domingo, 4 de noviembre de 2012

Cerca del amanecer...10


XXVI. En la sección política del frente Apolinario Serrano

Jorge fue trasladado a la sección política deI frente. Tomó las pocas pertenencias que guardaba en su mochila y se dirigió a la casa-cuartel de la sección política. Se marchó contento, puesto que la relación con Marito iba de mal en peor. La casa-cuartel estaba ubicada en el extremo oriente de La Laguna, a la vera del camino que conducía a San José Las Flores. Allí lo estaba esperando Alejandro, su jefe superior inmediato. Jorge llegó con buen ánimo y ganas de trabajar. La sección política era una estructura militar nueva, recién organizada por el Estado Mayor de las FAPL.
– Conmigo podés hablar en confianza – dijo Alejandro. Sí tenés algún problema no dudés en acudir a mí.
– Gracias respondió Jorge. Nunca ha sido mi intención crear problemas – explicó. Lo único que quiero es trabajar y aportar a la revolución. Con Marito nunca pude discutir tranquilamente. Cada vez que hablaba de política, me convertía, según él, en un teórico marxista, si hablaba de literatura, era sólo para apantallar, si conversábamos de las relaciones sexuales en la guerrilla, era un libertino pequeño-burgués. …Muchas veces pienso que ciertos compañeros entienden la proletarización como la simple suma mecánica de supuestas cualidades morales típicas del proletariado.
– ¿Y qué entendés vos por proletarización? – preguntó Alejandro.
– Bueno. Yo considero que la “proletarización” es un proceso en primer lugar político-ideológico, que comienza fundamentalmente, cuando se asumen en la práctica revolucionaria los intereses político-económicos de las clases más explotadas, cuando se asume conscientemente el marxismo revolucionario. Es decir, según Marx, cuando se es clase para sí. Para mí, esto es la base de la verdadera proletarización. No basta con pertenecer a la clase obrera o al campesinado para considerarse “proletario”.
– De acuerdo. ¿Pero qué pasa con el otro aspecto? – preguntó Alejandro. 
– ¿Cuál? ¿EI de los valores morales?
– Sí.
Como te decía – continuó Jorge hablando –, considero que el proceso de proletarización, es decir, la toma de conciencia de clase para sí no es patrimonio exclusivo de ninguna clase social en particular. Por el papel socio-económico que desempeñan los obreros y los campesinos pobres en la sociedad capitalista, son ellos en primera instancia, los llamados a tomar conciencia de clase para sí, porque son ellos los históricamente llamados a conducir la revolución socialista. De allí que sea “más natural” que un obrero o un campesino pobre se “proletarice” más rápido que un burgués o que un pequeñoburgués. Además pienso que los valores morales emanan esencialmente de la concepción que se tenga del mundo, es decir, de las ideas que tengas aquí dentro – enfatizó llevándose los dedos a la sien –  y no de la extracción social. Pero no hay que confundir la moral revolucionaria marxista con la mística...
– ¿Cómo así?
– Mira. Cuando yo llegué al frente pensaba que todos los cuadros miembros deI partido eran revolucionarios integrales…
– ¡Habías idealizado el partido! – exclamó Alejandro.
– Sí, claro que sí. Estoy de acuerdo, pero esa idea no me la formé por mí mismo. Ese concepto idealizado de “hombre nuevo” se fomentó sistemáticamente, al menos en el frente externo. La “mística revolucionaria” era el parámetro “proletario” de medición de los valores morales. Todo se sazonaba con la bendita mística revolucionaria. Bastó un par de días en el frente de guerra para darme cuenta que la realidad es otra, que los dirigentes y miembros del partido son hombres de carne y hueso, con virtudes y defectos como cualquier mortal.
– Mirá Jorge. Entiendo y conozco esa situación, pero tené paciencia. En todo caso debemos enseñar siempre con el ejemplo… Después vamos a seguir hablando acerca de esas cosas, por el momento vamos a planificar el trabajo...
– Por supuesto – contestó Jorge.
– Vos te vas a encargar de fichar a todos los combatientes de las unidades de Vanguardia Nacionales, además de seleccionar al personal de reclutamiento.
La sección política estaba formada por Alejandro, Yesenia, Armando y Jorge.
Yesenia y Armando se encargarían de hacer el mismo trabajo a nivel de las milicias y columnas guerrilleras, pero ellos no vivían en la casa-cuartel, sino en otros campamentos.

