sábado, 11 de mayo de 2013

Panamá, la niña huérfana de las Américas


Cualquier activista europeo de la solidaridad internacional con América Latina no tendría, probablemente, ninguna dificultad en identificar correctamente el país de origen de Augusto Cesar Sandino, Farabundo Martí, Emiliano Zapata, Pancho Villa, Ernesto Guevara y Salvador Allende. Por el contrario, las cosas cambiarían radicalmente – como las verdaderas revoluciones populares– si mencionáramos el nombre de Victoriano Lorenzo. ¿Qué diría usted, apreciado y culto lector?

¡Bingo! ¡Victoriano Lorenzo era panameño!

En cierto sentido, Panamá no se liberó nunca de las cadenas del coloniaje. La presencia del poder imperial ha sido siempre una sombra en el istmo de Panamá. Al estudiar en detalle la historia de esta república en los últimos 190 años, encontraremos la explicación a esta “irregularidad” geopolítica.

Panamá pertenece desde el punto de vista geográfico a Centroamérica, pero fue siempre una provincia de la Nueva Granada, aquel Virreinato español que abarcaba los territorios de la actual Colombia, Venezuela y Ecuador. Sin embargo los que ostentaban el poder político durante la época del movimiento independentista decidieron, después de haberse liberado del yugo español en noviembre de 1821, unirse a la “Gran Colombia”. La alianza geopolítica entre Venezuela, Nueva Granada (la actual Colombia) y Ecuador sedujo políticamente a los panameños mucho más que la Federación de Repúblicas Centroamericanas. Panamá siempre buscó los lazos maternos. Debido a esta situación geográfica e historia geopolítica especial, Panamá es la niña huérfana de las Américas.

El sueño de Simón Bolívar de constituir la Gran Colombia se esfumó definitivamente en 1830, dos años más tarde después que Venezuela y Ecuador decidieron abandonar la gran alianza. Desde entonces la “gran nación latinoamericana”, verdaderamente independiente de cualquier poder imperial hegemónico, soñada por los Libertadores de América, sigue siendo una necesidad histórica.

Mientras tanto, los separatistas e integracionistas panameños continuaron su juego político de “amor y odio” con Nueva Granada hasta que se desató la guerra conocida como la de los “mil días”, que enfrentó a liberales y conservadores dejando un saldo de más de cien mil muertos entre 1989 y 1902. Las luchas entre liberales y conservadores tenían como meta principal el poder político-económico de las nacientes repúblicas y tiñeron la época con la sangre derramada de los pueblos. De esta forma se consolidaron las oligarquías criollas latinoamericanas y la casta latifundista que junto con el gran capital moderno, han impedido la verdadera independencia política y económica de América Latina.

¿Quién fue entonces Victoriano Lorenzo y qué papel jugo en la guerra de los “mil días”?

Victoriano fue un líder indígena que luchó durante la guerra civil al lado de los liberales. En 1900 asume la dirección de las diezmadas tropas liberales en calidad de General de División y se enmontaña en la provincia de Coclé en Panamá y desde allí inicia una guerra de guerrillas contra el gobierno central conservador de Nueva Granada. A pesar de enfrentar a un ejército numeroso y mejor armado, en octubre de 1901 sus tropas guerrilleras lograron ocupar la capital de la provincia, Penonomé, su ciudad natal.

El 21 de noviembre de 1902 los politiqueros de los partidos liberales y conservadores ceden a las presiones del gobierno de los Estados Unidos y firman la paz en el barco de guerra norteamericano “Wisconsin”. Con la firma del tratado de paz quedó sellada la separación definitiva de Panamá de Nueva Granada. Panamá fue parida metafóricamente, a bordo de un buque de guerra. Pero al margen de todas estas confabulaciones detrás de bastidores, Victoriano Lorenzo, quien estaba decidido a continuar la lucha por la tierra y la libertad de la población campesina, se había convertido en un factor de riesgo en los planes estratégicos de la administración Theodore Roosevelt en la construcción del canal.

El 28 de noviembre de 1902 Victoriano Lorenzo fue capturado y condenado a la pena de muerte el 13 de mayo de 1903 por un tribunal militar. Victoriano fue fusilado el 15 de mayo de 1903.

El interés por parte del gobierno de los Estados Unidos en la cuenca del caribe data desde principios del siglo 19, cuando el entonces presidente Thomas Jefferson se entusiasmó con la idea de construir una ruta marítima que uniera el océano Atlántico con el Pacifico. Pero la presencia e influencia del gobierno de los Estados Unidos en la región no solamente perseguía objetivos comerciales, sino ante todo, garantizar la hegemonía geopolítica y militar en la Gran Cuenca del Caribe. En este sentido, los diferentes gobiernos norteamericanos, ni cortos ni perezosos, comenzaron a instalar sus bases militares en el Caribe.

Desde entonces, las instalaciones de la Fuerza Armada de Los Estados Unidos de Norteamérica fueron apareciendo sucesivamente en territorio extranjero como setas venenosas: Puerto Rico en 1898, como parte del botín de guerra en el conflicto armado entre el Reino de España y Estados Unidos. En el mismo año, como colofón de la guerra contra España, el gobierno norteamericano ocupó militarmente la bahía de Guantánamo en Cuba. A partir de 1904 la zona del canal se convirtió en un territorio estratégico-militar. Años más tarde (1963) Panamá se convirtió en la sede del Comando Sur de los Estados Unidos y de la desacreditada “Escuela de las Américas”. A pesar que el cuartel general del Comando Sur fue trasladado oficialmente a Miami en 1999, el ministerio de defensa todavía cuenta con una larga lista de bases militares en América Latina. En Panamá, en Fort Buchanan in Guaynabo (Puerto Rico), en Soto Cano (Honduras), en Comalapa (El Salvador) y Guantánamo (Cuba) entre otras.

La suerte de Victoriano Lorenzo y la de muchos otros latinoamericanos que han luchado a lo largo de los años en contra de la pax americana es conocida en todos los rincones del planeta. Emiliano Zapata fue asesinado el 10 de abril de 1919, Pancho Villa el 20 de julio de 1923, Augusto Cesar Sandino el 21 de febrero de 1934, Farabundo Martí el 1 de febrero de 1932, Ernesto Guevara de La Serna el 9 de octubre de 1967 y Monseñor Oscar Arnulfo Romero el 24 de marzo de 1980.

La escasa información acerca del acontecer en Panamá favorece la política hipócrita y solapada del gobierno de los Estados Unidos. En ese país latinoamericano tienen lugar operativos militares de mayor o menor envergadura frecuentemente. Los grandes operativos militares, como la operación “Open Horinzons” que se desarrolla actualmente en dos provincias del país hermano, no pueden pasar desapercibidas. Por el contrario, aquellas que se efectúan en la sombra de la espesa selva, frontera natural con Colombia – territorio donde la guerrilla más antigua de Latinoamérica tiene una de sus retaguardias estratégicas – por lo general no son noticia en primera plana.

Roberto Herrera

viernes, 19 de abril de 2013

La burguesía venezolana y la estrategia contrarrevolucionaria de la cacerola


Cuando Salvador Allende Gossens ganó las elecciones presidenciales el 4 de septiembre de 1970, lo hizo con un margen de votos bastante estrecho. Jorge Alessandri Rodríguez, candidato independiente de derecha, obtuvo 1.036.278 de los votos escrutados, mientras que el candidato de la Unidad Popular logró 1.075.616, es decir, treintainueve mil trecientos treintaiocho votos más.

En febrero de 1990 se celebraron elecciones presidenciales en Nicaragua en las cuales el proyecto histórico del Frente Sandinista para la liberación Nacional (FSLN) fue derrotado en las urnas por la coalición de centro-derecha “Unión Nacional Opositora” (UNO), presidida por Violeta Chamarro.

Tanto la Unidad Popular como el Frente Sandinista accedieron al poder estatal por vías de lucha diametralmente opuestas, los chilenos por medio de las urnas y los nicaragüenses a través de las armas. Ambos gobiernos populares sucumbieron ante la estrategia político-militar contrarrevolucionaria del imperialismo norteamericano en América Latina.

La historia de la derrota estratégica de la Unidad Popular y de la involución Sandinista, aunque ya relativamente lejanas, siguen siendo el paradigma político-militar contrarrevolucionario en Latinoamérica, que expresa de modo propio la capacidad de reacción de la clase social dominante, apoyada por la “pequeña burguesía”, la “clase media arribista” y por supuesto, por el gobierno de los Estados Unidos. Cuando la clase económica dominante ve peligrar su hegemonía político-económica se comporta como bestia herida, importándole un bledo el marco constitucional estipulado en la carta magna.

Las elecciones en el sistema democrático parlamentario son – en mayor o menor medida – un parámetro para medir el grado de respaldo o rechazo hacia una estrategia político-económica cualquiera, o bien, para cuantificar la indiferencia de una parte de la población frente a cuestiones relevantes que se debaten en la sociedad y que atañen a los derechos de la ciudadanía en general. En Venezuela, casi el ochenta por ciento de los ciudadanos con derecho a voto acudió a las urnas el pasado domingo 14 de abril para apoyar o rechazar el proyecto histórico del “Socialismo del siglo XXI”; poniendo en evidencia una vez más, el gran interés político-social de las venezolanas y venezolanos – 16 procesos electorales en 15 años – de participar en la democracia parlamentaria y reflejando así, diáfanamente, la polarización de la lucha de clases que se está librando en Venezuela. Todo lo contrario sucede en los Estados Unidos, ”paladín de la democracia representativa”, donde los niveles de participación ciudadana en las elecciones presidenciales dejan mucho que desear.

El margen estrecho de los resultados ha originado una coyuntura político-social que los enemigos de la revolución pretenden aprovechar para desestabilizar al gobierno y al proceso revolucionario. Su actuación es contradictoria, oportunista y truculenta.  Por un lado recurren a las leyes electorales y por otra parte, intentan subvertir el orden social y la paz ciudadana. Ambas tácticas no son más que un ardid politiquero y una clara provocación. La alta burguesía venezolana y la Casa Blanca saben perfectamente que perdieron las elecciones, pero quieren inducir al gobierno de Nicolás Maduro a cometer errores tácticos o estratégicos. Andan a la búsqueda de motivos para justificar el ansiado zarpazo.

Al no poder blandir los sables como lo hicieron los momios chilenos en 1973, la burguesía venezolana – con sus aliados – sacará sus cacerolas de teflón y gritará en las calles que la población se está muriendo de hambre.

El momento histórico que está viviendo el pueblo venezolano requiere de mucha sindéresis, juicio y cordura por parte de la dirigencia revolucionaria, a fin de contrarrestar la ofensiva de los sectores de la extrema derecha fascista.

Mucho guillo Venezuela, que la bestia cebada tiene sed de venganza y muerte. 

lunes, 1 de abril de 2013

El Papa Francisco, ¿la mejor baza pa’conciliar a pobres y a ricos?


A bote pronto, Jorge Mario Bergoglio tiene pinta de ser un hombre vigoroso, simpático y con buen humor, además de ser mediático y comunicativo, con lo cual, reuniría las condiciones mínimas para promocionar un producto viejo y venderlo como nuevo. Joseph Ratzinger, por el contrario, en sus presentaciones en público aparentaba ser una persona estresada, triste y cansina, a quien la risa le era ajena, al menos de cara al rebaño de ovejas. Parecía una versión moderna del monje español Jorge de Burgos en la novela de Umberto Eco, “En nombre de la Rosa”, para quien la facultad de reírse era pecado capital y quien, en lugar de irradiar calor y comprensión por la naturaleza humana, optó por incinerar toda la obra científica que explicaba el origen no divino del ser humano.

El Papa Francisco tiene a todas luces más “cancha” con la “hinchada” católica que su antecesor. Pero no nos equivoquemos, Jorge Mario Bergoglio nunca fue un Camilo Torres ni mucho menos un Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Yo diría más bien que el nuevo Sumo Pontífice juega en el mismo equipo de Joseph Ratzinger. Ambos son defensores centrales de un equipo teológico añejo que aún mantiene la táctica del cerrojo – el catenaccio italiano –, cuya misión es la de mantener – a toda costa – el liderazgo de la Iglesia Católica en la liga de campeones del cristianismo mundial. Jorge Mario Bergoglio y Joseph Ratzinger son más parecidos que diferentes. Aunque Robert Zollitsch, el arzobispo de la ciudad alemana de Friburgo en Brisgovia y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, definiendo al nuevo Papa Francisco como un “hombre práctico”, se afana en marcar una sutil diferencia entre el Papa emérito, teórico y académico, y el Papa argentino, más campechano y menos colegial. Pero del comentario del prelado superior de la diócesis de Friburgo no debe inferirse ni la debilidad teórica del nuevo jefe de la Iglesia Católica ni la falta de experiencia práctica de Joseph Ratzinger.

Probablemente sólo se diferencian en la forma de comunicar el evangelio, la teología dogmática y la teología fundamental. El mensaje pastoral de Joseph Ratzinger, con su estilo catedrático y lenguaje científico no está dirigido a las grandes mayorías populares cristianas, sino que a un círculo de iluminados integrado en su mayoría por teólogos, filósofos y académicos. El Jesús de Nazaret de Joseph Ratzinger no es el hombre histórico, sino el Mesías, el hijo de Dios, es decir, el Cristo de la tradición eclesial, el Jesús que nunca se metió en política. Por el contrario, para los teólogos de la liberación, aquellos “curas rebeldes” latinoamericanos que recibieron el azote teológico de Ratzinger en su calidad de prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el Jesús histórico es el revolucionario, es el hijo de Dios convertido en hombre, aquel que subió a la montaña y junto a sus discípulos arengó a la multitud allí reunida y tomó abiertamente partido por los pobres, por los hambrientos y sedientos de justicia. El sermón de la montaña representaría, desde esta perspectiva histórica, el manifiesto comunista, revolucionario y redentor de Jesús de Nazaret.

