sábado, 6 de octubre de 2012

Cerca del amanecer...6


XII. Ofensiva enemiga

– Puma, Puma, Puma de Charly Charly (cuartel de chalate)...Puma, Puma de Charly Charly.
– Adelante Charly Charly aquí Puma. Mi Golfo Golfo (General García) quiere saber si tienen alguna Noviembre (novedad).
–   aún no hemos chocado con los Tango (terroristas).
–   Puma de Charly, Puma de Charly.
–   adentro Charly.
–   ¿cuál son sus coordenadas?
–   estamos cerca de Charly Hotel India Alfa Papa Alfa Sierra (Chiapas)...
–   cambio y fuera...
–   don't worry about it Bob, we are now in Las Pacayas, James is waiting for the guys in Comalapa.
– be careful David, a lot of them are in el Volcancillo...
– what's about the birds...?
–   they'll come soon   
–   Puma uno de Puma tres...
–   adelante...
–   dice mi Tango Mike que los golfos están bajando en dirección a las Víctor (Las Vueltas)...
–   dice mi Charly Hotel (Coronel “H.”) que Papas (pasa) con la Charly (compañía) que avanza por Uniforme Papa Alfa Tango Oscar Romeo Oscar (cantón Upatoro).
–   parece que los veintiocho (guerrilleros) están en la Mike Oscar Noviembre Tango Alfa Ñato India Tango Alfa (La Montañona)...
–   dígale a Zulu (“Z.”) que tenga cuidado con las Mike (minas anti-personales) en el Golfo (El Gallinero)...

Jorge se encontraba sentado en el peñasco de El Alto, desde allí interceptaba las comunicaciones enemigas. Al fondo a la izquierda se distinguían las elevaciones de la Montañita que se elevaban hasta llegar a la parte más alta: El Volcancillo.
Los dos aviones A-37 tomaban altura y descendían en picada desde territorio hondureño. Las nubes negras se alzaban por encima del manto grisáceo de los árboles; segundos más tarde llegaba el sonido de las detonaciones.
La guerrilla de El Alto se encontraba en estado de alerta. La subzona dos estaba siendo atacada por tres batallones élites del ejército salvadoreño.
Jorge escuchó la salida del mortero 120, aguardó unos segundos hasta localizar el lugar donde hizo impacto la granada. Le estaban disparando al cerro La Bola. La compañía que había entrado por las elevaciones del Gallinero, informaba a los artilleros emplazados en la Sierpe del desplazamiento guerrillero. Las granadas de mortero se estrellaban inócuas en el cerro La Bola.
EI radio-operador de la compañía informó que los guerrilleros se encontraban en el Roble. Los artilleros corrigieron el ángulo de disparo. Seis proyectiles volaron por los aires y se estrellaron contra el punto verde que formaban las arboledas de EI Roble.
–   Charly Charly de Puma cuatro manden un pájaro (helicóptero) tenemos un Eco (herido) mi Mike Foxtrot (Mayor “F.”) cayó en un cazabobos en el Golfo (gallinero)...tiene Delta (destrozada) la Papa (la pierna).
El tercer día de invasión estaba llegando a su fin. El pelotón tres había llegado hacía un par de horas al mando de Odul. Antes del atardecer llegó la orden del Comandante Dimas de retirarse en dirección al Portillo del Norte.
La columna guerrillera llegó de noche al campamento del Portillo del Norte. Por la mañana Jorge se presentó ante el Comandante Dimas.
– Póngase bajo las órdenes de Ramiro – indicó Dimas, mientras conversaba con el Comandante Salvador[1].
Ramiro saludó cariñosamente a Jorge. Parecía bastante agotado y enfermo; pero ni aun así, dejaba de trabajar junto a sus niñas radio-operadoras.
– ¿Cómo estás? – preguntó Jorge.
– Un poco enfermo. Creo que tengo paludismo – comentó, en el preciso momento en que el “caballo Memo” hacía acto de presencia.
– !Miren al Pelaíto! – exclamó riéndose. ¿Cómo te ha ido? ¡Tai flaco huevón! Hoy si ya pareces guerrillero.
– Eh, Jorge,...Dimas quiere hablar contigo – dijo Ramiro.
– ¿Está funcionando bien su radio? – se informó el Comandante Dimas.
– Sí, pero la batería está agotada – respondió Jorge.
– Dígale a Ramiro que le dé otro radio y después se presenta ante German[2].
– Entendido, compa, permiso para retirarme.
Cuando Jorge se presentó ante el “choco German”, el jefe militar no lo reconoció a primera vista, a pesar que se habían conocido en el local del Negro Hugo. Jorge había cambiado mucho físicamente. Había perdido varias libras de peso y su piel tenía un color cobrizo.
La Comandancia había asignado a German, jefe de las unidades de vanguardia zonales la tarea de reforzar las posiciones que defendía el pelotón de Héctor[3] en las faldas del cerro El Tigre, en las cercanías del embalse de la hidroeléctrica 5 de Noviembre del Río Lempa.
Esta seria la primera operación guerrillera en la que Jorge participaría como radio-operador al mando de German. Las escuadras del pelotón uno de las unidades de vanguardia zonales, al mando de Héctor, lograron contener al enemigo y evitar que el enemigo penetrara por ese sector.
Jorge regresó por la tarde al Portillo del Norte.
– ¿Y el Negro Hugo dónde está? – preguntó Jorge a Ramiro.
– En Los Amates, con el pelotón dos – contestó.
A la mañana siguiente, un helicóptero artillado dejó caer tres bombas en los alrededores del Portillo. Una de ellas cayó cerca donde acampaba el pelotón de armas de apoyo. Afortunadamente, no hubo bajas que lamentar.
El resto de los días fueron tranquilos. Ramiro, Memo, Juancito y Jorge aprovechaban el tiempo hartándose de mangos maduros. La diarrea fue inevitable. ¡Los cuatro cagaron como patos!
Radio Venceremos llamaba diariamente al boicot de las elecciones del 28 de marzo. El enemigo, temiendo acciones guerrilleras en ese días, había lanzado un operativo militar preventivo al campamento principal de La Laguna con el propósito de neutralizar a la guerrilla de las FPL en el departamento de Chalatenango. El domingo 28 de marzo, el día de elecciones para diputados, las unidades guerrilleras del frente norte Apolinario Serrano se encontraban efectivamente dispersas en la parte suroriental del departamento. Mientras tanto, Radio Venceremos reportaba el accionar militar del FMLN a nivel nacional. En todos los frentes de guerra, con excepción del frente norte, se habían desarrollado exitosos combates. El enemigo logró neutralizar a las Fuerzas Populares de Liberación en Chalatenango.

