martes, 13 de noviembre de 2012

Cerca del amanecer...11


XXVIII. Radio Farabundo Martí  en San José Las Flores


– Te llegó esta carta – dijo Alejandro.
“... Compa Jorge: recibe un revolucionario y fraternal saludo. El motivo de la presente es comunicarte que la radio necesita un corresponsal de guerra y hemos pensado en que tú podrías colaborar con nosotros...Rom Epav!! Haroldo
– ¿Qué piensas de esto? – preguntó Jorge, mostrándole eI mensaje recibido.
– Me parece bien – dijo riéndose, como dando a entender que estaba informado del asunto. Pero las tareas de la sección no hay que descuidarlas advirtió Alejandro.
– Por supuesto – contesto Jorge. ¡Puta!, pero yo nunca he hecho eso.
– ¡No te preocupes hombre! Vos tenés fantasía suficiente como para trabajar de reportero. ¡Ja, Ja, Ja!
Alejandro le tenía confianza, lo que Jorge interpretaba como un reconocimiento a su trabajo. EI estilo de trabajo de Alejandro era distinto al de muchos jefes militares con quienes había trabajado hasta el momento. Sabía combinar la exigencia y disciplina con los estímulos emocionales. Había algunos que solamente exigían rendimiento y disciplina partiendo de la mística revolucionaria, olvidándose que el combatiente revolucionario no era una máquina de recibir órdenes y contraórdenes, sino un ser humano con sus virtudes y defectos, un ser que llora, que teme por su vida, que a veces necesita una palmadita en la espalda, que busca el reconocimiento del trabajo productivo, que siente y que ama.
Alejandro reunió a los miembros de la sección política y personal. Era necesario planificar el trabajo a realizar durante el operativo militar en San José Las Flores. Armando y Yesenia se encargarían de la propaganda política a nivel de la población civil.
– Jorge – dijo Alejandro. Tu tarea será narrar los combates para la Radio Farabundo Martí.
– Correcto – contestó.
– La grabadora tenés que buscarla en Las Huertas – señaló el jefe guerrillero.

El pueblo de San José Las Flores se encontraba en la parte oriental del departamento de Chalatenango, a trece kilómetros de la cabecera departamental. Con la caída del puesto militar en Guarjila, el pueblo de San José Las Flores había quedado completamente aislado de la ciudad de Chalatenango. El abastecimiento logístico militar sólo era posible a través de los helicópteros HUEY, ya que el enemigo, temiendo emboscadas guerrilleras en el tramo Guarjila-Las Flores, evitaba el transporte terrestre.

Al atardecer, las unidades de vanguardia y las columnas guerrilleras se formaron en la planicie que servía como campo de entrenamiento. Las unidades se formaron en fila india de espaldas al cerro La Bola. Felipón, jefe táctico de la operación, ordenó a las unidades colocarse en posición de firme.
– ¡Compañero Comandante Jesús! Le doy parte que las unidades de combate se encuentran presentes y listas para recibir nuevas órdenes. ¡Felipe, jefe de operación!
– ¡Parte recibido! ¡Ponga a descansar a la tropa!
Chuzón se dirigió vehemente a los guerrilleros explicando los objetivos de la operación y su importancia político-militar. Mientras tanto, Jorge fotografiaba a los combatientes con una Nikon. Los combatientes con los fusiles en “descansen”, escuchaban atentos las palabras del jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación.
– ¡Revolución o muerte! – gritó Jesús al final de su discurso.
– ¡EI Pueblo Armado Vencerá! – respondió a gritos la tropa, al tiempo que alzaban los fusiles en señal de victoria.

El trayecto hacia Las Flores, de día y en condiciones normales, desde el campamento guerrillero en La Laguna por la ruta del cerro La Bola se realizaba en menos de una hora. La columna integrada por guerrilleras y guerrilleros no pasaba de los setenta. Los pelotones comenzaron a desplazarse lentamente en dirección a Las Flores. EI cielo estaba oscurecido por grandes nubes grises. La llovizna presagiaba una fuerte tormenta. La lluvia era el peor enemigo de la guerrilla, pues neutralizaba con su humedad la efectividad de las granadas caseras, muy importantes en los asaltos nocturnos a las trincheras enemigas. Desde el accidente con los explosivos, el mando guerrillero había abandonado la espoleta de Lucas y optó por continuar con la ignición tradicional de las granadas caseras. Cada combatiente recibía tres cigarrillos y una cajetilla de fósforos.

AI centro de la columna iba el mando táctico de la operación, las radistas, Alejandro, Marito y Jorge. Felipón, preocupado por la tormenta que velozmente se aproximaba, se encontraba algunas veces en la delantera, otras veces en la retaguardia aligerando a la tropa. En algún lugar de la vereda pedregosa, los zapadores enterraron un “cazabobos”. La información llegó rápido en cadena. Para evitar cualquier accidente, la vanguardia dejó una señal en el lugar de la trampa. EI último de la retaguardia quitaría la rama...
EI relampaguear iluminaba el cerro La Bola. Los nubarrones preñados de agua se acercaron rápidamente. Comenzó a llover furiosamente. La columna avanzaba centímetro a centímetro. La noche convertida en boca de lobo imposibilitaba la marcha. Nadie sabía lo que pasaba en la vanguardia. Por momentos la columna se rompía en varios segmentos. Jorge se quejaba a cada instante por el intenso dolor en los pies, ya que las botas panameñas le quedaban estrechas y le presionaban los callos.

Eran las once de la noche y la vanguardia aún no había llegado a los alrededores del pueblo. Felipón suponía que las unidades encargadas del sector oriental y suroriental ya se encontraban apostadas.
Felipón entraría con sus unidades por la parte noroccidental de Las Flores. Las seis postas externas que conformaban la defensa circular enemiga serían atacadas simultáneamente a las tres de la mañana, según lo planificado por la Comandancia guerrillera. EI reloj automático suizo de Jorge marcó las dos de la mañana y las unidades del sector noroccidental aún se encontraban en la fase de acercamiento al objetivo militar. Felipón comenzó a ponerse nervioso y junto con él, todos los que conformaban el mando táctico-operativo. A las tres de la mañana, la columna entró por fin en el radio de acción enemigo. Las escuadras se ubicaron en sus respectivos sectores de fuego. Un grupo de ocho guerrilleros acompañó a Felipón en la oscuridad, quien buscaba un lugar apropiado para ubicar el puesto de mando. Se colocaron junto a un cerco de piedra. Jorge sentado junto a Felipón preparó la grabadora Sony para el momento en que comenzara el combate.
Alejandro, Marito y las radistas se habían quedado fuera de la línea de combate.
La tormenta había menguado y ya hacía tres horas que no llovía. EI frío intenso provocó un incontrolado movimiento de los músculos de las extremidades inferiores del cuerpo. Jorge repasaba en silencio las palabras iniciales del reportaje de guerra temblando por el frío y por la tensión.