En América Latina vive la mitad de los más de mil millones de católicos que hay repartidos en el mundo, la mayoría de ellos en el Brasil. Jorge Mario Bergoglio conoce muy bien la idiosincrasia del católico latinoamericano y la injusticia socio-económica en que vive la mayoría de los hijos de Dios en la tierra. La experiencia revolucionaria de los últimos años en Latinoamérica no ha pasado desapercibida por el Vaticano. La curia está informada del resurgimiento de movimientos sociales populares independientes y de la consolidación de gobiernos populares de nuevo tipo elegidos democráticamente que no niegan por decreto la existencia de Dios y que por el contrario, afirman su vocación cristiana. A esto se une el desgaste político de partidos con trasfondo religioso como la democracia-cristiana y el movimiento social cristiano, que tuvieron su auge e importancia en América Latina en los años sesenta y setenta del siglo pasado y que actuaron como sedantes ideológicos en la lucha de clases. Un tácito ejemplo es la participación de la democracia-cristiana chilena en el golpe militar contra Salvador Allende. “La revolución en libertad” fue una bandera proselitista levantada por la democracia-cristiana latinoamericana como antítesis de la revolución socialista cubana.

Los procesos sociales que se están llevando a cabo en los últimos años en Latinoamérica y en especial en Ecuador, Bolivia y Venezuela, donde los “adecos”  y “copeyanos”[1] perdieron la hegemonía política, confirman lo que Joseph Ratzinger analizó en profundidad en su momento. Por esta razón, censuró severamente a los teólogos de la liberación que predicaban que la salvación cristiana no podía consumarse sin la redención económica, política, social e ideológica del hombre. Joseph Ratzinger advirtió siempre que la unión entre la exégesis de la teología de la liberación y el marxismo es en el “Tercer Mundo” una mezcla altamente explosiva y peligrosa. Y no se equivocó el entonces Cardenal Ratzinger con su análisis dialéctico. El jesuita Jorge Mario Bergoglio compartió el pensamiento de Ratzinger y en consecuencia, también reprobó y criticó a los “curas comunistas”. El caso de los jesuitas perseguidos durante la dictadura de Videla, a quienes Bergoglio negara protección, evidencia su posición con respecto a los “curas marxistas”.

La lucha de clases  es de manera sucinta la contradicción entre capital y trabajo, o expresado de manera cristiana, entre ricos y pobres. La Iglesia Católica Apostólica y Romana a lo largo de los siglos hasta nuestros días ha ocupado siempre un lugar privilegiado en la cabecera de la mesa de los reyes, emperadores y gobernantes con el agravante de haber defendido siempre, con la cruz y el rosario, los intereses económicos de los poderosos.

¿Por qué tendría que ser distinto en el siglo XXI?

Porque la Iglesia Católica de hoy es un barco que hace aguas por todos lados y los problemas que afronta son muy diferentes a los del pasado. Porque la rigidez granítica de su catequesis le impide reaccionar con rapidez y de manera adecuada a las exigencias del vertiginoso mundo moderno. Porque el pueblo creyente ha ido perdiendo la fe en la institución “Iglesia” y muchos de los feligreses buscan alternativas espirituales en su comunión con Dios en otras comunidades religiosas. Porque la gente pobre y sin recursos, tarde o temprano llega a la conclusión de que no solamente de la palabra del Señor vive el hombre. Porque los escándalos sexuales, los casos de pedofilia y la corrupción en la curia han erosionado gravemente la ética-moral y la credibilidad de la Iglesia Católica. Y por último, porque allí están las revoluciones sociales en Latinoamérica avanzando con viento en popa y a toda vela, resolviendo los problemas existenciales de las grandes mayorías populares, dándole pan, casa, salud y escuela al que no tiene, pero no por misericordia, sino porque es el legítimo derecho del pueblo.

Y es aquí, en la segunda mitad del partido, donde el Papa Francisco entra a sustituir a su compañero de equipo, el alemán de Baviera. Todo parece indicar que el Vaticano, con la elección del Cardenal argentino, pretende enfrentar la crisis estructural de la Iglesia, revertir el proceso de enajenación espiritual que experimentan las sociedades de los países altamente desarrollados y contrarrestar la lucha de clases en los países del tercer mundo.

El tiempo dirá, sí el Papa Francisco fue la mejor baza del Vaticano pa’conciliar a pobres y a ricos.


[1] Adecos: Adeptos del partido Acción Democrática; Copeyanos: Adeptos del partido social-cristiano

jueves, 7 de marzo de 2013

Hugo Pueblo


Después de perseguirlo durante casi toda una vida, Javert, el obcecado inspector de policía, recorre las calles parisinas emocionalmente desorientado y convulsionado por el hecho de haber reconocido implícitamente – al dejarlo en libertad – la grandeza de Jean Valjean, aquel carismático personaje de Los Miserables, de la obra maestra de Víctor Hugo, cuya lectura recomendó el presidente Hugo Chávez Frías un día de tantos, en una de las tantas veces que se dirigió a su pueblo.

Quien lee a Víctor Hugo entenderá al pueblo sencillo y trabajador en su lucha por la vida y la supervivencia. Eso lo sabía Hugo Pueblo, el Comandante de los pobres.

Hugo Chávez encarna el espíritu de lucha de los olvidados y vilipendiados y no es ninguna exageración afirmar que la influencia del Comandante llegó a todos los rincones de Latinoamérica. El fenómeno político del Chavismo en América Latina tiene sus raíces en la personalidad de Hugo Chávez y en su biografía.
Ni sus más recalcitrantes detractores ni infames enemigos han dejado de reconocer el papel histórico que  Hugo Rafael Chávez Frías desempeñó en la palestra mundial.

Simpático, afectuoso y reflexivo, supo siempre comunicar al pueblo sus ideas políticas y libertarias de manera directa y sin ditirambos.
Defensor de las causas populares se enfrentó al imperio en los foros internacionales y ni los reyes embriagados de Bourbon pudieron callar su voz rebelde. Su versatilidad y astucia dialéctica, que no cabía en ningún esquema clásico político-diplomático, sacó de las casillas a los enemigos de la revolución bolivariana. Hugo Chávez fue un rompedor de esquemas. Un fuera de serie.

Todos los líderes carismáticos tienen una pizca de idealismo y romanticismo y Hugo Chávez tampoco fue la excepción. Porque no es posible echar andar la rueda de la historia sin ideales ni amor al prójimo.
El socialismo del siglo XXI que propagó con ahínco y esmero no es una utopía sabanera, sino una realidad que diariamente se consolida en Venezuela.

Muchos son los proyectos que quedan inconclusos, vastas las tareas revolucionarias que vendrán e innumerables los intentos contrarrevolucionarios por derrotar la revolución bolivariana. Pero que nadie se equivoque con Venezuela, pues allí estará siempre Hugo Pueblo dispuesto a defenderla.

Acerca de sus aciertos y de sus errores escribirán más tarde los historiadores. El pueblo venezolano y América Latina entera, sin embargo, saben desde ya, que son muchos los méritos del ciudadano Hugo Chávez Frías acumulados a lo largo de su corta vida, que lo acreditan como un prócer moderno de la Gran Patria Bolivariana.  Hugo Chávez ocupa un puesto de honor junto a los más grandes y celebres revolucionarios del continente.

El mayor homenaje que se le puede rendir a un hombre de la talla de Hugo Chávez es continuar luchando para alcanzar la verdadera independencia.

¡Comandante Hugo Chávez, tu sembraste en terreno fértil!

lunes, 25 de febrero de 2013

El legado de Benedicto XVI es una papa caliente


De ser cierta la noticia difundida hace un par días por el diario italiano La Republica y la revista semanal Panorama, el Papa Benedicto XVI estaría informado en detalle acerca de la existencia de una red de corrupción en las altas esferas del Vaticano.

El informe presentado por la Comisión Ad Hoc de alto nivel, creada por el mismo Benedicto XVI para investigar el robo de documentos de la oficina papal (caso Vatileaks) ha revelado la presencia en los pasillos del Vaticano de un “influyente lobby” de prelados y laicos implicados en asuntos tan poco divinos como la lucha de poderes, el robo, la extorsión y el proxenetismo homosexual masculino.

Los resultados de dicha investigación no pueden sorprender a nadie, puesto que de una u otra forma éstos vendrían solamente a confirmar lo que el vulgo siempre ha sospechado e intuido acerca de lo que en la Santa Sede ocurre entre bambalinas. Sin embargo, es muy probable que Benedicto XVI se haya quedado boquiabierto y anonadado ante la cruda verdad del informe secreto. La existencia de una infraestructura secreta dedicada a satisfacer las necesidades homosexuales de jerarcas de la Iglesia, podría ser realmente una de las causas principales que provocaron la sorpresiva dimisión del Papa.

Llama la atención si, el deseo del Papa que el proceso de elección de su sucesor se realice lo más pronto posible y sin contratiempos. Uno tiene la impresión que Benedicto XVI está abrumado con los resultados de la investigación. Probablemente nunca sabremos la verdad “verdadera”, pero todo indica que el “pecado”, es decir, la “trasgresión a la ley de Dios” estaría anidada precisamente en el corazón de la Iglesia Católica.

Mientras la Iglesia Católica siga sosteniendo que la homosexualidad es contra natura y por lo tanto un pecado grave, “el diablo”, seguirá agitando el espíritu y la carne de muchos clérigos, quienes seguirán satisfaciendo sus instintos en la sombra y por ende, actuando con hipocresía y además, con el agravante de sentirse y saberse “pastores pecadores”.

La sexualidad reprimida desemboca tarde o temprano en caos sexual o en patología, mientras que la renuncia consciente al instinto sexual es una decisión libre e individual, además de ser una forma alternativa de vivir la vida.

Señalar y condenar a los “pecadores” es importante, pero la verdadera solución de los problemas sexuales en la Iglesia Católica pasa por asumir que la sexualidad es intrínseca a la naturaleza humana y que desempeña una función muy importante en la regulación y equilibrio del espíritu y la carne.

No se sabe quién será el sucesor de Benedicto XVI, pero lo que sí se sabe desde ya, es que el nuevo Papa heredará de su predecesor una verdadera papa caliente. 

lunes, 18 de febrero de 2013

Los teólogos no tienen vocación de poder


Benedicto XVI no es el primer Sumo Pontífice en la historia del cristianismo que renuncia a seguir ejerciendo su poder tripartito en la tierra. No obstante, su dimisión ha generado muchas preguntas entre el rebaño de mortales creyentes, agnósticos y ateos acerca de los verdaderos motivos de su renuncia al cargo de máximo representante de Cristo en la tierra, de su negativa a continuar gobernando el estado independiente del Vaticano y desempeñando el papel de padre espiritual de todos los siervos de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

En su decisión no hay un ápice de voluntarismo. Todo lo contrario, ha sido un proceso racional previamente profundizado y bien meditado. Prueba de ello son los argumentos expuestos públicamente por el mismo Santo Padre al anunciar su abdicación. El Papa Benedicto XVI está consciente que “…en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado…".

En efecto, el mundo globalizado está cambiando vertiginosamente y el peso del lastre histórico que arrastra la Iglesia Católica Apostólica y Romana afecta su capacidad de accionar y reaccionar adecuadamente a las exigencias de la sociedad moderna. No son pocos los feligreses que han perdido la confianza en la curia frente a los innumerables delitos comprobados de pedofilia y pederastia cometidos por prelados de bajo, medio y alto nivel de la iglesia católica. Decía su santidad Benedicto XVI en la homilía celebrada en la Plaza de San Pedro, el domingo 24 de abril de 2005 que “….apacentar quiere decir amar, y….amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento….”. Pero estos malos pastores en lugar de “amar a los hombres” en el sentido eclesiástico del verbo, utilizaron el poder de la sotana y la mitra para abusar sexualmente de niños y de adolescentes.

Las violentadas ovejas en consecuencia, abandonan en manada el redil del Señor. Esta actitud tiene repercusiones no sólo ecuménicas sino también económicas en países como en Alemania, donde el diezmo está regulado por las leyes y equivale al ocho por ciento en los estados federados de Baviera y Baden-Wurtemberg, y el nueve por ciento del salario bruto del contribuyente en el resto del país.

Son muchos los temas sociales como el papel de la mujer en el sacerdocio, el celibato, la eutanasia, el aborto, la educación sexual, la anticoncepción, la prevención de enfermedades sexuales y la injusticia socio-económica de los países pobres, es decir aspectos de la vida moderna, sobre los cuales la Iglesia no tiene una respuesta adecuada y coherente con los tiempos modernos.

Las luchas de poder en el Vaticano son un secreto a viva voz y son tan o más viejos que los pergaminos que narran la historia de confabulaciones y crímenes de la casa Borja en la Santa Sede. El estado independiente enclavado en el corazón  la ciudad de Roma es el teatro de operaciones por excelencia de políticos ávidos de poder camuflados con mitra y con bordón.

Para gobernar “la barca de san Pedro”, es decir el estado del Vaticano, se requiere efectivamente del vigor del cuerpo y del espíritu, pero no solamente eso, sino que para conducir el gigantesco trasatlántico en que se ha transformado con el devenir de los años la barcaza del apóstol pescador de  Genesaret, se necesita tener vocación de poder.

El alemán Joseph Alois Ratzinger es un hombre de libros, un intelectual, un erudito que ha dedicado toda su vida a investigar y a estudiar la dicotomía de la fe y la razón. Es un sabio pensador cristiano que ha preferido vivir en clausura los últimos años de su vida, alejado del mundanal ruido del rebaño cristiano, sumergido en sus libros, confiando en que los políticos de púrpuras sotanas del Vaticano resolverán los problemas existenciales de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana en el siglo XXI.