XIII. Benito, el médico-cirujano

Al regresar nuevamente a La Laguna, Jorge se dedicó de lleno a las tareas de dibujante “cartográfico” de las FES. EI enemigo había retomado EI Jícaro y las FES, por su parte, se encontraban explorando las nuevas trincheras y casamatas enemigas.
La vida en el campamento seguía su curso normal. Las invasiones enemigas servían, entre otras cosas, para definir el tiempo. En el lenguaje diario guerrillero nadie hablaba de la división convencional del año. Los meses tenían otra connotación. EI calendario guerrillero lo determinaban los operativos militares guerrilleros, así como el número de invasiones enemigas, es decir, acciones militares de contrataque del ejército salvadoreño. Los operativos castrenses de gran envergadura correspondían a la táctica militar tradicional de contrainsurgencia conocida como “yunque y martillo”.
De esta manera, el tiempo en la montaña quedaba estampado en almanaques de marchas nocturnas, en el llanto reprimido de los niños, en el dolor de la anciana reumática, pero también en la exploración y observación de las posiciones enemigas. Los días en la montaña tenían olor a pólvora, a sangre y sudor,   a esperanza.
En esos días, el tema político de conversación en La Laguna era el llamado Gobierno Provisional de Amplia Participación (GAP) planteado recientemente por el FDR/FMLN al gobierno salvadoreño. Para algunos se trataba de una concesión táctica y para otros, en un replanteamiento estratégico. Jorge, quien no conocía en detalle, cuáles eran los puntos neurálgicos del nuevo programa de gobierno revolucionario y sobre todo, las diferencias esenciales entre el Gobierno Democrático Revolucionario (GDR) planteado por el FDR/FMLN en enero de 1981 y el GAP, no perdía oportunidad de conversar sobre el tema. Cada vez que se encontraba con alguien supuestamente con mayor información, iniciaba la discusión. En la mayoría de los casos, los “más informados” eran los cuadros de dirección, pero no todos mostraban disposición de conversar temas político-ideológicos. Un día, Jorge aprovechó la oportunidad que Benito, el médico-cirujano jefe del hospital guerrillero, estaba con tiempo y con ganas de conversar.
– Lo que no entiendo, ¿por qué se está hablando de un gobierno de amplia participación? – preguntó Jorge. ¿Ya no estamos por un gobierno democrático revolucionario?
– Nosotros continuamos luchando por el GDR – contestó Benito. ¿Cómo te imaginás vos que nosotros vamos a formar un gobierno con ARENA? ¿Quién va a garantizar los intereses del pueblo? Nosotros continuamos luchando por un gobierno democrático y popular que garantice la realización de las transformaciones sociales, económicas y políticas necesarias para el desarrollo del país.
– ¿A qué se debe entonces que el FDR/FMLN está planteando el gobierno de amplia participación?
– Bueno. Esas son las diferencias ideológicas que existen en el seno del FMLN.
– Yo encuentro correcto que el FMLN proponga ese gobierno. Nosotros necesitamos una pausa. En ese período, que puede ser largo o corto, podríamos abastecernos logísticamente y prepararnos para la verdadera toma del poder – argumentó Jorge.
– Y vos crees que el imperialismo va a permitir tranquilamente que nos preparemos militarmente. No te olvidés que el enemigo principal de los gringos y de la oligarquía salvadoreña seguimos siendo los revolucionarios. La estrategia de contrainsurgencia tiene como objetivo fundamental la aniquilación del movimiento revolucionario. Ellos pueden hacer muchas concesiones, pero no para que nos fortalezcamos sino para debilitarnos. El problema es de correlación de fuerzas – continuó Benito. Recordá lo que pasó en Nicaragua. Cuando los gringos aceptaron las condiciones del Frente Sandinista lo hicieron desde posiciones de debilidad. El ejército somocista estaba quebrado. A la burguesía nica no le quedó otra alternativa que pactar con el FSLN. Somoza se había quedado solo. Nosotros no contamos con esas condiciones favorables.
– Pero con la polarización de las fuerzas, muchos sectores político-sociales han quedado en medio de los dos grandes polos – ripostó Jorge. En ese sentido considero correcto que el Frente busque aliarse con estos sectores.
– Estoy de acuerdo contigo. Nosotros nunca hemos sostenido lo contrario. Pero las alianzas siempre están en función de intereses económicos y no de otra cosa.
– Pero la guerra afecta también sus intereses económicos – intervino Jorge.
– Por supuesto que sí. Pero el gobierno de los Estados Unidos está en capacidad de mantener durante muchos años una economía de guerra. ¿Cómo detuvieron el movimiento guerrillero HUKS en las Filipinas? ¿Has leído algo acerca del movimiento revolucionario filipino? – preguntó Benito.
– No.
– Pues es muy interesante. EI movimiento HUKBALAJAP se formó en los alrededores de la Segunda Guerra Mundial. En 1950, los HUKS tenían cerca de doce mil guerrilleros armados y gozaban del apoyo aproximado de un millón de filipinos. Para ese entonces, el gobierno contaba con un ejército de treinta mil soldados. Militarmente era imposible derrotar al movimiento revolucionario. Ese año los guerrilleros estuvieron a punto de ocupar Manila. La reacción norteamericana no se hizo esperar. El gobierno lanzó un proyecto político-social y económico a nivel nacional y reorganizó el ejército. El primer paso fue elevar las condiciones sociales de los campesinos: Se construyeron escuelas, sanatorios, puentes, carreteras, etc. La segunda etapa – continuó Benito con su cátedra –  comprendió la institución de una legislatura que garantizara el desarrollo de las reivindicaciones sociales y económicas de los filipinos. Se proclamó una amnistía general y una reforma agraria. A los guerrilleros que entregaban sus armas, se les daba una parcela de tierra. Se puso precio a las cabezas de los altos dirigentes de la guerrilla. Las delaciones y las traiciones resquebrajaron el mando guerrillero. En 1951, se celebraron elecciones libres y verdaderamente limpias en las Filipinas. El nuevo gobierno impulsó nuevas reformas que neutralizaron por completo las banderas reivindicativas de los Hukbalajap. En 1954, el movimiento HUK estaba prácticamente derrotado.
– Pero en las Filipinas aún hay guerrilla – interrumpió Jorge.
– Ciertamente. Militarmente nunca fueron derrotados, pero la guerra la perdieron desde el momento en que el gobierno les arrebató la iniciativa política y las consignas populares. La fórmula empleada por los norteamericanos fue sencilla: la economía fue sostenida con seiscientos millones de dólares y militarmente triplicaron el nivel tecnológico de las fuerzas armadas. EI gobierno de Magsaysay, un antiguo guerrillero, desarrolló a lo y ancho de las islas reformas democrático-burguesas. Además, que la efectividad de un movimiento guerrillero – apostilló Benito con mucho énfasis–  no se mide por la cantidad de años que se pueda resistir en las montañas, sino por la capacidad político-militar de aprovechar las ventajas y desventajas en el tiempo y el espacio, pero con un fin concreto y específico que es la toma del poder. La guerra de guerrillas no es un maratón de supervivencia en la montaña. EI objetivo de la guerra de guerrillas es de acelerar el proceso revolucionario, de crear condiciones políticas y militares favorables para la toma del poder. Sacá vos mismo tus propias conclusiones – terminó diciendo tranquilamente Benito.