– ¡Pummmmmmmm! ¡Pummmmmmm! Se escuchó el sonido seco y grave del RPG-2.
– "... esta es Radio Farabundo Martí transmitiendo en directo desde las trincheras libertarias para todos los oyentes en el territorio salvadoreño… Este día a las cuatro y media de la madrugada, nuestras unidades guerrilleras atacaron el puesto militar de San José Las Flores, en el departamento de Chalatenango. Nos encontramos aproximadamente a diez metros del lugar donde una escuadra guerrillera entabla combate con la Guardia Nacional…”

EI cielo se iluminaba con las llamaradas de las cargas explosivas. La posta atacada quedaba al descubierto cada vez que los guerrilleros lanzaban las granadas industriales. Jorge continuaba narrando y grabando el ruido mortal de los fusiles. Amaneció y el enemigo aún mantenía sus posiciones periféricas. De pronto se escuchó el grito de: ¡Farabundo! ¡Farabundo!
Era la voz de Tino, el de las FES, anunciando que una trinchera había sido tomada por asalto. Tino formaba parte ahora de las unidades de vanguardia y tenía bajo su mando una escuadra del destacamento dos. A él le tocó dirigir los combates en el sector suroriental. Fue el único que logró penetrar hasta el centro del pueblo.

Felipón preocupado por el desarrollo de los combates, se comunicó con el mando estratégico informando la situación operativa. Las posibilidades de éxito se reducían minuto a minuto. La comandancia dio la señal de “banano”, que significaba retirada. Felipón comunicó la orden a los jefes de escuadra. En cosa de minutos perdió el control de ellas y el pánico cundió en la tropa. Los guerrilleros comenzaron a abandonar sus posiciones y a retirarse en desorden. EI mando táctico aún se encontraba dentro del sector de fuego del enemigo. Jorge había dejado de grabar para la radio. EI bautizo como reportero de guerra tuvo un sabor a derrota. Para Jorge fue la primera acción guerrillera fallida en la que participaba, pero no sería la última.
Felipón envió un mensaje a Marito ordenándole retirarse del lugar. Marito abandonó en un santiamén los alrededores de Las Flores y emprendió velozmente y apurado el regreso a La Laguna. Una escuadra guerrillera abandonó en franca retirada la elevación que le correspondía cubrir. Felipón ordenó a gritos que volvieran a ocupar sus puestos. De no haber sido por las órdenes de Felipón, los Guardias enterados del desorden guerrillero hubieran ocupado esa posición, imposibilitando posteriormente, la retirada del mando táctico.

– ¡Guerrilleros culeros! ¡No huyan cabrones! ¡Aquí se toparon con la Guardia Nacional, hijos de puta!
La “HK 21” disparaba tartamuda rociando de balas las elevaciones.

– ¡Jorge! – gritó Felipón. Andáte adelante y me esperás.
Jorge avanzó en encorvado. La Guardia Nacional había tomado posición de las alturas. Una escuadra del pelotón tres, destacamento uno, cubrió la retirada de Jorge. Los fusiles G 3 de los guardias disparaban en dirección a Jorge. Rápidamente llegó hasta donde estaba Alejandro.
– ¿Cómo estás? – preguntó Alejandro.
– Bien – respondió Jorge, cubriéndose la espalda tras un paredón y con la vista clavada en las elevaciones.
Miró por primera vez sus botas y se dio cuenta que estaban completamente hechas pedazos. Los pies le ardían y el golpe en la rodilla se le había hinchado. Observó el apagallamas del M 16 y se percató que estaba lleno de lodo. De inmediato tomó un palito y comenzó a limpiar la boca del fusil. A los pocos minutos llegó Felipón y ordenó retirarse en dirección a La Laguna Seca. Afortunadamente logró controlar a tiempo a las escuadras, de lo contrario la Guardia Nacional hubiera ocasionado muchas bajas. En el ataque a San José Las Flores cayó Amílcar al intentar tomar por asalto una trinchera. Él fue la única baja en las filas guerrilleras.
El traspié en San José Las Flores tuvo triple connotación. Por una parte, la muerte de Amílcar, el desgaste de la fuerza y la reafirmación de la supuesta “valentía” de la Guardia Nacional.

EI fracaso guerrillero se debió fundamentalmente a los factores climáticos. La fuerte lluvia imposibilitó que las unidades ocuparan sus posiciones a su debido tiempo. Se perdió el factor sorpresa en el ataque. La Comandancia no previó la tormenta. EI elemento caótico de la guerra echó al traste la operación guerrillera.
La neutralización de la “invencibilidad” de la Guardia Nacional se convirtió en una tarea de primer orden en la sección política.
Alejandro encomendó a Jorge y a René, recién incorporado a la sección, la misión de hacer trabajo político en las unidades de vanguardia. Así fue como Jorge y René asumieron tácitamente las funciones de “encargados políticos”.

Jorge comunicaba con la tropa utilizando un lenguaje sencillo y directo, evitando caer en ditirambos ideológicos. Sabía por experiencia que los “políticos” no eran bien vistos en la tropa. Los combatientes tenían el concepto que “hacer política” significaba hablar bastante y bonito, pero en resumidas cuentas pensaban que los “políticos” no tenían los huevos para estar en primera fila. En el fondo esta situación reflejaba la falta de orientación político-ideológica del partido dentro de las FAPL.
La primera tarea que se realizó fue la elaboración del material político-ideológico. Jorge y René se encargaron de realizar ese trabajo. Una nueva línea política comenzó a introducirse en la tropa: Buen trato a los prisioneros de guerra, el respeto a los bienes materiales de la población civil, evitar el saqueo y robo indiscriminado, el reparto arbitrario del material requisado al enemigo y sobre todo el fortalecimiento de la unidad revolucionaria.
René se encargó del trabajo político del destacamento dos y Jorge del uno.

Después del ataque a San José Las Flores el enemigo respondió con intensos bombardeos al campamento guerrillero en La Laguna. El enemigo comenzó sistemáticamente en los días subsiguientes, a partir de las cinco de la mañana, a dejar caer una lluvia de morteros y obuses 105 mm. La mayoría de los misiles caían muy lejos del campamento. Sin embargo, con la práctica y a lo mejor con la ayuda de un equipo “corrector de tiro” del ejército hondureño, la puntería de los artilleros del cuartel la Sierpes fue mejorando, hasta tal grado que una mañana las granadas comenzaron a impactar en diferentes lugares de La Laguna.
El fogonazo azul seguido de la explosión despertó violentamente a medio mundo. Alejandro iluminó el cuarto con su Ever-Ready. Jorge con el susto se cayó de la hamaca. “Chuzmil” yacía en el suelo cubriéndose el cuerpo semidesnudo y peludo con una colcha blanca. Parecía un prefecto romano a gatas después de un bacanal. Alejandro concluyó que era demasiado peligroso continuar viviendo en la casa, cuando los proyectiles comenzaron a caer en el patio de la casa.