Si la abdicación a la Santa Silla ha tenido como causa real y verdadera la avanzada edad , el desgaste corporal y espiritual de Benedicto XVI en los últimos meses, es de esperar que los príncipes de la iglesia nombren a un cardenal relativamente joven, con vocación de evangelista y que además sea un buen timonel. De lo contrario, la nave cristiana continuará haciendo aguas hasta lentamente encallar. Que dicho sea de paso es la gran preocupación del teólogo Joseph Alois Ratzinger.

¿Existe ese cardenal?

domingo, 13 de enero de 2013

La versión más humana del Capitalismo no es compatible ni siquiera con la versión más simple de la Declaración Universal de los Derechos Humanos


En efecto, si echamos un vistazo al primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, vamos a constatar que no todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos en la economía de libre mercado, y que aún, dotados como estamos del uso de razón y del conocimiento reflexivo del mundo que nos rodea, no nos comportamos fraternalmente los unos con los otros.

Y así sucesivamente podríamos ir desmenuzando la Declaración Universal en sus treinta partes y analizando minuciosamente cada una de ellas, hasta llegar al último artículo y constatar tristemente que en la práctica, el irrespeto a los Derechos del Hombre es regla general.

Quienes ostentan el poder en nuestra sociedad, tanto en tiempos de guerra como de paz, violan sistemática y descaradamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada en Paris el 10 de diciembre de 1948, con todos los países a favor, excepto la U.R.S.S y el bloque socialista europeo, Sudáfrica y Arabia Saudí, que se abstuvieron.

La historia de la violación de los derechos humanos en América Latina es tan larga como la carretera Panamericana que recorre el continente de norte a sur. En el “boulevard de la fama” de las dictaduras militares y gobiernos antipopulares latinoamericanos están estampadas las “huellas dactilares” de los sátrapas más despiadados del Nuevo Mundo, así como el rastro criminal de miles de anónimos cómplices– militares y civiles –, y de sádicos verdugos con capucha.

La estrategia contrarrevolucionaria político-militar norteamericana del garrote, aplicada con todo éxito en Latinoamérica, ha requerido siempre del apoyo incondicional de las Fuerzas Armadas, de los partidos políticos de centro-derecha, como la democracia-cristiana y de la venia del Vaticano para golpear al pueblo con la cachiporra, sin tener mala conciencia después de un golpe de estado. Mientras que para aplicar el método de la zanahoria, el Departamento de Estado recurre tanto a los arriba mencionados, así como a la socialdemocracia y a la izquierda “moderada”. Es un dicho conocido en la pampa argentina que "para montar a un caballo, hay que sobarle primero el lomo" y precisamente esto es lo que persigue la táctica de la zanahoria.

La dictadura militar fascista es precisamente la expresión más radical y más violenta que tiene el capitalismo para expresar el poder de la clase social dominante sobre la clase trabajadora en una sociedad determinada. El neoliberalismo en tanto corriente político-económica capitalista, utiliza medios macroeconómicos e instrumentos tecnocráticos para establecer un orden económico que garantice el desarrollo de las relaciones sociales de producción capitalista, el dominio de la clase dominante y sobre todo, el aumento de la riqueza de unos pocos tunantes y la pobreza de las grandes mayorías. Desde que la economía de libre mercado se impuso como el modelo económico dominante en el planeta, tanto el Estado, la clase política, así como las ciencias económicas, han desarrollado diversas matrices económicas, con el fin de resolver las diferencias socio-económicas derivadas de la contradicción fundamental – capital-trabajo – en el capitalismo. Pero ni la versión más humana del Capitalismo es compatible ni siquiera con la versión más simple de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Así sucedió en la República de Chile después del período de “guerra contra el pueblo allendista”, donde la dictadura militar del general Pinochet violó, entre el 11 de septiembre de 1973 hasta el 11 de marzo de 1990, bestialmente los derechos humanos más elementales de la sociedad chilena con la meticulosidad y frialdad de las hordas hitlerianas. Una vez cumplida la misión de aniquilar la Unidad Popular y de imponer por la fuerza de las armas el nuevo orden político por vía constitucional, el régimen militar fascista – a regañadientes – se vio obligado a aceptar las reglas de la democracia parlamentaria.

En 1990, con el Presidente electo, Patricio Aylwin Azócar, se azocaron bien los nudos y las ataduras del nuevo período en la sociedad chilena conocido como la Transición a la Democracia, en el cual la alegría, la concordia y la fraternidad serían los condimentos emocionales que sazonarían el capitalismo neoliberal impuesto durante la dictadura militar pinochetista.

No es mi intención aquí negar los éxitos relativos de la democratización política chilena logrados por los gobiernos de la Concertación por la Democracia. Pero es importante señalar que los problemas fundamentales de la sociedad chilena, como es la cuestión de la justicia en materia de derechos humanos durante la dictadura militar, la Constitución Política pinochetista, el problema mapuche, el sistema binominal electoral y la desigualdad socio-económica, no han sido resueltos hasta la fecha.

Tanto la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, conocida comúnmente como Comisión Rettig, como la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, Comisión Valech, fueron los organismos oficiales encargados de esclarecer uno de los capítulos más tristes y nefastos de la historia contemporánea de ese país austral.

Estos organismos determinaron respectivamente en sus informes finales (Comisión Rettig 1991 y Comisión Valech 2011) que durante ese período de guerra declarada contra el pueblo trabajador chileno, se cometieron 2296 casos calificados de violación de DDHH y un total de 40.018 víctimas que sufrieron prisión y tortura física.

La Reconciliación Nacional, es decir la zanahoria moral, tenía un sabor a tabula rasa en las voces de los representantes de la burguesía chilena y sus edecanes políticos. Era preciso olvidar lo antes posible los “tiempos turbulentos” del pasado – léase lucha de clases – y perdonar a quienes le sacaron las contumelias al pueblo; y aquellos pobres diablos, que no querían olvidar ni perdonar y además sostenían una posición crítica frente a la política reconciliadora de la Concertación de partidos por la Democracia, fueron calificados de extremistas, anacrónicos, rencorosos y locos.

Sirva como ejemplo la lucha inclaudicable de las “locas de la Plaza de Mayo” en Buenos Aires.
No fueron pocos los que creyeron en los cantos de sirena de los paladines del perdón y la absolución. Y los que cometieron los pecados, es decir los victimarios, jamás se arrepintieron de sus crímenes, mientras que muchas víctimas, en señal de perdón absoluto, dejaron ellas mismas de sentirse víctimas de la dictadura. Lamentablemente, éstas se tragaron el tallo y la raíz de la verdura en cuestión.

La República de Chile es hoy un Estado de Derecho, regido por un sistema de leyes e instituciones ordenado en torno a una constitución política vigente, concebida y aprobada por la dictadura militar del general Pinochet en 1980. Esto significa, que cualquier medida o acción que se tome en contra de algún ciudadano implicado en delitos de lesa humanidad, debe estar sujeta o ser referida a normas constitucionales, que en la práctica dificultan el ejercicio pleno de los derechos más fundamentales de los ciudadanos. El mejor ejemplo de lo que aquí se afirma, es el decreto de ley 2191 (ley de amnistía) dictado por la Junta Militar de Gobierno en 1978.

Que el Estado chileno reconozca oficialmente a nivel general que hubo víctimas de prisión y tortura durante el período comprendido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990, como consta en los respectivos informes de las dos comisiones señaladas, no constituye prueba alguna desde el punto de vista jurídico para condenar a un sujeto en particular, por la violación de los derechos humanos, puesto que esta potestad es función privativa de los Tribunales de Justicia de acuerdo a los artículos 76 y 77 de la Constitución Política. Son ellos – los jueces – los encargados de establecer la existencia del hecho concreto y la identidad del responsable o de los responsables. Dichos informes fueron más bien elaborados para tener un antecedente histórico para la discusión pública y para aliviar la pena de un pueblo vilipendiado.

Es decir, que en estos laberintos jurídicos bien hilvanados por la dictadura militar pinochetista, un juez cualquiera, actuando de buena fe y haciendo las de Fuente Ovejuna diría:…A Villa Grimaldi fui hacer mis averiguaciones para establecer las pruebas del cometido delito. Cincuenta y cinco militares he interrogado con la maestría de Baltazar Garzón y creed lo que os digo, todos en coro han respondido que “Villa Grimaldi” ha sido. Y os prometo que hasta el más raso y rasca de los milicos no tuvo a bien ni con halagos ni promesas señalar al presunto denunciado. Y pues que tan mal se acomoda el poder averiguarlo o lo perdonamos o condenamos a la Villa Grimaldi toda…

Y no voy a repetir aquí la sentencia del Rey Fernando de Aragón, pues ya supondrá el avezado lector que el acusado fue absuelto y Fuente Ovejuna siguió siendo una.

De los dolores crónicos de rabadilla del anónimo denunciante, causados por los “malos tratos” en la silla y en la parrilla de la Villa, nadie quiso hablar. El respetable señor juez hizo mutis por el foro argumentando la falta de precisión concluyente de los informes médicos y que todo le parecía ambiguo y tomando en cuenta que el ex paco negó haber estado en el compartimento estanco contiguo donde se aplicó tortura, el honorable juez para terminar de cocer el sancocho jurídico, se sacó de la toga magistral el artículo 488 del código penal y en virtud de su oficio público, absolvió al impúdico ex paco del delito ya relatado ante ese tribunal el día treinta y uno de diciembre de dos mil doce.

Lo aquí relatado podría parecer ficción o salido de la fantasía del escritor, no es así. Esa es la pura verdad. Por el contrario, creer que la justicia es ciega, desambigua y que la espada que cuelga de su mano derecha corta sin ver a quién, eso sí es una quimera.

En virtud del decreto de ley 2191 (Ley de Amnistía) de 1978 dictado por la Junta Militar presidida por Pinochet, los crímenes de lesa humanidad cometidos en Chile durante el período de gobierno militar entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990 siguen impunes. Ha transcurrido casi un cuarto de siglo y la ley de amnistía no ha sido derogada por ningún gobierno de la Concertación de Partidos de la Democracia y aunque hubo intentos de derogación o anulación, éstos nunca llegaron a concretarse debido a los vericuetos y andamiajes constitucionales. El artículo 65 de la Constitución Política, que estipula que las leyes sobre amnistía y sobre indultos generales sólo pueden tener origen en el Senado, frenó abruptamente esos laudables intentos. Esperar que la derecha chilena inicie o apruebe en el senado tales proyectos es como pedirle peras al olmo.

Para finalizar esta nota, quiero recordar un verso de Don José Hernández, puesto en la voz del Moreno, aquel payador criollo que a la pregunta de Martín Fierro en relación al concepto de ley, le contesta a su modo: “…La ley es tela de araña – en mi inorancia lo explico –. No la tema el hombre rico; nunca la tema el que mande; pues la ruempe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos…”

Cuando la Constitución Política y las leyes las impone el Capital, no se olvide nunca compañero, que no es para defender al pueblo. La República de Chile necesita una nueva Constitución Política democrática y popular. Sólo entonces, pienso yo, habrá justicia para todos. 


viernes, 4 de enero de 2013

Cuanto más rebelde el paciente, más fuerte doblan las campanas de la prensa mundial

Cuanto más rebelde la vida de una personalidad pública de cara al orden establecido, más fuerte doblan las campanas de la prensa mundial. Esto sucede en el caso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías.


“La lucha por el poder en el lecho de un enfermo”, así reza el artículo de la sección de política internacional del periódico local de mi ciudad. No pude evitar la comparación entre los reportajes periodísticos escritos en su momento acerca de la enfermedad de Fidel Castro – diverticulitis – diagnosticada en agosto del 2006 y el presunto sarcoma pélvico – tumor cancerígeno – del Presidente Hugo Chávez Frías. Más allá de las diferencias patológicas y etiológicas, así como el tratamiento clínico y el desarrollo de ambas enfermedades, la nota periodística referida lleva implícito el mensaje profético de la lucha por el poder político y el final poco venturoso del proceso revolucionario. Los periodistas del mainstream mediático parten del supuesto, tanto en el caso de la revolución socialista de Cuba como el de la revolución bolivariana, que con la “muerte anunciada del máximo líder”; ambos procesos están condenados, bien al fracaso, o a sufrir cambios sustanciales.

En el caso cubano, la pluma de los modernos Nostradamus reposa en los tinteros y guarda al acecho el debacle de la revolución cubana con el último hálito de vida del Comandante en Jefe. Aunque al parecer, salvo la extrema derecha anticastrista en Miami, son pocos los políticos y grupos de poder que creen a pie juntillas en el fin de la revolución.

Por el contrario, el futuro del “socialismo del siglo XXI”, a decir de las pitonisas y pitonisos a sueldo de la “gran prensa capitalista”, se ve más negro que el crudo en la cuenca de Falcón. Estos paladines del “gran capital” que al comparar uno a uno a ambos procesos sociales, confunden deliberadamente peras con manzanas.

La revolución bolivariana de Venezuela es por el contrario, un proceso social diferente al cubano, como diferentes son las enfermedades de sus correspondientes líderes. Las diferencias en cuanto a carácter y contenido de ambas revoluciones están plasmadas en las respectivas constituciones políticas nacionales aprobadas, en el caso cubano, por la Asamblea Nacional el 24 de febrero de 1976 y por la Asamblea Constituyente el 15 de diciembre de 1999 en el caso venezolano.

La revolución socialista de Cuba, guiándose en la filosofía de Jose Martí y en los conceptos científicos de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Lenin, se encuentra actualmente en la etapa de construcción del socialismo, cuyo objetivo final es la edificación de la sociedad comunista. El 24 de octubre y de acuerdo a la Ley No. 851 de 6 de julio de 1960, se expropiaron todas las empresas norteamericanas y en 1961, con la puesta en rigor de la segunda ley de reforma agraria, se completó el proyecto original de Reforma Agraria concebido en la Sierra Maestra. Es decir, que el nudo gordiano de la economía de mercado – capital privado-trabajo – lo rompió Fidel Alejandro Castro Ruz.