Todas las noches conversaban sobre variados temas. Alejandro tenía buenos métodos de trabajo y sabía conducir al personal. El trabajo se planificaba colectivamente, lo cual a su vez fomentaba el desarrollo individual de los integrantes, incluyendo al jefe.
Debido a la dislocación en el terreno de los pelotones, Jorge permanecía constantemente visitando a las unidades. De esa forma estrechó más los lazos con los combatientes de las Unidades de Vanguardia y pudo captar así el verdadero sentir y pensar de la tropa.

Cierta noche, como de costumbre, llegó Julio a conversar con Alejandro. AI parecer, formaban parte de una célula partidaria encargada de dirigir el trabajo político al interior de las FAPL. Ellos se encargaban de implementar la nueva línea política deI partido, evitando hablar en lo más mínimo sobre Marcial y, cuando el tema no se podía evitar por cualquier motivo, hacían siempre énfasis en que muchas cosas que se decían acerca de Marcial no correspondían a los hechos históricos. Escuchándolos, daba la impresión que era necesario escribir de nuevo la historia de EI Salvador para borrar la imagen y el carisma de Marcial. Algunas veces parecía que los cuadros dirigentes estaban más empecinados en desmitificar a Salvador Cayetano Carpio que en la construcción del partido revolucionario de las FPL.

La selección de los miembros de las FPL era muy rigurosa. Detrás de los requisitos planteados en el artículo 68 de las bases estatutarias que regulaban el ingreso a las FPL, se escondía el concepto leninista de “partido de cuadros profesionales de la revolución”. Mientras que el artículo 69 se refería al carácter clasista, obrero-campesino de la membresía del partido. Es decir, que el seno de las FPL estaría constituido por regla general (y hacia ello estarían dirigidos los esfuerzos básicos) por elementos de la clase obrera industrial y agrícola y de los campesinos pobres. Pero además de la alianza estratégica obrero-campesina, las FPL aceptaban también entre sus filas, como excepción de la regla, a miembros revolucionarios de la pequeña burguesía que demostraran su sincera disposición a proletarizarse, y demostraran, en la práctica, su conciencia sobre la necesidad de realizar la Revolución Popular, el Socialismo y el Comunismo. Dentro de estos sectores las FPL ubicaban a estudiantes, maestros, empleados, pequeños y medianos comerciantes y propietarios, vendedores ambulantes y de los mercados y a las amas de casa entre otros ciudadanos... Estos aspirantes a miembros serían aceptados bajo estrictas normas de selección.
Sin embargo, en la práctica el “partido de las FPL” estaba muy lejos de ser una organización político-militar comunista dirigida sólo por obreros y campesinos. La gran mayoría de cuadros miembros que Jorge había conocido hasta la fecha, tanto en el frente externo como en el Apolinario Serrano, parecían pertenecer a los sectores sociales estipulados en la excepción de la regla. La ex - pequeña burguesía, radicalizada y “proletarizada”, era en consecuencia, la encargada de decidir acerca de la “pureza ideológica” deI aspirante a miembro. El juez justo y severo era probablemente un “ex – pequeñoburgués”, quién siguiendo los cánones estipulados por otros “ex – pequeñoburgueses”, dictaminaba el sí o el no.

Era evidente que se estaba formando una casta de dirigentes invulnerables a cualquier crítica que viniera de las bases, asignándose ellos mismos el derecho de juzgar y sentenciar sobre los demás. Un proceder vertical en una sola dirección que en esencia negaba la doble vía del centralismo democrático, lo cual en sí era el caldo de cultivo de una desviación ideológica.