– Muy interesante – dijo Jorge. ¿Tú piensas que eso mismo pudiera ocurrir en EI Salvador?
– Todo es posible en la vida...No te das cuenta que para los yanquis no es nada del otro mundo mantener aquí una economía de guerra. ¡Qué son trecientos millones de dólares para la nación más poderosa del mundo! ¡No son nada más que peanuts!
– Bueno. Entonces, ¿por qué el FMLN esta planteando el gobierno de amplia participación? ¡La verdad es que no lo entiendo!
– Muy sencillo. Ya te lo dije al principio. Son las diferentes concepciones estratégicas de concebir y hacer la revolución. Nosotros sostenemos que para lograr la construcción de un gobierno popular y revolucionario irremediablemente tenemos que destruir el poder burgués. Es más, la propuesta de un Gobierno de Amplia Participación no es nada nuevo. Desde hace años se vienen planteando en El Salvador las diversas modalidades de este tipo de gobierno. Algunos lo llamaban Gobierno de Salvación Nacional o Gobierno Provisional Revolucionario. EI contenido programático era el mismo: democrático-burgués.
– Otra cosa que no entiendo es la participación en las elecciones – señaló Jorge.
– ¿Cuáles elecciones?
– Las que se celebrarían bajo el gobierno de amplia participación. Eso es lo que escuché en Radio Venceremos – adujo Jorge.
– Partamos de una cosa: un gobierno de ese tipo jamás se constituirá mientras el movimiento revolucionario represente un peligro para los norteamericanos. En un caso hipotético habría que preguntarse de qué tipo de elecciones se trataría, qué forma de gobierno se construiría, etcétera, etcétera...
– Supongo que un gobierno de transición.
– ¿0tro gobierno de transición? – preguntó perplejo Benito.
– Bueno, pienso que un gobierno como el de Salvador Allende en Chile.
– ¡No me hagas reír por favor! ¿Vos creés realmente que el pueblo chileno tomó el poder cuando Allende ganó las elecciones?
– No.
– Seguramente te recordarás que fue el Congreso Nacional quien tuvo que elegir al futuro Presidente. Los conservadores del Partido Nacional y la Democracia-Cristiana contaban con ciento diez representantes de un total de doscientos. El Congreso bien pudo votar por Alessandri. Sin embargo, mantuvo su promesa de elegir al candidato que alcanzara la mayoría relativa de votos. Así fue como eligieron a Salvador Allende.
– Pero el gobierno de la Unidad Popular comenzó con un programa de gobierno verdaderamente revolucionario – argumentó Jorge.
– Sin duda alguna, pero las reglas del juego continuaban siendo las burguesas. La Unidad Popular se aprovechó precisamente en los primeros años de una serie de leyes dictadas por las antiguas legislaciones para impulsar las reformas. Incluso se valió del Código del Trabajo para intervenir empresas laborales.
– Incluyendo a la ITT – añadió Jorge.
– Y no solamente a la ITT, sino también a la Bethlehem Chile Mining Corporation, la compañía carbonífera Lota-Schwager, la Compañía de Acero del Pacífico y muchas otras más que no recuerdo – agregó Benito. Todo eso fue positivo y obviamente revolucionario... Pero hablemos de los resultados finales de la Unidad Popular. ¿Por qué se dio el golpe de estado? – preguntó retóricamente Benito. La causa principal del golpe radicó en el hecho que la UP no había tomado en términos reales el poder político. ¡Compartió el poder burgués con las fuerzas de la reacción!
– ¿Qué crees tú que hubiera pasado sí Allende hubiera tenido la mayoría de representantes en el Congreso? – preguntó Jorge.
– La cuestión del poder político no significa tener la mayoría de diputados o ministros. Hay un problema, el cual es fundamental: el ejército reaccionario. En Chile, el golpe de estado se hubiera dado de cualquier manera. Creer en la constitucionalidad de las Fuerzas Armadas a estas alturas de desarrollo del imperialismo, equivale a creer en cuentos de hadas. Mucho menos confiar en la evolución paulatina del ejército burgués hasta convertirse en revolucionario –terminó diciendo con desdén.
– Tú no crees entonces en la vía pacífica para lograr el socialismo?
– Para lograr el socialismo sí, pero no para tomar el poder político. Mencióname tan sólo un pueblo que haya logrado la toma del poder por medio de elecciones. No existe ninguno,…!ninguno!
– En nuestro caso que tenemos una estrategia político-militar de guerra popular prolongada, ¿cuál sería nuestra actitud frente a un gobierno como el de Allende? – preguntó Jorge.
– Eso dependería de la correlación de fuerzas...politico-militares.
– Me refiero si apoyaríamos al gobierno – precisó Jorge.
– Oponernos sería un error... Eso significaría aislarnos de las masas populares. Nuestro apoyo o rechazo estaría en dependencia de la situación concreta. Ahora bien, lo que sí hay que descartar desde un principio, es la participación activa como partido en el gobierno.
– ¿Por qué?
– Eso sería entrar en contradicción con nuestra estrategia. ¿Cuál es el objetivo estratégico de nuestra lucha? La toma del poder, ¿no es verdad?
– ¡Imagináte vos que contradicción! Por un lado, participaríamos activamente en el gobierno y por otro lado estaríamos tratando de derrotar al gobierno. Una situación tal se podría dar únicamente en el caso que nuestra concepción no fuera político-militar...
– ¿Cómo así?
– Pensá vos en las FPL y las FAPL[4]. Si nuestra concepción de lucha de clases no fuera político-militar, las FAPL no formarían parte integral de nuestro partido, serían solamente el instrumento o brazo armado.
– Entiendo lo que quieres decir. Significaría tener un pie en lo seco y otro en lo mojado...
– Exacto. Quiere decir tener dos estrategias...una estrategia política y otra militar. Entonces actuaríamos de una u otra forma de acuerdo a las circunstancias... Si tuviéramos dos estrategias, perfectamente podríamos participar activamente en cualquier gobierno y sería lícito. El brazo armado lo guardaríamos en el baúl de los recuerdos y esperaríamos el momento oportuno de pegar el leñazo al ejército y a la burguesía…
– Si es que no se te ha oxidado – comentó Jorge.
– O bien, lo utilizaríamos como medio de presión para dialogar o negociar... Lo que sí es importante tener en cuenta – continuó diciendo Benito – es saber aprovechar todas las ventajas de un gobierno democrático-burgués, en función de los objetivos estratégicos, sin dejarnos embobar por los cantos de sirena de la burguesía y el imperialismo.
La conversación se interrumpió cuando Felipito mandó a formar la tropa para rendir honores a la bandera roja de las FPL. Mientras entonaban la Internacional y el himno de las “F”, Jorge trataba de ordenar sus pensamientos. La discusión con Benito había ayudado a aclararle muchas cosas; sin embargo, la complejidad de las maniobras políticas y las divergencias ideológicas verdaderas del movimiento revolucionario salvadoreño sólo llegaría a comprenderlas meses más tarde.