EI ruido del avión comercial ya no asustaba a nadie en la montaña. “…Es el de las nueve”, comentaba la gente, viendo la estela de humo blanco que dejaba la nave en su ruta al aeropuerto internacional de Toncontín en Honduras. Justo a las diez de la mañana apareció el de las “diez” cargado de bombas destinadas al campamento de La Laguna. Al escuchar el ruido característico de las turbinas a propulsión del A-37, Maritza tomó a Maribel en brazos y presa de pánico, salió corriendo a esconderse en un tatú. EI avión dejó caer varias bombas con tan buena puntería que todas ellas hicieron impacto en los lugares donde se encontraba una parte de la tropa. EI servicio de inteligencia de enemigo continuaba operando eficazmente. Más tarde se supo que era un campesino que vivía cerca de Guarjila quien informaba al enemigo con lujo de detalles sobre las posiciones guerrilleras. Todos creían que el anciano estaba loco, hasta que un prisionero de guerra informó que lo había visto varias veces en el cuartel de Chalate. El anciano andaba con toda libertad para arriba y para abajo por el campamento de La Laguna sin despertar sospecha alguna.
Maritza no salió del escondite hasta bien entrada la tarde. Los grandes ojos negros de Maribel expresaban el desnudo terror a los ataques aéreos. Las bombas mataban a unos pocos, la mayoría de las veces todos salían ilesos de los bombardeos, pero las huellas sicológicas quedaban grabada en las mentes, sin distinción de sexo, edad o rango. De los horrores de la guerra nadie puede pretender salir ileso.

Jorge había conseguido jabón para lavar ropa, cosa que en aquellos días era más que un lujo y hubo que aprovechar la oportunidad. En el camino se encontró a Florencia y Myrna, la radista “novia” del “Tunco” William. Los tres se dirigieron rumbo al río.
– Myrna, si quieres me baño yo primero – dijo Jorge. A mi gusta bañarme desnudo...
– Vaya pues – contestó Myrna, sentándose a esperar encima de una piedra fuera del ángulo visual de Jorge. La pequeña Florencia hizo lo mismo.
El chorro de agua que caía de las rocas no permitía escuchar los ruidos a su alrededor. De repente vio a Myrna y a Florencia correr en dirección hacia él. Sin comprender lo que pasaba, se tapó instintivamente los genitales con el huacal que tenía en sus manos. EI avión cuatrimotor de la fuerza aérea salvadoreña voló tan bajo que su inmensa panza plateada por poco rozó las puntas de los pinos de los cerros. Como un toro alado, el avión se metió en territorio guerrillero en el espacio formado entre el cerro La Bola y el cerro “May Pay”[1] , donde habitualmente se hacían ejercicios de preparación física.
Jorge esperó la detonación de las bombas, pero el pesado avión siguió de largo hasta perderse en territorio hondureño.
“…la Myrna se tapó los ojos con las manos, pero abrió tanto los dedos que me vio todito el cuerpo – dijo Jorge bromeando…”
– ¡No le crea, compa Alejandro! – protestó enérgicamente Florencia, sintiéndose ofendida por las mentiras de Jorge.
Florencia por su edad no podía entender que Jorge solamente estaba bromeando con Alejandro.


El enemigo, a pesar de su “triunfo”, abandonó las posiciones en San José Las Flores, temiendo un nuevo ataque guerrillero. A esas alturas de desarrollo de la guerra, en condiciones normales, la posición militar ocupada por la Guardia Nacional era insostenible. La gran mayoría de la población civil del lugar decidió emigrar rumbo a la cabecera departamental, abandonando sus propiedades y pertenencias. La propaganda ideológica enemiga contrainsurgente, sumada a las amenazas de los oficiales del cuartel de Chalatenango  había calado en la conciencia de la población. Enormes silos de maíz quedaron en poder de la guerrilla. En pocos días San José Las Flores se convirtió en un pueblo fantasma. Para el enemigo ya no tenía importancia estratégica mantener posiciones y avanzadas militares en territorio controlado por la guerrilla.

De acuerdo a las leyes de la guerra el enemigo comenzó a concentrar sus fuerzas alrededor de los grandes centros productivos, las ciudades y los pueblos más importantes, perdiendo lógicamente el control de gran parte del territorio departamental. Por su parte la guerrilla desplazó su fuerza a fin de mantener el control sobre el terreno. A pesar de todo, el “control de territorio” seguía siendo un concepto relativo y demasiado elástico, debido a que el enemigo aún tenía la capacidad táctico-operativa de penetrar, al menos por tiempo limitado, en el “territorio controlado” por los guerrilleros. A pesar de encontrarse en una fase de transición de ofensiva estratégica a defensiva estratégica, el ejército salvadoreño en Chalatenango aún mantenía las posiciones de EI Jícaro y Las Vueltas. Tanto la avanzada de El Jícaro como el puesto militar en Las Vueltas tenían carácter estratégico para el enemigo. La pérdida de esas posiciones debilitaría sensiblemente el flanco norte del ejército salvadoreño encuartelado en Chalatenango.

Jorge había dibujado meses atrás un croquis de las posiciones de la avanzada militar del Jícaro. EI enemigo contaba en ese lugar con un sistema doble de seguridad que consistía en dos anillos defensivos cuyo epicentro se encontraba en la iglesia de aquel destruido caserío.
Todas las elevaciones adyacentes se encontraban ocupadas por las fuerzas enemigas. Más de ciento cincuenta soldados defendían esa posición.
Mientras que el caserío Las Vueltas estaba protegido por veintidós guardias nacionales y una patrulla de ORDEN compuesta de más de treinta campesinos. Enclavada en las faldas de La Montaña, Las Vueltas era la espina enterrada en el corazón guerrillero. EI recuerdo de la ofensiva de enero de 1981 aún provocaba escozor en el orgullo de las fuerzas revolucionarias. La misión de ocupar Las Vueltas le correspondió en esos días a Felipito, quien al mando de una columna de guerrilleros inexpertos y mal armados, trató en vano de doblegar la resistencia de la Guardia Nacional.
Lencho le comentó un día a Jorge que desde el interior de las casas los cipotes mocosos gritaban: “…guerrilleros culeros…””…hijos de puta…”

En enero de 1981 los revolucionarios salvadoreños intentaron tomarse el poder. EI plan guerrillero comenzó con el ataque al cuartel de Santa Ana el 10 de enero. Después de horas de combate y contando con el apoyo de algunos oficiales leales a la causa del pueblo, los guerrilleros lograron entrar en las instalaciones militares y controlaron algunos sectores de la ciudad.
Seis días más tarde, las fuerzas guerrilleras concentradas en el frente norte Apolinario Serrano atacaron el cuartel de Chalatenango, San Antonio Los Ranchos y Las Vueltas.

Los factores políticos externos que contribuyeron al aceleramiento del proceso revolucionario salvadoreño fueron probablemente, el triunfo sorpresivo de la revolución sandinista en julio de 1979 y el triunfo de los republicanos en los Estados Unidos. La campaña electoral de los republicanos se caracterizó por el anticomunismo patológico del candidato Ronald Reagan, que hizo recordar la época del senador norteamericano McCarthy en plena guerra fría. En reiteradas ocasiones anunció que no permitiría una “nueva Nicaragua”. La ofensiva guerrillera salvadoreña de enero de 1981 no logró encender la llama de la insurrección popular y el resquebrajamiento del ejército salvadoreño. Sin embargo, la ofensiva guerrillera salvadoreña sirvió, desde el punto de vista geo-político y militar, para confrontar a la futura administración norteamericana con un nuevo teatro de operaciones en Centroamérica.

Basándose en la teoría del dominó sostenida por el presidente norteamericano Eisenhower en la década de los años cincuenta, los norteamericanos influenciados por el síndrome de Viet Nam, temieron la regionalización del conflicto centroamericano. La derrota sufrida en Viet Nam todavía rebotaba en las paredes del Pentágono y Centroamérica estaba situada, en el caso de una posible regionalización del conflicto bélico, a la vuelta de la esquina. El miedo atávico al comunismo del gobierno de los Estados Unidos, estuviera de presidente un demócrata o un republicano, era la columna vertebral de la política internacional del departamento de Estado en Centroamérica y la Cuenca del Caribe.

