su tronar llegaba de La Montaña y el Volcancillo. EI enemigo había comenzado la ofensiva donde realmente se esperaba: la sub-zona dos. Mientras tanto, en EI Higueral todo seguía supuestamente en calma.

Jorge se encontraba haciendo sus necesidades mayores al pie de un hermoso pino, cuando escuchó el zumbido de las hélices de los helicópteros de combate. Tres aparatos HUEY sobrevolaban el lugar donde se encontraban acampados. De las alturas deI Izotal, más al norte del campamento de las FES, llegaba el estrépito de las bombas de 500 libras al chocar con la tierra. EI campamento no podía ser detectado por los pilotos ya que estaba oculto en la espesura del bosque. De pronto, las ametralladoras M-60 comenzaron a escupir fuego desde el cielo, los proyectiles chocaban violentos en la tierra levantando partículas de polvo; los pedazos de ramas caían al suelo y astillas punzantes volaban raudas por los claros deI bosque. Un sentimiento de impotencia invadió a Jorge. Miraba hacia el cielo y los helicópteros continuaban sobrevolando en circunferencias y disparando con rabia y locura. Quería desaparecer, hacerse hormiga, meterse en cualquier hoyo. Detrás del tronco maldecía y maldecía. No había tiempo para los pensamientos, solamente la mirada fija en el punto negro y la esperanza de quedar vivo. Tal fue la tensión que no se había percatado de que aún estaba semidesnudo. EI ametrallamiento duró aproximadamente cinco minutos, los cuales se convirtieron para Jorge en una eternidad. Los momentos vividos habían sido tan intensos, que la diarrea desapareció como por arte de magia. EI esfínter del ano no permitió, después del bombardeo, dejar pasar ni la menor cantidad de excremento. A pesar de lo efectivo deI medicamento aéreo, Jorge prefirió seguir tratándose los malestares estomacales con medicamentos más convencionales y menos invasivos: Bactrina.
– ¡Jorge! – gritó Manuelón.
– Aquí estoy – contestó, mientras terminaba de limpiarse...
– ¿No le pasó nada?
– No. ¿Y a ustedes?
– Tampoco. Apúrese que ya nos vamos – ordenó.

Ese mismo día los comandos de la FES ocuparon el sector sur de EI Higueral en las cercanías deI río Tilapa. Por ese lugar se esperaba que avanzara el enemigo. Felipón había ordenado el minado da algunos accesos al caserío. Por la tarde, Manuelón y su gente se retiraron a las partes altas de la zona. Al llegar al Higueral no encontraron a nadie. La gente de masa había abandonado el caserío y de los mal armados guerrilleros no quedaba ni la sombra.

– Vámonos para el campamento– ordenó Manuelón.
En el campamento encontraron una nota firmada por William: "…Compa Manuel, los esperamos hasta las cuatro de la tarde. EI enemigo avanza por el sector occidental. Nosotros nos retiramos al Izotal. Buena suerte... "
Sin ponerse a pensar mucho, Manuelón ordenó la retirada y se dirigieron al Izotal. A la media hora de marcha alcanzaron a un guerrillero más asustado que chompipe[1] en Navidad. Felipón le había dado la orden de esperar a Manuelón en EI Higueral y evitar así que éste se dirigiera hacia el sector occidental del caserío donde supuestamente avanzaba el enemigo. Le había entrado miedo y se retiró sin esperar a los compas de las FES.
– ¡Imagínate, Manuelón!, Si no es por el mensaje de William, nos hubieran agarrado cagando. Y todo por este pendejo – comentó Jorge, pensando en el ataque de los helicópteros horas atrás...

La neblina envolvía la vegetación en el campamento del Izotal. Las manchas negras en el cielo anunciaban lluvia. EI viento frío estremecía los cuerpos sudados. Esporádicamente caían gotas de agua sobre la tierra. EI lugar estaba rodeado de hileras de pinos y árboles de mango. Las plantas parásitas se aferraban a la corteza de los árboles; orquídeas de diversos colores adornaban las ramas gigantes de los copinoles. En el suelo se arrastraban los helechos y palmas enanas. Las telas de araña colgaban en las paredes arcillosas, parecían cortinas blancas humedecidas por la niebla. Los musgos formaban un enorme colchón verde, donde saltaban alegres infinidad de bichitos tropicales. Miles de hojas y ramas marchitas adornaban las entradas de las cabañas de lata y cartón donde alojaban los pobladores. Un enorme cráter de doce metros de diámetro mostraba la tierra roja abierta por la explosión de una bomba. Junto a un pino caído se levantaba un hormiguero gigante que parecía un pequeño volcán en permanente erupción. Hormigas de gran tamaño transportaban con sus fuertes tenazas miles de hojas y cadáveres de insectos. Parecía que ellas también se preparaban para enfrentar la invasión militar. EI cielo cubierto por las nubes grises ofrecía un aspecto triste y melancólico. La noche se acercaba.