XIV. Juanita Juárez

– Hola, ¿Cómo estás, Che?
Hugo no correspondió el saludo. Se encontraba solo en el cuarto. En la vieja mesa de madera, el mapa ajado de Chalatenango. EI Negro estaba más serio y taciturno que de costumbre.
¿Qué pasa? – preguntó Jorge.
Los ojos del jefe guerrillero se humedecieron.
– ¡Hijos de puta! ¡Malditos!– exclamó. EI enemigo capturó a Juanita – dijo suavemente – deseando tal vez que todo fuera una pesadilla.
La noticia de la captura de Juana Juárez había sido confirmada por el mando guerrillero.
Todos los sueños guardados en largas horas de espera habían quedado truncados. Para Juanita, hija de Cuauhtémoc no existían fronteras ni razas; su patria se extendía del Río Grande hasta la Patagonia. Había llegado volando, como Quetzalcóatl a las montañas pipiles, dispuesta a luchar por una sociedad más justa y humana.
– Vení Che, vamos a bañarnos – invitó Hugo.
Eran las seis de la tarde, hora en que el pozo, a la vera del camino, se encontraba solitario. Era cuando los guerrilleros aprovechaban para lavar el uniforme de campaña sucio, sin el temor que la gente de masas los sorprendiera desnudos o en pelotas, como decía el Negro Hugo.
– Lo que más coraje me da, es que el mando sabía desde hace días que el enemigo la había capturado – comento con desazón.
– ¿Qué piensas hacer?
– Tengo que salir del frente. Acá no puedo hacer nada por ella.
Juanita Juárez murió torturada en algún lugar de Chalatenango, para seguir viviendo hasta el final en el recuerdo y la sonrisa limpia de sus hermanos salvadoreños.

XV. Fiesta en La Laguna

Poco a poco, el patio de la casa-cuartel de las FES se fue llenando de gente y en el ambiente se percibía un apetitoso olor a tamales. Las guitarras y los violines destemplados alegraban la fiesta.
"... Que viva, que viva, que viva el bloque popular...aeeeaaaa que viva el bloque popular... "
La dirección zonal del partido celebraba el decimosegundo aniversario de la fundación de las FPL. Desde muy temprano los pozos se habían quedado vacíos. En La Laguna y los alrededores había muchos pozos de agua fresca y limpia. Cerca del local de las FES había unas pilas grandes de agua, que en tiempos de paz servirían a la población probablemente como lavaderos. Es decir, nadie podía alegar falta de agua. Guerrilleros y guerrilleras se vestían de limpio en las fiestas. Era como hacer un paréntesis minúsculo en las páginas de un libro de guerra interminable, escrito y leído diariamente por cada uno de los personajes.
Toda la población se reunía para conversar, para recordar que la vida también es canto y alegría, para no olvidar que, aun en la guerra, se sigue siendo ser humano.
EI preludio del amor guerrillero se confundía con los tizones ardientes del fogón. En aquellos momentos, los cuerpos danzaban libres de ataduras y prejuicios. Los estribillos de las canciones cobraban un tono especial en la voz chillona del joven cantor. La culata de los fusiles terciados golpeaba suavemente las caderas bamboleantes de las guerrilleras. El cuerpo color canela que se aferraba al músculo del ser querido, se desprendía en esos instantes de la mente para olvidarse de la guerra. El deseo metiéndose por los poros, despertando el instinto sexual no saciado durante largo tiempo. Los ojos apasionados de las mujeres hipnotizaban las miradas de los más tímidos. Las manos de los más aventados jugaban ebrias de gozo, recorriendo discretamente las llanuras vírgenes de las adolescentes guerrilleras.
Cupido guerrillero extrajo una flecha de su jacal y atravesó de certero disparo el corazón de Aída. La sanitaria, con su belleza de niña-mujer, se mostraba cohibida y confusa ante los galanteos del opuesto Tino, el de las FES. EI amor navegaba soplado por las artimañas de aquel joven zorro chalateco, quien a pesar de ser también adolescente, ya estaba fogueado en las lides del amor carnal. La boca levemente pálida de Aída, se entreabrió para recibir gustosa el beso arrollador del experimentado y aguerrido combatiente guerrillero.
Las “hojas-lecho” se calentaron al contacto de los cuerpos entrelazados de los dos jóvenes guerrilleros.
Jorge alcanzó a distinguir la figura de Manuelón, desapareciendo en la oscuridad seguido de los pasos discretos de Elsa, también integrante del equipo de sanitarias.
La ofensiva de las fuerzas especiales amenazaba con arrollar la fiesta. Cuando de pronto el “Tunco William”, guerrillero del pelotón uno de las UVN, atacó por el flanco izquierdo, con paso firme y seguro, y se acercó a Myrna, la radista. Los cabellos largos y negros de la guerrillera cubrían sus magros hombros. Los ojos provistos de largas pestañas miraban amenazadoramente. A los pocos minutos Myrna reía y bromeaba, sus ojos y su sonrisa se habían convertido en señal erótica. Al contrario de Aída, Myrna parecía conocer los combates del amor. Se aferraba a la cintura del “Tunco William” con maestría, mientras los movimientos rítmicos y ondulantes de sus caderas permitían el suave roce de la pierna masculina sobre su pubis.
Mientras esto ocurría, Juancito, Memo, Jorge y Ramiro se encontraban emboscados en las cercanías de la cocina, esperando la repartición de los tamales.
Juancito era el que utilizaba una táctica sutil, pegajosa y muy efectiva. La compañera cocinera no podía resistir la mirada triste de niño huérfano. Juancito parecía adormecerla. Al final, era el único que recibía más comida. Ramiro por su parte era muy querido en las unidades guerrilleras. El hecho de ser el jefe de diez hermosas chiquillas, sin cuya participación cualquier fiesta fracasaría sin duda alguna, lo colocaba en una situación privilegiada.
Cuando los músicos dejaron de tocar, el fuego se estaba extinguiendo. Los guerrilleros que aún quedaban en el patio fueron retirándose a sus respectivos campamentos. EI paréntesis había llegado a su fin. La fiesta nocturna había servido para oxigenar los pensamientos y para engordar los sentimientos y para fecundar algún vientre fértil.