Días más tarde, Jesús,”Chuzmil” el nuevo jefe deI destacamento uno de las UVN, comunicó a Jorge que el partido lo había designado a él para atenderlo políticamente. Era la primera vez, desde que Jorge había entrado al frente de guerra, que el partido tomaba la decisión de establecer un contacto político directo y bilateral con él. La “atención política” a los aspirantes a miembros, a los colaboradores o “ayudistas” de las FPL estaba siempre a cargo de un miembro del partido, quien normalmente formaba parte de una “célula partidaria”. La célula “clandestina y compartimentada” era el instrumento clásico de captación y proselitismo político de las FPL, que no se diferenciaba mucho del partido comunista concebido por Lenin. Este “método celular” utilizado por los bolcheviques, por lo demás idóneo en términos de seguridad interna, sobre todo en períodos de guerra o en la clandestinidad, también seguía siendo válido en las montañas de Chalatenango. Nadie en el frente sabía a ciencia cierta, salvo en el caso de los comandantes y los cuadros de dirección, quien era miembro o aspirante a miembro, mucho menos a que célula pertenecía. Jorge se sorprendió y al mismo tiempo se alegró de la noticia.
– Tenés que presentar la solicitud para miembro – dijo Jesús
– ¿Qué tengo que escribir? – preguntó Jorge.
– Las razones por las cuales querés ser miembro, tus cualidades, tus debilidades. En realidad es sólo un trámite burocrático, pues la verdad es que ya tenés la calidad de miembro.
– Algo así como en karate – contestó Jorge sonriendo.
– ¿Qué querés decir con eso? – preguntó Chuzmil.
– Claro. En karate tú puedes pasar años entrenando tenazmente sin necesidad de examinarte, y al final puedes convertirte en un maestro de artes marciales pero con cinta blanca...
– ¡Las comparaciones tuyas! – exclamó al tiempo que se largaba a reír.
La solicitud fue rechazada. AI parecer, un francotirador apostado en las sombras había esperado el mejor momento para disparar. El liberalismo y la falta de mística revolucionaria eran dos pecados capitales en las FPL.
– No me extraña que la hayan rechazado – señaló Jorge.
– No se trata de un rechazo – indicó Jesús. Lo único que dicen los compas es que aún tenés que proletarizarte más.
– ¡A la mierda con la proletarización! Tú te proletarizas, él se proletariza, ellos se proletarizan... Parece ser que el único que no se proletariza acá soy yo... ¡A tomar por el culo la tan cacareada proletarización!
– Calmáte Jorge. No lo tomés así.
– iMe vale verga lo que piense Dimas! ¡Me vale verga! Estoy harto de escuchar la misma mierda. Yo se cual es la onda acá. EI que es sumiso se le considera humilde, el que acepta todas las arbitrariedades que acá pasan es un verdadero proletario, pero el que cuestiona, pregunta, discute, critica... iAh no!, ése es un pequeñoburgués y hay que proletarizarlo a huevo. Yo puedo ser todo lo que tú quieras. Jamás voy a adular nadie. ¡Ni al mismo Marcial! No necesito tener padrinos ni portarme bien para caerle simpático a los Comandantes... He cumplido siempre con mis tareas y además estoy aquí arriesgando mi vida. ¿O es que la vida de un pequeñoburgués no vale nada?