A pesar que el movimiento revolucionario salvadoreño no contó ni con el factor sorpresa ni con las condiciones logísticas ni con la experiencia de combate para esas lides, el ejército salvadoreño demostró su incapacidad e inexperiencia en asuntos militares. El ejército salvadoreño no estaba preparado para desarrollar la estrategia político-militar de contrainsurgencia. En este sentido, todos los esfuerzos del gobierno norteamericano se concentraron en fortalecer al ejército salvadoreño y dotarlo de los instrumentos táctico-operativos para la lucha antiguerrillera.

A partir de la “ofensiva final” de enero de 1981, el movimiento revolucionario pasó lentamente de una situación de ofensiva estratégica político-social a una situación de defensa estratégica político-militar. La consigna del Frente Farabundo Martí para ese entonces fue de resistir, desarrollarse y avanzar. Es decir, una estrategia esencialmente militar. Paulatinamente se fue produciendo una “militarización” de la revolución salvadoreña. La incorporación de los mejores cuadros político-militares de las FPL-FM a las estructuras militares y el “reclutamiento necesario y masivo” de la juventud campesina y el estudiantado, fueron la consecuencia natural y lógica a las nuevas exigencias de la lucha de clases. La conducción de la guerra revolucionaria exigió la preparación y reposición de jefes militares y combatientes. La necesidad urgente de desarrollar las fuerzas militares revolucionarias en todos los frentes de guerra contribuyó al debilitamiento de las organizaciones populares. La lucha de clases salvadoreña se transformó con la ofensiva de enero de 1981 en “guerra abierta de clases”, es decir en una guerra popular revolucionaria. La dinámica de la guerra contribuyó al abandono de la lucha político-social por parte de las fuerzas revolucionarias, quienes concentraron sus mejores cuadros en los frentes de guerra. Durante el año de 1981 se resistió con valentía, creatividad y decisión la contraofensiva enemiga, se fortalecieron las estructuras militares de dirección y las unidades de combate aprendieron rápidamente las leyes de la guerra irregular.

Habían transcurridos varios meses desde la ofensiva final del 81 y la guerrilla estaba cambiado el curso de la guerra en forma acelerada y determinante. La consigna que reinaba en todos los frentes era de aniquilar, requisar y vencer.
EI enemigo sabía que de caer el Jícaro en manos de la guerrilla, desde el punto de vista militar, no tenía sentido seguir manteniendo la posición en Las Vueltas. Además era lógico pensar que el departamento quedaría dividido en dos partes: una guerrillera y la otra gubernamental.
Por lo tanto, la Comandancia General de las FAPL definió El Jícaro y Las Vueltas como objetivos militares en el marco de una ofensiva a nivel nacional.

La concentración de fuerza guerrilleras para dicho operativo se había realizado en las semanas anteriores. Todo presagiaba que la revolución estaba en la antesala de sucesos trascendentales. La guerra popular salvadoreña entraba a la etapa de contra ofensiva estratégica.
Más de dieciochos meses habían transcurridos desde la ofensiva de enero de 1981 y el enemigo había demostrado su incapacidad de diezmar las fuerzas guerrilleras, a pesar de los intensos operativos estratégicos de gran envergadura.
Los preparativos político-militares indispensables para el buen desarrollo de las acciones militares se encontraban en su fase final.
Unos días antes de la hora cero, Jorge interrogó a una pobladora de Las Vueltas a fin de constatar la información que se tenía.
EI ataque se planificó para el 9 de octubre, pero tuvo que postergarse 24 horas en espera de más refuerzos. EI golpe principal se llevaría a cabo en El Jícaro.


XXIX. Vivan los héroes y mártires de octubre
EI campamento de La Laguna Seca estaba repleto de gente uniformada. De todos los rincones del país habían llegado nuevos combatientes a engrosar las filas del ejército popular. No había tiempo para detenerse a conversar con los viejos conocidos. Todas las secciones se encontraban atareadas con sus obligaciones.
EI viento fresco de octubre mecía las ramas de los pinos en el Talzate. EI cielo azul, desnudo de nubes, se partía en franjas detrás de los árboles mientras el sol navegaba orgulloso en el inmenso océano cósmico, atravesando con sus rayos las tranquilas aguas del Sumpul. La calle blanca y polvorienta del caserío La Laguna, hormigueaba de guerrilleros.

La cuenta regresiva había comenzado. Las horas se acercaban sedientas de combate, seguidas por el eco de los atabales que llamaban a entrar a degüello en El Jícaro y Las Vueltas.
Lencho comenzó a repartir la ración operativa a los combatientes consistente en una bolsa de harina mezclada con azúcar, cinco cigarrillos y un pedazo de dulce de panela. El temor consciente o inconsciente de morir en combate y no poder disfrutar de los alimentos incitaba a la mayoría de los guerrilleros a consumir de un tirón su ración. Solamente guardaban para el combate los fósforos y un par de cigarrillos.
El “zarco” Samuel fue designado por la Comandancia para dirigir el ataque en Las Vueltas, mientras que Lencho, jefe de la columna que participaría directamente en la acción, sería segundo al mando.
Muchas cosas incomprensibles para el común de los guerrilleros ocurrían en el frente. Tal era el caso de los nombramientos de los jefes operativos[2].
Lencho no se mordía la lengua y criticaba abiertamente las debilidades del “partido” en el frente, exponiéndose a sanciones partidarias. Pero lejos de enfadarse, Lencho tomaba tranquilamente el castigo de los jefes superiores.

– ¡Puta qué feo te ves! – comentó Lencho dirigiéndose a Jorge. Parecés el diablo. Miráte en el espejo.
Con la cara pintada de negro, Jorge se veía realmente muy divertido. Todos los guerrilleros se tiznaron los rostros como en las películas de guerra.
– ¿Cómo está, compa Jorge? –preguntó Abel.
– Tranquilo. ¿Y tú?
– Yo estoy como siempre – respondió Abel, ordenando su mochila.
– Muéstrame eso que tienes allí – señaló Jorge, percatándose que se trataba de un crucifijo.
– No es nada importante compa – respondió nervioso.
– ¡Enséñamelo! – insistió Jorge.
Abel mostró el Cristo crucificado sin ocultar su disgusto.
– ¿Y por qué lo escondes? – interrogó Jorge. No tienes que avergonzarte de tus creencias...
– Como ahora ya somos comunistas – dijo. A mí me da pena[3]que los compas piensen que no soy comunista.
– ¿Quién te ha dicho esas cosas?
– ¡Y no dicen que los comunistas no creen en Dios pues! – exclamó Abel.
– Es mejor ser un buen cristiano que un falso comunista – manifestó Jorge.
Abel se quedó pensativo al tiempo que se colocaba el crucifijo de metal al cuello.
– Esta vez no te pongas la cadena – intervino Jorge. EI metal brilla en la noche y aunque tengas fe en Cristo, ¡las balas matan!
– Gracias, compa...
– ¡...Destacamento a formarrr...! – gritó Lencho desde el patio de la casa-cuartel.
Todos los guerrilleros se apresuraron a integrar sus respectivos pelotones y escuadras. Samuel dio las últimas instrucciones a la tropa. Las unidades se dividieron en dos grupos: el sector de fuego sur-occidental y nor-occidental. La columna comandada por Samuel se acercaría al objetivo por la parte nororiental de Las Vueltas.