Una escuadra del pelotón tres, comandada por Cesario, había logrado romper el cerco tendido por el enemigo en el caserío El Comón. La alegría invadió el Izotal. Los guerrilleros se saludaron muy emocionados. Mientras tanto, Tino y Jorge conversaban con Andrés acerca de los pormenores del operativo militar. Ambos se encontraban de pie, sujetando con sendas manos el alambre sujetado a dos pinos y que era utilizado para tender la ropa de los pobladores. De pronto, se escuchó un estruendo seco y grave. Tino y Jorge fueron lanzados con violencia al suelo. Los demás guerrilleros corrieron a las trincheras, pensando que se trataba de un ataque enemigo. Jorge comprendió de inmediato lo que había sucedido, al verse la mano derecha, aún inmóvil e insensible por el golpe recibido. La mancha negra de la quemadura había sido producto de un choque eléctrico. EI rayo que cayó en seco, destruyó un pino seco que se encontraba a diez metros de distancia del lugar donde conversaban los guerrilleros. La casita de cartón al pie del árbol no sufrió ningún daño. EI rayo en seco fue la antesala de un terrible aguacero y en cosa de minutos comenzó a llover con furia, Jorge se puso el impermeable europeo, a sabiendas que todo intento de protegerse de la lluvia seria inútil. EI pobre impermeable azul había sido diseñado para las lloviznas civilizadas de Europa y no para las violentas tempestades de países subdesarrollados.

Buscaron un lugar donde pasar la noche. EI agua corría por el suelo, y las goteras del techo de madera se habían transformado en regaderas. Con los uniformes completamente empapados y el frío de la montaña, los guerrilleros de las FES no lograban conservar ni la más mínima cantidad de calor. Por instinto natural, se fueron agrupando cada vez más hasta conformar un bulto amorfo de pies, brazos y cabezas. Jorge se revolcaba en el charco de agua tratando de encontrar en la coIcha un pedacito seco. Lo único que deseaba era que amaneciera lo más pronto posible o por lo menos que dejara de llover. AI parecer, Tláloc, el dios de la lluvia, estaba en alianza con el enemigo y mandaba la lluvia con más furia.
– “… ¿Verdad que te habías imaginado diferente la guerra...?" – se preguntaba a sí mismo, mientras trataba de seguir el ejemplo de sus camaradas, quienes habían logrado vencer las inclemencias del tiempo y dormían profundamente.
La memoria le traía recuerdos cálidos de antaño. Por fin había recibido la noticia de su viaje a Alemania. Un día antes del allanamiento del recinto universitario en 1972, Jorge se encontró a un antiguo compañero de colegio. Ambos estaban matriculados en Áreas Comunes.
– Fíjate que me voy para Europa – dijo Jorge mostrando toda su alegría.
– No jodas – exclamó sorprendido el otro. ¿Cuándo te vas?
– ¡En seis semanas!

La Europa de Jorge tenía sabor a libros de historia universal matizados con colores primaverales. Era la cuna de la ciencia, el arte y la cultura. EI “Mont Blanc” de la intelectualidad. Se imaginaba la neutral y pacífica Suiza con sus vacas haciendo sonar alegremente sus campanas, mientras pastaban tranquilas en las verdes praderas de Graubuenden. Atrás venía la disciplinada y laboriosa Germania con su uniforme pardo y botas negras marchando a ritmo de ganso. Laboriosa construía caminos a través de la Selva Negra, fabricaba cerveza y comía perniles de chancho. Paseando por el Sena y con sus senos coquetos, aparecía la amorosa Francia, cargando bajo el brazo una baguette recién salida del horno. Cientos de simpáticos parisinos pintando cuadros en Montparnesse, tomando vino y comiendo queso. Al sonar de un fandango bailaba una morena piel canela haciendo traquetear las castañuelas acompañada por un torero de pantalones ajustados y con pinta de maricón. La Bella Italia arrullada en una góndola al compás de un “0 sole mio”. EI Big Ben marcando las cinco, y un noble Lord inglés preparándose a tomar su tea. Luego entraba en escenario una rubia desnuda de trenzas vikingas, con cara de lujuria y sexo pornográfico, que reía a carcajadas gozando el bacanal a las orillas de un fiordo. Por último, venía Sisi emperatriz, virginal y candorosa, bailando al compás de un vals vienés. La “Europa” de Jorge parecía documental de "EI Mundo al Instante". EI deseo estudiantil se había transformado en realidad y pronto marcharía a conocer lo desconocido, cosa que le violentaba la paciencia. Se imaginaba haciendo el amor a francesas, suizas, alemanas, austríacas, españolas.