XVI. Pasatiempo

Con el pantalón encima de las piernas, Ramiro se preparaba para lanzarse al ataque. Los movimientos previamente estudiados le permitían moverse como tigre. No había lugar para las improvisaciones. En la guerra todo se planificaba minuciosamente. No importa el tamaño y fortaleza del enemigo. Ramiro, sin pestañear, fijaba la mirada en el lugar donde se encontraba atrincherado el enemigo. Pensaba que cualquier movimiento en falso podría significar el fracaso del operativo. ¡Tantos días y noches de larga espera! No, no podía fallar. Muchas cosas había de por medio: su reputación, la fama ganada con tanta dedicación y esmero. Pero también era el odio, el recuerdo de horas de desvelo y martirios sufridos. ¡No podía fallar! EI tiempo estaba a su favor. El silencio sepulcral se interrumpía por el correr intermitente del riachuelo. Las mariposas de azul celeste tocaban el Réquiem de Berlioz con alocado aleteo.
Por un instante, todo pareció fracasar. Un zancudo tropical había aterrizado en la frente amplia de Ramiro. Valientemente, recibió la estocada trapera del insecto. En ese instante caótico e impredecible, lo único que deseó fue que no le transmitiera el Plasmodium vivax. Después del exquisito banquete matinal, el anofeles decidió aprovecharse del pánico y voló hasta posarse en el cuello de Memo. Harto ya de tanta sangre se marchó borracho a pararse en una piedra del arroyuelo en la quebrada del May Pay. A la orden silenciosa del hemisferio izquierdo, los dedos flacos de la mano derecha de Ramiro voltearon con la velocidad del rayo el ruedo del pantalón. La pobrecilla quiso salir huyendo. Con rapidez felina Ramiro la atrapó entre sus uñas. Una manchita escarlata quedó como recuerdo de aquella pulga guerrillera. La orgia continuó. Al final, Ramiro había masacrado a dieciocho pulgas, lo cual significaba que seguía manteniendo el título de mejor cazador de pulgas en la fracción internacionalista de la guerrilla de La Laguna.
Memo tuvo que conformarse con la pírrica cantidad de siete pulgas. Se descuidó por unos segundos, tiempo suficiente para que dos escuadras de bichitos se escaparan por los flancos.