Jesús trató de calmar a Jorge, pero fue en vano. Toda la frustración acumulada durante los últimos meses salió como un torrente de lava. Era una especie de catarsis político-ideológica y emocional. En esos momentos, Jorge recordó lo que tiempo atrás le había comentado Jacinto, un compañero exiliado chileno, quien además de ser comunista era psicoanalista. Jacinto decía que la pequeña burguesía es, entre todas las clases sociales, la más desclasada, porque no es ni chicha ni limonada. Mientras que aquel que nació en cuna burguesa o en un barrio marginal, se comporta con la naturalidad que le otorga su extracción de clase. Sin embargo, el pequeñoburgués, consciente o inconscientemente, quiere siempre aparentar más de lo que en verdad es o posee. El pequeñoburgués, decía Jacinto, es más papista que el Papa o más leninista que Lenin.
– Todos nosotros somos el partido – continuó hablando Jesús. Todos debemos construir a su desarrollo...
– Acá lo que menos hay es partido, eso anda a contárselo a tu abuelita. Acá lo que existe es una élite de Comandantes, lo demás es pura paja...
Esta sería la última vez que se habló acerca de la posible membresía de Jorge.

Alejandro le había dado la tarea a Jorge de escribir unos artículos para el futuro boletín de las FAPL.
Jorge encendió la radio del jefe y buscó Radio Habana - Cuba. EI artículo que escribía trataba de la vida deI Che Guevara. Era octubre y pronto se conmemoraría el XV-Aniversario de la muerte en combate del legendario Comandante en Bolivia. La voz dulce de la locutora se escuchó sin interrupciones: “….a continuación extractos de el discurso pronunciado por el Comandante Che Guevara en la XIX Asamblea General de las Naciones Unidas en enero 1964 “.....ahora, esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna y que canta en todo el continente con una misma tristeza y desengaño; ahora, esta masa es la que piensa entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir, porque ahora, por los campos y montañas de América, por las faldas de sus cerros, por las llanuras y sus selvas, entre la soledad o en el tráfico de las ciudades o en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo, lleno de razones con los puños calientes de deseo de morir por los suyos, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados, por unos o por otros. Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pueblos de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina que han decidido empezar a escribir ellos mismos y para siempre su historia...ya se les ve...”
Veinte años transcurridos desde la histórica “Segunda Declaración de la Habana leída por el Comandante en Jefe de la Revolución cubana, el 4 de febrero de 1962.
Jorge terminó de escuchar el programa "Voces de Revolución" y entregó los artículos a Alejandro.
– ¿Qué nombre le ponemos al boletín? – preguntó Alejandro.
– ¿Qué te parece “Pueblo Armado"? – contestó Jorge.
– Me parece bien – comentó. Se lo voy a proponer a “Chuzón[1]”.
EI Comandante Jesús era el jefe del Estado Mayor y por lo tanto el jefe superior inmediato de Alejandro. Tanto los artículos como el nombre fueron aprobados por el comandante. La sección alcanzó a escribir solamente dos artículos. EI boletín nunca fue publicado.

XXVII. Lucha ideológica

Todas las discusiones político-ideológicas que Jorge había tenido hasta la fecha de manera formal o informal con algunos cuadros de dirección del partido eran un “pelo de la cola” comparados con la verdadera lucha ideológica que al interior de las FPL se estaba llevando a cabo en aquellos días de octubre de 1982.
Jorge percibía las tensiones en el ambiente, sin embargo, al no estar vinculado orgánicamente al partido no podía enterarse del verdadero carácter y contenido de las contradicciones en la organización y optó por el silencio, y sacar sus propias conclusiones. De vez en cuando a algún cuadro intermedio se le escapaba una indiscreción revestida de chiste irónico: “…Así que vos vas a ser el próximo alcalde de las Flores…, le dijo German un día a Lencho…”, y éste lo mando literalmente a la mierda.