Y llegó el día en que puso pie en tierras extrañas. Venía con aires de conquistador. Se internó en laberintos de cemento y ruinas con olor a cámaras de gas. Los zombis rubios ambulaban por las calles cargando sus bolsas de polietileno llenas de carne, leche y pan. Aparecían por todos lados. Las calles llenas de fantasmas de miradas frías se cubrían de blanca nieve. La fulminante expresión de aquellos ojos suásticos terminó de congelar el cuerpo de Jorge. Un zombito de ojos azules y dorados cabellos, se refugiaba detrás de la mamá, sin ocultar su pavor, aferrado al abrigo de invierno, temiendo ser devorado vivo por aquel salvaje de pelo negro. Jorge se tragó en silencio la ofensa, entre la risa burlona y contenida de la madre que con gestos mecánicos trataba de explicarle al futuro autómata que la “cosa-esa-de-pelo-negro”, por suerte, no mordía. Era la primera vez que sentía en carne propia el desprecio humano a todo lo que no fuera blanco y rubio. Los dientes le rechinaban, el calor de la rabia interna le salía resoplando por las ventanas nasales, evaporándose de inmediato. Las manos cubiertas con guantes baratos sostenían una bolsa de plástico revestida con el emblema anaranjado y azul de la cadena de supermercados Plus. La violenta vibración de los músculos le apretaba el corazón, sentía un deseo de volver a su cálido terruño. Entonces extrañó la sonrisa amable de la señora de la tienda en la esquina de su casa, añoró el "buenas tardes,  ¿qué va a llevar...?", pensó en el gesto cordial del ferretero, del panadero...quienes, a pesar de ser pobres, negros, mestizos e incultos, sí eran humanos. Jorge se sintió indio, campesino, negro, amarillo, mestizo, extranjero...un millón de veces extranjero.

La “Europa” colorida de tarjetas postales se mostraba desnuda en las calles, en los almacenes, en las fábricas. Los senos resecos y las piernas flacas de la muerte paseaban todavía por Dachau y Auschwitz. No era el hermoso cuerpo de la Bardot, ni el rostro ingenuo de la juvenil Schneider. Era el cuerpo putrefacto de un cadáver condenado a vivir en el presente, haciéndonos recordar el pasado. Las algas de las dos guerras mundiales se enquistaban en los monumentos, los ríos de cadáveres uniformados desembocaban en la “grandeza y superioridad” de la raza aria. La cristalina agua del arte y de la música lentamente se había ido pudriendo. EI Danubio había dejado de ser azul, el hermoso Rin de los Nibelungos se había transformado en serpiente inmunda, preñada de venenos químicos y atómicos. Era el precio que el capitalismo alemán tenía que pagar en la época dorada del “milagro económico alemán”. La imperial y majestuosa Europa, soberbia y soberana, dueña de mil colonias, vencedora de los mares, vociferaba por las calles en los albores de la década del setenta, abriendo el hocico cuanto podía, mostrando sus carcomidos y amarillentos dientes.
¿Dónde se habrían metido los Shakespeare, los Machado, los Alberti, los Boll, los Brecht, los Mann, los Goethe, los Mozart, los Bach?
¿Por qué no protegían los transeúntes hamburgueses al pobre gitano, al que pisoteaban en la cuneta las hordas salvajes vestidas de negro? Sin embargo, las ánimas con sus botas de invierno pasaban de largo, evitando pisotear las manchas rojas en la nieve, temiendo ensuciarse. No había tiempo para esas cosas, era Navidad y había qua apresurarse a casa para dar gracias a Dios y cantar el Heilige Nacht...[2]

En el círculo estudiantil se discutía a Marx, Engels y se recitaba el ¿Qué hacer? de Lenin. Cuando a Pepe le bajaban sus impulsos guerrilleros, hablaba con tanta vehemencia que olvidaba por momentos las fábricas de su padre en Monterrey y volaba muy lejos, llevando en sus hombros un fusil y en la espalda la mochila. Se veía atravesando llanuras, montes y ríos. Su discurso era interrumpido cada vez que inhalaba el humo del pucho de marihuana. La única vez que el platónico guerrillero había utilizado la mochila de campaña, comprada en un negocio de prendas usadas del ejército alemán, fue cuando dio un paseo por la Selva Negra en un verano caliente.

También había conocido la Europa del exilio chileno, uruguayo y argentino. Era la Europa refugio, destierro y albergue de los perseguidos y torturados de América Latina. Era la Europa de las empanadas y el pisco sour, la Europa del charlatán y arribista, la del socialista arrepentido, la del futuro socialdemócrata, la del politicastro parásito de la solidaridad internacional, la del revolucionario consciente, honesto y proletario.
Y sucedió que un día se vio repartiendo panfletos en el comedor universitario, discutiendo la actividad por Nicaragua, cantando sin vergüenza para recaudar fondos. Se vio trabajando a destajo junto a turcos y españoles, Iimpiando ventanas con los dedos agarrotados por las nieves del norte. Entonces llegó el día que comenzó a crecer y convertirse en Hombre. Leyó libros y revistas, se bañó en la ciencia y conoció los secretos de la técnica, se sentó frente a un escritorio, dibujó máquinas estériles, planificó estaciones y subestaciones eléctricas. Entonces sucedió que una noche uno de esos fantasmas que deambulaban por las calles desiertas quiso ofenderIo y se sintió más digno. EI zombi ebrio vagó por el callejón oscuro de la ignorancia hasta caer de bruces en la mierda de su xenofobia. Entonces llegó el día en que conoció la otra Europa, solidaria, fraterna y combativa...
Entonces fue cuando Jorge se sintió chileno, argentino, nicaragüense. Se sintió latinoamericano, ciudadano del mundo...

Jorge, que no conseguía quedarse dormido, trataba de ganar calor recogiendo las piernas. Lentamente dejó de llover. El cansancio del cuerpo pudo más que la humedad y el frío, y se quedó dormido con el sabor de haber revivido el pasado.