XVII. Emboscada de contención

EI mando guerrillero había reacomodado sus fuerzas y se preparaba para golpear contundentemente en San Isidro Labrador. EI enemigo no esperaba tan pronto la respuesta revolucionaria.
Jorge participaría como radio-operador en la emboscada de contención que comandaría Marvin. El papel que les correspondería desempeñar dentro del operativo militar era servir de apoyo a la acción principal en San Isidro. La misión consistía en contener cualquier avance enemigo por la carretera que conducía de la ciudad de Chalatenango a la zona oriental del departamento. En algún lugar entre Chiapas y Guarjila se apostarían los guerrilleros de Marvin a esperar al enemigo. La tarea de Jorge residiría en interceptar las comunicaciones enemigas y mantener informado al jefe de pelotón de la situación operativa en San Isidro.
Marvin había asumido el mando del pelotón uno sustituyendo temporalmente a William, apodado “el conejo”, quien se recuperaba de la herida sufrida en el ataque a Nueva Trinidad. EI joven guerrillero había vivido al margen de la ley, robando y fumando marihuana. La guerra lo sorprendió una madrugada durmiendo en la cárcel de Mariona. Marvin fue puesto en libertad junto con otros prisioneros. Algunos decidieron continuar en prisión. Sólo Marvin y “Joaquín 30” fueron los únicos que se integraron a la guerrilla.
Así comenzó la nueva vida del jefe guerrillero, así comenzó a marchar por el sendero de la libertad, sin vergüenza alguna del pasado. En poco tiempo había demostrado talento militar. Se había hecho famoso al derribar un helicóptero artillado durante un operativo militar en el cerro de Guazapa. Erróneamente, se atribuía esa hazaña a “Joaquín 30, pero fue Marvin el autor de tal hazaña. Pero él, nunca hizo alarde de este hecho.
Estaba atardeciendo cuando salieron de La Laguna. El centro de la columna estaba formado por el mando operativo. El zapador Frank y Jorge marchaban detrás de Marvin. La columna se dirigía al campamento del Gallinero. Al pasar por el lugar donde había ocurrido semanas atrás el accidente con el cargamento de explosivos, Jorge recordó su primer contacto con la muerte. Todavía había restos del mulo en la vereda. El olor fétido de la carne en descomposición, aún se percibía en el ambiente. Era el olor a muerte.
Pronto llegaron al Gallinero. René, jefe de la guerrilla en esa zona, conversó unos minutos con Marvin.
– ¿Cómo está la cosa por allá abajo? – preguntó Marvin, refiriéndose al pueblo de Chiapas.
– Todo está tranquilo. Hace una hora llegó la escuadra de exploradores – contestó René.
A tres kilómetros de la ciudad de Chalatenango se encontraba el pueblo de Chiapas.
El campamento del Gallinero parecía una gigantesca tumba. La red de trincheras y pozos de tirador lo cruzaban de extremo a extremo. En la tierra blanca habían quedado grabados los agujeros de los morteros. Eran las cicatrices de la guerra. Por su cercanía al cantón de Chiapas, el campamento estaba sometido a constantes bombardeos, además que la ubicación del Gallinero facilitaba el fuego de artillería. Las luces del cuartel de Chalate con su blanco amarillento, pestañaban débilmente. El poco voltaje del alumbrado público se debía a los constantes sabotajes guerrilleros a la red de distribución eléctrica. Marvin había previsto llegar a la carretera alrededor de las once de la noche.
A las ocho de la noche la columna continuó la marcha, después de haber permanecido en el campamento por espacio de dos horas. La diarrea de un guerrillero no estaba en los planes del jefe de pelotón. A cada rato la columna detenía la marcha para permitir al clandestino intestino la evacuación violenta. A la vera del camino iban quedando los recuerdos de la cena montuna.
La marcha se había vuelto pesada y monótona con las interrupciones. El tiempo volaba y aún se encontraban descendiendo.
Marvin pedía el nombre del enfermo. El silencio y las risas ocultas comenzaron a irritarlo.
– ¡Métanle un tapón en el culo! – recomendó alguien en la oscuridad.
– A lo mejor el compa esta nervioso – comentó el bicho Frank tratando de dar una explicación.
Nunca se supo el nombre del guerrillero.
En las cercanías se escuchaba la propaganda de una telenovela. El fenómeno de la televisión había invadido los ranchitos de la campiña salvadoreña; aun en condiciones de extrema pobreza, miles de televidentes clavaban sus ojos en las pantallas, embruteciendo su mentes con novelas e historias extranjeras. El “Bien Amado” y “La esclava Isaura” formaban parte, junto a “Hulk” y el “Hombre Biónico”, del plan de penetración y manipulación ideológica del imperialismo. Un chucho ladró desesperado sin enterarse de donde provenían los ruidos.
Eran las doce y media de la noche cuando llegaron a la carretera. Al llegar a la calle de tierra, se dirigieron rumbo al Este, buscando el lugar idóneo para ubicar la emboscada. El Comandante Dimas había discutido con Marvin la idea táctica del operativo. Ahora le correspondía a él, tomar la decisión en el terreno. Por el carácter de la emboscada, el terreno tenía que corresponder a los objetivos. Se trataba de una acción esencialmente defensiva. La contención guerrillera tenía la tarea de evitar que unidades militares provenientes del cuartel de Chalate reforzaran a los soldados en San Isidro Labrador.
Marvin contaba con los medios técnicos necesarios y con la cantidad de fuerza suficiente para el desarrollo exitoso de la emboscada.
– Mirá Frank – dijo Marvin. Aquí podés colocar la mina antitanque.
– Está bien – contestó el joven zapador.
Arsenio y Rogelio, encargados de colocar la mina, comenzaron a cavar el agujero. La dureza del barro seco dificultaba la tarea. Frank se encargó de colocar las minas vietnamitas a un costado de la calle. A las dos de la mañana, Marvin daba las últimas instrucciones a los jefes de escuadra.
– Nosotros estamos listos con nuestro trabajo – dijo Frank dirigiéndose a Marvin.
– Está bien, compa. Pueden regresar al Gallinero.
A los pocos minutos de haberse marchado el “bicho Frank” y la escuadra de zapadores, se escuchó a lo lejos la detonación de una carga explosiva. El combate en San Isidro Labrador se había iniciado.
“…Charly Charly de Ardilla...los veintiocho nos están atacando…”
En medio del caos y la sorpresa el radio-operador trataba de comunicarse con el cuartel de Chalatenango.
El Comandante Dimas, desde el cerro La Bola, daba instrucciones a los puestos de combate. Era la primera vez que las comunicaciones funcionaban correctamente. El color ceniza del amanecer desplazaba el negro de la noche. Los disparos se hacían cada vez más esporádicos.
A las seis de la mañana Jorge interceptó un mensaje del cuartel de Chalatenango: una compañía reforzada del enemigo avanzaba desde San Miguel de las Mercedes en dirección a Potonico y los Ranchos.
El enemigo, sospechando una emboscada en la calle a Guarjila, donde efectivamente estaba la emboscada de contención, había escogido el camino más largo para llegar hasta San Isidro Labrador. Pero a la altura de los Gramales, entre San Miguel de las Mercedes y Potonico, se encontraban emboscados dos pelotones guerrilleros bajo el mando de Odul. Se trataba de una emboscada de aniquilamiento y requisa.
A las siete de la mañana se escuchó la explosión de una mina antitanque. EI Mazinger[5] se estremeció bajo el impacto de la onda explosiva. Fuera de control, el mastodonte de acero se ladeó y quedó atascado en la cuneta. La descarga de fusiles se concentró en las dos columnas de soldados que avanzaban a ambos lados de la calle. El “negro Odul” informaba el desarrollo del combate a través del YAESU (Walkie-Talkie)
Mientras tanto, Jorge se había percatado del terreno en que se encontraban.
En torno al cerro donde aguardaban al enemigo todo estaba en silencio. Los guerrilleros oteaban la solitaria carretera con especial interés, cada uno comprendía que de un momento a otro podría aparecer la vanguardia enemiga.
Jorge anotaba en un papel el mensaje codificado que había recibido del Comandante Dimas: “…permanecer en esa posición hasta nueva orden... "
San Isidro había sido tomado en tres horas de combate. Marvin, sentado junto a Jorge, encendió un Delta colocando el walkie-talkie encima de una piedra.
– ¿Quién es plomo? – preguntó.
– Creo que es Odul – déjame ver. ¡Sí, es él! – contestó Jorge.
El zumbido de las hélices de los helicópteros los obligó a guardar silencio. El primer aparato pasó tan bajo que Jorge dejó de pensar, temiendo que el piloto escuchara el vibrar de sus neuronas.
– ¡Eh, Marvin, le tiro! – gritó “Joaquín 30” desde la posición en que se encontraba.
El dedo le picaba al famoso ametralladorista.
"... ojalá que no se le ocurra disparar…" – pensaba Jorge.
En realidad, la topografía era bastante desventajosa para los guerrilleros.
– ¡Que nadie dispare! – ordenó enérgicamente Marvin.
Los helicópteros continuaban volando en dirección a San Isidro.
Al parecer, el mando militar del cuartel ignoraba que el puesto había caído en poder de la guerrilla. Dos aviones A-37 bombardeaban los alrededores del pueblo. Mientras tanto, las unidades comandadas por el “choco German”, registraban las casas buscando armas y comida. El “Caballo Memo” había recibido un balazo en el brazo izquierdo. Las horas transcurrían y la orden de retirada del Comandante Dimas no llegaba.
La calma reinó nuevamente cuando los helicópteros dejaron de sobrevolar el sector de la emboscada. A las cinco y media de la tarde, Marvin recibió la orden de retirarse. Jorge había pasado doce largas horas sentado con las piernas pegadas al pecho y cubriéndose con las ramas de unos arbustos. Esa era la desventaja del terreno: no había más que un par de arbustos de poco tamaño.
De haberse entablado combate con los helicópteros, más de alguno hubiera resultado herido ya que no había donde parapetarse. Afortunadamente, Marvin se dio cuenta de la situación. Además que esa no era la tarea de la emboscada.
Dos días más tarde, llegó German con las unidades de vanguardia al campamento de La Laguna. La orden había sido cumplida. Los pelotones se formaron en el patio de la casa-cuartel. El Comandante Dimas alabó la valentía y el arrojo de los combatientes. El numeroso armamento recuperado en San Isidro demostraba el éxito de la acción guerrillera. En un extremo, formados en fila india, se hallaban siete prisioneros en cuyos rostros se reflejaba el temor y la inseguridad.
German había asumido el mando del destacamento guerrillero, sustituyendo al “Negro Hugo” que se preparaba para salir del frente.