EI ataque simultáneo a los dos puestos militares estaba programado para la una de la mañana. La Comandancia había previsto la posibilidad de prolongación de los combates en EI Jícaro, por lo tanto, era de suma importancia aprovechar al máximo las horas de oscuridad.

A las ocho de la noche las unidades al mando de Samuel se encontraban en los alrededores de Las Vueltas. Comenzó a llover a mares. Los relámpagos iluminaban las casas blancas del caserío. La vereda donde se encontraban los guerrilleros esperando la hora de tomar sus posiciones de combate, se había convertido en un riachuelo lleno de piedras, ramas y lodo. El “zarco” Samuel y Jorge se protegieron de las inclemencias del tiempo arropándose con un plástico.

La hora cero se acercaba con pasos de pantera. La lluvia cesó de caer. Los uniformes mojados se aferraban a la piel de gallina de los entumidos guerrilleros. Samuel miró su reloj de pulsera. Las agujas verdes le indicaron que faltaban sesenta minutos para iniciarse el combate. Lentamente las escuadras se fueron desplazando por la lodosa ladera. La ametralladora liviana Browning fue emplazada a pocos metros de donde se encontraban Samuel, Jorge, Danielito, el mensajero de Samuel y el radista operativo.
– ¿Qué hora es? – preguntó Jorge.
– Diez para la una – respondió Samuel.
Jorge comprobó el estado de las baterías de la grabadora. Todo estaba preparado. Los fusiles se encontraban apuntando al lugar donde se ocultaba la Guardia Nacional, ignorante de la ofensiva guerrillera.
EI sonido de la montañona bajaba arrastrándose por los barrancos, ocultándose en la noche.

La explosión de la carga acumulativa rompió el silencio. Era la una y cinco minutos. EI combate en EI Jícaro había comenzado. La ametralladora Browning abrió su boca y un chorro de lava ardiente brotó violento...
“…esta es Radio Farabundo Martí, desde las trincheras libertarias, informando al pueblo salvadoreño los últimos avances de la guerra popular de liberación. Es exactamente la una y cinco del día diez de octubre de 1982. Unidades del FMLN han atacado simultáneamente los puestos militares de EI Jícaro y Las Vueltas en el norteño departamento de Chalatenango. Esta acción forma parte de una ofensiva general ordenada por la Comandancia General, denominada “…Vivan los héroes y mártires de octubre...”
La ametralladora acallaba la voz de Jorge.
“…les habla Jorge López, corresponsal de guerra. Nos encontramos a veinte metros de distancia donde se encuentra una casamata de la Guardia Nacional. EI fuego nutrido de los fusiles y la ametralladora cae como lluvia sobre el punto de resistencia enemigo...”
– Hey, Samuel – gritó Jorge. ¿Puedo tirar mis vergazos?
– Sí. Pero sólo cuando yo te diga – respondió a gritos Samuel. ¡Ahora!, exclamó Samuel, al tiempo que disparaba con su fusil.
Jorge colocó el M16 sobre el muro de tierra y disparó en dirección a la casamata.
Las trazadoras disparadas por los guardias pasaban silbando por los aires.
– Alto al fuego – gritó Samuel.
La casamata había sido tomada por los guerrilleros.

“…atención, atención, pueblo salvadoreño, después de fuertes combates las columnas guerrilleras han tomado por asalto la trinchera norte del caserío Las Vueltas...”
Jorge pasó por encima del cuerpo inerte de un guerrillero que yacía junto a la trinchera de piedra. EI puesto de vigilancia era toda una fortaleza. Había tres casamatas comunicadas entre sí por un sistema de trincheras. 
“…nos encontramos en estos momentos ocupando una de las trincheras. Junto a nosotros está el compañero Samuel, jefe militar de esta operación: ....compañero Samuel, ¿podría explicarnos brevemente la situación operativa en estos momentos?
– EI enemigo ha abandonado dos posiciones, concentrando una parte de su fuerza en la iglesia del pueblo. Aún no tenemos información de lo que está ocurriendo en el sector sur y suroriental.
– ¿Considera usted que en esta oportunidad las unidades guerrilleras lograrán el control sobre Las Vueltas?
– Por supuesto. Esta vez estamos mejor preparados y contamos con mejores medios de guerra....

La entrevista fue interrumpida por un guerrillero que llegó a informar que tres guardias se habían apostado en una casa impidiendo la comunicación con el sector de Lencho.
– ¿Dónde está el RPG-2? – preguntó Samuel.
– Lo tenemos nosotros – respondió el jefe de escuadra. Pero sólo nos queda una papaya
– No importa. Tírenla –ordenó Samuel.
EI disparo pasó rozando el techo de la casa. EI enemigo continuó ocupando sus posiciones. EI jefe de escuadra volvió al puesto de mando.
– ¡Allí siguen los hijos de puta! –blasfemó.
– ¿Ya probaste con los candiles? – preguntó Samuel.
– Los cabrones no dejan acercarse a nadie – respondió el jefe de escuadra.
– Mirá. Que los compas del sector occidental concentren fuego sobre la casa mientras ustedes se acercan.
– Voy a probar – dijo y se marchó rápidamente.
EI sonido seco de dos candiles que estallaron en el corredor de la casa provocaron la huida de los guardias.

"... en estos precisos momentos, unidades del FMLN han ocupado el sector noroccidental de Las Vueltas. EI enemigo se ha concentrado en la comandancia y en la iglesia. AI parecer ha reunido a la población civil en la iglesia para evitar que nuestras fuerzas tomen por asalto los últimos reductos... Radio Farabundo Martí seguirá informando el desarrollo de las acciones desde las trincheras de la libertad…”

Amaneció y los combates continuaban. EI cansancio y el desvelo se hacían sentir. Gladys se había quedado dormida en su puesto de observación. La situación operativa se dificultó por el hecho que los guardias mantenían a la población civil como rehenes en el interior de la iglesia.[4]
Lencho les gritaba que se rindieran y que no tenían que temer por sus vidas. EI enemigo guardaba silencio. Minutos más tarde llegó Lencho al puesto de mando.
– Cinco guardias están aún en la comandancia, el resto está en la iglesia – informó Lencho.
– ¿Y si les disparamos con el noventa? – preguntó Samuel.
– Con probar nada perdemos – respondió Lencho.
– ¡Walter! Veni – exclamó Samuel. Hay que sacarlos de la comandancia.
Walter salió de la trinchera y comenzó a reptar por la hierba. No había avanzado diez metros cuando una lluvia de balas comenzó a caer en los alrededores. Le disparaban desde la iglesia. EI terreno plano y cubierto de pasto formaba una especie de anfiteatro cuyo escenario lo conformaban el templo y la comandancia. Walter pegó su cuerpo a la tierra y se quedó tranquilo, viendo como los proyectiles arrancaban pedazos de pasto. Abajo en el pueblo, los compas comenzaron a dispararles a los guardias. Walter aprovechó el momento para retroceder y meterse nuevamente en la trinchera. Llegó más pálido que una vela.
– Esos hijos de puta están bien apostados –gruñó Samuel.