EI enemigo había atacado con furia la subzona dos. EI bombardeo a los campamentos de La Laguna y La Montaña, así como a la subzona tres, habían tenido el objetivo de fijar las fuerzas guerrilleras en el terreno. Los cobardes soldados deI batallón Atlacatl demostraron sus cualidades combativas persiguiendo a mujeres, niños, ancianos y enfermos. Algunas madres murieron ahogadas junto con sus hijos al querer cruzar el Sumpul en dirección a Honduras.
Sin embargo, había que reconocer que el servicio de inteligencia enemigo había operado con todo éxito. Cuando el “huesudo” (helicóptero Lama[3]) llegó a bombardear los campamento de La Laguna, sabía con precisión a lo que iba. Las bombas de 500 libras cayeron justamente en los lugares más importantes: El Estado Mayor, el hospital, el puesto de mando de las FES y el puesto de armas de apoyo. Mientras esto sucedía en el frente norte Apolinario Serrano, las fuerzas guerrilleras en Morazán aprovecharon que el enemigo había concentrado su fuerza estratégica de choque en Chalatenango, para golpear contundentemente al ejército en el frente oriental. La brigada Rafael Arce Zablah del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) emboscó a una compañía en San Fernando, requisando numerosas armas y munición.
EI mando militar se vio obligado a enviar refuerzos para evitar el aniquilamiento de sus tropas, estratégicamente cercadas en el oriente del país. EI proyecto de terminar con la guerrilla en Chalatenango quedó truncado en la segunda fase de implementación (fijación de la guerrilla en el terreno). EI ejército gubernamental demostró que era incapaz de mantener el accionar operativo de sus tropas en diferentes teatros de operaciones.

XXIII.  El Volcancillo

La vida continuó su curso en La Montaña. Las unidades guerrilleras que habían sido desplazadas a raíz de la ofensiva militar del campamento de La Laguna, se reubicaron en las faldas del Volcancillo. Manuelón y los comandos de las FES se dirigieron a ese lugar, después de recibir la orden de regresar a la subzona dos. Al llegar al nuevo campamento fueron recibidos entre abrazos y alegrías. Manuelón dio el parte de guerra. La misión de exploración del cuartel El Paraíso había sido cumplida con todo éxito.
– Jorge – dijo Felipito. Sus pertenencias las tenemos aquí.
– ¡Qué bueno! Yo pensé que se habían perdido – contestó contento.
Felipito entregó un mensaje a Jorge, en el cual le comunicaban que tenía que presentarse en el puesto de mando de las unidades da vanguardia.
EI agua del pozo estaba bastante fría y el potente chorro que bajaba desde el Volcancillo formaba una especie de catarata. Jorge, que siempre había sido cobarde para el frío, dudó en meterse a la ducha natural, pero al verse los pies cubiertos de tierra y percibir el agrio y fuerte olor de las axilas, decidió bañarse. Después del necesario aseo personal y del urgente lavado de ropa, se vistió de civil para variar un poco: blue jeans, camisa azul, calzoncillos y calcetines nuevos.
Jorge había prometido a Manuelón un blue jeans y una camisa. Y cumplió su promesa. El equipaje original se había reducido a un pantalón y una camisa que guardaba en casa de doña Nila. EI impermeable azul ADIDAS, frente a los rotundos fracasos, fue a parar a otras manos. Solamente se quedó con las medicinas y la chaqueta. Esas pertenencias eran como un tesoro para Jorge.

Siguiendo las instrucciones recibidas, Jorge se dirigió al puesto de mando. EI camino era una antigua vereda que con el tiempo se había llenado de vegetación. EI ir y venir de la tropa había tronchado los débiles tallos de los arbustos. En torno, todo estaba silencioso, parecía que la enorme montaña dormía, meciendo con su aliento las ramas de los árboles. El ambiente cargado de resina de los pinos se adornaba con las mariposas coloridas que revoloteaban alegres y despreocupadas.
El cuerpo erguido de un árbol gigante ofrecía orgulloso su sombra. Los helechos milenarios decoraban majestuosos la vertiente cristalina que brotaba del corazón de la montaña. Era el verde vergel de rosas salvajes, de maleza rebelde e indomable. Madre tierra que recibía en su lecho las semillas transportadas por el viento. Virgen india vestida de lianas y nidos abandonados. Esponja de roció y lágrimas matinales. En lo alto de un guarumo descansaban los zopilotes en espera de la carroña. Por doquier, la mierda blanca de las aves de rapiña que se mezclaba con el humus natural. EI frescor de la mañana se impregnaba del olor a lodo podrido y hojas pisoteadas.
El puesto de mando se encontraba en las faldas del VolcanciIIo, oculto bajo las sombras de los pinos. El toldo de camión, a guisa de tienda de campaña, servía de techo a una enorme mesa de madera.