Los altos jefes militares guerrilleros se encontraban reunidos en un pequeño cuarto de la casa-cuartel de logística. Al parecer, la reunión era muy importante, pues allí se encontraba reunido gran parte del Comando Central de las FPL. Los temas de discusión eran obviamente desconocidos por la mayoría de los guerrilleros combatientes. Jorge había conocido al Comandante Valentín en el frente externo. En aquella ocasión le había llamado la atención que el Comandante llevaba las uñas muy largas. Valentín era delgado y de modales suaves y finos. Tenía todavía la fisonomía de un muchacho quinceañero y parecía ser un estudiante de secundaria bien educado, de esos que se forman en los colegios católicos salvadoreños influenciados por la Compañía de Jesús o la Congregación de los hermanos Maristas. Sin quererlo, clavó la vista en los dedos de Valentín. El largo de las uñas seguía siendo el mismo. EI Comandante Valentín, más político e ideólogo que militar; no vestía verde olivo. Solamente portaba una subametralladora UZI. Valentín era un compañero modesto y no se pavoneaba con su posición en la jerarquía y además sabía tratar inteligentemente a los subordinados.

Mientras tanto, Jorge conversaba con Eugenio en el patio de la casa. Netón se acercó y les ofreció un par de semillas de cacahuate recién tostado. Aprovechando un descanso de los comandantes, Jorge se dirigió al Comandante Valentín.
– Buenas tarde, Compa. ¿Me mandó a llamar?
– Hola Jorge. ¿Cómo está? – preguntó Valentín. Tengo cartas para usted. Creo que son de su compa…
– ¡En serio! – exclamó Jorge como dudando de la veracidad de las palabras. ¿Dónde están? – preguntó excitado.
– Fíjese que las dejé en Las Huertas. Por qué no se llega más tarde – sugirió Valentín excusándose por el lamentable olvido.
– ¿No tiene un cigarrito? – preguntó Jorge, sabiendo que Valentín no fumaba, pero siempre tenía para regalar.
– ¡Claro, Claro! Tome.

EI Comandante Jesús era todo lo contrario de Valentín. Alto y fornido, de tez blanca y con pinta de oficial de escuela. Se comentaba en la tropa que Chuzón era ex – jesuita. Vestía uniforme de campaña del batallón Atonal y era parco de palabras. El Comandante Jesús tenía el porte y el talante de un señor de alcurnia, pero al mismo tiempo irradiaba humildad.

EI Comandante Carlos era el prototipo deI hombre duro, con la coIt 45 en la cintura, fumaba tranquilamente en un rincón del cuarto. Jorge lo saludó. La respuesta fue una mueca malhumorada. Al parecer, no se sentía muy conforme con el desarrollo de las discusión.
EI más joven de todos los Comandantes parecía ser Milton Méndez[2]. Tenía la apariencia de un estudiante universitario, se veía muy contento y obviamente más satisfecho que el Comandante Carlos, el “chele Calín”. Milton tenía un aire pequeñoburgués.

EI más simpático y sencillo de todos era el Comandante Salvador Guerra. Tenía fama dentro de la tropa de ser un buen estratega militar. Pero quien dominaba la escena era sin discusión alguna el Comandante Dimas Rodriguez. Seguro de sí mismo, él era realmente el verdadero jefe. De todos los comandantes era él quien tenía más carisma y estrecha relación con la tropa.

Los días que se vivían en el frente eran de vital importancia. La correlación de fuerzas al interior deI partido era un fenómeno difícil de entender. Era necesario tener claridad teórica y política, y además contar con la información necesaria para poder interpretar correctamente la realidad. Jorge carecía de ambas condiciones. AI margen de la discusión interna, Jorge tan sólo alcanzaba a intuir a grandes rasgos los problemas en las FPL. Jorge tan sólo podía percibir una minúscula fisura en la punta del iceberg. La influencia político-ideológica de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL-FM) en la revolución salvadoreña era un hecho innegable. Cualquier desequilibrio en la correlación de fuerzas al interior de los organismos de dirección del partido podía influir a favor o en contra del desarrollo de la guerra popular en El Salvador. El peso específico de las FPL-FM dentro del FMLN era conocido, tanto por los aliados táctico-estratégicos de la revolución salvadoreña, como por las fuerzas enemigas. Las FPL-FM representaban efectivamente la corriente marxista-leninista más radical en la conducción integral de la guerra popular. Sin embargo, la gran influencia de las “f” en las masas populares, no era orgánica sino que más bien político-ideológica y militar. Las estructuras partidarias eran todavía endebles y en verdad no existía “el partido” como tal. Las FPL eran una organización de cuadros político-militares. Lo que existía en las FPL-FM era un “proyecto histórico de partido de la revolución salvadoreña”. Proyecto que se vio interrumpido en su desarrollo dialéctico, paradójicamente en julio de 1979. El triunfo de la revolución sandinista aceleró y radicalizó históricamente mucho más la lucha de clases en El Salvador, pero al mismo tiempo frenó en cierta medida la construcción del partido de las FPL, es decir, un partido marxista-leninista de la clase obrera salvadoreña, que aspiraba arrebatarle el poder político-económico y militar a la oligarquía salvadoreña, en el momento histórico en que esta clase social dominante fuera incapaz de seguir gobernando y la mayoría del pueblo salvadoreño se rebelara contra la opresión y la explotación. Así había entendido Jorge el concepto de guerra popular prolongada cuando leyó por primera en un “Rebelde” la estrategia político-militar de las FPL-FM.