La revolución bolivariana de Venezuela por su parte, invocando la protección del Dios todopoderoso y siguiendo el ejemplo histórico del Libertador Simón Bolívar, aspira a “refundar la República” para establecer una sociedad democrática y participativa. Demás está resaltar la importancia del petróleo en la economía venezolana y desde la caída de la Unión Soviética, en la economía cubana. Pero es importante recordar que la nacionalización de ese rubro natural ocurrió en 1976 por decreto de ley durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez, cuando Hugo Chávez Frías era apenas un suboficial del ejército venezolano. Con este recordatorio político-económico no pretendo restar un ápice de importancia a la gestión del Presidente Chávez y la importancia de la revolución bolivariana en Latinoamérica, sino solamente enfatizar que en Venezuela, a pesar de la nacionalización de los recursos naturales y otros rubros, la contradicción fundamental de la economía capitalista todavía sigue vigente. Aquí radica la diferencia esencial entre ambas revoluciones.

No obstante, ambas revoluciones tienen en común el hecho que han sido las grandes mayorías populares las que han avalado democráticamente dichos procesos, los cuales están plasmados en ambas constituciones políticas.

Las mayorías populares en ninguna parte del mundo se insurreccionan y luchan por sus derechos civiles porque sus dirigentes sean astutos, inteligentes o posean una aura carismática, sino porque no soportan más la opresión, la humillación y la miseria. Una revolución socialista como la cubana o democrática popular en el caso venezolano, no se explica o justifica por lo que Fidel o Hugo hayan hecho o dejado de hacer, sino por el soporte de las masas populares. No pongo en duda la importancia nacional e internacional de estos dos líderes políticos, puesto que las masas populares necesitan dirigentes serios y honestos, que luchen por los intereses de los trabajadores y sobre todo necesitan creer y confiar en ellos. Pero la revolución no triunfa o fracasa por voluntad de dirigentes o de partidos políticos, sino por el papel preponderante que desempeñan las grandes mayorías populares, tanto en la toma del poder, como en la defensa de la revolución.

Es muy probable que la enfermedad de Hugo Chávez Frías le impida desempeñar en el futuro sus funciones presidenciales, cosa que no desearíamos que ocurriera, pero existe un gobierno democráticamente elegido por la mayoría del pueblo venezolano de acuerdo a los cánones electorales del capitalismo, lo cual es una garantía relativa de continuidad del proyecto histórico. Salvo que ocurriera un golpe de estado, dirigido y apoyado por los enemigos de la revolución bolivariana – los de afuera y los de adentro –, con la intención de abolir de un plumazo la Constitución Política vigente y retroceder las agujas del tiempo.

En todo caso, serán las mayorías populares y no las células cancerígenas quienes determinarán el futuro rumbo, carácter y contenido del socialismo del siglo XXI. Más allá de los deseos del mainstream mediático capitalista, será el pueblo venezolano quien defenderá o no los logros alcanzados por la revolución bolivariana.

¡Salud, Comandante! 

viernes, 28 de diciembre de 2012

Los versos agauchados de un huaso sin caballo


Los versos agauchados de un huaso sin caballo 


Al vaivén de la carreta de Atahualpa Yupanqui nació esta lamentación, compañero ponga atención, que aquí empiezan mis gauchadas con un recordatorio burlón, que la guerrilla en Matagalpa al yanqui ladrón derrotó. 

Y no te preguntes quien soy o si me conociste, escucha con atención la Milonga de Pepe Parra que te hará sentir más joven y tal vez más triste.

Y no crean los lectores que sólo de penas y llantos les hablaré en mi canto, pues de Martín El Gaucho aprendí que la vida es risa y llanto.

Pero no hay peor infortunio que olvidar lo que pasó. Brotan quejas de mi pecho como el agua en la cascada y no quiero darte un sermón, pues para eso no tengo labia, ni soy cura ni mormón.

Yo soy un rudo peón, que aprendió a hablar bonito y a rascar la guitarra cuando está contento y hay un buen ambiente y cuando se sube a la parra puede ser espada o machete. 

Con obstinación de burro y oído de artillero aprendí tres o cuatro acordes y no piensen que me apachurro si de cantar en público se trata y como no llego a jilguero, mejor recito coplas chilenas con rancheras mexicanas que no es mala combinación. De Facundo tengo lo cabriao y de Cafrune tuve la barba. Y no crean que de la voz hago alarde, pues no canto como Larralde.

La Primera que canté fue de Alí, pero no era el Stand by me de Cassius Clay. La crítica fue incisiva y contundente como si fuera un adoquín, casi clavo mi diente incisivo en la lona por el upper cut del teutón. Raquítico el arpegio, simple y con mucha falla sentenció el alemán. Un poco de Fair Play pensé, agarrándome de las cuerdas. Si queris ver a Joaquín Rodrigo o Manuel de Falla te vai mi-jor pa’otro lao gringo culiao, amenazó mi cuñao. 

El mate me gusta poco, pero eso es lo de menos. Un té de cedrón calientito, sólo cuando estoy enfermo. Un buen asado a la parrilla con una chuica de vino tinto oyendo al payador, ¡oiga que maravilla!

Cuando fui joven y fuerte, le hice empeño al aguardiente, pero sin caerme al ripio. Hoy que soy más viejo y más consecuente, abstemio soy por principio.

A las drogas y al tabaco siempre dije no. Fui pulcro y pavo real y me gustó siempre el perjume pa’ que no me oliera mal el sobaco. 

No soy paria ni patrón de fundo. No tengo patria alguna, vagabundo voy por el mundo recorriendo los continentes, buscando un lugar seguro donde poder descansar. 

La familia y los hijos son lo primero, eso ya lo dijo Federico, pero ahora les explico: mi madre parió cinco hijos, todos en intervalos, los hijos nacen pa’ ser libres y no pa’ sujetarlos. 

Mi mujer, compañera fiel y prolija, me hizo feliz y más hombre regalándome a mi hija, ojalá la vida no me sea ingrata y tener la dicha enorme de ser y sentirme tata. 

Hay muchos que son sementales y van poblando el mundo, si no tenés guita y galpón, lo mejor y más seguro y ojalá su Santidad no esté en contra, es usar condón. 

No fui tan garañón como el Mexicano, que tuvo cuatro vástagos con su mujer, yo me conformé con un solo retoño y aunque nunca fui el galán de la novela de Don Gregorio Marañón, en las lides del amor bisoño nunca fui. 

Soy fiel a mis amigos y aunque a más de alguno he ofendido, por mi tozudez o por soberbia, he extendido después compungido mi mano amiga otra vez. 

Errar es de los hombres y perdonar es lo más excelso, lo dice el Eclesiastés. Vanidad de vanidades dijo el sabio Salomón. Hay cosas que en ratos de ira cortan más que un cuchillo. Yo ya no soy chiquillo para no reconocer que no hay muestra de humildad más grande que la de pedir perdón. 

Los males que sufre el hombre los explico a mi manera, algunas veces acierto y otras veces por la impaciencia me pierdo, pero no voy por el mundo como veleta sin rumbo y sin compás, voy llenando y rellenando mi bitácora con la vida y con la ciencia. 

No creo en doctores ni en especialistas que van por allí pregonando que el mundo es digital. Aprendí bien en la escuela que digital viene de dedo y cinco sirven para contar. 

Aunque hay muchos que cuentan seis y creen estar restando, muchísimos los hay que no saben ni sumar. Perdona la simpleza de mi analogía, término que no viene de ano sino de comparación. Exceptuando a los galenos, no permitas que te metan nunca el dedo por detrás. 

No creí que el mundo se acabara de un plumazo o que estallara. Pero vaya el negociazo que hicieron con la muerte de la tierra, vendiéndola a los bobos en cartuchos de papel y celuloide. 

Transgénico el maíz, ¿con qué harán ahora sus tortillas los hijos de la cultura Maya? La pregunta es cojonuda por que cuestiona la raíz del problema y no piensen que soy panfletario, tengo talla suficiente pa’ tocarle a Don Monsanto las costillas y los callos. 

Y si con esta perorata de loro crees que te he dado lata, recuerda que a los indios los despojaron de su oro y de su plata. 

Y así despido yo este año que se acaba, confesando que he vivido más bien que mal. Nada nuevo esperaba ni mucho menos algo espectacular. Con la pluma hice lo que pude con cacumen y ya ni el pasado me abruma, estos versos que te escribo son tan sólo un resumen. 

De los achaques de vejez, que te puedo yo contar. Si eres viejo como yo, a lo mejor ya lo sabrás. Si eres joven y vital, goza la vida que ellos solos ya vendrán. 

Mal de muchos es de pendejos, un consuelo nada más. Toma los sabios consejos de los que están llegando a viejos, dice el dicho popular, pero no me puedo yo quejar y no estoy arrepentido de la forma en que he vivido. ¡La madre que me parió!

¡Feliz próspero año nuevo 2013 y procura aprovechar lo que la vida te ofrece!

lunes, 24 de diciembre de 2012

Cerca del amanecer...18 (último capítulo)

XXXIX. Muchas preguntas y pocas respuestas


Jesús, quien solía vestir una camiseta extra large con la imagen de Marcial, fue el primero en levantarse. Jorge se paró y se dirigió al corredor. Víctor, quien a la sazón se había transformado en su sombra, lo siguió.
– ¿Qué pensás? – preguntó Víctor.
– No puedo creerlo. ¡No puedo aceptar una declaración tan chapucera! – exclamó Jorge.
– Yo tampoco – dijo Víctor.
EI olor de algo que se quemaba los indujo a buscar en la oscuridad deI jardín. En un rincón encontraron a Jesús, quien con saña reducía a cenizas la camiseta blanca con la foto de Salvador Cayetano Carpio. Aunque aún estaba desnudo deI pecho, Jesús vestía ya la nueva camiseta. Un nuevo “retrato sagrado” pendía en la mente de aquel leal, valiente, abnegado y probado combatiente, pero desgraciadamente estrecho de criterio. Para él la cosa era bastante simple: ¡A rey muerto,…rey puesto!

Unas horas más tarde llegó Rodrigo, responsable deI grupo con nuevas instrucciones.
– Jesús, decíle a los compas que nos vamos a reunir – ordenó Rodrigo secamente.
Inmediatamente el grupo de hombres estaba reunido alrededor de la mesa, todos impacientes y ávidos por tener más noticias.
– Bien compas – comenzó Rodrigo diciendo. Seguramente ya están enterados de la declaración oficial deI Comité Central. EI Consejo Revolucionario declaró culpable a Marcial del asesinato de la compa Ana María...
– ¿Existen pruebas realmente? – preguntó Jorge.
– ¡Por supuesto! – exclamó Rodrigo.
– Pero en la declaración no se menciona ninguna – replicó Jorge.
– Deja que termine de hablar el compa – intervino Jesús.
– Marcial venía obstaculizando el trabajo unitario desde hacía mucho tiempo. Nuestro antiguo sectarismo impedía dar los saltos de calidad para la toma deI poder. EI Consejo Revolucionario ha demostrado la unidad ideológica en el seno de las FPL. AI interior de nuestro partido no existe más la lucha ideológica.
La perorata agitadora duró en total quince minutos. Jorge, quien había aprendido a sospechar de aquellos que se ahogan en dar explicaciones, levantó el dedo pidiendo la palabra.
– Mira Rodrigo. Yo pienso que a estos sucesos hay que darles la dimensión correcta. Me parece demasiado prematuro decir que en el partido ya no existe la lucha ideológica. Además, pareciera que hasta ahora ha sido Marcial el único obstáculo para la toma deI poder. Pienso que es importante precisar más en este asunto, pues a decir verdad a mí no me queda claro. En relación a las pruebas que tú dices que existen, lo único que puedo decir es que cuando asesinaron a Roque Dalton también se dijo que “había pruebas”, hoy todo el mundo sabe que él fue vilmente asesinado. Es fácil hablar de pruebas...
– ¡Pero estás dudando de las palabras del compa Rodrigo! – interpuso Jesús.
– ¿Y qué quieres que haga? Con la verdad no ofendo a nadie. Si cuestiono no es por falta de confianza, lo único que intento es entender esta mierda. ¿Quieres que acepte todo sin rechistar, aunque en el fondo no crea un carajo? Personalmente considero que lo más importante en estos momentos es conocer cuáles eran las diferencias ideológicas entre Marcial y los demás Comandantes. De lo contrario, me sería muy difícil pensar que él se estaba volviendo loco o que le tenía envidia a la compa Ana María. Yo no sé lo que ustedes piensan – dijo dirigiéndose a todo el grupo – pero pienso que es justo que se nos dé una explicación más coherente y sobre todo, más científica, pues de lo contrario, esto parece más que lucha ideológica un pleito de señoras de mercado...
EI grupo entero, salvo Jesús, estuvo de acuerdo en lo planteado por Jorge. A Rodrigo no le quedó otra alternativa que ceder.
– Voy a esperar a que lleguen los últimos lineamientos deI partido. En todo caso – advirtió en tono casi amenazante – cierto tipo de información sólo la manejan miembros y cuadros del partido...
Jorge comprendió el mensaje directo de Rodrigo. Por el hecho de no ser miembro, cierta información le estaría vedada.
– Jesús les entregará los documentos que tienen que estudiar – señaló Rodrigo, visiblemente  disgustado. Por el momento lo más importante es compenetrarse de los nuevos acuerdos tomados en el séptimo congreso. La lectura de otros libros déjenla para después.
– ¿Es una orden o una recomendación? – preguntó Jorge.
– Es una recomendación – respondió Rodrigo.