– ¡Permiso para hablarle, camarada German!
– ¡Come mierda, cabrón! – contestó –sabiendo que se trataba de una broma de Jorge.
–  Dicen las malas lenguas que le diste golpe de estado a Dimas…
– Seguro que fue el Memo – exclamó.
– ¿Dónde está Memo? – preguntó Jorge, ignorando que éste se encontraba también en el campamento.
– Está viviendo en la cabaña de la escuadra de exploración – contestó German.
– ¿Cómo ha seguido Juancito? ¿Ya está mejor?
– También está viviendo allí.
German había asumido el mando interinamente de las UV/FES debido a la ausencia del Comandante Dimas.
– Desde ahora ya no trabajarás más en la fuerzas especiales – dijo German.
– ¿Por qué?
– Porque así lo he decidido yo.
– ¿Felipito ya sabe de tú decisión?
– Sí.  Bueno, déjate de tanta pregunta y poné atención a lo que voy decir.
– ¡A sus órdenes camarada!
– Te vas hacer cargo del equipo de comunicaciones...
– ¿Y Ramiro? – preguntó Jorge.
– Esas son las comunicaciones del Estado Mayor – indicó. Las Uve tendrán su propia sección de comunicaciones.
– ¿Van a formar entonces una Plana Mayor?
– Exacto. La sección de comunicaciones estará subordinada a la sección de operaciones – explicó German, al tiempo que dibujaba sobre un papel en blanco el esquema jerárquico.
– ¿Quién será mi jefe superior inmediato?
– Yo.
– Pero tú sigues siendo el jefe del destacamento uno – cuestionó Jorge.
– Ahora ya no.
– ¿Quién es ahora el jefe del destacamento?
– Chuz Mil.
–  ¿Y ese quién es ese? – preguntó Jorge extrañado.
– No lo conoces. Es un compa que llegó hace poco.
– ¿Quiere decir que tú serás el jefe de operaciones?
– Así es.
Jorge regresó al campamento de la FES. Entre alegría y tristeza se despidió de los comandos. Felipito, portando un colt 44 en la cintura, le estrechó fuertemente la mano y le deseó buena suerte las próximas tareas.

La guerrilla se preparaba para golpear al enemigo en el marco de una ofensiva a nivel nacional. La Comandancia de las FAPL había elegido tres objetivos militares: Ojos de Agua, Carrizal y una avanzada móvil en las elevaciones del Jícaro. La primera tarea que recibió Jorge fue la de construir la cabaña donde trabajaría la sección de operaciones. La segunda: interrogar a campesinos que habían sido capturados en las cercanías de Ojos de Agua y sospechosos de colaborar con el enemigo.

La hora cero había llegado. La ofensiva militar denominada “Chalatenango y Morazán, juntos vencerán" comenzaría dentro de las próximas horas. Pocos días habían transcurrido desde la última invasión. El enemigo no esperaba el ataque. Con este operativo militar, la guerrilla demostraría que estaba en condiciones táctico-operativas de reagrupar, concentrar sus fuerzas y de contratacar al ejército salvadoreño a nivel nacional. La época de las “guindas en desbandada” había llegado a su fin. La guerra revolucionaria había entrado a una nueva fase de desarrolló.
A Jorge le correspondió la misión de trabajar como radista operativo del destacamento comandado por el “Conejo William”. La popularidad del “Conejo William” se basaba en el hecho de ser uno de los pioneros de la guerrilla en el frente norte. Muchas veces había resultado herido en los innumerables enfrentamientos con el enemigo, pero en los combates de Nueva Trinidad sucedió algo inaudito, según los comentarios del médico Benito: .Al Conejo le había tocado dirigir un sector de fuego cubierto por las escuadras del pelotón uno. EI “Conejo William” se había parado para trasladarse a otro lugar, cuando la ráfaga de “la punto-treinta” lo tumbó violentamente al suelo. EI proyectil le atravesó la región cardíaca, justamente en el momento en que el corazón bailaba al compás de la diástole.
Benito decía que el caso del “Conejo William”, algún día aparecería en la sección de “Aunque usted no lo crea, de Ripley”. En cualquier caso, el “Conejo” tenía los huevos más grandes que un toro de Lidia. Era todo un ejemplo de valentía.

El Carrizal estaba ubicado al nororiente del Volcancillo, en las cercanías del río Sumpul y la frontera con Honduras. La columna guerrillera partió aI atardecer rumbo al Carrizal. EI objetivo inmediato era alcanzar la calle de tierra, que saliendo desde la ciudad de Chalatenango, circunda el complejo montañoso en cuyo epicentro se encuentra el Volcancillo. EI desplazamiento sobre la carretera les facilitaría la marcha nocturna. Al poco rato, la columna alcanzó la calle de tierra a la altura del caserío Vainillas. Allí hicieron una espera para permitir que la noche participara también en el operativo y evitando de esa forma, ser detectados por los pobladores del caserío. Desde el lugar de espera hasta el objetivo final había aproximadamente cuatro kilómetros. El grueso de la columna se aproximaría al Carrizal por el occidente, mientras dos escuadras penetrarían por el sector suroriental del pueblo.