EI cadáver del guerrillero junto a la trinchera se había llenado entre tanto de moscas y hormigas. Matías, jefe de escuadra, había caído en combate cuando intentó tomar por asalto la trinchera enemiga. EI operador de la ametralladora Browning había muerto también y dos guerrilleros se encontraban gravemente heridos.
Un Fouga Magister de fabricación francesa sobrevoló el terreno.
– ¡Samuel! – gritó Jorge. Ordena que le disparen a la antena de la comandancia. Esos hijos de puta le están informando nuestras posiciones al piloto.
Samuel dio la orden. Los FALES abrieron fuego en ráfaga. Las bombas comenzaron a caer en las elevaciones aledañas a Las Vueltas.
Mientras tanto, dos aviones A-37 bombardeaban las posiciones en El Jícaro.

"... en estos momentos un avión de la fuerza aérea bombardea y ametralla indiscriminadamente la población de Las Vueltas... "
El Fouga Magister volaba en picado desde la montaña, dejando caer las bombas de 500 libras. Jorge sacaba de vez en cuando la grabadora de la trinchera para grabar el ruido de los aviones y el estrépito de las bombas, mientras comentaba el bombardeo aéreo.
"...ni las bombas asesinas nos harán retroceder un milímetro de terreno, nada detendrá ya la avalancha guerrillera, el amanecer victorioso está cercano.... Les informó desde la primera línea de combate Jorge López, corresponsal de guerra de Radio Farabundo Martí, desde Chalatenango, territorio en combate..."

Jorge nunca supo sí el reportaje de guerra fue transmitido posteriormente en la Radio Farabundo Martí.

De los combates en El Jícaro no se tenía ninguna información. EI bombardeo había cesado. Los aviones caza regresaron a cargar sus panzas con TNT y llenar sus alas con miles de proyectiles.
Eran las once y media de la mañana y el combate aún no se definía. Alejandro había quedado de acuerdo con Jorge para reunirse al mediodía en La Laguna.
Danielito, el mensajero de Samuel acompañó a Jorge hasta el lugar donde esperaban Yesenia y Armando. Los aviones habían regresado de nuevo. Desde las elevaciones del cerro El Picacho “Joaquín treinta” disparaba con la “punto cincuenta”. Al parecer tenía dificultades con la ametralladora antiaérea ya que disparaba tiro a tiro.

Jorge regresó al campamento de La Laguna.
– ¿Ya llegó el compa Alejandro? – preguntó a Maritza.
– Aún no – contestó Maritza, sin ocultar el miedo que sentía por el bombardeo. ¿Sabe algo de mi compa? –preguntó preocupada.
– No tengo la menor idea – respondió al tiempo que se sentaba en la banca.
– ¿Quiere comer algo?
– Por favor– contestó Jorge, escuchando la grabación.
Le sirvió un plato de frijoles y dos tortillas.
– Mire Maritza. Si viene Alejandro, dígale que me fui al Jícaro.
– Está bien compa Jorge – contestó suavemente.
– ¡No se preocupe por los aviones! Están ocupados en otras cosas. Aquí no van a bombardear – dijo Jorge, tratando de calmarla un poco.
Cerca de la iglesia Jorge se encontró con un miliciano que venía del Jícaro.
– ¿Cómo está la cosa allá? – preguntó Jorge.
– ¡Eso está cabrón compa!
– ¿Dónde está instalado el puesto de mando?
– Cuando llegue a la primera casa se mete en el camino y derechito llega donde están los comanches, explicó el miliciano.
– ¿Has visto al compa Alejandro? – preguntó Jorge.
– La última vez que lo vi, iba con el compa Julio y con el compa “Chuzmil” en dirección al Jícaro.
– ¿No tiene un cigarrito, compa Jorge? – preguntó.
– ¡Puta! ¡Fíjate que se me acabaron!
– ¡No importa!
Jorge llegó hasta el puesto de mando estratégico. Allí se encontraban reunidos todos los Comandantes.
– ¡Permiso para hablarle!
Jorge se cuadró ante Dimas.
– ¡Qué bien que ha venido! – exclamó el Comandante. ¿Cómo está la cosa en Las Vueltas?
Jorge comenzó a informar acerca de los combates.
– Compa Dimas. ¿Tengo que regresar a Las Vueltas? –preguntó Jorge después de rendir el parte.
– No. Quédese aquí. Tal vez lo necesite.

Más abajo del puesto de mando, bajo la sombra de una inmensa ceiba real, se encontraban más de cuarenta prisioneros de guerra. Se había recuperado muchas armas en lo que iba del combate. AI parecer el enemigo se había concentrado en la media destruida iglesia del caserío. Mientras tanto, el enemigo trataba de avanzar con refuerzos por el sector de la Montañita. En la calle que unía Chiapas con Chalatenango se encontraba una emboscada de contención bajo el mando de Netón. A lo lejos se escuchaban los estallidos de los morteros. Probablemente el enemigo había comenzado a “ablandar” el terreno para permitir el avance de sus tropas en esa dirección.

Posteriormente se supo que las granadas de los morteros cayeron en el lugar de la emboscada. Netón se vio obligado a abandonar la posición y colocar la emboscada en otro lugar.
EI informe del derribamiento de un helicóptero alegró el ambiente tenso y serio que reinaba en el puesto de mando. EI helicóptero artillado cayó en La Montañita, muriendo al instante toda la tripulación. Otro helicóptero fue averiado por las unidades de vanguardia que combatían en los alrededores del Jícaro. EI aparato cayó en las cercanías del cantón Las Minas.

En EI Jícaro los combates se recrudecían. Ramón, jefe operativo de la acción ordenó colocar una carga acumulativa en la pared de la iglesia. Román, más conocido como “Paila” fue designado para realizar la misión. Acerca de “Paila” se contaban muchas anécdotas. Era muy famoso y temido por el enemigo. En los combates siempre gritaba:"!…Aquí está Paila hijos de puta…!. ¡…Ya llevó más de ciento cincuenta…!
Jorge lo conoció durante los días de su estadía en el campamento de "EI Alto" con las Fuerzas Especiales Selectas.
El intrépido y valiente guerrillero tomó la carga acumulativa hasta acercarse a la iglesia. Los soldados ofrecían fuerte resistencia. Paila dejó su M16 al cuidado de Alejandro y Chuzmil para poder arrastrarse mejor en el terreno. Una escuadra concentró fuego en la iglesia para facilitar el acercamiento de Román. Al cabo de unos minutos regreso con los cables.
– ¿Cómo pusiste la carga? –preguntó afortunadamente Chuzmil.
Paila había colocado la carga al revés, es decir, el cono invertido no apuntaba en dirección a la pared de la iglesia, sino que precisamente en dirección al lugar donde se encontraba el mando táctico.
– ¡A la puta! ¡La cague! – exclamó.
Se arrastró de nuevo y la colocó correctamente.
– ¡Puuummmmmmm!