La concepción marxista-leninista de las FPL-FM tenía en esencia, un carácter nuevo y refrescante dentro de la izquierda latinoamericana. Seguramente había sido esa la razón por la cual las FPL habían impactado a las grandes masas populares y habían sumado a sus fuerzas gran parte de la juventud rebelde y comprometida de El Salvador de los años setenta.

No obstante, en esos días de octubre de 1982 eran otros los vientos que soplaban en el Apolinario Serrano. La construcción del partido de las FPL-FM como instrumento indispensable para la toma del poder había dejado de ser tarea prioritaria. A falta de orientación político-ideológica partidaria continua y sistemática, la dirección de las FPL-FM fomentó la mística revolucionaria y la fe ciega en los comandantes como instrumento agitador. La dinámica de la guerra revolucionaria y la consolidación de las fuerzas guerrilleras en el plano militar aparentemente le estaban dando la razón a los que se oponían a la construcción del partido de las FPL-FM.

Jorge regresó a la casa-cuartel pues ya era la hora del almuerzo.
– Compa Jorge. ¿Quiere almorzar ya o va a esperar al compa Alejandro?
 – Lo voy a esperar – contestó ligeramente, mientras redactaba el discurso que se leería en el aniversario de la muerte del Che Guevara.
Maribel, la hija de Maritza se acercó a Jorge.
– ¡Venga pa'ca mi huacha! ¿Ya le dio de comer? – preguntó a Maritza.
– Aún no.
– ¡Pobrecita mi huacha!
Jorge besó la carita sucia de aquella niña de ojos negros y graciosos que respondía con una sonrisa limpia y pura a los cariños de aquel hombre barbado.
– ¡Eres linda! – exclamó Jorge.
– Vení vos – dijo Maritza desde la cocina. Dejá trabajar al compa.
– ¡Déjela nomás! No me molesta en absoluto.
Maritza ignoraba la tristeza que invadía a Jorge cada vez que jugaba con la criatura. EI recuerdo de su hijita le destrozaba el alma.
La voz de Alejandro se escuchó afuera. Venía conversando con “Chuzmil” y entró en la cocina saludando alegremente. Colocó su fusil junto a la pared. Chuz se quitó la gorra y se sentó en la banca de madera junto a Jorge.
– Mira, Alejandro aquí está el discurso – comentó Jorge.
Alejandro tomó las dos hojas escritas a mano y las leyó.
– Me parece bien. EI pasaje donde dice que Marcial se reunió con el Che en Guatemala hay que quitarlo – ordenó.
“Chuzmil” extendió la mano para tomar las hojas que Alejandro le entregaba.
– ¿Verdad que está bien? – preguntó Alejandro.
– Sí, sí – respondió.
Chuzmil padecía de miopía. Hacía algunos días que había perdido sus anteojos en una marcha nocturna. Desde entonces tropezaba a cada instante con las piedras del camino.
– ¿Van a comer ya? – preguntó Maritza.