Alrededor de las dos de la mañana se inició el ataque en el puesto militar de Ojos de Agua y EI Jícaro. En el Carrizal el factor sorpresa se perdió debido a que las unidades aún no habían ocupado sus posiciones de combate. El enemigo ya alertado de lo que ocurría en Ojos de Agua se preparó para un eventual ataque guerrillero. Las escuadras que cubrirían el sector oriente y suroriental se retiraron , creyendo que el ataque se había suspendido, lo cual, desde el punto de vista de la disciplina militar, significaba una falta gravísima que atentaba contra la seguridad del resto de los combatientes.
EI puesto de mando se ubicó a treinta metros de la primera línea de fuego. Cuando el RPG-2 rompió el silencio nocturno, el enemigo se encontraba ya en posición de combate. La noche se iluminó de fogonazos rojo anaranjados. Las balas trazadoras dibujaban en la oscuridad sus trayectorias y las llamaradas rojizas de los fusiles en ráfaga relampagueaban alumbrando los apagallamas.
– Saturno de Plutón, Saturno de Plutón... ¿me escucha?
– Adelante Plutón, aquí Saturno…
– ¿Está listo para recibir...?
– ¡Adelante!
– ¿Cómo está la situación?
– Aún no tenemos información directa...
– Páseme a Plutón... – reclamó el Comandante Valentín[4].
– Plutón no está aquí – contestó Jorge.
– Cuando llegue, que informe de la situación... Cambio y fuera...
–... Entendido... Cambio y fuera...
Las comunicaciones se habían iniciado exactamente a las cinco de la mañana según lo acordado por el mando estratégico.

Jorge conversaba con el jefe de los sanitarios operativos sentado sobre las gradas de piedra que conducían a la cocina de la casa que habían ocupado como puesto de mando. De pronto, se escuchó una explosión en el techo de tejas de la casa. Instintivamente se arrojaron al suelo creyendo que se trataba de un ataque enemigo. Inmediatamente se retiraron del lugar y tomaron posiciones combativas en el traspatio de la casa. A Jorge le zumbaban los oídos. Tomó la gorra que estaba llena de polvo y partículas de teja y la sacudió sobre la pierna derecha. Regresaron al corredor de la casa después de permanecer veinte minutos  a la espera del enemigo.
La diosa fortuna había vuelto a cubrir con su manto protector a Jorge: La granada M-79 había explosionado exactamente encima de su cabeza. Sí la viga de madera no se hubiera interpuesto entre la trayectoria de la granada y Jorge, el proyectil le hubiera destrozado todo el cuerpo. El madero largo y rectangular ennegrecido por el hollín de la cocina quedó partido en dos en el lugar donde impactó la granada. Sintió la cabeza llena de diminutos grillos y el zumbido del oído derecho se hacía cada vez más insoportable.
– Realmente que sos blindado – comentó Tato, el paramédico. A vos te deberían mandar a desactivar minas...
– iVale verga! – exclamó Jorge, pensando que por tercera vez escapaba de las garras de la muerte maquillada con TNT.
Al cabo de unos minutos regresó el “Conejo William”. La situación operativa no había cambiado mucho. El enemigo continuaba en sus respectivas trincheras. William mandó a llamar a Walter, operador deI cañón 90mm. La idea del Conejo era de atacar con esa arma la casamata del sector sur. Walter recibió la orden y se retiró. Los minutos transcurrían y el estruendo deI cañón sin retroceso no se escuchaba. Al ver que no pasaba nada, el “Conejo William” decidió informarse personalmente de la situación.
– Veníte conmigo, vamos a ver qué putas pasa – se dirigió a Jorge.
Jorge tomó el M-16, se colgó el walkie-talkie en el cuello y se acercaron al lugar donde se encontraba Walter limpiando el mecanismo de disparo del cañón.
– ¿Qué putas pasa? – preguntó irritado el “Conejo William”.
– Esta mierda estaba húmeda – contestó Walter, terminando de secar con un trapo las partes humedecidas del arma.
Se encontraban en una loma desde la cual se divisaba, a sesenta metros de distancia, la casamata de piedra, donde tres soldados armados con una ametralladora M60 hacían imposible el acceso en esa dirección. Walter se arrastró con el cañón al hombro y se colocó junto al tanque de cemento que abastecía de agua potable al pueblo. Al parecer los soldados lo habían detectado, pues una lluvia de balas comenzó a surcar por encima de sus cabezas. William y Jorge se arrastraron para retirase de la posición en que se encontraban.
– ¡Y vos qué putas estás haciendo aquí! – gruñó el “Conejo”, viendo al guerrillero con el FAL en el suelo.
El combatiente estaba pálido y temblaba de miedo.
– Andá a cubrir tu posición inmediatamente – ordenó gritando el “Conejo William”.
EI compita se alejó sin rechistar. Se ubicaron detrás de una loma, para protegerse de los proyectiles. De pronto se escuchó el ruido ensordecedor del 90. Minutos después, los guerrilleros tomaron por asalto la casamata.
Jorge informó inmediatamente al Comandante Valentín, viendo como los compañeros avanzaban en abanico a tomar nuevas posiciones. La posición más protegida por el enemigo había caído en manos guerrilleras.
El resto sería sólo cosa de un par de horas. 