XVII. Prisioneros de guerra

– ¡Jorge! Preséntese hoy por la tarde en el Estado Mayor – ordenó Felipito. El compa Dimas quiere conversar con usted.
– ¿No sabe para qué? – preguntó Jorge.
– Creo que le van a dar una nueva tarea – contestó.
Pocos minutos faltaban para la hora de la cena. Jorge seguía las instrucciones de su maestro Juancito al pie de la letra: llenaba de sonrisas y piropos a las compañeras de la cocina.
– Escuuuaaadras a formarrrr! – gritó Manuelón desde el patio de la casa-cuartel.
Con rapidez, los guerrilleros tomaron sus armas y corrieron al patio.
– Permiso para formar – dijo Juancito que por estar ablandando el corazón de las cocineras había llegado atrasado.
Se formó detrás de Jorge.
– Tomá, Pelaíto – dijo pasándole un aguacate maduro.
Felipito, como de costumbre, se dirigió a la tropa.
– Miren compas – comenzó diciendo. En los últimos días he notado algo de relajamiento. Algunos llegan tarde a formación…
– Eso va pa'ti, huevón, murmuró Jorge en voz baja.
– ¡Cállate, conchetuma, que tú también llega'i tarde!
– La limpieza del local – continuó diciendo Felipito – no está a la altura de las exigencias. Si queremos ser vanguardia, tenemos que esforzarnos en hacer bien todas las cosas... ¿Está lista la posta? – preguntó finalmente.
– Sí– contestó Manuelón.
– ¿Quiénes van a izar la bandera?
– ¡Rafael y Félix!
"...se alza ya nuestra roja bandera... a vencer o a morir llama ya...
¡Comandante sólo hay uno! ¡Marcial, Marcial, Marcial!
¡Comandante en jefe! ¡Ordene! ¡Vivan las FPL! ¡Vivan! ¡Viva el FMLN! ¡Viva!
Después de la cena, Jorge se dirigió al local del Estado Mayor.
– ¡Alto! ¿Para dónde va, compa? – preguntó un guerrillero a la entrada del camino.
– Soy Jorge, el Comandante Dimas quiere hablar conmigo.
– Ahorita él está reunido con otros compas – contestó el centinela.
– Bueno, infórmale que ya llegué.
El centinela tocó la puerta del cuarto donde se encontraban reunidos los Comandantes y transmitió el mensaje de Jorge.
– El compa dice que lo espere un ratito.
– ¿Cómo estás? – preguntó Neto sentándose junto a Jorge.
Neto también era conocido en la guerrilla como “Netón” y era el jefe de la sección de operaciones.
– Yo bien, ¿y tú?
– Bien – contestó Neto. ¿Ya comiste?
– Todavía no – mintió Jorge.
– Compa Elvira, Jorge aún no ha comido.
– Ya le vamos a dar de comer al compita – dijo la mujer mirando a Jorge con lujuria.
– Gracias – contestó Jorge sin disimular una pícara sonrisa. La fórmula mágica de Juancito continuaba funcionando a la perfección.
Jorge no se arrepintió de la mentira piadosa. Los huevos fritos y el pedazo de lomo asado se complementaron con los frijoles y el aguacate que recién había comido en las FES.
– ¿Un cafecito?– preguntó Elvira decidida a conquistar a Jorge.
– ¡Ay! Elvira, mirá que te va a pegar Ramón – dijo Neto en son de broma.
– Ja, ja, ja – reía la cocinera.
Mientras tanto Jorge comía con avidez el jugoso pedazo de carne.
''…Al carajo con los Filet.Mignon... con los patos a la pekinesa, con los Beaujolais, con los Rioja..." – meditaba.
Se acordó de las comidas a las orillas del lago de Ginebra. La noche en que Vera, la pelirroja abogada suiza, lo invitó a cenar en un restaurante de lujo. Jorge, que para ese entonces pensaba que el comer bien era cosa de burgueses, se había sentido incómodo. Las explicaciones de la comunista Vera destruyeron rápidamente sus prejuicios.
Esa noche Jorge aprendió dos cosas: primero, que ser comunista no era andar mal vestido ni mal alimentado, y segundo, que a las puertas había qua ponerles doble llave, ya que el Marxismo-Leninismo no eliminaba automáticamente la existencia de maridos y/o amantes celosos. Elvira interrumpió los pensamientos de Jorge, que ya se encontraba en el momento de disfrutar del postre en la alcoba de Vera.
– ¿Otro café, compita?
– Gracias – contestó Jorge, al tiempo que limpiaba el plato con un pedazo de tortilla.
– Entre, Jorge – dijo la voz de Dimas. ¡Siéntese!
– Gracias…
– Mirá, Jorge – dijo el Comandante Salvador Guerra. Te mandamos a llamar pues queremos asignarte una tarea muy importante. La Comandancia tiene la confianza suficiente en vos. Se trata de interrogar a los prisioneros de guerra que capturamos en San Isidro.
– Creemos que usted es la persona apropiada para realizar ese trabajo – intervino Dimas.
– Además, tenés que descubrir una banda de ladrones que trabaja en la sección de servicios en Chichilco – agregó Salvador. Tenemos, la sospecha que desde hace varios meses nos están robando.
– ¿Sospechan de alguien en concreto? – preguntó Jorge.
– Tenemos algunos nombres, pero vos tenés que descubrir la verdad.
– Su jefe inmediato para esta misión será el compañero Neto – explicó Dimas.
– ¿Quiere decir que ya no voy a trabajar con las FES? – preguntó Jorge.
– No. Usted sigue bajo las órdenes de Felipito – remarcó Dimas. Lo único es que usted reportará directamente al compa Neto…
– ¿Cuándo tengo que empezar con el trabajo?
– ¡Mañana mismo – señaló Salvador. Ponéte de acuerdo con Neto…
– Eso es todo – dijo Dimas. Puede retirarse.
– Mirá, Jorge, recordá que en este trabajo hay que ser muy discreto – manifestó el Comandante Salvador, jefe del frente norte Apolinario Serrano.
Jorge salió del cuarto y se acercó a Neto. EI jefe de operaciones del frente tenía fama de ser enojado y exigente en el trabajo. Netón, como le llamaban a sus espaldas los guerrilleros, se entendió bien desde un principio con Jorge.
– Mañana nos reuniremos en el local de Ramiro para planificar el trabajo – dijo Neto, quien también era el jefe inmediato de Ramiro.
– ¿A qué horas?
– A las siete.
– Está bien.
En los días siguientes Netón y Jorge, conversaron sobre muchas cosas, menos de política y mucho menos de ideología. Al final siempre terminaban hablando de fútbol. Neto era un apasionado del fútbol brasileño. Con vehemencia explicaba las ventajas tácticas del “4-2-4”. Netón era un guerrillero mucho más alto que el salvadoreño común y corriente, delgado y de pómulos salientes. EI sombrero de franela de ala ancha hacía juego con el uniforme verde olivo y le daba un toque de autoridad. Jorge había aprendido que los aumentativos en la montaña podía significar dos cosas: o bien la contextura física o el carácter del susodicho. Así había un Felipito y un Felipón, un Jorgito y un Jorgón. Todos los “ONES” eran gente de malas pulgas.
El único que tenía experiencia en métodos de interrogación en esos momentos en el campamento de La Laguna era Ramiro.
Jorge elaboró un plan de trabajo que fue aprobado por Neto y Ramiro.
Jorge escogió entre los prisioneros al que le pareció más fácil de “quebrar” psicológicamente y no se equivocó.
El soldadito se puso pálido cuando Jorge lo señaló con el dedo. La palidez del rostro hizo resaltar los ojos asustados de aquel semi-niño que imploraba de antemano el perdón.
– ¿Cómo te llamas?
– Gerardo…
– Gerardo ¿qué?
– Gerardo Martínez.
– ¿Cuántos años tienes?
– Dieciséis
– ¡Dieciséis! ¡No te puedo creer!
– Sí, esos tengo – contestó temeroso el soldado, pensando, tal vez, que eso podría ser un motivo para ser fusilado.
– ¿Tienes miedo? – preguntó secamente Jorge.
– Sí – contestó Gerardo con un movimiento de cabeza al tiempo que se largaba a llorar.
– ¿Piensas que te vamos a matar?
– Sí
Jorge sabía que los oficiales en los cuarteles adoctrinaban a los soldados. Les metían en la cabeza que los guerrilleros mataban a los prisioneros de guerra. El interrogatorio continuó por espacio de dos horas. Esa misma noche Ramiro se presentó al lugar donde estaban los prisioneros.
– Hemos comprobado que uno de ustedes le mintió al compañero. Así que pónganse las pilas, pórtense bien, que de eso depende el tiempo que estarán prisioneros.
Al día siguiente Gerardito confesaba que había mentido.
Jorge informaba diariamente a Ramiro y a Neto del desarrollo de los interrogatorios. Después de tres semanas de intenso trabajo, Jorge presentó a la Comandancia un informe detallado escrito a máquina.
La banda de ladrones también fue descubierta y castigada severamente. Ramiro se preocupaba de que los soldaditos recibieran buena atención. Con el tiempo pudieron comprobar que los guerrilleros no eran una horda de asesinos que mataban par placer. Precisamente él, que conocía la tortura, los, trataba con gran respeto y cariño. Eran pocos en La Laguna los que conocían el significado de la cicatriz en la espalda de Ramiro. Era la huella imborrable de largas horas de tortura, noches de insomnio al pie del cadalso, pesadillas con sabor a picana. Aquella cicatriz era testigo de la crueldad uniformada, de generales putrefactos, de dictadores asesinos; era los dolores de cabeza de Enrique, el eco del disparo que mata, la risa sádica del que goza matando. Eran las muñecas hinchadas del Tata, el suegro de Jorge, los pechos flagelados de Leda, la maestra socialista torturada en las cárceles clandestinas de Valdivia/Chile, era la bestia imperial desbocada, maldita e inhumana. Era el silencio guardado, los nombres olvidados, la amnesia voluntaria. Era la lealtad a las ideas, el amor a la vida, a los sueños y esperanzas. Era cicatriz valiente, orgullosa y guerrillera.