Los seis guerrilleros formaban un grupo heterogéneo. Desde el punto vista partidario estaban los miembros y los aspirantes a miembro.
Víctor, Gonzalo y Jorge eran aspirantes, mientras que “el Viejito”, Rogelio y Jesús tenían la calidad de miembro.
Para evitar futuros problemas, Víctor y Jorge dejaron de realizar las “lecturas comentadas”. Los nuevos acontecimientos motivaron que ambos estrecharan más los vínculos de amistad política sin violar las normas de compartimentación y seguridad.
Rodrigo había llegado a informar que, a partir de ese momento, como por arte de magia en las FPL ya no había más sectarismo ni dogmatismo. EI mea culpa, mea culpa, golpeaba el pecho de los antiguos pecadores.


El año de 1983 estaba finalizando y las noticias habían llenado las primeras páginas de la prensa internacional con todo tipo de comentarios sobre la revolución salvadoreña. Los últimos meses habían sido de triunfos en el campo de batalla. Las unidades guerrilleras del FMLN habían derrotado al ejército en las ciudades de Cinquera y Tenancingo. Esto significaba un avance cualitativo en el desarrollo del enfrentamiento militar. Los objetivos principales de ataque se estaban centrando en aquellos puntos donde el enemigo tenía aglutinada sus fuerzas estratégicas: Las ciudades.
La guerra revolucionaria en EI Salvador había pasado a una guerra de movimiento y de concentración de las fuerzas guerrilleras.

Pero el año 1983 no solamente reportaba victorias. Había sido un año también de muertes y asesinatos inútiles. Maurice Bishop y tres de sus ministros habían sido asesinados supuestamente en aras del marxismo-leninismo, la Comandante Ana María salvajemente mutilada en nombre de la revolución proletaria y socialista de EI Salvador, la misteriosa muerte del Comandante Marcial. Las muertes de Bernardo Torres, el Negro Hugo, Miguel Bonilla y Marianela García Vilas tenían para Jorge una connotación muy especial. Había trabajado con los cuatros. Con los dos primeros en el frente de guerra y con Miguel y Marianela en el trabajo político-diplomático.

La invasión de Grenada había que interpretarla como una advertencia, una amenaza de intervención en Centroamérica y el Caribe. Los Estados Unidos no estaban dispuestos a permitir una nueva Nicaragua en Centroamérica. Los revolucionarios salvadoreños, y sobre todo los dirigentes máximos de las FPL, estaban enfrentando uno de los momentos más importantes de su historia. La decisión tomada en el séptimo Congreso por la mayoría de los Comandantes y avalada por concejales adeptos e incondicionales a la nueva línea política, había provocado el cisma en las FPL, puesto que los combatientes del frente urbano Clara Elizabeth Ramírez se negaban a reconocer a la nueva dirigencia y a aceptar los acuerdos estratégicos acordados en ese Congreso.
Esta situación contribuía a que las tensiones internas se agudizaran.

– ¡Nos tomamos el Paraíso! – gritó exaltado Jorge saltando de la litera y corriendo a la sala donde los demás compañeros veían el programa de televisión.
El locutor de Radio Farabundo Martí anunciaba que cientos de armas de todo calibre habían sido recuperadas y se habían hecho más de doscientos prisioneros de guerra. Todos comenzaron a saltar de alegría. Como por encanto, se esfumaron las tensiones de las semanas anteriores.
– Esto significa que estamos más fuertes que nunca – exclamó Jesús en tono triunfalista. ¡Se dan cuenta lo que les decía!
Víctor y Jorge pensaron que se habían equivocado al pensar que los sucesos de abril habrían debilitado a las FPL. La voz del Comandante Dimas se escuchó en la radio. Gonzalo apagó la televisión y la imagen antipática del mejicano Raúl Velasco desapareció de la pantalla. EI Comandante leyó los datos preliminares del operativo militar. El comunicado hacía mucho énfasis en la unidad político-militar del FMLN. A pesar del discurso unitario, la acción fue reivindicada por las FPL, aunque el batallón Rafael Aguiñada Carranza de las FAL y el destacamento Luís Díaz del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) también habían participado en ella.

Había sido la primera gran acción conjunta de envergadura que el FMLN realizaba desde que había comenzado la guerra en 1981. La adjudicación por parte de las FPL del ataque exitoso al cuartel de El Paraíso sólo podía tener una explicación y ésta era política. A la luz de los últimos sucesos, la nueva dirección de las Fuerzas Populares de Liberación necesitaba reivindicar su fuerza político-militar, neutralizar de un tajo las dudas políticas de miembros y combatientes al interior de la organización y restarle importancia a la escisión sufrida con la rebeldía política del frente Clara Elizabeth Ramírez. Todo coincidía con la filosofía de "quien triunfa es el que tiene la razón".

EI treinta y uno de diciembre, cuatro días después de la toma de El Paraíso, la brigada Rafael Arce Zablah del Ejército Revolucionario deI Pueblo (ERP) destruía el puente Cuscatlán. EI nuevo año comenzaba con una ofensiva político-militar-diplomática deI FMLN/FDR. Los golpes militares de El Paraíso y el puente Cuscatlán fueron la antesala de la propuesta por parte de los revolucionarios salvadoreños de conformar un gobierno de amplia participación. Después de varios meses de intensa lucha ideológica, en la cual la muerte de Ana María, el suicidio de Salvador Cayetano Carpio y la división en las FPL no eran fenómenos ajenos y aislados, sino más bien la consecuencia directa de dicha lucha, el FMLN-FDR hacía público los nuevos objetivos estratégicos de la revolución salvadoreña. EI gobierno democrático-revolucionario (GDR) planteado en 1980 había quedado finalmente sepultado en el cementerio de la historia.

Después de la muerte del Comandante Marcial se dieron muchos cambios tácticos y estratégicos. A nivel de las estructuras militares de las FAPL desaparecieron las Unidades de Vanguardia que Jorge había visto crecer y desarrollarse y en su lugar se crearon otras estructuras militares parecidas, pero aquellas unidades del campamento de El Candelero que Oscar Arnoldo Dueñas, el comandante Bernardo Torres había dirigido y arengado en los finales de diciembre de 1982, ya no existían. Solamente el desarrollo futuro de la guerra demostraría sí los cambios efectuados facilitarían la toma del poder o postergarían para un futuro incierto el triunfo de la revolución popular salvadoreña. Había que tener conocimientos de estrategia militar para comprender que estas reestructuraciones de las unidades militares no eran arbitrarias, sino que correspondían a una necesidad político-militar. Las Unidades de Vanguardia históricas que habían sido la columna vertebral del primer batallón guerrillero José Dimas Alas, eran cien por cierto marcialistas, hecho que Jorge había comprobado personalmente por su estrecha relación con la tropa. La estrategia política del emperador romano Julio Cesar de “divide y vencerás” también la conocían los jóvenes comandantes de las FPL. Al disgregar las Unidades de Vanguardia, rompieron la unidad político-ideológica de las mismas y con ello neutralizaron la influencia ideológica de Marcial en la tropa.

EI gobierno de amplia participación, conocido como GAP, en cuanto a su forma y contenido no presuponía la toma del poder ni cuestionaba el poder burgués sino más bien era el instrumento que permitiría, al menos teóricamente, la participación de los revolucionarios en un sistema legislativo democrático-burgués. Esto de por sí, significaba un cambio radical en cuanto al carácter de la revolución salvadoreña...
Los días transcurrían monótonos. EI único contacto que tenían con el exterior era la radio, la televisión y los periódicos que les llevaban diariamente.

La llegada repentina de Rodrigo y el Comandante Oscar sorprendió a los guerrilleros.
– ¿Cómo están? – preguntó el jefe guerrillero.
– Con ganas de entrar al frente – respondió Gonzalo.
– Tengan paciencia – dijo Oscar. Ya se van a ir. Tengo entendido que ya estudiaron el documento del GAP...
–Más o menos – respondió Alberto, el “Viejito”.
– ¿Cómo así? ¡Ninguno de ustedes puede entrar al frente si no está compenetrado del contenido programático del GAP! – advirtió el Comandante.
– Todavía  no hemos discutido el documento – intervino Jesús.
– Pero yo te dije que lo estudiaran – reparó inmediatamente Rodrigo.
– Bueno. Como yo no sé nada de marxismo ni de cuestiones económicas, ustedes me van a explicar lo que significa el GAP – dijo Oscar percatándose de la mirada incrédula de Jorge.
Víctor miró de reojo a Jorge sin ocultar una sonrisa.
EI comandante se vio obligado a dar explicaciones innecesarias, pero que hacían resaltar su falta de formación marxista.
– Yo hace poco que aprendí a escribir. Mirá mi letra – dijo –, mostrando su cuaderno a Jorge.
Oscar enfatizaba mucho su condición de campesino semianalfabeto y eso tenía ventajas y desventajas. La modestia y la humildad del joven comandante causaron gran admiración. Ciertamente no todos los comandantes poseían esas cualidades. El desconocer la teoría marxista de desarrollo de la sociedad lo colocaba en una situación de debilidad político-ideológica, sobre todo en los combates de las ideas, de los conceptos; esa situación lo hacía vulnerable en la lucha ideológica. Sus méritos militares eran incuestionables, así como su amor y lealtad al pueblo. Oscar no era un caso aislado en las FPL. Precisamente el raquitismo ideológico, el menosprecio por la teoría y la fe ciega en los altos dirigentes eran el talón de Aquiles de las Fuerzas Populares de Liberación. Por eso habían perdido la lucha ideológica frente al partido comunista salvadoreño. Los combates ideológicos se ganan siempre por la solidez y coherencia de los argumentos, por el conocimiento de la historia y sobre todas las cosas con la verdad. No era suficiente con los miembros versados y duchos en economía-política y marxismo-leninismo, como era el caso de los comandantes Valentín Quinteros o Salvador Guerra del Comité Central y la Comisión Política, la membresía en general tenía que estar impregnada de la ideología marxista-leninista y eso sólo se podía lograr a través del fortalecimiento de las estructuras partidarias, es decir, la construcción del partido comunista de las FPL. Justamente ese desarrollo había sido bloqueado sistemáticamente y explicaba la falta de atención partidaria a miembros, aspirantes y simpatizantes. ¿Cómo era posible que en dos años Jorge no hubiera tenido atención política organizada? Él no era un caso aislado ni la excepción de la regla.
Jesús comenzó a leer el documento.
– ¿Qué fuerzas van a participar en el GAP? – preguntó Gonzalo.
– ¿Quién puede responderle? – preguntó Oscar asumiendo el rol de moderador imparcial.
Víctor levantó el dedo.
– Como se trata de un gobierno de amplia participación, – señaló – estarán todas las fuerzas antiimperialistas y anti oligárquicas...
– Excluyendo naturalmente a las fuerzas de ultraderecha y a los militares que hayan cometido crímenes contra el pueblo – agregó Jesús.
– ¿Están de acuerdo? – preguntó Oscar.
Los guerrilleros afirmaron con la cabeza.
– ¿Qué pasaría hipotéticamente si nosotros derrotaramos al ejército mañana y tomaramos el poder? ¿Qué tipo de gobierno instauraríamos al día siguiente? – preguntó Víctor.
– EI GAP – respondió ágilmente Jesús.
– Yo pienso que no – intervino Alberto. Creo que en ese caso el carácter y contenido del nuevo gobierno tendría que ser otro...
– ¿Ustedes qué piensan? – preguntó nuevamente el comandante abiertamente satisfecho por la situación cómoda que le brindaba la moderación.
– En ese caso – intervino Jorge, la forma podría ser la misma, es decir un pluralismo político, pero el carácter y contenido tendría que ser otro. En eso estoy de acuerdo con Alberto.
– La propuesta del GAP es un planteamiento serio del FDR/FMLN y por lo tanto, el gobierno que tendríamos sería el mismo GAP – manifestó Oscar.
– ¿Cuál es el contenido programático del GAP? – preguntó Jorge dirigiéndose directamente al comandante.
– Es el mismo del gobierno democrático revolucionario (GDR) – respondió despreocupado.
– Disculpe, camarada. ¿Quiere decir que sólo se trata de un cambio de letras?
– En el fondo es lo mismo. Lo único que en el GAP se trata de ampliar la base social, pero los objetivos siguen siendo los mismos – comentó el comandante.
– De acuerdo. Pero las alianzas se dan en torno a intereses concretos, es decir, planteamientos político-económicos e ideológicos. ¿O no?
– Lo que pasa es que antes éramos muy sectarios y no comprendíamos que había sectores de la burguesía no-oligárquica que también están por el progreso.
– En el GAP se señala que los militares patriotas y honestos tendrán un espacio en el gobierno, además que se formará un sólo ejército. ¿Nos podrías explicar eso? – pregunto Víctor.
– Antes nosotros pensábamos que todos los militares eran iguales. Hasta que nos dimos cuenta que entre ellos hay también oficiales patriotas que quieren la justicia social y el bienestar de los pobres...
– Disculpe nuevamente compañero – interrumpió Jorge. Yo tenía entendido que la organización nunca descartó la posibilidad de participación de oficiales dentro de las estructuras revolucionarias, siempre y cuando ésta fuera un acto individual. Yo más bien pienso que la organización siempre se negó a la participación de los militares como institución. Y aquí lo que se está planteando es la participación de las Fuerzas Armadas como institución...
– No les digo, pues. Antes éramos sectarios – insistió el comandante.
– ¿Y quién va a depurar al ejército? – preguntó Víctor.
– ¿Y cuál será el carácter y contenido de ese nuevo ejército? – preguntó Jorge,
– ¿Y qué intereses político-económicos va a defender? – preguntó Alberto.
– Las mismas Fuerzas Armadas tendrán que depurarse – respondió el jefe guerrillero acosado de preguntas.
Los guerrilleros miraron un poco incrédulos a Oscar. Era realmente muy difícil hacerse la idea de una autodepuración por parte deI ejército reaccionario. Era evidente que no todos los oficiales eran asesinos ni rabiosos anticomunistas, pero el contenido ideológico de las Fuerzas Armadas salvadoreñas seguía siendo antipopular y represivo. Ni diez Prats[1] ni cien Velasco[2] podían purificar el instrumento de poder de la burguesía y el capital internacional.