La fuerte explosión levantó nubes de polvo blanco y amarillento. Las escuadras avanzaron corriendo y disparando en ráfaga. Dos granadas de mano fueron lanzadas al interior de la iglesia a través deI agujero que ocasionó la carga acumulativa.
– ¡No disparen! ¡No disparen! ¡Nos rendimos!

EI reloj marcaba las cinco de la tarde. La batalla del Jícaro había terminado. EI enemigo había sido derrotado. Treinta minutos más tarde los guardias nacionales se rindieron en Las Vueltas. Los refuerzos del cuartel de Chalatenango fueron incapaces de romper la resistencia guerrillera en la Montañita.
La guerra popular salvadoreña entró el diez de octubre de 1982 en una nueva etapa. Con el aniquilamiento de la compañía reforzada acantonada en EI Jícaro se dio un salto de calidad en el desarrollo de la guerra irregular. EI movimiento revolucionario salvadoreño retomó la iniciativa estratégica. La derrota sufrida en Las Vueltas terminó con el mito de la "invencibilidad de la Guardia Nacional". EI grito de guerra: "La Guardia no se rinde" sería una anécdota más del pasado.

– ¿Cuál es tu rango militar? – preguntó Alejandro.
– Soy recluta – contestó con voz débil y temblorosa el prisionero.
– ¡No mintás! Sabemos que sos oficial de la Escuela Militar – respondió enérgicamente Alejandro.
Las esquirlas de una granada habían lesionado el ojo izquierdo del joven teniente, quien acostumbrado a dar órdenes, exigió su libertad. El teniente del ejército salvadoreño no tenía conciencia en esos momentos que las reglas del juego habían cambiado repentinamente.
– En primer lugar, te vamos a dejar libre –contestó Alejandro. Pero sólo cuando nosotros lo decidamos así…., dijo acentuando el "nosotros"...  En segundo lugar, no se te olvide que ahora eres prisionero de guerra y quienes dan las órdenes aquí somos nosotros.
– ¿Cuál es tu rango? – preguntó Jorge.
– Soy subteniente del ejército salvadoreño – murmuró entre dientes.
– ¿Cómo te llamas?
– René Galdámez[5]. Miren como estoy. ¡Déjenme libre por favor! Voy a perder el ojo. Sáquenme no más a la calle, después me voy yo solo pa' “Chalate”, suplicó el oficial. ¡Voy a perder el ojo sino no me atienden en el hospital militar...!
EI oficial comenzó a llorar como un niño.
– No tengas miedo – intervino Jorge. Nosotros tenemos buenos cirujanos y no vas perder el ojo. Si colaboras con nosotros, pronto estarás con tu familia. ¿Me imagino que estás casado?
– No.
– Pero al menos tienes novia – insistió Jorge.
– Eso sí.
– Pues bien. Nosotros vamos a avisarles a tu mamá y a tu novia que te encuentras bien, pero tienes que colaborar y no mentirnos. ¿Ok?

El Comandante Dimas había ordenado que Jorge se hiciera cargo del interrogatorio del oficial. Alejandro ayudó a Jorge a subir al prisionero de guerra a un caballo.
– ¿Para dónde me llevan? – preguntó preocupado.
– Vamos a llevarte a otro lugar, donde te sentirás mejor y más tranquilo – respondió Jorge.
Al oficial se le vendaron los ojos para evitar que reconociera el lugar donde se encontraba. AI cabo de unos minutos de cabalgar llegaron al campo de entrenamiento en las faldas del cerro Talzate. En Las Huertas se encontraba instalado el hospital militar guerrillero. De pronto aparecieron los aviones caza A-37 y comenzaron a bombardear. Las bombas cayeron en el Talzate y en los alrededores del Jícaro. Jorge ayudó al oficial a desmontar. Se ocultaron tras unos arbustos. Después del ataque aéreo se dirigieron rápidamente al hospital.

En una cama improvisada yacía Tino. En el hospitalito había más de veinte combatientes heridos de las unidades de vanguardia.
Jorge ordenó desalojar el lugar a los numerosos curiosos.
La Comandancia no quería que la población civil se enterara, por medidas de seguridad, acerca de la presencia de un oficial del ejército enemigo.
– Mira Yoel. EI Comandante Dimas ha ordenado que se le atienda a él como si fuera un combatiente nuestro – dijo Jorge. Debe recibir buena comida y está estrictamente prohibido conversar con él.
– No te preocupes, “Pelao”. Te lo voy a dejar como nuevo – contestó Yoel, mostrando su diente de oro.
Jorge le susurró al oído que se trataba de un oficial enemigo.
Las cocineras se encontraban atareadas preparando el almuerzo.
Los A-37 volvieron a bombardear obstinadamente los cerros de los alrededores, pero prácticamente a ciegas. Más bien parecía una reacción simbólica.

– ¿Ya comió compa Jorge? – preguntó Florcita.
– ¡Puta! ¡Qué lindas estás! – exclamó Jorge observando a la niña guerrillera.
La última vez que la había visto fue cuando trabajaba en la casa-cuartel del “Negro Hugo”. Desde entonces la había perdido de vista. Flor tendría a la sazón catorce años. Los pequeños senos comenzaban a erguirse debajo del vestido colorido.
– Gracias mi amor – contestó meloso cuando la jovencita le entregó ruborizada el plato de frijoles. Los métodos tácticos de Juancito continuaban siendo tan efectivos como en los viejos tiempos.
– ¡Puta Tino! Parece que tuvieras siete vidas, comentó Jorge.
Tino había resultado herido en nueve ocasiones. Esta vez el proyectil de M16 penetró debajo del hombro izquierdo, felizmente sin fracturarle la clavícula. Rudy y Amílcar se acercaron a Jorge que conversaba con los demás heridos.
– ¿Y a ti qué te pasó? – preguntó, dirigiéndose a Rudy.
– Me hirieron en la mano – contestó el pequeño guerrillero, jefe de la escuadra de exploración. ¡No es nada grave!
Rudy “Dutschke”, así acostumbraba Jorge a llamarlo, ignoraba en esos momentos que aquel certero proyectil le había roto nervios y tendones dejándolo inválido de la mano derecha para toda Ia vida.  Rudy se a través de Jorge acerca de la vida y muerte del joven marxista alemán Rudi Dutschke.
Amílcar[6], el joven guerrillero que sirviera de guía a los comandos de las FES en EI Alto, había recibido varias esquirlas de granada en la espalda.

– Bueno Yoel. Cuando se mejore el soldado, me mandas a avisar. Tengo que trabajar con él.
Jorge se despidió de todos los guerrilleros y volvió a las cercanías del Jícaro, donde lo esperaban más de setenta soldados para ser interrogados.
– ¿Cómo te fue? – preguntó Alejandro.
– Bien. Prepotente el cabrón ¿verdad?
– Lo que pasa es que están acostumbrados a tratar así a la gente – contestó Alejandro.
– Mira Alejandro. Yo pienso que no es necesario interrogar a todos los prisioneros. Hay que hacer una selección, de lo contrario nunca vamos a terminar.
– Me parece bien – respondió Alejandro.
Los heridos no fueron tomados en cuenta para los interrogatorios, solamente se les pidió sus datos personales para las estadísticas. Entre todos los soldados se escogieron aquellos que por su rango y antigüedad en las filas enemigas pudieran entregar alguna información de importancia.