XVIII. La salida del Negro Hugo

– Necesito un maletín. ¿Por qué no me pasás el tuyo? Pasado mañana me voy – dijo el Negro Hugo.
– Claro. No hay problema – contestó Jorge.
EI maletín negro que tantos problemas le había causado durante las primeras horas de caminata, se encontraba guardado en casa de Doña Nila. Decían las malas lenguas que el Negro Hugo le hacía el “favor” a la mujer. Pero sólo se trataba de una broma de mal gusto de los compañeros más cercanos a él. Por la noche se reunieron en casa de Doña Nila para despedir al Negro. Allí estaban Lucas, “el viejo Chacho”, Memo, Jorge y Ramiro. La fracción chilena aportó una botella de vino tinto Undurraga. Aunque sólo fueron un par de gotas de Cabernet Sauvignon lo que pudieron degustar entre todos, el asado les supo más delicioso.
–  ¡Eh, Pelao! Querís probar los chunchules – preguntó Memo.
– ¿Chun...qué?
– ¡Chuta, que soi huevón! ¿... No sabís lo que son los chunchules…?
Jorge probó aquella especialidad sureña con un poco de recelo. El estomago se le revolvió cuando mordió el pedazo de tripa asada con sabor a estiércol de res.
– Ja, ja, ja – reía el “Caballo Memo”. Riiico... ¿no es cierto?
Jorge se pasó toda la noche cagando. Por suerte tenía “Bactrim” a la mano, un antibiótico de gama ancha, y pudo combatir la diarrea amebiana. Nunca más volvió a aceptar las invitaciones de Memo a disfrutar de las “delicias” de los chunchules.
–Cuídate mucho, Jorge – dijo el Negro Hugo.
– ¿Cuándo regresas?
– Lo más pronto posible – contestó con una sonrisa franca y sincera.
– Toma esta carta, es para mi compa – dijo Jorge sin ocultar la tristeza que le causaba la partida del Negro.
– Le voy a enviar una postal. ¿Qué preferís? ¿Un motivo de montaña o de mar?
– De mar – contestó Jorge.
Esa fue la última vez que Jorge lo vio. Sin embargo, el Negro Hugo, cumplió su promesa:
"…Sylvia: espero que vos y tú familia se encuentren bien. Seguramente te va a extrañar un poco esta nota (pero te explico). Soy amigo de tu compa; salí del frente par algunas tareas y aprovechando me pidió que te mandara la carta y que de paso buscara una tarjeta con un paisaje de mar. Como se acerca el día la madre, aprovecho ambas cosas. Para tu tranquilidad, el Pelao o Barbas (aquí le llamamos así) se encuentra bien; un poco más flaco y moreno por el sol, pero fundamentalmente, se ha integrado sin problemas a esta vida. Los compañeros lo estiman mucho y su aporte es realmente valioso. Bueno compañera, espero sigas bien; que te guste la tarjeta y ¡hasta la victoria siempre! Hugo. Nota: Escríbele al Pelao...”[6]
Hugo cayó en combate un año más tarde, en el cantón Las Flores en el frente central Felipe Peña. En las tierras indomables de Guazapa. Entregó su vida por la causa salvadoreña. Su sangre se mezcló con la tierra negra y se filtró por las llanuras hasta encontrarse con la de su amada Juanita.



[1] Comandante Salvador Guerra, Atilio Montalvo Cordero.
[2] German Serrano
[3] Héctor Martinez
[4] Fuerzas Armadas Populares de Liberación, estructura militar de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí.
[5] Nombre de una tira cómica japonesa. Tanqueta blindada no industrial, fabricada en El Salvador.
[6] Transcripción literal de la tarjeta postal del “Negro Hugo”, Domingo Vargas, argentino de nacimiento, y latinoamericano por convicción. Participó en el Frente Sur en la revolución sandinista.

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