Cuatro años habían transcurrido desde que los oficiales patriotas salvadoreños habían derrotado al general Carlos Humberto Romero y establecido una Junta Cívico-militar. Un sector deI ejército, encabezado por el coronel Majano y Abdul Gutiérrez, sectores de la pequeña y mediana empresa y los jesuitas de la Universidad Católica conformaron el nuevo gobierno. EI golpe de estado había sido concebido como un instrumento para detener la “nicaragüizacion” de la revolución salvadoreña. Bajo un manto democrático y pluralista se había pretendido mediatizar el carácter popular y anticapitalista de la lucha de clases en EI Salvador. Fue tan amplio el grado de pluralismo político que el titular de la cartera ministerial de trabajo fue el Dr. Gabriel Gallegos Valdés, viejo militante comunista, dirigente estudiantil y compañero de andanzas de Schafik Handal. Además, por decreto de ley, la Junta Revolucionaria de Gobierno acordó en noviembre de 1979 disolver la organización paramilitar oficialista denominada ORDEN. Incluso se “atrevió” a tocarle los huevos al tigre oligárquico guanaco, decretando leyes que regulaban a) la reforma agraria; b) la nacionalización de la banca privada; y c) la nacionalización del comercio exterior.

La reforma agraria que de acuerdo con la proclama de las Fuerzas Armadas del 16 de octubre de 1979, estaba dirigida a realizar una justa distribución de la riqueza y al mismo tiempo lograr un incremento del producto nacional bruto, fue planeada para desarrollarse en varias etapas, mediante sucesivos decretos que irían reglamentando el proceso paso a paso. En ese momento saltaron los señores oligarcas cafetaleros y dijeron: ! Eso sí que no!

La propiedad privada sobre la tierra es el patrimonio exclusivo de la oligarquía salvadoreña y mientras los grandes latifundios pertenezcan a la clase dominante en El Salvador, no habrá una verdadera reforma agraria en el Pulgarcito de América y si no hay una distribución justa y equitativa de las tierras fértiles en el país, jamás habrá paz, justicia y trabajo.

Noventa días duró la famosa Junta Revolucionaria de Gobierno que soñó con hacer la revolución pacífica en El Salvador y tuvo la ilusión de humanizar el capitalismo oligárquico salvadoreño.

EI problema en EI Salvador seguía siendo de correlación de fuerzas y no de deseos o buenas voluntades.
En Nicaragua en cambio, los Estados Unidos se vieron obligados a negociar debido a la fuerza popular que apoyaba al frente sandinista.

Los dirigentes revolucionarios salvadoreños se ahogaban en el inmenso mar de las contradicciones secundarias de la clase dominante. Ciertamente, el dueño de una fábrica de calcetines de nylon tenía que competir con la poderosa oligarquía salvadoreña. ¿Pero cómo movilizar a los Samour, a los Kury, a los Freund, Sarti, Schwartz, Sagrera, Veciana, Comte, Simán y demás industriaIes salvadoreños? ¿Cómo movilizar a los pequeños y medianos empresarios? ¿Cómo movilizar a los pequeños y medianos agricultores? ¿Hablándoles tal vez deI amor y de la justicia social? ¿Persuadiéndolos quizá a prescindir de opíparas ganancias? ¿Seduciéndolos a lo mejor a repartir los beneficios comerciales cristianamente? ¿Convenciéndolos tal vez que el socialismo es el destino irremediable de la humanidad? ¿Hablándoles de la teoría de la liberación? ¿Prometiéndoles el respeto a la propiedad privada de la tierra? ¿Garantizándoles un mercado Libre? ¿Fomentando la industria con dineros deI Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial? ¿Jurándoles que el nuevo ejército sería la garantía de la libre empresa y la economía de mercado?
Para ganarse la confianza de los sectores patrióticos y democráticos deI ejército, de la pequeña burguesía y gran burguesía no oligárquica era menester cambiar el contenido y el carácter de la revolución salvadoreña. Esa era la única forma de hacer alianzas con esas fuerzas. Y eso era precisamente lo que reflejaba diáfanamente la plataforma deI Gobierno de Amplia Participación.

¿Dejará algún día el capitalismo de ser un sistema social injusto, basado en la violencia, sólo por tener como presidente a un ex guerrillero y a comandantes como diputados?

¿Había valido la pena tanta muerte, tanta destrucción, tanta tristeza, tantos hogares destruidos, para plantear al final un gobierno democrático-burgués? ¿Qué había pasado? ¿Por qué el cambio?
La respuesta había que encontrarla en las filas revolucionarias y en los intereses políticos e ideológicos nacionales e internacionales. La momia de Tutankamón parecía un retoño comparado con el fantasma de la burguesía nacional salvadoreña que en forma prosaica se escondía tras el velo sutil de la burguesía “no-oligárquica”. Parecía que la rueda de la historia había girado en dirección contraria. La máquina deI tiempo había trasladado a la sociedad salvadoreña al África, Asia, México y al Cono Sur de los años sesenta. ¿Dónde habían aprendido esto las FPL? ¿Quién había sido el maestro?

EI viejo pregón comunista de caminar juntos con un sector de la burguesía anti-oligárquica y anti-imperialista se escuchaba en todos los rincones. EI canto mágico había penetrado los oídos vírgenes de los jóvenes comandantes. La confianza ciega en los amigos les había mutilado el pensamiento. La irresistible melodía había derretido la débil cera ideológica de algunos comandantes.
¿O quizás la fidelidad a la causa revolucionaria deI pueblo salvadoreño era una patología gerontológica? ¿Sería tal vez una desviación ideológica negar la coexistencia pacífica de clases? ¿Sería dogmatismo creer en la fuerza deI pueblo? ¿O sería cosa de dementes defender la autonomía política de la revolución salvadoreña?

Rodrigo iba y venía. Siempre se le recibía con preguntas y más preguntas. Interrogantes a las que él no tenía respuesta y quizás tampoco sus superiores las tenían. Y así fue pasando el tiempo y llegaron a octubre de 1984. Casi un año habían pasado juntos los seis guerrilleros, viviendo intensamente la lucha ideológica que fue aumentando en la medida en que la información se iba haciendo poca, contradictoria y magra. A la luz de los hechos, los sucesos de abril de 1983 eran un tema demasiado complicado y delicado. Parecía que todos los dirigentes se esforzaban por olvidar cuanto antes el tema Marcial. Represión de sentimientos o amnesia colectiva, dirían los sicoanalistas, sobre todo en el caso de los comandantes de más alto nivel en las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí. Eran ellos los que estaban directamente implicados en uno de los pasajes más oscuros de la revolución latinoamericana. Ellos habían asumido la responsabilidad histórica de acusar a Salvador Cayetano Carpio, voluntariamente o condicionados por la situación política nacional e internacional. No era la primera vez en la historia que se acusaba y condenaba sin prueba alguna a un revolucionario. Pero las verdades históricas cambian según las épocas y las necesidades. Lo único que no cambia es el derecho de los pueblos y los revolucionarios a conocer la verdad. Algún día se sabrá quién mató a Roque, por qué se suicidó Marcial, por qué la revolución salvadoreña cambió de rumbo...

Lo único que se había comprobado era la implicación directa de Marcelo. Raúl Bazzaglia, conocido por su nombre de guerra Marcelo, había confesado ser el autor intelectual deI crimen de Managua. Este engendro nacido deI propio vientre de las FPL, había dado la orden de ejecutar a Mélida Anaya Montes, comandante Ana María. Los comandos que ejecutaron la acción lo habían hecho con la convicción de que con eso le hacían un bien a la revolución salvadoreña. La confianza ciega en los jefes, la lealtad enfermiza y la incapacidad de analizar los fenómenos político-ideológicos con criterio propio los había conducido a cometer uno de los crímenes más horrendos en la historia de las revoluciones. Pobres campesinos, humildes y sumisos, pobres proletarios trogloditas que sin saberlo habían cambiado el curso de la revolución. No eran ellos los verdaderos culpables, eran otros, aquellos que con sus prédicas moralistas de “proletarizaciones en masa”, aquellos que valiéndose de la guerra, habían convertido la obediencia y sumisión en los valores más altos del revolucionario, aquellos que paralizaban el pensamiento con sermones paternalistas, aquellos que habían creado los zombis de la revolución, ellos eran los verdaderos culpables. La mística y el misticismo de los comandantes y del mismo Marcial habían sustituido a la lucha ideológica en las FPL.


– Compas. A petición de Víctor hemos convocado esta reunión – dijo Rogelio. Todos conocemos los problemas que hay entre Jesús y Jorge. Pienso que de una u otra forma todos estamos implicados, entonces lo mejor es que busquemos una solución colectiva.
– Pienso que el mejor método para tratar el asunto es que cada uno exponga sus puntos de vista – comentó Víctor.
– Me parece bien – intervino Jorge.
– Yo también estoy de acuerdo – dijo Jesús.
– Si querés comenzá vos – dijo Rogelio dirigiéndose a Jesús.
– Está bien. Yo es poco lo que tengo que decir. Me parece que el compa tiene que proletarizarse más. Sus debilidades pequeñoburguesas trata de justificarlas con la teoría.
– ¿Eso es todo? – preguntó Rogelio.
– Si, si – respondió Jesús.
– ¿Y vos Jorge?
– En los últimos días he meditado mucho a cerca de las disputas con Jesús. Algunas cosas han sido producto de malos entendidos, otras debido a prejuicios por parte mía y de Jesús, pero hay cosas que si son de fondo. EI hecho mismo de estar encerrados aquí desde hace varios meses ha generado un ambiente emocional que no es normal ni sano, y si a esto le añadimos los problemas internos deI partido, es una suerte que aún estemos cuerdos. Más allá de las neurosis, creo que entre Jesús y yo hay problemas ideológicos más profundos...
– Podrías detallar un poco más – sugirió Gonzalo.
– Claro. Yo pienso que Jesús tiene un concepto equivocado de lo que significa ser proletario o ser revolucionario. Para él la proletarización se limita puramente a lo formal, sin comprender que ante todo la proletarización es un proceso de desarrollo ideológico…
– Lo que pasa es que Jorge es muy indisciplinado y no acata las orientaciones deI partido – señaló Jesús.
– ¿Soy indisciplinado porque no acepto todo lo que nos dicen? ¿Cómo es posible que Rodrigo nos quiera convencer que todo sigue igual? Después de todo lo que ha pasado en los últimos meses...
– ¿Pero eso significa que no tenés confianza en la dirección? – preguntó Jesús.
– No sé cómo asimilaron ustedes el asesinato de Ana María. A mí en lo personal me ha hecho reflexionar mucho. AI principio creímos que se trataba de la CIA, después nos dijeron que habían sido agentes infiltrados y por último que fue Marcial el autor intelectual deI crimen. Creer eso nada más por acto de fe o de fidelidad a los comandantes, sin tener pruebas concretas de la participación de Marcial…
– ¡Claro que hay pruebas! – volvió a intervenir Jesús.
– Y si las hay, ¿por qué razón nos las ocultan?  ¿Por qué no nos dicen la verdad? ¿No te parece que sería mejor? Creo Jesús que ni tú mismo conoces la verdad...
– Esa información es compartimentada – señaló Jesús.
– Compartimentada, ¿para quién? ¿Para los que no somos miembros? ¿O hay que ser primero proletario para tener acceso a la verdad? Tú hablaste de desconfianza Jesús, ¿no será tal vez que la dirección tiene desconfianza en la militancia?
– Prácticamente estás poniendo en duda a todo el Consejo Revolucionario, nuestro máximo organismo de dirección – comentó de nuevo Jesús.
– Mira, Jesús. En casos tan delicados como los sucesos de abril es necesaria una explicación más científica y coherente. Hasta el momento no nos han dicho cuál era la desviación ideológica. ¿Cuáles eran las diferencias entre Marcial y Ana María? ¿0 tal vez piensan que no lo vamos a comprender?
– A lo mejor Rodrigo tampoco tiene mayor información – comentó Víctor.
– Quizás tengas razón. En ese caso debería ser más sincero y decirnos que tampoco él está enterado…
– Yo pienso que la actitud de Jorge es típica de los intelectuales. Siempre quieren una explicación para todo – comento Jesús.
– Por favor Jesús, ¿vamos a seguir con el mismo tema de los intelectuales pequeñoburgueses? ¿Quién te ha dicho a ti que preguntar y discutir es cosa de intelectuales? ¿0 piensas tú que por ser intelectual no corro el mismo riesgo de morir en la guerra que un proletario? Tú y yo estamos en las mismas condiciones. La diferencia entre tú y yo, es que tú dices si a todo y yo no...
– Ustedes sólo son teorías...
– Yo aceptaría tú crítica si estuviera tranquilo en mi casa con mi familia, recostado en un sillón elaborando estrategias, pero estoy donde tú estás, como lo mismo y deseo volver al frente como tú. Lo único que yo exijo es más claridad, más sinceridad. ¡Quiero saber por qué y por quién estoy luchando! Eso es todo...
– Creo que en eso Jorge tiene razón – comentó Víctor.
– Yo también pienso lo mismo – agregó Gonzalo.
– ¿Por qué no le planteamos a Rodrigo nuevamente nuestras inquietudes? – pregunto Víctor.
– Si todos están de acuerdo. Yo no tengo ninguna objeción – dijo Rogelio anotando algo en su libreta.
La discusión había concluido y para siempre. Nunca más se volvería a tocar el tema. Jorge había comprendido que a esas alturas ya no tenía sentido seguir discutiendo. Habían caído en un círculo vicioso.