EI suculento almuerzo fue devorado en un santiamén por los hambrientos guerrilleros. No conformes con el pedazo de lomo “à la brasé” que les correspondía a cada uno, se repitieron otra porción. La época de las vacas flacas había pasado y, aunque la res descuartizada estaba más enjuta que escupo de momia egipcia, la carne fue suficiente como para alimentar a la sección política, al Estado Mayor y a la población civil.
Jorge restregó el pedazo de tortilla en el rosado y salado jugo que había quedado en el fondo del plato y se dirigió divertido a Maritza.
– ¡Eh, Maritza! ¡EI “filé à la brasé” le quedó exquisité!
– ¡Ay! Usted que friega, compa Jorge – contestó Maritza.
– Mirá Jorge. ¿Vos estudiaste marxismo-leninismo en Europa? – preguntó Chuzmil en tono colegial.
– No. ¿Por qué me preguntas?
– Yo pensé que tal vez por eso te habías metido a la guerrilla.
– He leído sí algunos libros de los clásicos, pero eso no significa que sea ducho en marxismo-leninismo – acotó Jorge.
– ¿Y vos pensás que es necesario construir el partido antes de la toma del poder? – preguntó Alejandro.
– Yo pienso que sí – respondió Jorge.
– Pero en estos momentos, lo más importante es la guerra – señaló Chuzmil.
– Seguro que sí – respondió Jorge. Pero eso no significa que haya que concentrar todos los esfuerzos en el área militar. EI partido es el que tiene que dirigir la guerra...
– Vos tenés el caso de los cubanos y los sandinistas – intervino Alejandro. Los cubanos, por ejemplo, construyeron el partido de la revolución después de la toma del poder y los sandinistas lo están construyendo.
– En ese caso hay que plantear el problema de otra manera – contestó Jorge. ¿Es necesaria la existencia del partido único comunista para la toma del poder? Yo diría que no. Ahora bien, ¿es posible la construcción del socialismo sin un partido único? Pienso que es muy difícil, por no decir casi imposible. Evidentemente que la toma del poder resulta más fácil cuando el pueblo se encuentra agrupado en una sola vanguardia; pero bien, eso no siempre es así. Tú mencionaste dos ejemplos – dijo, dirigiéndose a Alejandro. Yo podría mencionarte el caso de la revolución vietnamita, la rusa y la china; en todas ellas el partido comunista jugó un papel determinante. Yo pienso que no puede tomarse ninguna de las revoluciones como un patrón o fórmula para la toma del poder, ya que cada una de ellas tuvo sus momentos históricos específicos. Cada revolución tiene sus propias particularidades, leyes propias de desarrollo, condicionadas por circunstancias históricas. Si no me equivoco, todos los partidos comunistas se han construido en torno a un grupo hegemónico. ¿Qué papel jugó el Movimiento el 26 de Julio en Cuba? ¿Los Bolcheviques?