Los siete guardias capturados en Las Vueltas fueron trasladados junto a los soldados del Jícaro a una casa grande en las cercanías del antiguo cuartel del “Negro Hugo”. La casa era conocida como el local de "Los correos". EI trabajo con los guardias exigía mucho más cuidado y atención que con los soldados, puesto que tenían una ideología anticomunista extrema y su incorporación a la institución era voluntaria. Mientras que los soldados eran reclutados, muchas veces de manera forzada. Jorge se encargó de interrogar a los guardias nacionales y la sección de operaciones se responsabilizó de los soldados.
La Comandancia guerrillera había decidido poner en libertad a cincuenta y cinco soldados, el resto de los prisioneros sería entregado días más tarde a la Cruz Roja Internacional en el Zapotal. Marito fue nombrado responsable político de la operación. EI primer grupo fue liberado en el pueblo de Chiapas. AI parecer, una delegación de la Cruz Roja Internacional se encargaría de asistir a los heridos. La columna guerrillera al mando de Marito se dirigió a Guarjila con el propósito de caminar por la calle que conduce a Chiapas durante la noche. EI otro grupo de prisioneros de guerra, a cargo de Felipón entraría por EI Gallinero. A las seis de la mañana Marito y Jorge se encontraron con Felipón en una tienda de Chiapas. La delegación suiza se esperaba para las ocho de la mañana.

EI tiempo transcurría y la camioneta Cherokee blanca con las insignias rojas no aparecía. EI riesgo aumentaba a medida que los minutos pasaban. Se encontraban a tres kilómetros del cuartel de Chalatenango. A las once de la mañana Felipón y Marito decidieron dejar en libertad a los prisioneros de guerra. En un acto de hermandad, guerrilleros y soldados comenzaron a abrazarse y a estrecharse la mano. Un soldado se dirigió directamente a Jorge y le dijo:
“…Dígale al compa Alejandro que la próxima vez también me voy a rendir…”
Era un viejo conocido de Jorge. Era la segunda vez que la guerrilla liberaba al soldado. La primera vez que cayó prisionero fue en Potonico. En EI Jícaro fue el primero que levantó el M16 en señal de rendición y junto con él, siete soldados más. Otro soldado sacó tres colones muy arrugados del pantalón y se los ofreció a Jorge.
– Tome, compa – dijo. A usted le pueden servir de algo.
– No, hombre, ¡cómo se te ocurre! Vos los necesitas más que nosotros...
– Por favor, compita, acéptelos –insistió el soldadito. Al menos guárdelos como un recuerdo. Usted me hizo ver muchas cosa que no sabía.
Jorge tomó los tres pesos al tiempo que golpeaba el hombro empolvado y sucio del soldado.
El soldado le dio las gracias y se alejó contento, buscando la calle a Chalatenango.

Los guerrilleros por su parte abandonaron rápidamente el lugar. Cada grupo se retiró en la misma dirección en que había llegado. A los pocos minutos se escucharon las primeras detonaciones en las cercanías del Gallinero. Los helicópteros comenzaron a sobrevolar la calle que conduce a Guarjila y San José Las Flores. EI bombardeo continuó por espacio de diez minutos. Las granadas levantaban nubes de polvo en las alturas del cerro Talzate. EI enemigo emplazó su artillería en dirección al campamento de La Laguna. La columna de Marito se ocultó entretanto a la vera del camino para evitar ser detectada por los helicópteros. Minutos más tarde, continuaron la marcha sobre la polvorienta y solitaria calle. Al llegar a Guarjila se detuvieron un rato para cortar naranjas.

Los cables del sistema de alumbrado eléctrico se entrelazaban en el suelo. Las casas abandonadas lentamente iban quedando cubiertas por la maleza. Una puerta golpeaba rítmicamente al compás del viento. La entrada del caserío era de piedras grises y negras que formaban un enorme y rectangular crucigrama, entrelazado por hileras de pasto verde que incontenible se abría paso entre los espacios de tierra. Un naranjo recién germinado se levantaba erguido en el pequeño mar de piedras buscando los rayos del sol.

Desde hacía mucho tiempo que ningún vehículo transitaba por esos lugares. A la orilla de la calle yacía un poste de madera. En un extremo los viejos y oxidados transformadores llenos de agujeros servían de guarida a las lagartijas. El aceite de los transformadores eléctricos era utilizado por los guerrilleros para limpiar sus armas. La gigantesca y centenaria ceiba continuaba abrazando con sus enormes brazos verdes las casas destruidas del caserío. Una iguana contemplaba desde las alturas a los guerrilleros. En un rincón de la robusta rama se encontraba la solitaria familia de saurios. Los nidos colgantes de las chiltotas[7] parecían los testículos de un semental. Los rayos del sol acribillaban la desierta plazoleta, metiéndose entre las hojas verdes de aquel hermoso árbol. Una lámina suelta de zinc provocaba un chirrido fantasmagórico en el techo de una casa. En los corredores yacían mesas y sillas rotas. Los fragmentos de tejas quebradas por las granadas caseras coloreaban el suelo de naranjo. EI atrio de la iglesia parecía un gran mosaico de piedras, vidrios y restos de ladrillo. En el barro reseco junto al árbol de morro, habían quedado grabadas las pezuñas de los cerdos. Las plastas de estiércol de las vacas se confundían con las hojas secas de los mangos. EI agua estancada cubierta de musgo llena de larvas de zancudo en espera del momento de reventar y salir en busca de alimento. Una pareja de libélulas hacía el amor uniendo sus culitos morados y agitando sus alas transparentes en éxtasis sexual.

EI olor fétido de carne en descomposición llegaba cada vez que el viento cambiaba de dirección. En algún lugar cercano se encontraba el cadáver de algún animal o de algún ser humano.
La columna siguió su marcha rumbo al campamento de La Laguna. La avioneta de exploración volaba bastante alto. Sólo se escuchaba el ruido de los motores. A medida que se adentraban en la montaña los sonidos se hacían cada vez más familiares y sobre todo, más humanos. A lo lejos se escuchó el ladrar de un perro. Se aproximaban al caserío EI Portillo. De allí en adelante solamente les quedaba una hora de camino hasta llegar al campamento. Jorge se detuvo en la casa donde vivía la familia de Emilio, el “niño-correo” de la sección política.




[1] Cerro Talzate: May Pay era el nombre que se utilizaba en la sección de operaciones.
[2]Los “jefes operativos” eran nombrados por el alto mando guerrillero y tenían una función de apoyo y asesoramiento a las jefaturas de las unidades de combate y en algunos casos, como en Las Vueltas, de participar directamente en las operaciones. En Las Vueltas, Lencho fue el jefe de las unidades guerrilleras que asaltaron exitosamente la comandancia y doblegaron a la “inexpugnable” Guardia Nacional.
[3] Tener vergüenza
[4] Esta situación operativa no corresponde a la realidad. El enemigo se mantuvo siempre atrincherado en la Comandancia. A solicitud del mando guerrillero, la población civil se resguardó en la iglesia, que en esos momentos, era el lugar más seguro y protegido en todo el caserío.
[5] Nombre ficticio en la novela.
[6] Amílcar: Nombre muy frecuente entre los guerrilleros, así como Felipe, Neto, Jesús

[7] Pájaro centroamericano, también conocido como turpial (Icterus pectoralis).

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