Jesús fue el primero en regresar al frente de guerra. Todos estaban contentos y entusiasmados pues pronto se marcharían. Con la salida de Jesús, Rogelio quedó como responsable deI grupo. Jorge lo había conocido en Guazapa. Rogelio era de extracción campesina. Tenía modales suaves y era muy respetuoso y educado. Rogelio representaba el tipo de combatiente abnegado y fiel, pero no era dogmático y participaba en las discusiones. Mucho tiempo había tardado en sanarIe la herida en el muslo. De no haber sido por la operación urgente a que fue sometido hubiera perdido la pierna. Accidentalmente había sido herido por una escuadra guerrillera que lo confundió con un soldado enemigo. EI mando guerrillero había autorizado la salida de Rogelio para que se curara en el extranjero. Una parte de la columna que lo acompañaba había cruzado la calle asfaltada que une la ciudad de San Martín con Suchitoto. El lugar escogido era sumamente peligroso. Dos compañeros transportaban a Rogelio en una hamaca. Marianela García Villas, candidata al premio Nobel de la paz se encontraba también en la columna. Días antes había entrado en calidad de Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de EI Salvador, a investigar los atropellos constantes que sufría la población civil de Guazapa por parte del ejército salvadoreño. De pronto una lluvia de balas cayó sobre los guerrilleros que atravesaban en esos momentos la carretera. AI escuchar las ráfagas los que transportaban a Rogelio salieron huyendo, dejándolo solo y a merced de su suerte. Después de la emboscada el enemigo realizó un rastreo en la zona de combate. Unos soldados se acercaron al lugar donde estaba oculto Rogelio. Afortunadamente no lo encontraron. En la noche se arrastró como pudo y con gran esfuerzo logró alejarse de la calle.
Las voces que se aproximaban cada vez más despertaron sus esperanzas, pues a esas horas solamente los guerrilleros transitaban por esos lugares. La pierna le sangraba mucho y el dolor era insoportable. Una patrulla guerrillera había salido en busca de sobrevivientes. Rogelio fue trasladado nuevamente al hospital deI frente. Marianela García Villas había caído abatida por las balas. Una de las mujeres más valientes y ejemplares de EI Salvador, había muerto buscando más evidencias y pruebas del genocidio a que estaba siendo sometido el pueblo salvadoreño. Marianela no alcanzó a presentar sus pruebas en Nueva York ni en Ginebra, pero su espíritu y personalidad se gravaron en la memoria histórica del pueblo y siguieron recorriendo los pasillos de las Naciones Unidas.


Los guerrilleros se preparaban para entrar al frente. Solamente había que esperar la celebración de una reunión ampliada para emprender el regreso. La noticia deI ataque a la presa hidroeléctrica deI Cerrón Grande el 28 de junio les levantó más el espíritu combativo. Días más tarde Jorge se enteraría de la muerte de Manuelón. Había caído cuando intentaba tomar una trinchera por asalto. Un proyectil se interpuso en su camino. Manuelón había sellado su destino con la sonrisa de niño y la fuerza de un tigre. De todos los compañeros que Jorge había aprendido a querer, ya no quedaba ninguno.
A pesar de las capuchas, Jorge reconoció a los comandantes Valentín y Alejandro. Ellos se encargarían de explicarles la nueva línea política de las FPL aprobada por el séptimo Consejo Revolucionario.
– ¡Buenos días compas!
– ¡Buenos días!
– Reciban de parte del Comité Central de las FPL un saludo revolucionario – habló el comandante Valentín. En el marco de las batallas definitivas que se aproximan y con el espíritu combativo que siempre ha caracterizado a nuestro partido les damos la bienvenida. Nuestra dirigencia ha considerado de suma importancia que todos ustedes se compenetren de los nuevos lineamientos. Es importante que toda la militancia se empape de la línea estratégica. Muchos de ustedes ingresarán dentro de poco al país. Nadie puede entrar si no domina nuestra línea, sobre todo ahora que el imperialismo ha lanzado una campaña de desprestigio en contra de las FPL. Esperamos pues, que planteen sus inquietudes abiertamente.
"...el análisis marxista de la sociedad permite a los revolucionarios elaborar una estrategia revolucionaria....el medio fundamental de lucha continua siendo la lucha armada…”
– ¿Quiere decir compa que aún continuamos con la estrategia de guerra popular prolongada? – preguntó uno de los guerrilleros.
– ¡Por supuesto que sí! – respondió Valentín. La única diferencia es que actualmente nos encontramos en una fase superior de la guerra, la que denominamos Guerra Popular Revolucionaria. Nuestra meta continúa siendo la construcción del socialismo.
– Camarada. ¿Cuál es el carácter y contenido deI GAP? – preguntó Jorge.
– EI carácter es de transición y el contenido está determinado por los intereses de las fuerzas políticas y económicas que participen en el gobierno. En una palabra, el GAP es anti-oligárquico y anti-imperialista...
– ¿Quiere decir entonces que la plataforma programática responde a las necesidades de la burguesía no-oligárquica, la pequeña burguesía y sectores populares? – preguntó de nuevo Jorge.
– Así es…
– Entonces la etapa de desarrollo o de transición al socialismo que define el GAP será burguesa-democrática-nacionalista – subrayó Jorge.
– Bueno. No tanto como burguesa, pues en el gobierno ninguna fuerza tendrá la hegemonía – señaló el comandante Valentín.
– Disculpe camarada, que vuelva a insistir, pero tengo entendido que las transformaciones político-económicas en el marco democrático-burgués no van más allá del marco de las relaciones socio-económicas del sistema capitalista…
– Sí. Así es…
– ¿Podemos concluir entonces que la guerra popular revolucionaria la estamos desarrollando e impulsando para lograr objetivos democrático-burgueses? Y, si es así, entonces nuestra revolución es una revolución democrático-burguesa. ¿O estoy equivocado con mí apreciación?
– Bueno. Ese tema es mucho más complejo y delicado. Y no tenemos tanto tiempo para extendernos y hay otros temas que también queremos conversar con ustedes….
Jorge sabía que no estaba equivocado con su análisis. El carácter y contenido de la revolución salvadoreña había cambiado. Para quien había leído o estudiado “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática” de Lenin, no era difícil llegar a la conclusión que en la revolución salvadoreña se habían impuesto los planteamientos estratégicos de lucha del partido comunista salvadoreño en la revolución salvadoreña. Las FPL habían regresado al vientre materno, al hogar que habían abandonado en 1969.
Aunque Jorge entendía que las tareas democrático-burguesas eran necesarias para crear las condiciones objetivas y subjetivas para la revolución socialista-democrática, también sabía que la oligarquía salvadoreña no era la dinastía Romanov y que El Salvador no era la Rusia zarista de principios del siglo XX y que además, las contradicciones entre la llamada burguesía no-oligárquica no eran tales como para enfrentarlas en el marco de una “revolución democrático-burguesa”. En El Salvador no existía más el feudalismo y el vasallaje. Las relaciones de producción fundamentales dominantes en la sociedad eran las capitalistas.

La oligarquía salvadoreña no estaba defendiendo en 1984 el feudalismo, eso lo hizo en 1932 cuando ordenó la masacre de más de treinta mil campesinos salvadoreños. La oligarquía salvadoreña estaba defendiendo sus intereses capitalistas. No era necesario ser especialista en macroeconomía ni siquiera marxista para saber que la contradicción fundamental en El Salvador seguía siendo: capital-trabajo; solamente había que saber leer y tomar los antiguos libros de texto de economía-política que circulaban en las áreas comunes de la Universidad Nacional en los albores de la lucha armada, para enterarse que la oligarquía salvadoreña es la clase económica dominante que controla en su totalidad el modelo capitalista de producción. ¿Habían olvidado los jóvenes comandantes aquellas lecciones?

Con una sutil finta protocolaria evadió el comandante Valentín contestar en detalle la pregunta de Jorge, y rápidamente comenzó a explicar la estrategia del diálogo y la negociación, que era el tema actual. Precisamente en la ciudad de La Palma, departamento de Chalatenango, el 15 de octubre se había realizado el primer encuentro entre el gobierno salvadoreño presidido por el ingeniero José Napoleón Duarte y representantes de la guerrilla y el Frente Democrático Revolucionario (FDR).

Los dirigentes revolucionarios salvadoreños habían optado por la estrategia de utilizar la fuerza militar como instrumento de presión político-diplomática. Toda propuesta político-diplomática del FMLN con carácter público, estaba siempre acompañada de una ofensiva guerrillera previa, de mayor o menor envergadura, parcial o general, en dependencia del peso y carácter del ofrecimiento. Es decir, que la estrategia militar no apuntaba realmente a romper la resistencia militar del enemigo, sino propiciar un marco favorable para la consecución de los lineamientos estratégicos deI diálogo y la negociación. El objetivo estratégico político-militar a mediano y largo plazo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional era la negociación del fin de la guerra y no la búsqueda de la paz a través de la justicia social y económica de la sociedad salvadoreña. El bienestar político, social, económico y cultural de las grandes mayorías o el mejoramiento de las condiciones materiales y espirituales de la sociedad salvadoreña – precisamente para alcanzar esos objetivos es que se hacen las revoluciones sociales – quedaría en manos de una gran alianza democrático-burguesa.

La cruzada por la “paz”, es decir el fin de la guerra, marchaba a mil revoluciones por minuto. Y no se trataba de que Jorge estuviera en desacuerdo con el diálogo y la negociación. Entendía claramente que era muy importante luchar también en ese espacio. Lo que no le parecía correcto era que la “guerra civil” se había transformado en el tema principal de discusión y negociación. Parecía que el FMLN estaba tratando de solucionar las consecuencias y no las causas que dieron origen a la guerra. Planteadas así las cosas, parecía que la guerra era la causa de la crisis, política y económica de El Salvador. Sin duda alguna la guerra era una constante que agudizaba esa situación y la población civil, léase la clase trabajadora y los sectores populares tampoco la querían, pero el conflicto armado no era el origen de los problemas. Decir que la “guerra civil” era la causante de todos los males que sufría El Salvador, no solo era una falacia, sino demagogia. Ahora solamente había que esperar el desarrollo de los futuros acontecimientos en EI Salvador y Centroamérica.
Jorge no hizo más preguntas, sabiendo que las respuestas no satisfacían sus inquietudes ni sus preocupaciones. Había entendido muy bien el mensaje del Comité Central de las Fuerzas Populares de Liberación y comprobó lo que el 9 diciembre de 1983 había intuido: De las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, fundadas el primero de abril de 1970 por Salvador Cayetano Carpio solamente quedaban las cinco letras, el resto estaba muerto.

En esos momentos, Jorge recordó las bromas de Lencho y German en la montaña y constataba ahora que no habían sido chascarrillos entre viejos conocidos, sino la proyección estratégica del FMLN que cada día se concretizaba más. Ahora creía hasta en la posibilidad real y concreta de ver muy pronto al Dr. Rubén Zamora o cualquier otro civil demócrata como presidente de un gobierno de amplia participación.

¿Estaba él dispuesto a arriesgar su vida para que en un futuro cercano, en el marco de una democracia-burguesa se pudiera elegir a un ex guerrillero como alcalde o diputado en elecciones libres?

Jorge sabía lo que tenía que hacer y lo que no debía hacer con su vida en el futuro. Él, que no había sido más que un peón en el tablero de la revolución salvadoreña por libre albedrío, se marchaba como hombre libre, con la conciencia limpia, pero con la inmensa pena de no haber visto el nuevo amanecer…

                                                                            FIN







EPÍLOGO

La versión original no tiene epílogo, puesto que con la muerte simbólica de Jorge se terminaba la historia, pero la vida real es como un libro en el que la última página se cierra cuando existe un final verdadero. Y la vida no terminó en noviembre de 1984.

Regresé a mi hogar con la derrota al hombro y cargado de rabia, dolor y pena. Pero eso sí, jamás me hice reproche alguno. Es más, la experiencia vivida me hizo más humano, más realista, más maduro y menos duro.
Nunca llegué a imaginarme que al abrir nuevamente las páginas de este libro, las imágenes, las voces, los paisajes, las tristezas y preguntas de más de tres décadas volverían hacerse presentes con toda su intensidad y emoción. Es mi historia personal, y no quiero valorar lo escrito ni mucho menos levantar el dedo reprobatorio contra alguien o un colectivo en particular, tampoco pretendo hacer un paradigma de ella. La historia la hacen los hombres con sus virtudes y sus defectos y cuando se hacen cosas, se acierta o se yerra.
“Mi historia” la escribí tal y como la viví y la sentí en esos momentos. Fue una catarsis necesaria para poder seguir viviendo como un ser humano normal y corriente, y no como piltrafa humana en el mundo que había abandonado voluntariamente por convicción político-ideológica. Cerca del amanecer me ayudó a elaborar psíquicamente los traumas de la guerra, a no sentirme “víctima” o “tonto útil” en manos de “dirigentes maquiavélicos”. No. Ni tonto ni engañado ni confundido.

Mis críticas y mis dudas nunca fueron personales y aunque pocas veces encontré el método y la forma adecuada para hacerlas, fueron siempre de carácter político-ideológico. Guardo un gran cariño, admiración y respeto por TODOS los compañeros y compañeras de las FPL-FM, y llevaré toda mi vida en mi mente y en mi corazón aquellos con quienes tuve el alto honor de trabajar y compartir sangre, sudor y lágrimas. Tampoco olvidaré a mis hermanos internacionalistas quienes sin saberlo, hicieron que me sintiera cerca de mi familia. Ellos fueron para mí un soporte importantísimo durante la fase de adaptación en la montaña. No sé qué hubiera hecho sin las conversaciones nocturnas y los consejos del Negro Hugo, Ramiro, Memo y Juancito. ¡Un millón de gracias compas!

El ser humano en su historia ha recurrido siempre a los rituales como un instrumento para sanar las penas del alma. Releyendo el libro me di cuenta que después de mi ruptura con las FPL-FM, había realizado de manera inconsciente dos actos rituales importantes, que en definitiva me ayudaron a estabilizar mi vida emocional y un tercero, como un acto consciente y necesario para cerrar un ciclo importante de mi vida.