En Ojos de Agua la situación se había definido al amanecer a favor de los rebeldes. Eran las once de la mañana cuando el ruido de los helicópteros se escuchó en dirección a La Laguna. Al cabo de dos minutos, dos aparatos blindados volaban rumbo a Ojos de Agua. Las tropas del “Conejo William” aún combatían en la parte norte del Carrizal. Los helicópteros volvieron a la zona donde todavía se combatía y comenzaron ametrallar las elevaciones en torno al pueblo. El “Conejo William” y Jorge se encontraban bien ocultos entre la vegetación, solamente la mala suerte podía contribuir a que algún proyectil los hiriera. EI intento del enemigo de contener la avalancha guerrillera no fue más que una gota de agua sobre una piedra ardiente. Los gritos de victoria se escucharon desde el centro del Carrizal. El enemigo había sido derrotado.

– ¿Tenés hambre? – preguntó el “Conejo William”.
– Si. – contestó Jorge sin pensarlo demasiado.
– Vamos a ver en esa casa – señaló con el dedo.
En el interior de la casa se encontraban una mujer y dos niños.
– ¡Buenas tardes compa! – saludaron los dos guerrilleros.
La mujer no contestó el saludo.
– ¿Tiene algo para comer? – preguntó William.
– Solamente tengo frijoles y tortillas – contestó secamente la mujer.
En el patio de la casa varios cerdos se revolcaban en el lodazal. Las gallinas con sus pollitos picaban la tierra en busca de alimento. Se trataba de una familia campesina bastante acomodada. Ciertamente era la casa del comandante local de ORDEN. El “Conejo William” lo sabía pero no se lo comentó a Jorge.
– ¿Está sola? – preguntó el Conejo.
– Solamente estamos los dos cipotes y yo – respondió.
– ¿Y su marido?
– Ya tiene varios días de andar por San Salvador – contestó la mujer, intuyendo las razones de la pregunta.
– ¿Podemos echar una miradita adentro?
– ¡Claro! Pasen nomás – respondió la campesina.
En la casa efectivamente sólo se encontraban las personas que la mujer había indicado, pero sí había mentido al decir que su marido estaba en San Salvador. El hombre se había escapado en la madrugada. Había sido el campesino que Tato y Jorge habían detenido, sin saber que se trataba del comandante de ORDEN. Como iba desarmado y más asustado que chancho en matadero, lo habían dejado irse.
Después del almuerzo se dirigieron al centro del pueblo. Jorge se dirigió a la comandancia en busca de material informativo que pudiera servir a la sección de operaciones. Ese día se requisó mucho material, entre otras cosas, un televisor. Nadie comprendía las razones que motivaban a Jorge a insistir tanto en que el aparato debería ser forzosamente transportado. Al final le tocó a él mismo transportarlo hasta el Volcancillo. En España se celebraba el mundial de fútbol y le había prometido a Netón que traería el televisor para ver algunos juegos. Después que las unidades de vanguardia se retiraron, el Carrizal fue ocupado por las unidades milicianas, comandadas por Lencho. Nueve soldados consiguieron escaparse, precisamente, por el lugar que por negligencia e indisciplina, habían abandonado las dos escuadras. En desbandada cruzaron el Sumpul y se internaron en territorio hondureño, donde fraternalmente fueron acogidos y socorridos por el ejército catracho.
La ofensiva guerrillera a nivel nacional había sido un gran éxito.

Después de los combates, la vida se normalizó en el campamento. Ramiro, Memo y Juancito se preparaban para salir del frente; solamente esperaban la llegada de Dimas Rodriguez y Salvador Guerra. Mientras eso ocurría, Ramiro continuaba trabajando en la sección de operaciones del Estado Mayor. Memo y Jorge se encargaban de recopilar los informes que las escuadras de exploración de la FES/UV iban reuniendo diariamente.

El 14 de Junio, Jorge se dirigió al campamento deI Estado Mayor a disfrutar el partido de fútbol Italia versus Polonia. EI motorcito de gasolina se encontraba en un hoyo para silenciar los ruidos. AI Estado Mayor solamente se podía entrar con permiso especial. ÉI había sido invitado por Netón. EI partido no llenó las exigencias de los televidentes, los comentarios eran diversos y de variados matices. EI fútbol polaco había bajado mucho de calidad en los últimos años. Al parecer, no solamente el deporte polaco se encontraba en crisis. En la montaña aún no se tenía conciencia de lo profundo y serio de la situación política de Polonia. Radio Moscú y Radio Habana Cuba informaban diariamente acerca de los éxitos alcanzados por el nuevo gobierno dirigido por el General Jaruzelski. EI recién fundado sindicato “Solidaridad” y su máximo dirigente Lech Walesa eran acusados de reformismo y de ser cabeza de playa de la contrarrevolución. Nadie en la montaña se preocupaba de profundizar en los problemas profundos que estaba experimentado la sociedad socialista polaca. La dinámica de la guerra y la falta de orientación político-ideológica fortalecían la falta de interés por los problemas económicos mundiales, los cuales, para muchos “cuadros dogmáticos” de las “Efe”, seguían siendo un ejercicio mental para los intelectuales. EI pragmatismo político se había convertido en el método de trabajo de las instancias partidarias. La lucha de clases a nivel internacional y con ello la crisis del socialismo a escala mundial era, para algunos dirigentes, un fenómeno tan lejos de EI Volcancillo que preocuparse de ello era tiempo perdido. ¡Qué tenía que ver todo eso con la guerra de liberación en El Salvador!