– Pero no estamos hablando del papel que juegan las diferentes organizaciones en la revolución – exclamó Chuz. Además, eso de hegemonizar me suena un poco a sectarismo...
– Yo pienso que no – contestó Jorge. EI problema de la hegemonía está relacionado con la correlación de fuerzas y ésta a su vez, está íntimamente vinculada a la lucha ideológica. Gramsci decía: “…solamente cuando las ideologías se convierten en partido, el enfrentamiento entre ellas es inevitable, hasta que una de ellas o sólo cuando una combinación de ellas tiende a imponerse o a hegemonizar, es en este sentido que la influencia ideológica comienza a prevalecer…” A parte de eso, sectarias son todas las organizaciones del FMLN….
– ¿Cómo así? – preguntó Alejandro.
– Porque ninguna organización del FMLN puede otorgarse por sí misma el derecho a considerarse la única representante del pueblo salvadoreño y la única que tiene la llave de la verdad histórica…En el FMLN están representadas ¡cinco! concepciones político-ideológicas de la lucha de clases en El Salvador, es decir, cinco interpretaciones diferentes de la realidad y cada una está convencida que su interpretación es la verdadera. Este hecho de por sí, las convierte a las cinco organizaciones en sectas políticas. Así que tú, yo, nosotros y ellos somos sectarios. No nos sorprendamos por eso. Pero cuando se habla de hegemonía, al menos así lo entiendo yo – continuó diciendo – no significa la exclusión de otras fuerzas políticas y sociales. Ahora bien, conseguir lo históricamente necesario, es decir, el comunismo, no depende exclusivamente de la correlación de fuerzas propias, sino que fundamentalmente de la concepción ideológica que se tenga con respecto a la necesidad histórica...
– ¿Y qué tiene que ver todo esto con la construcción del partido? – preguntó Chuzmil, un poco consternado.
– Mira. Yo pienso que la construcción del “partido único de la revolución salvadoreña” es una tarea históricamente necesaria. ¿De acuerdo?
– Claro.
– Pero por mucha voluntad o deseo que tengamos no podemos realizarlo de la noche a la mañana...
– Por supuesto que no – intervino Alejandro. Pero al menos hay que comenzar a hacer esfuerzos para alcanzar esa meta…
– ¡Exacto! – exclamó Chuzmil.
– Pero entonces deberíamos de hablar mejor de lo concretamente posible…
¿Qué querés decir con eso? – preguntó nuevamente Jesús
– Quiero decir que si las condiciones histórico-ideológicas aún no están dadas para la construcción del partido único de la revolución salvadoreña, entonces tenemos que concentrar esfuerzos en lo concretamente posible, que no es otra cosa que la consolidación de las FPL como un partido marxista-leninista revolucionario. Sin olvidar por supuesto las necesidades históricas. No es más que la combinación dialéctica de los esfuerzos tácticos en función de los objetivos estratégicos. Por eso pienso yo que en estos momentos la construcción y consolidación del partido es para nuestra organización una necesidad vital. Este pensamiento también es válido para las otras organizaciones hermanas. El único partido marxista-leninista con años de experiencia como partido es el partido comunista…En la medida en que los revolucionarios concreticemos en la práctica la teoría del marxismo revolucionario y nos consolidemos en partidos, en esa misma medida aportaremos al desarrollo del partido único de la revolución salvadoreña…
– ¿A quién pensás elegir para que lea el discurso? – preguntó Alejandro cambiando abruptamente de tema.
– Yo había pensado estimular a las compitas – respondió Jorge.
– Ana María podría ser la indicada...
– ¿Por qué? – preguntó Alejandro.
– La compita es muy disciplinada y excelente combatiente.
– Además que... te gusta – intervino Chuzmil riéndose.
– ¡Ja, ja, ja! – rieron los tres.

Ana María, conocida también en la tropa como “Filomena”, era una salvadoreña morena originaria de San Vicente, según se rumoraba en el frente. De una belleza particular y un espíritu de combate que buscaba su igual en las filas guerrilleras, Filomena era una orquídea salvaje, tierna, dulce y coqueta al hablar. Ana María era la mujer salvadoreña joven comprometida socialmente y convertida en guerrillera. Ella era el deseo de libertad de una juventud rebelde y dispuesta a morir por la revolución socialista.
Alejandro aprobó la petición de Jorge.

Esa misma tarde, Jorge se dirigió al campamento del pelotón dos a comunicarle a la guerrillera la decisión de la sección política. Ana María aceptó gustosa. En media hora se había aprendido de memoria el discurso. Como estímulo material recibió las primeras botas producidas en el taller de zapatería, aunque en realidad el regalo no era más que un gesto simbólico, ya que no había pie alguno en el frente que soportara aquellos monstruos de cuero.

Con el tiempo, la calidad de los zapatos mejoraría considerablemente.


[1] Comandante Jesús Rojas
[2] Comandante Medardo González.

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