1. Ritual: La peor estupidez cometida en los tiempos de la guerra.

Rondaban los días de agosto de 1987 y estaba de vacaciones en la ciudad de México con mi compañera y mi hija. El viaje a El Salvador no estaba en la agenda de vacaciones. Sin existir motivo alguno, al menos de manera consciente, tuve la “brillante idea” de darnos una vueltecita a El Salvador. De Europa a Centroamérica es bastante largo – me dije –, pero de Ciudad de México, aunque por tierra, San Salvador está a la vuelta de la esquina y es más barato. Así que de pronto nos vimos montados en un bus tipo Pulman y llegamos a San Salvador. Las peripecias del viaje y los correspondientes inútiles intentos de mordidas de los funcionarios aduaneros mexicanos y chapines  no las comento porque no vienen al caso. Allí estaba mi padre esperándonos en la terminal de buses en el bulevar Venezuela. Mi mujer feliz de conocer por fin a su suegro y mi hijita de conocer a su abuelito salvadoreño. El cielo azul profundo era más que el sombrero de Alí Primera, era un manto de índigo pipil hermoso y subtropical.
Entonces sucedió que un domingo, así de repente, le propuse a mi compañera viajar en bus hasta La Palma. La idea le pareció estupenda. Nuestra hija la dejamos con mi padre en San Salvador y nosotros tomamos el bus en la terminal de oriente. En uno de los retenes ubicado en un puente de Chalatenango, los soldados hicieron alto al bus y todos los pasajeros tuvimos que bajarnos. Los hombres a la izquierda y las mujeres a la derecha. Mi compañera traumatizada por los milicos golpistas de su país se puso nerviosa y para que se tranquilizara comenzamos a conversar en alemán. Nos pidieron los pasaportes. Ella presentó su pasaporte alemán y yo el salvadoreño. Nos preguntaron el motivo del viaje y nuestro destino. Les expliqué que estábamos de vacaciones y queríamos comprar artículos de artesanía en La Palma. Los pasajeros del bus comenzaron a subirse nuevamente y un soldado le dijo a mi compañera que ella también tenía que continuar el viaje. Y mi marido – preguntó ella. No él no puede continuar. Tiene que quedarse aquí porque tenemos que chequear sus documentos. ¡Entonces yo me quedo con él! – respondió ella resoluta y con determinación. Bueno, si usted quiere, respondió el soldadito, bastante sorprendido por la firmeza de mi mujer. Pasaron tres camionetas y nosotros aún sentados en unas piedras esperando a que el sargento se pusiera en contacto con el cuartel de Chalate. Ambos estábamos muy tranquilos. La situación operativa la conversábamos en alemán. Yo le decía a mi mujer que teníamos que aparentar tranquilidad absoluta y sobretodo no ponernos nerviosos en ningún momento. Yo sabía que era muy difícil, casi imposible que alguien me pudiera reconocer o identificar como guerrillero. Mis documentos eran legales y por ese lado no había nada que temer. Por fin el sargento logró comunicarse con el cuartel de Chalate y pude escuchar cómo  informaba a un oficial acerca de la situación operativa. Son turistas alemanes repetía el sargento. Van a La Palma. El sargento cerró las comunicaciones y se dirigió a mí y me entregó mi pasaporte. Dice mi teniente que pueden seguir, pero tengan cuidado –  advirtió – están en territorio en guerra. Le di las gracias por el documento y por sus advertencias. En ese momento realicé que efectivamente estábamos en territorio en guerra y el peligro real en que nos encontrábamos. No obstante, le pregunté al sargento si había más retenes por delante, pues corríamos el riesgo de que nos controlaran nuevamente. No se preocupe dijo el sargento ya no los van a controlar más. Más de dos horas habíamos pasado retenidos. Por fin llegó la camioneta, pero venía repleta. La única posibilidad que teníamos de viajar era ir colgados en la parte de atrás y eso fue lo que hicimos. Llegamos a La Palma y sólo pudimos dar una vuelta por el casco de la ciudad y recorrer un poco los alrededores de la plaza. A Silvia le indiqué más o menos el lugar donde había muerto Yoel, la tiendita donde había bebido una gaseosa y la zona por donde salimos en retirada el 24 de diciembre de 1982. Allí en el centro de la plaza, en silencio y tratando de contener las lágrimas, me despedí de Bernardo, de Yoel y de todos los guerrilleros del Frente Norte Apolinario Serrano. Allí en la subzona tres viví los días más felices de vida guerrillera con Manuelón y Bernardo, y precisamente allí, en el lugar de mi última operación militar como guerrillero de las FPL-FM, en silencio eterno y tomado de la mano de mi compañera dejé de ser Jorge López.
Era poco tiempo el que nos quedaba y no queríamos viajar atardeciendo. Tomamos el bus de regreso a San Salvador, esta vez viajamos cómodamente sentados. Le fui explicando a mi esposa el recorrido de nuestra retirada. Pasamos por El Barrancón y minutos más tarde llegamos al retén. Saqué de la ventana un cuadro típico de La Palma y se lo mostré al sargento, quien muy amablemente nos saludó con la mano. Nunca le dije a mi compañera que la mayor muestra de su amor por mí y de su valentía, me la había dado en esos momentos en que se negó a dejarme solo en el retén.

2. Ritual: El arco del triunfo de dos presuntos perdedores

Mi padre vino de visita el año siguiente a conocer las Europas. Creo que nunca en su vida se imaginó que algún día conocería estas tierras. Aprovechando su visita y mis vacaciones de verano, fuimos a París. Nos hospedamos en un hotelito de dos estrellas en las cercanías del arco del triunfo. Realizamos la ruta típica de los turistas, tomamos fotos y la pasamos lindo, mi viejo y yo. Dejé a mi padre en el hotel y le dije que regresaría en un par de horas, pues me encontraría con un viejo amigo.
Llegué sin problemas a la dirección que Jacinto me había entregado y toqué la puerta. Para mí hubiera sido una decepción muy grande si la puerta se hubiera quedado cerrada. Había llegado exactamente a la hora convenida y no toqué dos veces. A la primera abrió Edmundo la puerta y me hizo pasar a una habitación, pequeña pero cómoda. Al principio noté un cierto nerviosismo en su comportamiento y tuve la fantasía de que estaba a la expectativa, como si esperara un reproche o una crítica. Le expliqué que había tenido la necesidad de verlo en el momento que supe que estaba de regreso en Paris. Quería decirle que no creyera que yo podía tener algún resquemor, por haber sido él quien me abrió las puertas de las FPL. No quise utilizar el término “reclutar”, pues él nunca me reclutó. Yo me presenté voluntariamente como soldado de la revolución ante su puerta y él la abrió, tal como lo había hecho minutos atrás. Hablamos acerca de muchas cosas, todas relacionadas con el desarrollo posterior de las “F” a raíz de los sucesos de abril. Hablamos tanto, que ya no me acuerdo de nada. Antes de despedirme le pregunté por René, el compañero que hizo todas las gestiones para que yo ingresará al frente interno. Sentí un gran alivio, no sé por qué, cuando me enteré que estaba vivo y que vivía en Canadá. Le pedí por favor que si algún día lo encontraba por allí le dijera cuáles eran mis pensamientos. Por Edmundo me enteré también que Gonzalo vivía en Costa Rica. Todo el equipo de las FPL-FM de antaño en Europa había pasado a la historia. Miguel Bonilla, como ya lo expliqué en la novela, murió en Chalatenango en 1983. El sabio, bueno y bondadoso de Jacinto murió ese mismo año de cáncer en el hígado. Con Alfonso me unen más relaciones amistosas que políticas, cosa que siempre fue así. De vez en cuando nos encontramos por allí o por acá y casi nunca hablamos de los tiempos de la guerra…

3. Ritual: La relectura de Cerca del amanecer

Hasta el año 2005 nunca pude cantar de un tirón “El sombrero azul” de Alí Primera ni siquiera hablar con los “amigos del alma” mis vivencias en la guerra. A medio andar rompía en llanto. Pero jamás evité ni cantar ni hablar de El Salvador. Lloraba de pena. Siempre canté y siempre discutí acerca y sobre la revolución salvadoreña. Entonces, poco a poco fui experimentado que cada vez las estrofas iban siendo más, hasta que un día canté la canción de corrido y con tanta emoción que fueron los presentes los que lloraron esta vez. Sabía que algún día tomaría el libro y lo leería nuevamente, pero la verdad es que nunca tuve la necesidad de hacerlo. Allí estuvo siempre un ejemplar en el estante, esperando pacientemente veintiséis años sin decir nada. Hasta que en septiembre de este año lo tomé de la estantería, pero no lo abrí para leerlo, sino que lo copié con un escáner y lo convertí en un documento Word. Fui entonces leyendo y escribiendo al mismo tiempo capítulo por capítulo. Pero las experiencias, aunque renacidas, ya estaban muy lejos; la maduración político-ideológica y los hechos históricos mundiales ocurridos años más tarde relativizaban o explicaban muchas cosas, pero no todas. Por las facilidades de la época moderna y las ventajas de internet, pude enterarme de los nombres legales de muchos compañeros caídos e incluso de algunos que sobrevivieron. Así me enteré recién hace un par de meses de la muerte de German Serrano en un artículo muy escueto y en inglés: “…Salvadoran guerrilla commander Jose Ricardo Ruiz died June 1, 1992 at age 32 at a San Salvador hospital. He had been in a coma sinceMay 25, when he suffered a brain hemorrhage caused by the breaking of a congenital aneurism, his doctors said. Ruiz, who was known as Comandante German Serrano, was an important militarystrategist for the FMLN (Farabundo Marti Front for NationalLiberation) and led the 1989 takeover of the Sheraton hotel during the FMLN's military offensive in the capital. He joined the revolutionary movement at age 13. At the time of his death,he served on the political commission of the Popular LiberationForces (FPL), one of the five groups making up the FMLN. Ruiz was born and is to be buried in El Salvador's Chalatenango province…“  
Ojalá algún día se escriba y se describa la vida de miles de jóvenes revolucionarios, quienes, como “Bernardo Torres”, “German Serrano”, “Manuelón”, “Medardo”, “Odul”, “Nico” y tantos otros conocidos y desconocidos, ofrendaron su vida en aras de la revolución socialista salvadoreña.
Los que sobrevivieron, estén donde estén, seguirán llamándose como los conocí, aunque tengan otros nombres. Ellos son también parte ya del pasado.

¿Qué fue de los firmantes de la Comisión Política de las FPL-FM[3] electa en agosto de 1983?

Aquellos que en agosto de 1983 acusaron de asesino a Salvador Cayetano Carpio, aquellos que con su firma certificaron la alta cohesión político-ideológica del partido y al mismo tiempo la descomposición político-ideológica del Comandante Marcial, aquellos que le diagnosticaron una psicopatía y avidez de poder, aquellos que lo calificaron de desubicado histórico que no supo estar a la altura de las exigencias de la guerra popular revolucionaria salvadoreña.

¿Dónde están ahora? ¿Cómo está el pueblo salvadoreño? ¿Cómo marcha la revolución democrático-burguesa? ¿Cómo está Doña Oligarquía? y ¿la paloma de la paz?, ¿Vive o se la merendaron los indigentes?

Salvador Sánchez Cerén [FMLN], Comandante Leonel González: Actual Vice-Presidente de la República de El Salvador y candidato a la presidencia para el periodo 2014-2019. ¡Responda!
Hernán Solórzano, Comandante Dimas Rodriguez: Caído en combate en 1989. ¡R.I.P!
Medardo González [FMLN], Comandante Milton Méndez: Secretario General del FMLN. ¡Responda!
Atilio Montalvo Cordero [civil sin filiación política], Comandante Salvador Guerra. ¡Responda!
Facundo Guardado [socialdemócrata], Comandante Esteban Cabrales. ¡Responda!
Comandante Mayo Sibrían [criminal de guerra]: Fusilado en 1991 después de ser acusado y condenado en un juicio sumario por crímenes y vejámenes cometidos contra militantes de las FPL-FM. ¡R.I.P!
Juan Fernando Ascoli [religioso sin filiación política], Comandante Ricardo Gutiérrez: Jesuita guatemalteco y académico de alto nivel. Regresó a Guatemala después de los acuerdos de paz. ¡Responda!
Gerson Martínez [FMLN], Comandante Valentín/Orlando Quinteros: Ministro de Obras Públicas del actual gobierno presidido por Mauricio Funes. ¡Responda!
Antonio Cardenal Caldera, Comandante Jesús Rojas: Muerto en 1991 en las cercanías de Arcato, Chalatenango, en una emboscada de aniquilamiento planificada ad hoc por un batallón élite. ¡R.I.P!
Napoleón Romero [desertor], Comandante Miguel Castellanos: Desertó de la guerrilla en 1985. Director del Centro de Estudio de la Realidad Nacional (CEREN). Fue ajusticiado por un comando urbano de las FPL-FM en 1989. ¡R.I.P!

                                                  ¡Prohibido olvidar!


Post scríptum: Salvador Cayetano Carpio, Comandante Marcial, fue sobreseído en abril de 1984 del cargo que se le imputaba como autor intelectual del crimen cometido contra Mélida Anaya Montes, Comandante Ana María, por un Tribunal de Justicia de la República de Nicaragua, debido a que no fueron presentadas pruebas en el proceso que respaldaran dicha imputación.



[1] Comandante en jefe del ejército de Chile durante la Unidad Popular y asesinado en el marco de la operación Condor.
[2] General Juan Francisco Velasco Alvarado presidente del Perú en 1968 de ideología socialista.
[3] Las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí acordaron el 9 de diciembre de 1995 en la Finca El Espino disolver las estructuras partidarias y traspasar todos los bienes y activos al FMLN.