Trabajar con German no era cosa sencilla. Le disgustaba el estilo demasiado académico de Jorge y a este la intransigencia del jefe militar. A pesar de todo, entre ambos existía cierta simpatía y mutuo respeto. Físicamente se parecían un poco. Cierto día que Jorge se afeitó la barba, siguiendo los consejos del Negro Hugo, una compañera lo abrazó confundiéndolo con German. A pesar de todo, probablemente el “choco” German era  uno de los mejores militares guerrilleros, a nivel táctico-operativo, que tenían las FPL-FM en esos momentos.

AI regresar el Comandante Dimas, German le expuso los cambios realizados a nivel de las estructuras militares. Muchas cosas fueron vetadas por el Comandante, entre ellas, la tarea asignada a Jorge. Cierta noche se encontraban reunidos varios Comandantes, miembros de la Comisión Política de las “Efe” en local de German. Julio se acercó a Jorge, quien fungía como centinela.
– ¿Que pensás del trabajo de partido? – preguntó Julio.
Se trataba de Julio, un cuadro de dirección, que recién había ingresado al frente.
– Yo lo encuentro muy débil – respondió Jorge. Desde que ingresé al frente no he tenido atención partidaria,  reclamó a guisa de ejemplo.
– ¿Cuáles son las cosas que crees  que funcionan mal?
– Me parece que hay poco interés en la construcción del partido y hay mucho dogmatismo en algunos compañeros...
– Pero es que en este momento, la guerra exige que concentremos nuestros esfuerzos en la construcción del ejército popular –interrumpió Julio.
– Yo también estoy de acuerdo en la necesidad de fortalecernos militarmente, pero creo que no es correcto que al interior del partido se sustituya el centralismo-democrático por el mando único centralizado – respondió Jorge.
– Eso es cierto – comentó Julio, encendiendo un cigarrillo.
– Hay otra cosa que me parece muy negativa – continuó Jorge hablando. Es el exagerado “comanchismo” de algunos compañeros que consideran a los Comandantes como si fueran seres más allá del bien y el mal.
– ¿Querrás decir caudillismo? – corrigió Julio.
– No, no. Yo pienso que el “comanchismo” se diferencia del caudillismo...
– ¿En qué? – preguntó Julio.
– Bueno. En primer lugar, el hecho que algún compañero tenga el grado de Comandante no lo coloca automáticamente en un plano superior al resto de los militantes. Jerárquicamente sí, pero en el plano de las relaciones político-ideológicas no puede haber diferencias. En segundo lugar, el “comanchismo” se fundamenta más en la cuota de poder militar que en otra cosa. Muy distinto es el papel de un líder auténtico, alguien que a lo largo de su vida ha luchado por los intereses de las clases más explotadas, por ejemplo, Ho Chi Minh, EI Che, Fidel o Marcial. Es decir, camaradas que se han ganado el respeto y admiración de los pueblos, no por la cantidad de estrellas en las charreteras sino por su trayectoria revolucionaria, consecuente y proletaria.
–...pero eso es caer en el culto a la personalidad...
–No necesariamente. Una cosa es reconocer la capacidad de dirigencia política de un camarada y otra cosa es el fanatismo político.
– No creas. Tan fácil no es la cosa – respondió Julio. Tu planteamiento me parece demasiado absolutista…
– Por supuesto que no es nada fácil. Pero sin partido se hace más difícil controlar el culto a la personalidad. Por eso es muy importante la crítica constructiva y la autocrítica consciente...

El diálogo se interrumpió cuando el Comandante Dimas salió de la cabaña para estirar los músculos, Julio se acercó al jefe militar y comenzó a conversar con él.

Al día siguiente Ramiro, Memo y Juancito llegaron a despedirse. Los tres internacionalistas estaban muy emocionados. Jorge entregó a Ramiro una carta para su compañera. Memo como siempre reía y prometía regresar lo más pronto posible.
– Mira, Pelaíto – dijo Juancito. Yo no te prometo que voy a regresar en poco tiempo, pues no sé cuánto durará el tratamiento. Cuídate mucho.
Un sentimiento de tristeza invadió a Jorge. Había aprendido a quererlos...

EI puesto de Ramiro lo ocupó Marito. Era uno de los cuadros nuevos, como Julio y “Chuz Mil”, recién llegados al frente. Marito, llamado así por su estatura, sería el nuevo jefe de la sección de información y comunicaciones. Julio se hizo cargo de la sección de logística. Se estaban produciendo cambios importantes en la correlación de fuerzas al interior del partido. Todos los cuadros de confianza de los Comandantes jóvenes, la “mara let it be “a decir de Eugenio, asumieron responsabilidades de dirección.
La lucha ideológica al interior de las instancias de dirección se iba agudizando cada vez más.
Jorge pasó a trabajar bajo las órdenes de Marito. La decisión del Comandante Dimas no fue muy bien recibida por Jorge. Él hubiera preferido seguir trabajando en las Unidades de Vanguardia o con las FES.

EI trabajo con Marito presagiaba futuros enfrentamiento ideológicos.



[1] Pavo
[2] El villancico español "Noche de paz"
[3] Helicóptero de fabricación francesa.
[4] Gerson Martínez, miembro de la Comision Política de las FPL.

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